LOS GLADIADORES, SANGRE EN LA ARENA.

Fecha 4/3/2010 13:01:44 | Tema: Civilizaciones Antiguas

En el Imperio Romano la muerte se convirtió en un espectáculo.

Esclavos o incluso emperadores, estos luchadores sólo pensaban en sobrevivir hasta el siguiente combate. Muy pocos elegidos alcanzaron la gloria y la libertad.


El Imperio Romano fue la cima de la civilización clásica. Pero al mismo tiempo fue una cultura violenta, que disponía de las vidas de los esclavos para la diversión del pueblo. Los parientes lejanos de las modernas superestrellas del deporte de masas fueron los gladiadores, cuya etimología es "el que lucha con la espada", es decir con su "gladio". La leyenda que los rodeó fue de tal magnitud que algunos patricios romanos llegaron a beber la sangre de estos guerreros, de la que se decía que poseía propiedades curativas.

Cuando luchaban por sus vidas bajo el clamor de un p√ļblico sediento de sangre, se convert√≠an tambi√©n en √≠dolos, deseados por las mujeres y admirados por los hombres. Pod√≠an morir, pero tambi√©n conseguir dinero, fama y, en el caso de unos pocos elegidos, la libertad.

De origen religioso, las luchas de gladiadores fueron un fen√≥meno social en Roma. En el a√Īo 107 el anfiteatro Flavio, o Coliseo, fue el escenario de los mayores juegos de la historia. El emperador Trajano, tras su victoriosa campa√Īa en Tracia, proclam√≥ 137 d√≠as consecutivos de luchas de gladiadores en las que murieron m√°s de 10.000 hombres.
Vida y muerte del gladiador.
Para un gladiador sólo había dos opciones: vivir o morir matando. Muchos de ellos eran prisioneros de guerra, condenados a muerte que transmutaban así su sentencia o bien eran adquiridos en el abundante mercado de esclavos de la época. Pero también hubo hombres libres que renunciaron a sus derechos como ciudadanos romanos para intentar obtener los sestercios y el reconocimiento que de otra forma les hubiera sido imposible.

Se entrenaban en escuelas, donde bajo espartanas condiciones de vida se convertían en máquinas de matar. Regentadas por los "lanistas", escuelas como la de Capua fueron muy célebres en su tiempo y eran una garantía de la valía del gladiador.

Su alimentaci√≥n consist√≠a sobre todo en alubias y cebada. S√≥lo la noche previa a cada combate se les serv√≠a de manera lujosa, como un √ļltimo capricho antes de la muerte, e incluso se les proporcionaba la compa√Ī√≠a de alguna esclava.
Y llegaba entonces el d√≠a del combate. Las parejas de gladiadores cog√≠an sus armas, diferentes seg√ļn su estilo de lucha, y se lanzaban contra el adversario. La masa enloquec√≠a con cada golpe, que buscaba ser mortal. Cuando un gladiador ca√≠a, su destino quedaba en manos del p√ļblico. Si su combate hab√≠a entusiasmado, los partidarios de que siguiera viviendo levantaban el pulgar o agitaban sus pa√Īuelos, como pasa hoy en las corridas toros. Pero si la opini√≥n era contraria, los espectadores se llevaban el dedo en horizontal, no hacia abajo, en direcci√≥n al cuello y al grito de "¬°Iugula!", con el que se ped√≠a el golpe de gracia para el vencido.

Cuando un gladiador venc√≠a, a√Īad√≠a una palma a su historial. Si consegu√≠a un alto n√ļmero de combates en su palmar√©s, se le llegaba a ofrecer la libertad. Pese a esto, muchos renunciaron a dejar un estilo de vida al l√≠mite en el que disfrutaban de la adoraci√≥n del pueblo y del que sacaban ping√ľes beneficios.

Cómodo, el emperador-gladiador.
Este emperador, hijo de Marco Aurelio, ha pasado a la historia por su infausto gobierno de corrupción, locura y temeridad. Pese a que los gladiadores se encontraban en el escalón más bajo de la pirámide social, Cómodo acostumbraba a bajar a la arena para medirse con todo tipo de oponentes. Se jactaba de no haber sido vencido nunca y de ser la reencarnación del mismísimo Hércules. Su narcisismo y sus delirios de grandeza tenían, sin embargo, un límite, ya que si bien es cierto que salió victorioso de cientos de combates, no lo es menos que sus rivales solían estar drogados o pertrechados con instrumentos de madera.

C√≥modo cultiv√≥ una pol√≠tica populista, habitual entre los emperadores, hacia el pueblo y el ej√©rcito. Su desmesurada afici√≥n por organizar espectaculares juegos de gladiadores acab√≥ siendo un pesado lastre financiero para el Imperio. El historiador Edward Gibbon sit√ļa en el reinado de C√≥modo el comienzo de la decadencia del Imperio Romano. En la famosa pel√≠cula "Gladiator", Joaquim Phoenix apunta en su interpretaci√≥n de C√≥modo los s√≠ntomas de este desequilibrio mental.

Espartaco y la rebelión de los gladiadores
Los romanos tuvieron ocasi√≥n de probar su propia medicina en el 72 a. C. cuando un renombrado gladiador llamado Espartaco, acompa√Īado de setenta compa√Īeros, consigui√≥ escapar de la escuela donde estaba cautivo. Su diaria experiencia de combate convirti√≥ al grupo de guerreros en una temible fuerza de √©lite que infligi√≥ una serie de derrotas a las legiones romanas que atemorizaron a la poblaci√≥n. Esta revuelta atrajo a un gran n√ļmero de esclavos fugados, criminales y campesinos descontentos que se unieron bajo el mando de Espartaco y consiguieron dominar gran parte del sur de Italia, haciendo tambalear el poder del √°guila imperial.

La propia ciudad de Roma llegó a estar en peligro frente a esta sublevación, que sólo pudo ser barrida con el auxilio de legiones de refuerzo enviadas con urgencia desde de los territorios fronterizos. El cadáver de Espartaco nunca fue encontrado.

Juramento y filosofía de vida

Además del trágico y archisabido "Ave Cesar. morituri te salutant" ("los que van a morir te saludan"), con el que los gladiadores se presentaban al emperador antes del combate, existía un juramento que condensa el terrible espíritu de la vida de estos guerreros profesionales. El "Sacramentum gladiatorium" era declamado por los aspirantes a gladiador bajo esta fórmula: "Uri, vinciri, verberari, ferroque necari". Así juraban estar dispuestos a ser quemados, atados, golpeados y muertos a hierro.

Fuente: http://imperioromano.suite101.net/




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