BERTHA PAPPENHEIM :: LOS DEMONIOS DE LA SOLEDAD

Fecha 19/2/2010 13:20:41 | Tema: OFFTOPIC

De la Histeria y La Injusticia

Bertha Pappenheim fue una de las mujeres más notables e ignoradas del siglo XIX. Atormentada por increíbles patologías, poseedora de un talento y una abnegada sensibilidad, ésta misteriosa Dama vivió y murió en medio de la más amarga tragedia: la de quién pasa por éste tenebroso mundo sin sentir jamás un gesto de ternura.

Los Demonios de la Soledad

Josef Breuer fue el primer m√©dico en tratar su caso con cierto √©xito. Recordemos que en aquellos a√Īos, los tratamientos contra la histeria eran verdaderas torturas: la morfina, el hidrato de cloral y el cloroformo eran habituales en el tratamiento. Charcot incluso hac√≠a que sus pacientes ingirieran hierro y luego los colgaba del techo con arneses de metal. √Čste era el ambiente que reinaba cuando Breuer emprendi√≥ el tratamiento de Bertha Pappenheim en Viena, en el a√Īo 1880.
La joven ten√≠a veinti√ļn a√Īos y sufr√≠a de diversos s√≠ntomas, todos ellos graves. Breuer la describi√≥ c√≥mo: "de una inteligencia notable, que ten√≠a una percepci√≥n asombrosamente r√°pida de las cosas y una intuici√≥n notable". Su enfermedad (o histeria, c√≥mo se la llamaba en aquellos a√Īos, englobando con el t√©rmino una enorme cantidad de diferentes patolog√≠as), se caracterizaba por s√≠ntomas f√≠sicos muy llamativos, estados de consciencia oscilantes y crisis nerviosas. Entre la mir√≠ada de s√≠ntomas f√≠sicos que la afectaban, presentaba par√°lisis parciales en las extremidades y en el cuello, lo que le imped√≠a mover la cabeza y los brazos. Padec√≠a de una tos nerviosa que provocaba ronquera y dificultades para hablar, junto con fuertes migra√Īas. Sufr√≠a p√©rdida del lenguaje, no pod√≠a hablar en alem√°n, su lengua materna; sol√≠a emitir sonidos incomprensibles en los que mezclaba otros cuatro idiomas. Durante cierto tiempo s√≥lo pudo expresarse en ingl√©s.

Padecía de alucinaciones espantosas, en las que veía serpientes negras, que no eran sino sus propios cabellos. En ocasiones describía unos ojos azules que brillaban junto a su lecho, y una voz que la atormentaba con crueles alusiones a su aspecto físico.

Fue tan extraordinario su aporte en el tratamiento, tan aguda su inteligencia, que Breuer la designó cómo la coautora del método catártico. Junto a sus cualidades literarias, mostraba una bondad sin límites. Incluso durante lo más crudo de su enfermedad, solía ayudar en hospitales, hospicios, confortando a pobres y abandonados.

Pero la verdadera tragedia de su vida fue la soledad. Desbordante de vitalidad intelectual, pasaba sus días entre las monótonas actividades de una familia puritana; que nada sabía de su vida interior, ni de sus anhelos, esperanzas e ilusiones. Ella es un claro ejemplo de la desigualdad sufrida por las mujeres. George Eliot, que era el seudónimo que usaba Mary Ann Evans, en la novela Daniel Deronda, capta la esencia de los tormentos de Bertha:

"...t√ļ no eres una mujer, puedes intentarlo, pero nunca podr√°s imaginar lo que es tener la fuerza del genio de un hombre y, a pesar de ello, sufrir la esclavitud de ser una ni√Īa..."

Bertha Pappenheim debe ser vista c√≥mo una persona absolutamente singular: inteligente hasta el punto de rozar la brillantez, creativa, imaginativa, y due√Īa de una voluntad poderosa.

Adem√°s de fundar hospicios para madres solteras, escribi√≥ poes√≠a, obras teatrales, art√≠culos period√≠sticos, y varios escritos pol√©micos. Vivi√≥ muchos a√Īos, pero nunca pudo recuperarse del todo. Jam√°s se cas√≥ ni tuvo relaciones √≠ntimas con hombres. Sufri√≥ indecibles horrores mientras las noches solitarias se encadenaban sin soluci√≥n de continuidad.

No fue una mujer típica de su época, aunque probablemente no hubiese sido típica en ninguna época. Allá por 1911 escribió un poema que refleja claramente lo que pasaba por su alma torturada. La Oscuridad de sus letras es tenue, pero a la vez la considero cómo una mujer que merece ser leída, y una amiga de éste Reino.

El Amor no me alcanzó,
por eso vivo cómo las plantas,
en el sótano, sin Luz.

El Amor no me alcanzó.
Por eso sueno cómo un violín
con un arco roto.

El Amor no me alcanzó.
Por eso me sumerjo en el trabajo
y, castigada, vivo para mis deberes.

El Amor no me alcanzó.
Por eso me gusta pensar que La Muerte
tiene un rostro agradable.

Bertha Pappenheim

Fuente:http://corazondevampiro.blogspot.com/ ... m-los-demonios-de-la.html



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