LA LEYENDA DE LAS SIETE CIUDADES DE ORO DE C√ćBOLA.

Fecha 10/12/2009 18:20:17 | Tema: Mitos y Leyendas

Este mito se origin√≥ en el siglo XII, cuando los Moros atacaron y conquistaron la ciudad de M√©rida, en Espa√Īa.

Se narra que siete obispos abandonaron la ciudad con maravillosas reliquias e inmensos tesoros y que se escondieron m√°s all√° del mundo conocido.

Comenzó a correr el rumor de que cada uno de ellos construyó una fantástica ciudad en una tierra lejana, más allá del Mar Océano, como era llamado el Océano Atlántico.

Estas ciudades eran distinguidas con los nombres de Aira, Anhuib, Ansalli, Ansesseli, Ansodi, Ansolli y Con.

Por mucho tiempo se pensó que las siete ciudades estaban situadas en Antilia, la legendaria isla situada en el Mar Océano.

El origen del nombre Antilia puede derivar de la Atlántida descrita por Platón en el Timeo y Crizia o quizá del latín anterior en cuanto es considerada anterior al Cipango descrito por Marco Polo.

Plutarco, en sus Vidas Paralelas, escribi√≥ que el c√≥nsul espa√Īol Quinto Sertorio tuvo contacto con algunos navegantes que afirmaron haber avistado unas islas a aproximadamente cuarenta d√≠as de navegaci√≥n desde Marruecos.


El erudito Paolo dal Pozzo Toscanelli las dibuj√≥ a unas 700 leguas (3500 kil√≥metros) de las costas espa√Īolas, d√°ndoles una exacta ubicaci√≥n en el Mar Oc√©ano.

En los tiempos de Cristóbal Colón tenían la convicción de que las sietes ciudades estaban situadas en Antilia.

Sucesivamente comenzó a pensarse que estaban situadas en Norte América.

La primera expedición que llegó a los actuales Estados Unidos meridionales tuvo lugar en el 1528, al mando de Panfilo de Narváez.

La empresa se enfrent√≥ con enormes dificultades ambientales y adem√°s hubo continuos enfrentamientos con los nativos guiados por el Cacique Hirrihigua. Casi todos los que viajaron murieron, excepto Alvar Nu√Īez Cabeza de Vaca, Alonso del Castillo Maldonado, Andr√©s Dorantes de Carranza y un esclavo bereber llamado Estebanico.

Los cuatro se alejaron lo m√°s que pudieron de esos lugares tan hostiles avanzando hacia el oeste en los actuales estados de Alabama, Louisiana y Texas.

Su incre√≠ble viaje dur√≥ unos ocho a√Īos, durante los cuales conocieron varias tribus ind√≠genas, logrando sobrevivir. Llegaron finalmente a Culiac√°n, en Sinaloa, territorio que hac√≠a parte de la Nueva Espa√Īa, contando haber visto enormes riquezas.

Alvar Nu√Īez Cabeza de Vaca escribi√≥ un libro en donde narr√≥ la aventura, titulado ‚ÄúNaufragios‚ÄĚ.
En este libro se describieron ciudades de oro y riquezas sin límites, y rápidamente comenzó a pensarse que el territorio atravesado por cuatro aventureros fuera el reino de las siete ciudades, que se llamaron "de Cíbola", porque anticamente el bisonte, numeroso en las praderas norte-americanas, se denominaba "cibolo".

El Virrey de la Nueva Espa√Īa Antonio Mendoza organiz√≥ una primera expedici√≥n en busca de las siete ciudades de C√≠bola dirigida por el fraile Marcos de Niza, que fue guiado por Estebanico.
Esta primera empresa no tuvo éxito porque Estebanico fue asesinado en una aldea indígena, mientras que Marcos de Niza afirmó haber visto de lejos las siete ciudades de oro, pero afirmó no haber podido acercarse porque temía por su propia vida.

La segunda expedición fue dirigida por el castellano Francisco Vásquez de Coronado que partió de Compostela Nayarit en el 1540.

Era jefe de 300 espa√Īoles adem√°s de unos 300 empleados ind√≠genas.

En julio del mismo a√Īo, uno de sus lugartenientes, Trist√°n de Luna y Arellano, tom√≥ poder de algunas aldeas llamadas Zuni, en el actual Nuevo M√©xico.

Estos pueblos fueron reconocidos como las siete ciudades de Cíbola pero no fueron encontradas particulares riquezas o yacimientos.

Coronado se dirigió hacia el norte con la meta de encontrar la ciudad de Quivira pero también esta aldea, cuyo nombre fue cambiado luego por el de Wichita, se encontró privada de riquezas.

La cuarta empresa que exploró los actuales Estados Unidos meridionales fue aquella conducida por Hernando de Soto, el gobernador de Cuba.

De Soto parti√≥ en el 1539 al frente de nueve naves, con seiscientos hombres bien armados y equipados. R√°pidamente los espa√Īoles se enfrentaron con enormes dificultades ambientales, y muchos de ellos murieron de malaria cerebral.

Cuando llegó a Alabama, De Soto asedió la aldea fortificada de Mabila, habitada por autóctonos Choctaw.

El asedio causó más de mil muertos, pero al interior de la fortaleza no estaban las riquezas esperadas.

De Soto murió en los meses siguientes tal vez a causa de una herida infectada.

Sus peregrinaciones en b√ļsqueda de enormes riquezas se tomaron como un desastre en el aspecto econ√≥mico pero sus cronistas fueron los primeros en relatar detalladas descripciones de pueblos tribuales y de sus usos y costumbres.

Lamentablemente esta b√ļsqueda interminable de las siete ciudades de C√≠bola y de un reino riqu√≠simo, en donde los placeres materiales fueran satisfechos, caus√≥ el m√°s grande genocidio involuntario de todos los tiempos.

Los europeos, en efecto, transportaron varias bacterias y terribles virus, como por ejemplo el de la viruela. Este virus vivía principalmente en el interior del cuerpo de los animales transportados por los europeos (caballos, bovinos y cerdos).

Cuando el virus tuvo contacto con los pueblos aut√≥ctonos fue una matanza: se estima, en efecto, que de las aproximadamente 25 millones de personas que habitaban en Norte Am√©rica antes de la conquista europea (incluido M√©xico), unos 18 millones fueron diezmados por las enfermedades en los 50 a√Īos sucesivos.

El norte del reino de la Nueva Espa√Īa, (correspondiente a los actuales Estados Unidos meridionales), volvi√≥ a ser poco interesante para los espa√Īoles y fue casi abandonado por aproximadamente un siglo.

Cuando, en el 1672, los franceses se adentraron en el valle del Mississippi, al mando del explorador De la Salle, las grandes llanuras norteamericanas no estaban ya pobladas por numerosas tribus indígenas, sino que eran inmensas praderas casi deshabitadas.

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