ORIGEN DEL NOMBRE AM√ČRICA.

Fecha 12/12/2009 20:18:42 | Tema: OFFTOPIC

Después de los viajes de Cristóbal Colon, en Europa tomaba auge el debate sobre la repartición de las tierras descubiertas.
Los portugueses insatisfechos con los tratados precedentes, presionaban al gobierno de Castilla para tomar posesi√≥n de m√°s tierras. De hecho, en 1493, al regreso del primer viaje de Col√≥n, el Papa espa√Īol Alejandro VI hab√≠a decretado en la bula Inter Cetera, que todas las tierras situadas al oeste de un meridiano distante cien leguas (alrededor de cuatrocientos veinte kil√≥metros) de Cabo Verde deb√≠an pertenecerle a Espa√Īa, mientras que las que fueron descubiertas y conquistadas al este de esa l√≠nea, y que no fueron sometidas al dominio cristiano deb√≠an pertenecerle a Portugal.
Correspondi√≥ al rey Juan II de Portugal realizar nuevas negociaciones con los reyes cat√≥licos de Castilla para desplazar la zona de influencia portuguesa m√°s hacia el oeste y sosteniendo que el nuevo meridiano extend√≠a a todo el mundo, limitando as√≠ el control espa√Īol en Asia.
El nuevo tratado firmado en Tordesillas el 7 de junio de 1494, dividi√≥ as√≠ de nuevo el mundo entre las dos potencias europeas a lo largo del meridiano norte-sur, a trescientas setenta leguas (mil setecientos setenta kil√≥metros) hacia el oeste de las islas de Cabo Verde, correspondientes al meridiano cuarenta y seis grados. Las tierras situadas al este de esta l√≠nea pertenec√≠an a Portugal y las situadas al oeste, a Espa√Īa. Este tratado era contrario a la bula de Alejandro VI pero fue aprobado por el papa Julio II con un nueva bula en 1506.
Justo en los a√Īos en que fue aprobado el tratado de Tordesillas, viv√≠a en Sevilla un italiano, el florentino Amerigo Vespucci.
Este italiano naci√≥ en Florencia en 1454, y fue uno de los pocos que viaj√≥ animado simplemente por el af√°n de conocer, y una innata curiosidad geogr√°fica. Con menos de treinta a√Īos entr√≥ al servicio de la familia Medici, como administrador de bienes y adepto a las relaciones comerciales. En 1491 fu√® enviado a Sevilla para ocuparse de todos los negocios que los Medici ten√≠an en el sur de Espa√Īa.
En Sevilla encontr√≥ un ambiente bastante estimulante e interesante, y aunque su profesi√≥n lo llevaba a ocuparse de comercio, sellos, mercanc√≠as y contratos, su inter√©s real eran los viajes hacia esas tierras que estaban m√°s all√° del oc√©ano, y en el conocimiento de la gente que quiz√°s las habitaba. Hab√≠a le√≠do much√≠simo sobretodo a Marco Polo quien, en la rese√Īa de sus viajes hab√≠a descrito muy bien a Asia, Catai y Cipango. Sent√≠a un profundo inter√©s, tanto por la cultura de otros pueblos que viv√≠an en Asia, como por la naturaleza, con la observaci√≥n de animales y plantas.
Durante los primeros meses de su permanencia en Sevilla se encontr√≥ con Crist√≥bal Col√≥n. Aunque desde el principio se hizo evidente que ambos ten√≠an puntos de vista diferentes respecto a las exploraciones mar√≠timas, ten√≠an en com√ļn la lectura de Marco Polo y la fascinaci√≥n por el viaje de este al Asia.
Vespucci estaba impresionado por la incre√≠ble variedad de pueblos, usos y costumbres descritos por el mercader veneciano, mientras que Col√≥n estaba obsesionado con la idea de navegar hacia el occidente para poder alcanzar f√°cilmente aquellas tierras y apropiarse de sus riquezas aur√≠feras. Ambos hablaron bastante sobre el tema pero Vespucci no se convenc√≠a f√°cilmente, algo le dec√≠a que el viaje hacia el oeste era demasiado largo. La rese√Īa de Marco Polo y los c√°lculos de Tolomeo y Alfagrano lo llevaron a pensar que la tierra no era tan peque√Īa. Col√≥n por el contrario imaginaba la Tierra m√°s peque√Īa de lo que en realidad es y seg√ļn sus c√°lculos, si navegaba hacia el occidente lograr√≠a llegar a Asia en treinta d√≠as.
Cuando Colón regresó de su segundo viaje los reyes de Castilla comenzaron a darse cuenta que las nuevas islas descubiertas se extendían en una enorme porción de océano. Se convencieron por lo tanto de que si querían extender sus dominios e impedir que las flotas portuguesas incursionaran en las zonas de su influencia, tendrían que darle a otros exploradores la posibilidad de viajar hacia las nuevas tierras descubiertas, ya fuera para adquirir nueva información para una posible ruta hacia Catay y Cipango o para buscar más oro y otras posibles riquezas.
Fue probablemente el rey Fernando II de Aragón en persona quien quiso organizar un viaje con el fin de verificar la existencia real de tierra firme, sentarla en un mapa y obtener así informaciones preciosas que sirvieran para futuras empresas. Algunas evidencias sugieren que Amerigo Vespucci tomó parte en esta expedición, y que viajó por primera vez más allá del Atlántico en mayo de 1497. Algunos historiadores sostienen que el primer viaje de Vespucci fue en 1499 junto con Ojeda y el cartógrafo Juan de la Cosa, mientras otros sostienen que fue el primer europeo en poner pié en tierra firme suramericana el 24 de junio de 1497. Y dicha convicción se fundamenta ante todo en la lectura de la relación de sus cuatro viajes, llamada Carta de Amerigo Vespucci sobre las islas nuevamente encontradas en cuatro de sus viajes, dirigida a Piero Soderini en 1504. En esta carta Vespucci describe la primera salida del Puerto de Cádiz el 20 de mayo de 1497:

En el a√Īo del Se√Īor 1497, el d√≠a 20 de mayo, partimos del Puerto de C√°diz. La primera tierra que tocamos fueron las islas llamadas antiguamente Afortunadas, actualmente Gran Canarias. En esas islas permanecimos durante ocho d√≠as y nos aprovisionamos de le√Īa, agua y v√≠veres. Luego comenzamos a viajar hacia occidente, en un viaje tan pleno, que en veintisiete d√≠as llegamos a una tierra que cre√≠amos fuera continente, distante m√°s o menos mil leguas de las islas Canarias. Lo que en realidad era cierto es que est√°bamos a setenta y cinco grados al occidente de las Gran Canarias y que el pueblo septentrional se elevaba a diecis√©is grados sobre el horizonte de aquellas tierras.

¬ŅQui√©n fue el comandante de esta expedici√≥n?
Tal vez fue Yanez Pinz√≥n o quiz√°s el intr√©pido capit√°n sevillano Juan D√≠as de Sol√≠s, experto en navegaciones oce√°nicas, qui√©n a√Īos m√°s tarde ser√≠a victima de un feroz ataque ind√≠gena en el litoral del R√≠o de la Plata.
Vespucci, en todo caso, anota en su carta el haber tocado tierra, a dieciséis grados sobre el ecuador y setenta y cinco grados al oeste de las Canarias.
El lugar de desembarque de su primer viaje, ha sido motivo de debate en el curso de los √ļltimos a√Īos. Algunos sostienen que en el misterioso viaje Vespucci haya tocado tierra en Honduras, otros en cambio, despu√©s de haber profundizado m√°s La Carta, sostienen que toc√≥ tierra en la pen√≠nsula de la Guajira, en el actual territorio colombiano. Del lugar adonde llegaron el 24 de junio de 1497, situado a setenta y cinco grados a occidente de las Canarias y a diez grados sobre el ecuador, la expedici√≥n debi√≥ dirigirse hacia el norte hasta alcanzar el Cabo de la Vela. Y aqu√≠ Vespucci, narra con lujo de detalles los usos y costumbres de los ind√≠genas locales, como el uso de las hamacas, hasta el momento desconocidas por los europeos. Dichas relaciones nos llevan a pensar en los ind√≠genas de etnia Way√ļu (idioma Arawak). Describe adem√°s en un curioso pasaje, las costumbres sexuales y las caracter√≠sticas f√≠sicas de las mujeres ind√≠genas:

Los ind√≠genas del lugar son poco celosos, pero lujuriosos al extremo, especialmente las mujeres, cuyas artes para satisfacer sus insaciables ligerezas mejor callo para no ofender el pudor. Tienen un cuerpo maravilloso, elegante, bien proporcionado. Es muy raro ver arrugas en el seno de una mujer, a√ļn despu√©s del parto, ni en el vientre, ni en las partes carnosas. Todas se conservan como si no hubieran parido.

Otro indicio de la participación de Vespucci en este viaje de exploración es la descripción que se hace de la entrada a una laguna donde había un pueblo que vivía en chozas construidas sobre el agua como en Venecia.

Y siguiendo desde ahí, siempre por la costa, con varias y diversas rutas de navegación y tratando en todo este tiempo con muchos y diferentes pueblos de aquellas tierras, después de algunos días llegamos a un cierto puerto en el cual Dios quiso librarnos de grandes peligros. Entramos a una bahía y descubrimos una aldea que parecía una ciudad, colocada sobre las aguas como Venecia, en la cual había veinte casas grandes, no muy distantes entre ellas, construidas y apoyadas sobre palos gruesos. De frente a la entrada de estas casas había puentes levadizos, a través de los cuales se pasaba de una a otra, como si todas estuvieran unidas.

El inmenso territorio que estaba en el interno de esta laguna se denomin√≥ ‚ÄúVenecia‚ÄĚ, nombre que despu√©s se transform√≥ en ‚ÄúVenezuela‚ÄĚ.
Luego la flota, seg√ļn relata la historia del florentino, naveg√≥ hacia el este, lleg√≥ en agosto de 1498 a Coquibacoa y al golfo de Paria situado de frente a una isla que Col√≥n en su tercer viaje bautizar√≠a como Trinidad. Vespucci contin√ļa la historia, contando como los barcos se dirigieron nuevamente hacia el mar abierto, pasando por numerosas islas de las Antillas.
Sobre el itinerario que se siguió para el viaje de regreso hay numerosas interpretaciones. Es probable que los navegantes costearon las tierras de Centroamérica, y entraron en el Mar Océano pasando entre la isla de Cuba y la península de la Florida.
Vespucci describe una isla llamada Iti la cual no corresponde en lo absoluto a Haití.
Vale la pena destacar el mapamundi que el cart√≥grafo y navegante Juan de la Cosa dise√Ī√≥ en 1500, a su regreso de un viaje posterior que realiz√≥ con Alonso de Ojeda, en el que particip√≥ tambi√©n Vespucci.
En el mapa est√°n trazadas las costas centroamericanas con gran precisi√≥n, la isla de Cuba est√° dise√Īada como es en la realidad, es decir, despegada del continente pues hasta ese momento, hab√≠a sido considerada como parte del Catay y por lo tanto unida al supuesto continente asi√°tico.
Dado que en el viaje siguiente en 1499 no hay se√Īales de una ruta entre Cuba y Florida, como tampoco la hay en los tres primeros viajes de Col√≥n, es factible que alguien hubiera tomado esta ruta precedentemente, justo en el viaje en 1497.
Todo lo anterior hace pensar que Juan de la Cosa participó en la expedición de 1497, hizo los mapas de las costas centroamericanas, identificó a Cuba, a la que ya había conocido viajando en las dos primeras expediciones de Colón, navegó entre ésta y la Florida, percatándose de que se trataba de un territorio insular, y la representó exactamente como correspondía a la realidad: una isla.
Otro detalle que hace pensar en la veracidad del viaje es Iti, una isla peque√Īa que aparece en el mapamundi de Juan de la Cosa, y que quiz√° es una de las Bahamas actuales.
Seg√ļn La Carta de Vespucci y el mapamundi de Juan de la Cosa, es claro que el florentino fue el primer europeo que conoci√≥ y describi√≥ el continente suramericano en junio de 1497. La flota regres√≥ a C√°diz el 15 de octubre de 1498.
Al regreso de su primer viaje, Vespucci conoció a Alonso de Ojeda, capitán de gran experiencia, que hizo parte de la segunda expedición de Colón en 1493.
Ojeda permaneci√≥ en La Espa√Īola hasta 1496, particip√≥ en la batalla de Vega Real, en la que un escuadr√≥n de cuatrocientos espa√Īoles, triunfaron sobre un ej√©rcito de diez mil ind√≠genas. Esta fue realmente la primera batalla entre espa√Īoles e ind√≠genas.
Los espa√Īoles pose√≠an arcabuces, arma anterior al f√ļsil que pod√≠a causar la muerte desde lejos, y se desplazaban a caballo, sembrando el p√°nico entre los ind√≠genas que cre√≠an que estaban enfrent√°ndose a semidioses.
En aquellos a√Īos, debido a los rumores que se hab√≠an expandido despu√©s del primer viaje de Vespucci, Ojeda estaba convencido de la existencia de tierra firme, y pensaba que la riqueza aur√≠fera que tanto se pregonaba, se hallaba en el continente y no en las islas. Consider√≥ entonces la idea de regresar a Espa√Īa para organizar desde all√≠ una expedici√≥n para explorar las costas de la tierra firme y eventualmente tambi√©n el interior de √©sta.
Cuando De Ojeda regresó a Sevilla se encontró de nuevo con Juan de la Cosa a quien había ya conocido en su segundo viaje con Colón y como necesitaba de un piloto experto para la operación, le propuso participar en esta empresa en la que también involucraron a Vespucci. Los tres se encontraron en los primeros meses de 1499 y decidieron partir en los primeros días de mayo.
Fueron tres naves en total, una comandada por Ojeda y pilotada por Juan de la Cosa, y otras dos embarcaciones florentinas comandadas por Amerigo Vespucci.
Zarparon del puerto de Santa Catalina en C√°diz, el 18 de mayo de 1499. Despu√©s de hacer escala en las islas Canarias siguieron con direcci√≥n sur ‚Äď sureste, no hacia las Antillas, sino m√°s al sur, siempre hacia tierra firme.
Ojeda estaba convencido que el fabuloso reino de Catay se hallaba mucho m√°s al sur de lo que Col√≥n pensaba y cre√≠a que lograr√≠a encontrarlo antes de que el Almirante genov√©s lo hiciera. En sus conversaciones, cargadas de un deseo desmedido de poder y de una ciega avidez, expresaba su intenci√≥n de adue√Īarse sin dificultad alguna de aquellos reinos asi√°ticos en los que Col√≥n hab√≠a fracasado.
Juan de la Cosa y Amerigo Vespucci lo escuchaban perplejos, ya que su visión del mundo, más moderna y conocedora de la geografía, les hacía concientes de las reales dificultades para arribar a las Indias.
Despu√©s de veinticuatro d√≠as de mar, avistaron tierra y llegaron a las costas de la Guayana, cerca al r√≠o Damerara. Luego se dirigieron al norte, hacia el golfo de Paria, donde desembarcaron para visitar algunas aldeas ind√≠genas. Aqu√≠ Vespucci se dio cuenta de quien era realmente Ojeda: el espa√Īol quer√≠a adue√Īarse de todas las piezas de oro y riquezas que pose√≠an los ind√≠genas a costa de cualquier cosa, inclusive usando la fuerza para lograr su objetivo. Ni el cant√°brico ni el florentino simpatizaban con este comportamiento descarado y codicioso, y as√≠ se lo hicieron saber.
Es posible que el florentino y el cantábrico hayan hablado de geografía y hayan intercambiado puntos de vista e información reales sobre la verdadera naturaleza de esa tierra firme desconocida.
A este punto, Vespucci decidió abandonar la nave de Ojeda y continuar por su lado con la exploración de las costas situadas al sureste. Hay muchas interpretaciones respecto a esta decisión. Algunos hablan de desacuerdos con Alonso de Ojeda, mientras otros sostienen que Vespucci, justamente porque ya conocía la costa al oeste del golfo de Paria que había visitado en su primer viaje, decidió explorar las costas al este, que eran desconocidas para él. En su viaje hacia el sureste, costeando la actual Guayana y Brasil, Vespucci fue el primer europeo que individuó el estuario del Río Amazonas, lo impresionó su color marrón que se percibe adentrándose en mar abierto por decenas de kilómetros.
En este pasaje de sus ‚ÄúCartas‚ÄĚ el florentino describe el descubrimiento de dos grandes r√≠os, que podr√≠an ser las dos bocas del Rio Amazonas:

Creo que estos dos r√≠os son la causa del agua dulce en el mar. Nos pusimos de acuerdo en entrar a uno de estos r√≠os y navegar a trav√©s de √©l hasta encontrar la ocasi√≥n de visitar aquellas tierras y poblaciones; preparadas nuestras embarcaciones con sus provisiones y veinte hombres bien armados, entramos al r√≠o y navegamos remando durante dos d√≠as superando la corriente alrededor de dieciocho leguas, avistando muchas tierras. Navegando as√≠ por el r√≠o, vimos se√Īales muy ciertas que el interior de √©stas estaba habitado. Por lo tanto decidimos regresar a nuestras carabelas que hab√≠amos dejado en un lugar no muy seguro y as√≠ lo hicimos.

Luego prosiguieron al sur, hacia el Cabo de San Agust√≠n. Durante este trayecto, Vespucci observ√≥ cuatro estrellas llamadas luego la ‚ÄúCruz del Sur‚ÄĚ, y se dio cuenta que indicaban exactamente esa direcci√≥n, el sur.
En una de sus cartas a Lorenzo de Pier Francesco de Medici, Vespucci trae los célebres versos del purgatorio de Dante Alighieri, los que describen las cuatro estrellas, conocidas inicialmente por los antiguos griegos, pero consideradas parte de la constelación del Centauro:

Yo giré a mano derecha y me dirigí al otro polo, y vi cuatro estrellas solo antes vistas por los primeros hombres. El cielo parecía gozar con su brillo: Oh pobre viudo sitio septentrional, privado de mirarlas.

El florentino nos dejó también una descripción colorida y poética de la fauna que encontró en las tierras suramericanas:

Lo que vi fueron… tantos papagayos guacamayas y de tantas especies diferentes, que era una maravilla; algunas de color verde, otras de un espléndido amarillo limón, y otras en negro pero bien de carnes; y el canto de los otros pájaros en los árboles era tan suave y melódico, que muchas veces nos deteníamos a escuchar esa dulzura. Los árboles que vi eran de tal y tanta belleza, que pensamos que estábamos en el paraíso terrestre…

Luego Vespucci regres√≥ al norte, reconociendo la desembocadura del Orinoco, hizo escala en Trinidad, y finalmente lleg√≥ a La Espa√Īola.
Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa hab√≠an recorrido la costa norte de la actual Venezuela, pasando por la desembocadura del Orinoco, el golfo de Paria, la isla de Trinidad y la de los Gigantes, as√≠ llamada por haber observado all√≠, ind√≠genas de gran estatura. Quiz√° corresponde al Curazao actual. Ambos se dirigieron luego al Cabo de la Vela, siguiendo luego hacia La Espa√Īola.
Al llegar a esta isla con poco oro y algunos esclavos rebeldes y peligrosos, los colonos de la isla, en su totalidad seguidores de Col√≥n, los acogieron con hostilidad por haber viajado sin la aprobaci√≥n del genov√©s. El viaje de regreso se realiz√≥ en junio de a√Īo 1500.
Apenas regres√≥ a Europa, Amerigo Vespucci pidi√≥ a los reyes de Espa√Īa que le dieran m√°s naves para realizar otras exploraciones m√°s al sur de las tierras ya conocidas, pero √©stas no le fueron asignadas debido a que seg√ļn el tratado de Tordesillas, esa zona era de competencia portuguesa. Adem√°s los reyes, le hab√≠an destinado ya las naves a Ojeda, puesto que con el ten√≠an m√°s esperanza de encontrar oro y riquezas.
El florentino se dirigi√≥ entonces a Portugal. El rey Manuel I le permiti√≥ participar en la expedici√≥n de Gonzalo Coelho. La flota portuguesa sali√≥ el 13 de mayo de 1501 de Lisboa, llegando a la costa africana de Bezebeghe, el actual Senegal, donde se puso en contacto con las naves que estaban regresando de la India al comando de Pedro Alvarez Cabral, por la ruta que tres a√Īos antes hab√≠a descubierto Vasco de Gama.
En Bezebeghe los tripulantes de las dos expediciones entraron en contacto y Vespucci tuvo la oportunidad de conocer al judío polaco Gaspar de Gama. El judío era un atento observador de los usos y costumbres que había conocido en Asia. De Gama le describió ampliamente al florentino los pueblos conocidos en la India, su geografía y costumbres, y le habló de la ciudad de Calicut en particular. Además le dio a Vespucci datos importantes sobre la biología y la naturaleza de las tierras de la India.
Escuchando al judío, Vespucci pensó que las tierras al oeste del Mar Océano, no tenían nada que ver con la India, pero no estaba plenamente convencido.
Entonces, la flota portuguesa retom√≥ el mar con rumbo al occidente y despu√©s de setenta y cuatro d√≠as de mar, avist√≥ las costas del actual Brasil, despu√©s de soportar fuertes borrascas que retrasaron un poco la expedici√≥n. La flota toc√≥ los cabos de Santa Mar√≠a, San Jorge, Santa Cruz, el r√≠o de San Francisco y la Bah√≠a de todos los Santos. M√°s adelante las naves llegaron a una bah√≠a maravillosa, que llamaron ‚ÄúR√≠o de Janeiro‚ÄĚ, dado que el calendario se√Īalaba el 1 de enero de 1502.
A este punto, decidieron continuar la exploraci√≥n hacia el sur a sabiendas de que se trataba de tierras que estaban bajo la influencia espa√Īola; en marzo de 1502 llegaron al estuario de un gran r√≠o, el actual R√≠o de la Plata, que fue denominado R√≠o Jord√°n; luego en abril de 1502, la flota se detuvo en el estuario de un r√≠o situado en el paralelo sur 52, que Vespucci llam√≥ R√≠o Cananor.
A continuación se cita un pasaje de una carta de Vespucci en la que describe aquellos días:

Navegamos hasta encontrar que el Polo meridional se elevaba cincuenta y dos grados, en t√©rminos que ya no pod√≠amos ver la Osa Mayor ni la Menor. El 3 de abril hubo una tormenta tan fuerte que tuvimos que amainar las velas, el viento era de levante con ondas grand√≠simas y aire de tempestad. Era tan fuerte, que toda la tripulaci√≥n ten√≠a gran temor. Las noches eran largas, aquella del 7 de abril fue de 15 horas porque el sol estaba al final de Aries, y en esta regi√≥n hab√≠a invierno. En medio de la tempestad avistamos el 7 de abril una nueva tierra, que recorrimos por alrededor de veinte leguas, encontrando costas salvajes, ning√ļn puerto, ni gente creo porque el fr√≠o era tan intenso que ninguno en la flota pod√≠a soportarlo. Vi√©ndonos en tal peligro y tal tempestad, que apenas se pod√≠a ver una nave de la otra, tan altas eran las ondas, que acordamos hacer se√Īales para reunir la tropa y regresar a Portugal. Y fue una decisi√≥n muy sabia, porque si hubi√©semos retardado aquella noche, seguramente nos habr√≠amos perdido todos.

Vespucci hab√≠a llegado casi a la desembocadura del famoso estrecho que Fernando de Magallanes recorri√≥ dieciocho a√Īos m√°s tarde. Sus cartas fueron preciosas fuentes de informaci√≥n para las expediciones sucesivas de Juan D√≠as de Sol√≠s y Magallanes.
Cuenta la historia que Magallanes dijo a su tripulación en un momento en que se sentía temerosa de seguir adelante:

Hasta aquí llegó Amerigo Vespucci, nuestro destino es ir mas allá!

Luego la flota desvió de nuevo hacia el norte para regresar a Portugal.
En una noche iluminada por la luna, cuando las naves estaban ancladas delante de las costas del actual Brasil, Amerigo Vespucci tuvo una sensaci√≥n extra√Īa: tuvo la convicci√≥n de que estas tierras no eran islas, sino un tierra firme grandisima que nada ten√≠a que ver con el Asia. Era un mundo nuevo, y nuevos eran los animales, la vegetaci√≥n, los ind√≠genas, cuyos usos y costumbres no ten√≠an nada en com√ļn con lo visto hasta ahora en el mundo conocido. Adem√°s durante este viaje Vespucci localiz√≥ en el mapa dos estrellas, Alpha y Beta Centauro, que son los astros m√°s cercanos a nuestro sol.
A su regreso a Europa en 1502, Vespucci fue casi ignorado. Los portugueses estaban desilusionados del florentino porque ve√≠an abrirse una controversia con los espa√Īoles por la posesi√≥n de las tierras descubiertas. Los espa√Īoles lo ve√≠an mal por haber viajado en naves portuguesas, y tambi√©n porque hasta entonces, nadie hab√≠a encontrado ni oro en grandes cantidades, y ni siquiera una traves√≠a para el Catay o las Indias. Ambas coronas estaban insatisfechas debido a que en las √ļltimas expediciones el bot√≠n hab√≠a sido bastante escaso. Nadie pareci√≥ apreciar la extraordinaria importancia de las observaciones geogr√°ficas, antropol√≥gicas y naturalistas de Vespucci.
Desde Lisboa, Vespucci envi√≥ una carta a Lorenzo de Pier Francisco de Medici, primo de Lorenzo el Magn√≠fico, en el cual describe su tercer viaje. La traducci√≥n al lat√≠n de esta carta, fue llamada ‚ÄúMundus Novus‚ÄĚ. Su publicaci√≥n en Augusta en 1504 tuvo tanto √©xito, que se realizaron once ediciones.
En 1503 Vespucci partió para su cuarto viaje en otra expedición organizada por el rey Manuel I de Portugal. Contaba con seis naves, dos de las cuales fueron dotadas por los florentinos. El viaje no fue tan afortunado, pues el buque insignia naufragó. La flota llegó a las costas del Brasil después de haber descubierto una isla en el medio del océano que fue bautizada Fernando de Noronha, en honor a uno de los integrantes de la tripulación. En las costas del Brasil no hubo nuevos descubrimientos, ni fundación de nuevas aldeas; la flota regresó a Lisboa el nueve de junio de 1504.
Vespucci escribi√≥ entonces una nueva carta llamada ‚ÄúCarta de Amerigo Vespucci sobre las islas nuevamente encontradas en cuatro de sus viajes‚ÄĚ, y la dirigi√≥ al personaje pol√≠tico Piero Soderini. En esta carta Vespucci hace una descripci√≥n muy completa de los cuatro viajes que realiz√≥.
A continuaci√≥n se cita un pasaje de la carta ‚ÄúMundus Novus‚ÄĚ donde Vespucci, reconociendo el haber descrito un nuevo continente, escribe:

Llegu√© a la tierra de las Ant√≠podas, y reconoc√≠ que estaba frente a la cuarta parte de la Tierra. Descubr√≠ el continente habitado por una multitud de pueblos y animales, m√°s que nuestra Europa, Asia o la misma √Āfrica.

Más adelante, en el siglo XVIII, se encontraron otras tres cartas inéditas de Vespucci: la primera, describe el viaje de 1499-1500 con Alonso de Ojeda, la segunda fue expedida desde Cabo Verde, cuando la expedición de Coelho tuvo contacto con las naves de Cabral y la tercera fue escrita desde Lisboa al completar dicho viaje.
El cosm√≥grafo alem√°n Martin Waldseemuller fue el primero en divulgar las noticias de Vespucci en su ‚ÄúCosmographie Introductio‚ÄĚ, publicada en Lorena en 1507.
Despu√©s de la publicaci√≥n de esta obra, las nuevas tierras descubiertas se comenzaron a llamar ‚ÄúAmericus, o ‚ÄúAm√©rica‚ÄĚ, en honor a las observaciones realizadas por Vespucci.
Al principio se hablaba de América solo para referirse a los territorios del sur del istmo de Panamá, pero con el tiempo dicho término se utilizó también para aquellos territorios situados al norte del istmo.
En 1508, Amerigo Vespucci fue nombrado ‚ÄúPiloto Mayor de Castilla‚ÄĚ por el rey Fernando de Arag√≥n. Este t√≠tulo reconoc√≠a a Vespucci como el navegante m√°s experto del Reino de Espa√Īa y por ello se le asign√≥ la tarea de seleccionar e instruir a los futuros pilotos y cart√≥grafos, ense√Ī√°ndoles el uso del astrolabio y el conocimiento de los vientos.
Murió en Sevilla en 1512 sin dejar descendencia, sus bienes los heredó su esposa, la andaluza Maria Cerezo.

YURI LEVERATTO

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