HOWARD CARTER Y LA TUMBA DE TUTANKAMON.

Fecha 4/1/2010 12:49:15 | Tema: Arqueologia

Cuando Howard Carter comenz√≥ a excavar en el Valle de los Reyes de Egipto, su ambici√≥n era encontrar una tumba real completa, con todos sus tesoros. Muchos lo hab√≠an intentado antes y hab√≠an fallado. Durante a√Īos, Carter trabaj√≥ diligentemente bajo el sol abrasador. Entonces, en 1922, encontr√≥ un escal√≥n en el fondo del valle.

Las colinas de caliza se yerguen √°ridas y resquebrajadas en el desierto. A sus pies, las escombreras cubren el fondo del valle. Es este un lugar un tanto agobiante y claustrof√≥bico, que parece una enorme cantera. Pero este vasto escorial esconde secretos milenarios ‚ÄĒes el cementerio de los amos del antiguo Egipto, El Valle de los Reyes.

(Imagen: Lord Carnarvon y Horwar Carter).
En 1891, Howard Carter, de 17 a√Īos de edad, lleg√≥ a Egipto desde Inglaterra para trabajar como delineante arqueol√≥gico. Su trabajo consist√≠a en bosquejar las pinturas de las tumbas egipcias. Gracias a su gran precisi√≥n, Carter se hizo tan imprescindible que pronto comenz√≥ a ayudar en las excavaciones propiamente dichas. Su pasi√≥n por la egiptolog√≠a pronto se convirti√≥ en su √ļnico inter√©s y en 1900 fue nombrado inspector en jefe de monumentos en el Alto Egipto y Nubia. Gran parte de su trabajo se desarroll√≥ en el Valle de los Reyes, donde se hab√≠an excavado muchas, pero no todas las tumbas de los faraones egipcios. Cuando Carter comenz√≥ su labor, no se hab√≠a hallado a√ļn ninguna tumba completa. Encontrar una tumba intacta con sus tesoros funerarios segu√≠a siendo el sue√Īo de los arque√≥logos. Pero, por ahora, el Valle de los Reyes guardaba sus secretos.

A principio de siglo Egipto era una destilaci√≥n muy popular entre los turistas y un balneario para los ricos. Entre los visitantes habituales se encontraba George Herbert, conde de Carnarvon, que paso varios inviernos en Egipto recuper√°ndose de un grave accidente de coche. Hasta ese momento se habia dedicado a coleccionar antig√ľedades y acababa de comprar una concesi√≥n para excavar en Tebas (ahora Luxor). Pero en 1907 se dio cuenta de que necesitaba un ayudante y consejero. Ese a√Īo, le presentaron a Carter y lo invit√≥ a unirse a su empresa. Carnarvon era rico y generoso y a Carter, que acababa de abandonar su cargo oficial, le debi√≥ parecer una excelente oportunidad. As√≠ comenz√≥ una colaboraci√≥n hist√≥rica.
Carter y Carnarvon quer√≠an excavar en el Valle de los Reyes, pero el due√Īo de la concesi√≥n era Theodore Davis, un americano rico. Davis dec√≠a haber encontrado pistas de la tumba del fara√≥n Tutankamon, de dieciocho a√Īos de edad. Se cre√≠a entonces que el jov√©n fara√≥n hab√≠a muerto, probablemente de tuberculosis, 3.300 a√Īos atr√°s. Pero Davis no hab√≠a encontrado su tumba, como √©l cre√≠a. De hecho, todas las tumbas encontradas hasta ese momento en el Valle de los Reyes estaban vac√≠as. Hab√≠an sido saqueadas por ladrones de tumbas.

No se sabe a ciencia cierta cu√°ndo Howard Carter se obsesion√≥ con la idea de hallar la tumba del joven monarca, pero el caso es que cuando Davis abandon√≥ su concesi√≥n en 1914, Carter y Carnarvon se apoderaron de ella al instante. Carter estaba convencido de que en alg√ļn lugar de ese silencioso y rocoso valle, descansaba Tutankamon.

Carter sab√≠a que a no ser que organizara la b√ļsqueda con seriedad cient√≠fica, ser√≠a como buscar una aguja en un pajar. Su meticuloso trabajo inclu√≠a t√©cnicas que ahora se consideran esenciales pero que, a principios del siglo veinte parec√≠an excesivas. Pero al poco tiempo de comenzar su trabajo, estall√≥ la Primera Guerra Mundial y tuvo que abandonar su tan esperada oportunidad.

En 1917, Carter pudo continuar su trabajo. Era un esfuerzo agotador ya que el Valle de los Reyes estaba plagado de restos de arena y roca removida en las primeras excavaciones, as√≠ como en otras m√°s recientes. Adem√°s, para confundir a los ladrones, los primeros constructores hab√≠an arrojado montones de tierra en lugares alejados de la zona en que estaban trabajando. Este sistema serv√≠a a su vez para confundir a los arque√≥logos 3.000 a√Īos despu√©s. Por otro lado, el calor estival era tan intenso que las excavaciones pod√≠an realizarse tan s√≥lo en los meses de invierno.

A√Īo tras a√Īo, Carter continuaba su b√ļsqueda, vaciando el fondo del valle hasta encontrar la roca. Despu√©s de cinco a√Īos de trabajo, los trabajadores hab√≠an sacado 200.000 toneladas de arena y escombros usando herramientas manuales y cestos, como hab√≠an hecho en el pasado los esclavos del antiguo Egipto. En 1922 Carter segu√≠a sin encontrar nada verdaderamente importante. Lord Carnavon decidi√≥ interrumpir su financiaci√≥n y llam√≥ a Carter al castillo de High-clere, en sus posesiones de Berkshire para comunicarle la mala noticia.

Anticipando la decisi√≥n de Carnarvon, Carter lleg√≥ a Highclere preparado con todos los argumentos necesarios para continuar el trabajo. Seg√ļn Carter, exist√≠a una zona del valle que a√ļn no hab√≠an investigado sistem√°ticamente. Estaba cerca de la tumba de Rams√©s VI, que hab√≠a reinado poco despu√©s de Tutankamon, cerca de la cual Davis hab√≠a encontrado unos pocos e incomprensibles artefactos con el nombre de Tutankamon grabado. Rog√≥ a Carnarvon que le dejara continuar el trabajo, diciendo que √©l mismo financiar√≠a el resto de los hallazgos si no se encontraba nada. Camarvon, impresionado por la decisi√≥n de Carter, accedi√≥ a pagar un a√Īo mas. Carter volvi√≥ a Egipto y se dispuso a limpiar la zona justo delante de la tumba de Rams√©s VI. Era el 4 de noviembre, justo antes de la llegada de los turistas, Carter esperaba poder evitar sus interrupciones diarias. Inmediatamente, los empleados de Carter encontraron algunas caba√Īas utilizadas por los obreros en la √©poca en que se construy√≥ la tumba. El cuatro de noviembre ya hab√≠an retirado todas las caba√Īas y los obreros comenzaron a excavar hasta la roca de fondo, un metro m√°s por debajo. Al llegar a la roca, encontraron un escal√≥n cavado en roca. Al d√≠a siguiente descubrieron 12 escalones m√°s, asi como la parte superior de una puerta, cubierta de yeso y cerrada con un antiguo precinto. Este mostraba al zoomorfo dios Anubis, con cabeza de chacal, sobre un grupo de nueve cautivos atadas: el precinto utilizado por guardianes de tumbas egipcios para sellar las tumbas importantes. Carter estaba muy emocionado. -¬ŅPodr√≠a ser esta la tumba que llevaba tanto tiempo buscando la c√°mara funeraria de Tutankamon?. Armado de paciencia, Carter interrumpi√≥ la excavaci√≥n y envi√≥ un cable a Carnarvon: ¬ęPor fin he hecho un gran descubrimiento en el valle; una tumba magn√≠fica con los precintos intactos; lo he vuelto a cubrir esperando su llegada; enhorabuena.¬Ľ

Durante tres semanas, Carter tuvo que contener su emoción.

La tentación de romper las puertas y ver qué había en su interior debió ser enorme, pero Carter decidió esperar hasta que su patrocinador llegara a Egipto. Carnarvon y su hija, lady Eveivn Herbert, llegaron a Luxor el 23 de noviembre. Al día siguiente presenciaron cómo volvían a descubrirse los 16 escalones que conducían a la tumba.

Una vez descubierto el resto de la puerta, Carter y Carnarvon descubrieron el sello de Tutankamon en su base. Por fin hab√≠an descubierto la tumba del esquivo monarca. Pero los sellos y la puerta daban muestras de haber sido hollados miles de a√Īos atr√°s. ¬ŅNo volver√≠an a encontrar otra tumba vac√≠a, con sus tesoros expoliados? S√≥lo hab√≠a una manera de descubrirlo. Cuando retiraron los bloques que sellaban la entrada, encontraron un t√ļnel lleno de escombros. El 26 de noviembre por la tarde, ya hab√≠an conseguido retirar los escombros y encontraron una nueva entrada bloqueada. Temblando de emoci√≥n, Carter hizo un agujero en la esquina superior izquierda de la puerta. Introdujo una vela y mir√≥ por el hueco. Al principio no pod√≠a ver nada, pero a medida que sus ojos se adaptaban a la oscuridad, comenz√≥ a distinguir unas estatuas y el brillo del oro en la oscuridad. ¬ę¬ŅVe algo?¬Ľ, pregunt√≥ Carnarvon, sin poder contener su impaciencia. ¬ęS√≠, cosas incre√≠bles¬Ľ, contest√≥ Carter.

Fue el descubrimiento arqueológico del siglo. La prensa mundial se volcó sobre la noticia y Carter, Carnarvon y Tutankamon se convirtieron en estrellas al instante. Pero la emoción estaba cuajada de dificultades. Carter y Camarvon otorgaron al Times de Londres la exclusiva absoluta sobre la noticia. Inevitablemente, el resto de la prensa, frustrada por su exclusión, se dedicó a fraguar historias contra los descubridores: diciendo que estaban vaciando la tumba sin permiso; que se habían quedado varios objetos. Por otro lado, la gente quería ver el increíble hallazgo.

Carter tenía mucho trabajo de carácter científico que realizar, pero era interrumpido constantemente por la curiosidad de jefes de Estado y miembros de la realeza. Bajo tanta presión, se enfrió la cordialidad entre Carter y Camarvon. En la primavera de 1923, lord Carnarvon murió de neumonía, al complicarse un envenenamiento de la sangre causado por la picadura de un insecto. Carter se quedó solo para continuar el trabajo.

El trabajo tard√≥ diez a√Īos en completarse. Gracias al car√°cter extremadamente met√≥dico de Carter, cada uno de los 4.000 objetos de la tumba fue fotografiado in situ y registrado antes de retirarse. Se tard√≥ dos meses en vaciar la antec√°mara. El mont√≥n de carruajes, camas, tronos y cajas removidos por los ladrones en la antig√ľedad, hab√≠an sido amontonados de cualquier manera por los enterradores oficiales cuando volvieron a sellar la tumba. Carter se negaba a entrar en la c√°mara funeraria hasta haber estudiado, restaurado y enviado a El Cairo, todos los objetos de la antec√°mara.

Los ata√ļdes que conten√≠an el cuerpo momificado de Tutankamon no llegaron a abrirse hasta 1925, descubri√©ndose entonces el ata√ļd y la m√°scara mortuoria, ambas de oro macizo. Hab√≠a m√°s de 143 joyas de oro distribuidas alrededor del cuerpo. Dos a√Īos m√°s tarde, se retiraron los √ļltimos objetos para ser restaurados, pero hasta 1932 no se envi√≥ el √ļltimo objeto de la tumba a El Cairo, despu√©s de haber examinado las dem√°s c√°maras.

Tras la inesperada muerte de lord Carnarvon, surgi√≥ el rumor seg√ļn el cual, todo aquel que entrara en la tumba de Tutankamon ser√≠a v√≠ctima de una maldici√≥n. Los peri√≥dicos de la √©poca le dieron mucha importancia al rumor y se regocijaban en la malicia y el melodrama. Es cierto que dos personas clave murieron durante la excavaci√≥n de la tumba: uno era Carnarvon y el otro, el arque√≥logo Arthur Mace. Todos los dem√°s sobrevivieron y algunos superaron los ochenta a√Īos de edad. Los rumores eran tan persistentes que el propio Carter tuvo que defenderse de la idea de una maldici√≥n: ¬ę... cualquier persona en su sano juicio har√≠a caso omiso de esta elucubraci√≥n. Esta clase de maldiciones est√°n completamente ausentes de los rituales egipcios¬Ľ.
Tras catalogar los hallazgos, Carter se retir√≥ de la arqueolog√≠a convirti√©ndose en coleccionista. Muri√≥ en Inglaterra en 1939 a los 65 a√Īos. Fue enterrado en el cementerio de Putney Vale, al oeste de Londres.

Fuente:True Action Adventures (BBC)

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