G√úELFOS Y GIBELINOS.

Fecha 30/3/2010 13:32:56 | Tema: OFFTOPIC

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Nombres adoptados por las dos facciones que mantuvieron a Italia dividida y devastada por la guerra civil durante una gran parte de la Edad Media. Grisar, en su biograf√≠a del Papa Gregorio el Grande, dice que la doctrina de los dos poderes para gobernar el mundo, uno espiritual y otro temporal , cada uno independiente del otro dentro de sus propios l√≠mites es tan antigua como el cristianismo y se basa en el mandato divino de ‚Äúdar al C√©sar lo que es del C√©sar y a Dios lo que es de Dios‚ÄĚ.

Los primeros papas, como S. Gelasio (494) y S√≠mmaco (506) escriben enf√°ticamente sobre este tema , ilustrado por el arte cristiano del siglo octavo en un mosaico del palacio Laterano que representa a Cristo dando las llaves a S. Silvestre y el estandarte al emperador Constantino. S. Pedro entrega la estola papal a Le√≥n III y el estandarte a Carlomagno. La √ļltima escena insiste en la acci√≥n papal de la restauraci√≥n del Imperio de Occidente, lo que para Dante es un acto de usurpaci√≥n por parte de Le√≥n. Para Dante el papa y el emperador son como dos soles que derraman su luz sobre los caminos materiales y espirituales del hombre respectivamente , ordenado todo por la infinita bondad de Aquel de Quien el poder de Pedro y el de C√©sar provienen y se bifurcan. As√≠, a trav√©s de los convulsos tiempos medievales los hombres miraban a la armoniosa alianza de esos dos poderes para renovar la faz de la tierra, o cuando los dos ya no pod√≠an trabajar al un√≠sono, apelaban a uno o al otro para que salvara a la sociedad. La m√°s noble de estas aspiraciones se refleja en el ‚ÄúDe monarchia‚ÄĚ, de Dante, por una parte, y en la concepci√≥n del papa ideal, el papa ang√©lico en ‚Äú De Consideratione‚Äú de S. Bernardo y en las cartas de Sta. Catalina d Siena.
Esta gran concepci√≥n puede entreverse en las fases de las luchas de los G√ľelfos y Gebelinos, aunque pronto qued√≥ obscurecida por consideraciones y condiciones materiales poco ideales.

Se puede decir que hay dos principales grandes factores que produjeron y mantuvieron vivas estas luchas: el antagonismo entre papado e imperio, cada uno tratando de extender su autoridad al campo del otro y la mutua hostilidad entre la nobleza feudal territorial, de instintos militares y ascendencia extranjera y la municipalidad democr√°tica y comercial , que se aferraba a las tradiciones del derecho romano y era cada vez m√°s rica y poderosa. Desde la coronaci√≥n de Carlomagno (800), las relaciones entre la Iglesia y el Estado hab√≠an sido mal definidas, llevando en s√≠ la semilla de futuros problemas que estallaron en la larga ‚Äúguerra de las investiduras‚ÄĚ, comenzada por Gregorio VII y el emperador Enrique IV (1075) que terminan con Calixto II y Enrique V (1122). Ni la iglesia ni el imperio eran capaces de imponerse pol√≠ticamente en Italia. Durante el siglo XI las ciudades libres italianas hab√≠an crecido por una alianza nominal con el imperio que habr√≠a heredado el poder de la Antigua Roma , pero al mismo tiempo buscaban el apoyo pol√≠tico y espiritual del papado. Parece que los nombres ‚ÄúG√ľelfo‚ÄĚ y ‚ÄúGibelino‚ÄĚ se originaron en Alemania, en la rivalidad de la casa de Welf ( duques de Baviera) y la casa de Hohenstaufen (duques de Suabia),cuyo castillo ancestral era Waiblingen en Franconia. In√©s, hija de Enrique IV y hermana de Enrique V, cas√≥ con el duque Federico de Suabio. ‚ÄúWelf‚ÄĚ y ‚Äú Waibligen‚ÄĚ fueron utilizados como gritos de guerra en la batalla de Weinsberg (1140), en la que el hijo de Federico, el emperador Conrado III (1138-1152), derrot√≥ al Welf Enrique el Orgulloso, hermano del rebelde duque de Baviera. Federico Barbarroja(1152-1190), sobrino y sucesor de Conrado, intent√≥ imponer su autoridad sobre las ciudades italianas y ejercer la supremac√≠a sobre el papado. Reconoci√≥ a V√≠ctor, un antipapa, en oposici√≥n al leg√≠timo soberano pont√≠fice Alejandro III(1159), destruy√≥ Mil√°n (1162) pero fue finalmente derrotado por las fuerzas de la Liga Lombarda en la batalla de Legnano (1176) y forzado a firmar la paz de Constanza (1183) con la que se aseguraba la libertad de las comunas italiana. Los celos entre las mismas ciudad italianas impidieron que la paz tuviera efectos duraderos para la independencia y unidad de la naci√≥n. Despu√©s de la muerte de Enrique VI (1197) hijo y sucesor de Federico, estall√≥ la lucha en Alemania e Italia entre los pretendientes al imperio, Felipe de Suabia, (muerto en 1208) hermano de Enrique y Otto de Baviera. De acuerdo con la teor√≠a m√°s probable fue entonces cuando se introdujeron en Italia los nombres italianizados y las facciones de G√ľelfos y Gibelinos ( por Welf" y "Waiblingen").

Los pr√≠ncipes de la casa Hohenstaufen opuestos permanentemente al papado y los t√©rminos G√ľelfo y Gibelino se tomaron el significado de ‚Äú a favor de la iglesia ‚ÄĚ(G√ľelfo) y ‚Äúa favor del imperio‚ÄĚ (Gibelino). Los G√ľelfos formaban el partido republicano, comercial, burgu√©s, de la ciudades italianas, cuyo crecimiento era favorecido por el papa. Los Gibelinos representaban a la antigua nobleza feudal italiana, que en su mayor√≠a eran descendientes de familias teut√≥nicas llegadas a la pen√≠nsula durante las invasiones germ√°nicas y naturalmente miraban al emperador como protector contra las crecientes pretensiones de la ciudades. Pero est√° claro que esos nombres se adoptaron para designar partidos que de una forma u otras hab√≠an existido desde el fin del siglo XI.
En el intento de explicar el significado preciso de esos t√©rminos, hay que tener en cuenta las pol√≠ticas locales y la condiciones especiales de cada estado o ciudad. As√≠, en Florencia , las luchas entre las familias de los Buondelmonti y los Amidei, en 1215, llevaron a la introducci√≥n de los t√©rminos G√ľelfo y Gibelino para distinguir a los partidos que mantuvieron desde entonces a la ciudad dividida. Pero las facciones hab√≠an existido desde que a la muerte de la gran condesa Matilde de Toscana(1115), cien a√Īos antes, la rep√ļblica hab√≠a quedo en libertad para elegir su propio destino. La rivalidad entre ciudades era con frecuencia raz√≥n suficiente para declararse g√ľelfo o gibelino m√°s que por la proclividad de los ciudadanos hacia el papado o al imperio.

Pav√≠a era gibelina porque Mil√°n era g√ľelfa. Florencia era la cabeza de la liga G√ľelfa de Toscana y Lucca que necesitaba su protecci√≥n, tambi√©n lo era. Siena era gibelina porque buscaba el apoyo del emperador contra los florentinos y contra los nobles rebeldes de su propio territorio. Pisa era gibelina en parte por hostilidad a Florencia y en parte porque rivalizaban, con la ayuda del emperador, para emular las antiguas glorias mar√≠timas de G√©nova.

En muchas ciudades g√ľelfos y gibelinos se turnaban en el poder, expulsaban a sus adversarios, destru√≠an sus casas y confiscaban sus posesiones. Venecia que hab√≠a ayudado a Alejandro III contra Federico I no estaba en deuda con el imperio y naturalmente se mantuvo al margen.

Uno de los actos de Federico I hab√≠a sido asegurarse el matrimonio de su hijo Enrique con Constanza, t√≠a y heredera de Guillermo el Bueno, √ļltimo rey normando de N√°poles y Sicilia. El hijo de este matrimonio, Federico II (nacido en 1194) hered√≥ as√≠ el reino italiano del sur, que hasta entonces hab√≠a sido la molestia principal contra el poder del imperio germ√°nico en Italia y cuya posesi√≥n hab√≠a sido defendida contra el emperador Otto por el papa Inocencio III , a cuyo cuidado hab√≠a sido dejado por su madre. A la muerte de Otto (1218) Federico fue coronado como emperador en Roma por Honorio III ( 1220) . El peligro para el papado y para Italia de la uni√≥n de N√°poles y Sicilia (reino vasallo del la Santa sede) con el imperio era obvio. Y Federico al ser elegido rey de los romanos hab√≠a jurado no unir el reino del sur con la corona germana. El olvido de esta promesa y los malentendidos que surgieron en torno a la cruzada trajo enseguida nuevos conflictos entre el Imperio y la Iglesia. La lucha se prolong√≥ y fue continuada por los sucesores de Honorio, desde Gregorio IX a Clemente IV, contra los √ļltimos pr√≠ncipes suabos, mezcl√°ndose los peores excesos de las facciones italianas de ambos bandos y todo ello se convirti√≥ en la fase m√°s t√≠pica del conflicto de g√ľelfos y gibelinos.

Desde 1227, fecha en que Federico fue excomulgado por primera vez por Gregorio IX , hasta el fin de su vida hubo de batallar incesantemente contra los papas, contra la segunda Liga Lombarda y contra el partido g√ľelfo por toda Italia. La flota genovesa que transportaba a los cardenales y prelados franceses a un concilio convocado en Roma, fue destruida por los pisanos en la batalla de Meloria (1241); el sucesor de Gregorio, Inocencio IV fue obligado a refugiarse en Francia (1245). Ezzelino da Romano , un tirano atroz, estableci√≥ un sangriento despotismo en Verona y Padua; los g√ľelfos nobles fueron temporalmente expulsados de Florencia ; pero el hijo favorito de Federico, el rey Enzio de Cerde√Īa, fue derrotado y capturado por los bolo√Īeses (1249) y la agotadora oposici√≥n de los italianos, todo ello result√≥ ser demasiado para el poder imperial. Despu√©s de la muerte de Federico (1250) pareci√≥ que su hijo ileg√≠timo Manfredo , rey de N√°poles y Sicilia, que era pr√°cticamente un italiano, estuvo a punto de unir toda Italia en una monarqu√≠a gibelina, antipapal. Aunque en el norte la supremac√≠a gibelina era contrarrestada por la victoria del marqu√©s Azzo d¬īEste sobre Ezzelino en Cassano sobre el Ada(1259) en Toscana y hasta Florencia fue perdida para la causa de los g√ľelfos en la sangrienta batalla de Montaperti (4 Sept., 1260), celebrada en el poema de Dante. Entonces Urbano IV ofreci√≥ la corona de Manfredo a Carlos de Anjou , hermano de S. Luis de Francia. Carlos lleg√≥ a Italia y tras la gran victoria de Benevento (26 Feb., 1266) en la que muri√≥ Manfredo, estableci√≥ una dinast√≠a francesa en el trono de N√°poles y Sicilia. La derrota del nieto de Federico Conradin, en la batalla de Tagliacozzo (1268), seguida por el asesinato judicial en N√°poles, ordenado por Carlos, marca el fin de la lucha y la expulsi√≥n del poder imperial de Italia durante dos siglos y medio.

La lucha termin√≥ con el triunfo completo de los G√ľelfos. Florencia, una vez m√°s libre y democr√°tica estableci√≥ una organizaci√≥n especial dentro de la rep√ļblica, conocida como Parte G√ľelfa, para mantener los principios g√ľelfos y castigar a los sospechosos gibelinos. Siena, hasta entonces basti√≥n del gibelinismo en Toscana, se hizo g√ľelfa tras la batalla de Colle di Valdelsa (1269). El pontificado del santo y pac√≠fico Gregorio X (1271 ‚Äď1276) tendi√≥ a disociar a la iglesia del partido g√ľelfo que comenz√≥ a mirar hacia la casa real de Francia.

Aunque perdieron Sicilia en las ‚ÄúV√≠speras Sicilianas‚ÄĚ (Palermo 1282) los reyes angevinos de N√°poles y los l√≠deres naturales de los g√ľelfos con cuya ayuda hab√≠an conseguido la corona , permanecieron como principal poder en Italia. Aun se manten√≠an fieles a los principios gibelinos las rep√ļblicas de Pisa y Arezzo, la familia Della Scala de Verona y algunos peque√Īos d√©spotas de la Romagna y otros varios lugares. No hab√≠a grandes ideales en juego en esta √©poca. Como dice Dante el canto IV de ‚ÄúPara√≠so‚ÄĚ un partido opon√≠a al √°guila imperial las flores de lis doradas y los otros se apropiaban del √°guila para su facci√≥n ‚Äú de manera que es dif√≠cil ver quien peca m√°s‚ÄĚ. La intervenci√≥n de Bonifacio VIII en la pol√≠tica de la Toscana, cuando los g√ľelfos dominantes en Florencia se dividieron en dos nuevas facciones, fue la causa del exilio de Dante (1301) y le llev√≥ temporalmente a las filas de los gibelinos. El papa siguiente Benedicto XI (1303-1304) se esforz√≥ en reconciliar a todos los partidos, pero la ‚ÄúCautividad de Babilonia‚ÄĚ de sus sucesores en Avi√Ī√≥n aument√≥ las divisiones en Italia. Desde la muerte de Federico II (1250) Hasta la lecci√≥n de Enrique VII (1308) los italianos miraban al trono imperial como vacante. Enrique era un caballero de grandes ideales que odiaba hasta los nombres de g√ľelfos y gibelinos. Su expedici√≥n a Italia (1310-1313) levant√≥ mucho entusiasmo ( se refleja en la poes√≠a de Dante y de Cino da Pistoia) pero el rey Roberto de N√°poles y los florentinos resistieron con √©xito. Tras su muerte, vicarios imperiales se hicieron fuertes en varias ciudades. Uguccione della Faggiuola (d. 1320), durante un tiempo se√Īor de Pisa ‚Äúen su maravillosa gloria‚ÄĚ, derrot√≥ a las fuerzas aliadas de N√°poles y Florencia en la batalla de Montecatini (29 Aug., 1315), famoso desastre que ha dejado huellas en la poes√≠a popular de siglo catorce. Can Grande della Scalla ( muerto en 1339) amigo y protector de Dante, defendi√≥ la causa gibelina con magnanimidad en Lombard√≠a oriental, mientras Matteo Visconti (muerto en 1322) estableci√≥ una dinast√≠a permanente en Mil√°n que se convirti√≥ en una especie de contrapeso gibelino al poder de los angevinos napolitanos en el sur. Castruccio Interminelli (muerto en 1328), soldado de fortuna que lleg√≥ a ser duque de Lucca intent√≥ algo parecido en la Italia central, pero su se√Īor√≠a pereci√≥ con √©l. Algo del viejo esp√≠ritu de los g√ľelfos y gibelinos sobrevivi√≥ durante las luchas de entre Luis de Baviera y el papa Juan XXII; Luis coloc√≥ un antipapa y fue coronado en Roma por el representante del pueblo romano pero su conducta disgust√≥ a sus propios seguidores. En la poes√≠a de Fazio degli Uberti ( muerto despu√©s de 1368) se puede o√≠r un nuevo gibelinismo: Roma declara que Italia puede solamente disfrutar de la paz cuando est√© unida bajo el cetro de un rey italiano.

Antes de que los papas retornaran de Avi√Ī√≥n, los t√©rminos ‚ÄúG√ľelfo‚ÄĚ y ‚ÄúGibelino‚ÄĚ ya no significaban nada. Se llamaban con esos nombres y luchaban furiosamente con ellos para indicar bandos contrarios. En una ciudad que hubiera sido oficialmente g√ľelfa en el pasado , cualquier minor√≠a que se opusiera al gobierno o que no simpatizara con el partido en el pode, era autom√°ticamente calificado como gibelino. As√≠ en 1364 la Rep√ļblica de Florencia declar√≥ que cualquiera que apele al papa o a su legado o a los cardenales sea declarado gibelino. ‚Äú No hay gente peor o m√°s loca bajo el manto de los cielos que los G√ľelfos y los Gibelinos, dec√≠a S. Bernardino de Siena en 1427. Describe un cuadro espantoso de las atrocidades que a√ļn se comet√≠an, hasta por mujeres, bajo tales nombres, aunque para entonces el significado primitivo ya se hab√≠a perdido, y dice que el simple hecho de declarar que se pertenece a cualquiera de los dos partidos es un pecado mortal. Las palabras se siguieron usando para captar partidarios , y todav√≠a con consecuencias sangrientas, hasta la llegada a Italia de Carlos V (1529) que restableci√≥ el poder imperial y abri√≥ una nueva √©poca en las relaciones entre el papa y el emperador.

Transcrito por Herman F. Holbrook
Rex regum et Dominus dominantium misereatur nobis Iesus Christus.
Traducido por Pedro Royo

Fuente: http://ec.aciprensa.com/g/guelfosygibelinos.htm

Foto: http://upload.wikimedia.org/wikipedia ... x-Guelfi_e_ghibellini.jpg



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