LA EPOPEYA DE PERCY FAWCETT Y LOS MISTERIOS DE LA SIERRA DEL RONCADOR.

Fecha 29/12/2009 17:17:13 | Tema: Civilizaciones Antiguas

El hombre que más se acercó a la verdadera comprensión de los misterios de Sur América fue el inglés Percy Harrison Fawcett, reconocido por muchos como el explorador más grande del siglo XX, la quintaesencia de los aventureros.

Fawcett, quien naci√≥ en Inglaterra en 1867, entr√≥ a hacer parte del ej√©rcito del reino muy joven, a la edad de 19 a√Īos. Inmediatamente fue enviado a la isla de Ceyl√°n, que en aquel tiempo pertenec√≠a al inmenso imperio brit√°nico. Luego viaj√≥ al norte de √Āfrica, donde hizo parte de los servicios secretos imperiales.

Durante esos a√Īos naci√≥ en √©l el deseo de estudiar los textos antiguos, sobre todo aquellos que describen el diluvio universal, como la Biblia o la epopeya de Gilgamesh, con el fin de reunir informaci√≥n para lanzar las bases de su teor√≠a: la existencia de una gran civilizaci√≥n antediluviana que se hab√≠a extendido por todo el mundo y cuyos vestigios estaban escondidos en alguna parte de la Tierra. Pero, ¬Ņd√≥nde buscar? Se dio cuenta de que encontrar las pruebas de la existencia de una civilizaci√≥n tan antigua ser√≠a complicado y casi imposible.

Sin embargo, las casualidades de la vida lo llevaron a Sur Am√©rica. En 1906 hizo parte de un viaje de exploraci√≥n en la zona fronteriza entre Bolivia y Brasil, con el objetivo de cartografiar el √°rea por cuenta de la Sociedad Geogr√°fica Brit√°nica. Justo en aquellos a√Īos, Fawcett conoci√≥ un documento que se remonta al 1743 (hoy llamado manuscrito 512), el cual describe el viaje del aventurero Francisco Raposo en el siglo XVIII, quien se adentr√≥ en la selva del Mato Grosso. A continuaci√≥n, un extracto del documento:
Francisco Raposo parti√≥ al mando de 18 colonos, y despu√©s de much√≠simas aventuras, m√°s all√° de una enorme zona lodosa, tuvo que atravesar escabrosas monta√Īas. Una vez que lograron pasar a la otra parte, vieron unos claros y a lo lejos, la selva virgen. Enviaron a unos cuantos nativos para el reconocimiento, y cuando √©stos regresaron, dijeron que hab√≠an encontrado las ruinas de una ciudad perdida.

En el documento 512 (que a√ļn hoy se conserva en la biblioteca nacional de R√≠o de Janeiro, secci√≥n manuscritos, obras raras), escrito por el religioso J. Barbosa y dirigido al Virrey de Brasil Luis Peregrino de Carvalho Menesez, se narra adem√°s que los aventureros exploraron la ciudad perdida al d√≠a siguiente. Entraron maravillados a una gran ciudad de piedra con muros colosales parecidos a los de Sacsayhuam√°n. En el coraz√≥n de la enigm√°tica ciudad se encontraba una plaza en cuyo centro hab√≠a un monolito negro muy alto, al final del cual estaba una estatua de un hombre que indicaba el norte.

La totalidad del documento 512 fue publicado en la revista del Instituto de Historia y Geografía Brasilera en 1893.

¬ŅEl relato de Barbosa ocurri√≥ o fue un simple fruto de la fantas√≠a? Por ahora no podemos responder con certeza a esta pregunta, lo que es cierto es que Fawcett se fascin√≥ con la historia y empez√≥ a pensar en explorar el √°rea que hab√≠a sido inicialmente recorrida por Raposo 163 a√Īos antes.

Otro de los indicios que guiaron a Fawcett hacia el centro de Brasil fue una estatuilla de basalto negro que representaba a un sacerdote mostrando una especie de tabla con signos en bajorrelieve, quiz√°s sil√°bicos.

La estatuilla, que el escritor Rider Haggard (autor de Las minas del Rey Salomón), regaló a Fawcett, provenía de Brasil y no del viejo mundo. Hay 22 signos en la tabla, como se ve en la foto N.10

De 1906 a 1925, Fawcett efectu√≥ seis expediciones a las selvas bolivianas y brasileras. En una de ellas, remont√≥ el R√≠o Heath (zona fronteriza entre Bolivia y Per√ļ, departamento de Puno), transmitiendo incluso detalladas descripciones de la fauna hallada. Describi√≥ varios c√°nidos casi totalmente desconocidos en aquel tiempo y grandes anacondas, una de aproximadamente 20 metros. No sabemos si han existido alguna vez serpientes tan grandes (la anaconda m√°s grande del mundo al parecer med√≠a 9 metros), lo cierto es que las condiciones ambientales en las selvas bolivianas y brasileras de hace un siglo eran completamente diferentes de las de ahora.

Durante estas emocionantes expediciones, Fawcett tuvo contacto con numerosas tribus de nativos y se convenci√≥ de que la ciudad perdida (que √©l denomin√≥ Z, quiz√° por brevedad), ten√≠a que encontrarse en la Sierra do Roncador, una inmensa zona monta√Īosa y forestal, casi totalmente inexplorada, que se extiende por aproximadamente 300 km de norte a sur entre los r√≠os Xing√ļ y Araguaia (afluente del Tocantins). El nombre Roncador deriva de los extra√Īos zumbidos que produce el viento en las rocas de la zona, como si silbara entre ellas.

Fawcett decidi√≥ emprender una expedici√≥n en busca de la ciudad perdida mencionada por Barbosa en el documento 512 y junto a su hijo Jack (nacido en 1903) y su amigo Raleigh Rimmel, se adentr√≥ en la selva virgen con destino desconocido. El √ļltimo rastro dejado por Fawcett fue un mensaje telegr√°fico enviado el 29 de mayo de 1925 a su mujer, avis√°ndole su partida.

Los exploradores partieron de Cuiab√° y caminaron hacia el R√≠o Xing√ļ con direcci√≥n noroeste. Despu√©s de aproximadamente 8 d√≠as de camino, llegaron a un punto llamado ‚Äúcampamento del caballo muerto‚ÄĚ (11 grados 43‚Äô Sur-54 grados 35‚Äô Oeste), donde se separaron de los gu√≠as.
Después de eso, no se supo nunca nada más de Fawcett ni de los otros dos participantes de la expedición.

Inicialmente se pens√≥ que los aventureros hab√≠an muerto a manos de nativos Kalapalos o de aut√≥ctonos de otras tribus que viven a√ļn hoy en las cercan√≠as del R√≠o Xing√ļ: Arumas, Suyas, Xavantes. Alguien propuso que los exploradores hab√≠an muerto de malaria fulminante o a causa de animales salvajes (osos y jaguares), pero lo extra√Īo fue que nunca se encontraron los cuerpos.

La primera verdadera expedición en la zona para tratar de revelar el misterio de la presunta muerte de Fawcett tuvo lugar en 1928 y fue guiada por el estadounidense George Dyott.

Se cuenta que fue tomado prisionero por algunos ind√≠genas, logrando luego escapar de manera incre√≠ble. Seg√ļn √©l, Fawcett fue muerto por el jefe de la tribu de los Nahukwa, llamado Aloique.
En 1930, el estadounidense Albert Winton se adentró en la selva del Roncador, pero no regreso jamás.

En 1932, el suizo Stefan Rattin, junto con el periodista Horacio Fusoni, organizó una expedición al mando de 14 hombres brasileros y paraguayos. Ninguno volvió nunca.

En 1937, el explorador Willi Aureli dijo que algunos autóctonos Carajá se referían a un gran jefe blanco que vivía con los Xavantes en lo profundo de la selva. También el investigador Henry Vernes comenzó a contar que Percy Fawcett estaba vivo y que había decidido vivir lejos de la llamada civilización, al mando de una tribu de indígenas que custodiaban los misterios de una antigua civilización, ya desaparecida.

En 1951, el antrop√≥logo brasilero Orlando Villas Boas viaj√≥ varias veces a la zona del Roncador intentando recorrer el trayecto seguido por el explorador ingl√©s. Tuvo contacto con muchos ind√≠genas y lleg√≥ a la conclusi√≥n de que Fawcett y los otros dos miembros de la expedici√≥n fueron asesinados por algunos ind√≠genas Kalapalos. Seg√ļn estos testimonios, los cuerpos del hijo de Jack Fawcett y de Raleigh Rimmel fueron arrojados a un r√≠o, mientras que los restos de Fawcett fueron enterrados en un lugar secreto. Orlando Villas Boas encontr√≥ tambi√©n restos humanos (huesos), que inicialmente fueron atribuidos a Fawcett, pero que luego se supo que no pertenec√≠an al ingl√©s.

En 1996, René Delmotte y James Linch se adentraron en la selva del Roncador, pero 12 de los 16 participantes de la expedición fueron tomados prisioneros por los nativos Kalapalos y dejados posteriormente en libertad a cambio de algunos bienes materiales.

Dos a√Īos despu√©s, el explorador ingl√©s Benedict Allen logr√≥ entrar en el territorio de los Kalapalos y entrevistar a un anciano ind√≠gena llamado Vajuvi. El nativo desminti√≥ categ√≥ricamente que hombres de su tribu hubieran matado a Fawcett y sostuvo que los huesos encontrados por Villas Boas no pertenec√≠an al aventurero ingl√©s.

Tambi√©n en los primeros a√Īos del siglo actual hubo varios intentos de revelar el misterio de la muerte de Fawcett, por ejemplo, en el 2005, el escritor David Grann visit√≥ la tribu Kalapalos y se le asegur√≥ que, seg√ļn las tradiciones orales de la zona, Fawcett pas√≥ algunos d√≠as en el pueblo, pero luego se dirigi√≥ al este, a una zona considerada peligrosa y habitada por aut√≥ctonos belicosos.

Hasta aquí los hechos. El misterio de cómo murió el explorador inglés y sobre todo qué esconde la Sierra del Roncador permanece oculto.

En mi opini√≥n, se pueden analizar dos teor√≠as principales para intentar explicar qu√© buscaba realmente Fawcett y para saber si se acerc√≥ a lo que persegu√≠a. La primera hip√≥tesis es la m√≠stica y la segunda, m√°s probable, es la teor√≠a de la antigua civilizaci√≥n perdida del Xing√ļ, recientemente descubierta y estudiada por el arque√≥logo estadounidense Heckemberger.

Seg√ļn la visi√≥n m√≠stica y esot√©rica, que comenz√≥ con el otro hijo de Fawcett, Brian (1906-1984) y con el sobrino del explorador, Timothy Paterson (1935-2004), la Sierra do Roncador ser√≠a uno de los lugares sagrados del mundo, una especie de puerta de acceso a un mundo subterr√°neo desconocido por los humanos.

Los llamados intraterrestres vivirían en el famoso Templo de Ibez donde se habrían retirado los descendientes de Atlántida, poco después del diluvio universal.

Paterson estaba convencido de que su t√≠o hab√≠a encontrado la entrada secreta que lo conducir√≠a hasta Ibez, una especie de El Dorado Atlante, donde se esconder√≠a el misterio de nuestro remoto pasado y quiz√° la clave de nuestro incierto futuro. En 1978, en uno de sus viajes de exploraci√≥n en las tierras vecinas al R√≠o Xing√ļ, tuvo contacto con un anciano que le asegur√≥ que la ciudad misteriosa buscada por Fawcett (de donde proven√≠a la estatuilla de basalto, recogida por Haggard cerca al cad√°ver del arque√≥logo Marple White, el √ļnico occidental que habr√≠a entrado en la ciudad Z), no era m√°s que Manoa (aunque muchas leyendas amaz√≥nicas ubican la legendaria Manoa mucho m√°s al norte del Roncador, en el actual Estado brasilero de Roraima).

Paterson declaró, en la entrevista que concedió al investigador italiano Marco Zagni, que su tío vivió en Ibez hasta 1957, la verdadera fecha de su muerte.

Seg√ļn Paterson, los 22 signos sagrados que estaban incisos en la estatuilla que desapareci√≥ con Fawcett no eran otra cosa que los caracteres del arcaico alfabeto de Atl√°ntida, del cual derivar√≠an luego el de los Fenicios y los Hebreos. Tambi√©n el estudioso italiano Pincherle analiz√≥ el dibujo del supuesto alfabeto que estaba impreso en la estatuilla y lleg√≥ a la conclusi√≥n de que se trataba realmente de caracteres desconocidos antediluvianos. Pincherle interpret√≥ tambi√©n la incisi√≥n puesta al pie de la estatuilla como UT NAISFM, muy similar al babilonio UT NAPHISTIM, es decir, No√©. Seg√ļn los dos estudiosos, tambi√©n el nombre Manoa, muy indicado como la sede de la arcaica ciudad reconocida como el verdadero El Dorado, significar√≠a Puerto de No√©, o bien, el lugar donde No√© habr√≠a atracado despu√©s del diluvio y donde habr√≠a fundado una civilizaci√≥n prodigiosa.

Uno de los m√≠sticos m√°s famosos que vivi√≥ mucho tiempo en la zona de la Sierra do Roncador fue el b√°varo Udo Oscar Luckner (1925-1986). Seg√ļn este estudioso esot√©rico, que lleg√≥ a la zona atra√≠do por las leyendas que se hab√≠an ido formando sobre el fin de Fawcett, en la regi√≥n del Roncador existe una puerta secreta que conducir√≠a al reino del inframundo, habitado precisamente por intraterrestres. Luckner, llamado tambi√©n el hierofante o papa del Roncador, fue el fundador del Monasterio Te√ļrgico del Roncador, que tuvo muchos adeptos, adoradores del templo de Ibez. En su libro m√≠stico-esot√©rico Misterios do Roncador, narra su viaje en las cavernas subterr√°neas situadas en el subsuelo de la Sierra do Roncador, donde estar√≠a situado el templo de Ibez.

Seg√ļn algunas leyendas difundidas entre los ind√≠genas Borro y Xavantes, en tiempos remot√≠simos llegaron a la Sierra do Roncador los Dioses del cielo, seres de proporciones menudas, de no m√°s de 120 cm de altura, algunos de ellos con seis dedos tanto en las manos como en los pies y con cr√°neos enormes, desproporcionados respecto al esbelto cuerpo.

Todavía hoy se pueden observar en la Gruta dos Pezinhos (cerca de la ciudad de Barra do Garcas) varias huellas de pies con tres, cuatro y seis dedos.

Si bien no hay pruebas definitivas para arrojar luz sobre las creencias de Paterson y Luckner, yo creo que el mundo m√≠stico de algunos seres sensibles (como incluso Daniel Ruzo o Edgar Cayce), debe tenerse en consideraci√≥n, tanto porque nuestros conocimientos sobre los poderes de la mente son todav√≠a aproximativos, como porque las intuiciones de los seres sensibles pueden revelarnos el camino correcto que debemos seguir para desentra√Īar algunos misterios.

Analizando la segunda teor√≠a para explicar qu√© buscaba Fawcett y quiz√° qu√© encontr√≥ Raposo en su viaje en 1743, se deben considerar los √ļltimos estudios del arque√≥logo estadounidense Michael Heckemberger.

A partir de 1993, Heckemberger llev√≥ a cabo investigaciones y trabajos de campo en el Parque Nacional Xing√ļ, cerca a los pueblos de los Kuikuro. Inicialmente, el jefe tribu llamado Afukaka lo llev√≥ a un sitio considerado sagrado e importante llamado Nokugu, donde se cree que est√° el alma de un jaguar. En las cercan√≠as, despu√©s de varias excavaciones que se prolongaron por meses, se hallaron restos de calles y antiguos canales.

Pronto se empezaron a delinear los vestigios de un gran pueblo, construido en forma circular donde, de una plaza central salían varias calles que conectaban el pueblo con otras aldeas, como en una red. El nombre de este antiguo asentamiento es Kuhikugu. Se piensa que fueron los antepasados de los Kuikuro los que construyeron el pueblo precolombino. Probablemente, alrededor del siglo XVIII, Kuhikugu estaba en plena actividad y la zona forestal circundante era mucho más densa e intricada de la actual.

Heckemberger comprobó que las zonas construidas eran enormes, cada una de aproximadamente 250 kilómetros cuadrados.

Se deduce, por tanto, que la poblaci√≥n total del √°rea deb√≠a ser de varios miles de personas, si no mucho m√°s. Despu√©s de profundas excavaciones arqueol√≥gicas, se encontr√≥ diverso material de cer√°mica, adem√°s de varios morteros en piedra utilizados para trabajar la mandioca. De las dataciones de carbono 14 se infiere que esta antigua civilizaci√≥n amaz√≥nica se remonta al 500 d.C. Seg√ļn Heckemberger, el explorador ingl√©s Percy Fawcett podr√≠a haber atravesado estas redes de pueblos, que probablemente hace un siglo eran transitadas a√ļn por los nativos. Luego, todo se perdi√≥, seguramente hubo epidemias (viruela), tra√≠das por los colonizadores brasileros y muchas aldeas fueron abandonadas.

La √ļltima palabra sobre el fin de Fawcett y sobre los enigmas de la Sierra do Roncador no se ha pronunciado todav√≠a.

A√ļn hay mucho por estudiar y verificar en el campo, de manera que podamos acercarnos a la verdad de uno de los misterios m√°s grandes del siglo XX.

YURI LEVERATTO

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