LA BIBLIOTECA DE ALEJANDR√ćA.

Fecha 9/11/2009 10:02:59 | Tema: Civilizaciones Antiguas

La ciudad fue fundada por Alejandro Magno y construida por su antigua guardia personal. Alejandro estimul√≥ el respeto por las culturas extra√Īas y una b√ļsqueda sin prejuicios del conocimiento. La opresi√≥n y el miedo al saber han arrasado casi todos los recuerdos de la antigua Alejandr√≠a. Su poblaci√≥n ten√≠a una maravillosa diversidad. Soldados macedonios y m√°s tarde romanos, sacerdotes egipcios, arist√≥cratas griegos, marineros fenicios, mercaderes jud√≠os, visitantes de la India y del √Āfrica subsahariana ‚ÄĒtodos ellos, excepto la vasta poblaci√≥n de esclavos‚ÄĒ viv√≠an juntos en armon√≠a y respeto mutuo durante la mayor parte del per√≠odo que marca la grandeza de Alejandr√≠a. Su ciudad estaba construida a una escala suntuosa, porque ten√≠a que ser el centro mundial del comercio, de la cultura y del saber. Estaba adornada con amplias avenidas de treinta metros de ancho, con una arquitectura y una estatuaria elegante, con la tumba monumental de Alejandro y con un enorme faro, el Faros, una de las siete maravillas del mundo antiguo.

Pero la maravilla mayor de Alejandría era su biblioteca y su correspondiente museo (en sentido literal, una institución dedicada a las especialidades de las Nueve Musas).

De esta biblioteca legendaria lo m√°ximo que sobrevive hoy en d√≠a es un s√≥tano h√ļmedo y olvidado del Serapeo, el anexo de la biblioteca, primitivamente un templo que fue reconsagrado al conocimiento. Unos pocos estantes enmohecidos pueden ser sus √ļnicos restos f√≠sicos. Sin embargo, este lugar fue en su √©poca el cerebro y la gloria de la mayor ciudad del planeta, el primer aut√©ntico instituto de investigaci√≥n de la historia del mundo. Los eruditos de la biblioteca estudiaban el Cosmos entero, (Cosmos es una palabra griega que significa el orden del universo). Es en cierto modo lo opuesto a Caos. Presupone el car√°cter profundamente interrelacionado de todas las cosas. Inspira admiraci√≥n ante la intrincada y sutil construcci√≥n del universo.

Había en la biblioteca una comunidad de eruditos que exploraban la física, la literatura, la medicina, la astronomía, la geografía, la filosofía, las matemáticas, la biología y la ingeniería. La ciencia y la erudición habían llegado a su edad adulta. El genio florecía en aquellas salas. La Biblioteca de Alejandría es el lugar donde los hombres reunieron por primera vez de modo serio y sistemático el conocimiento del mundo.

Adem√°s de Erat√≥stenes, hubo el astr√≥nomo Hiparco, que orden√≥ el mapa de las constelaciones y estim√≥ el brillo de las estrellas; Euclides, que sistematiz√≥ de modo brillante la geometr√≠a y que en cierta ocasi√≥n dijo a su rey, que luchaba con un dif√≠cil problema matem√°tico: "no hay un camino real hacia la geometr√≠a"; Dionisio de Tracia, el hombre que defini√≥ las partes del discurso y que hizo en el estudio del lenguaje lo que Euclides hizo en la geometr√≠a; Her√≥filo, el fisi√≥logo que estableci√≥, de modo seguro, que es el cerebro y no el coraz√≥n la sede de la inteligencia; Her√≥n de Alejandr√≠a, inventor de cajas de engranajes y de aparatos de vapor, y autor de Aut√≥mata, la primera obra sobre robots; Apolonio de P√©rgamo. el matem√°tico que demostr√≥ las formas de las secciones c√≥nicas ‚ÄĒelipse, par√°bola e hip√©rbola‚ÄĒ, las curvas que como sabemos actualmente siguen en sus √≥rbitas los planetas, los cometas y las estrellas; Arqu√≠medes, el mayor genio mec√°nico hasta Leonardo de Vinci; y el astr√≥nomo y ge√≥grafo Tolomeo, que compil√≥ gran parte de lo que es hoy la seudociencia de la astrolog√≠a: su universo centrado en la Tierra estuvo en boga durante 1500 a√Īos, lo que nos recuerda que la capacidad intelectual no constituye una garant√≠a contra los yerros descomunales. Y entre estos grandes hombres hubo una gran mujer, Hipatia, matem√°tica y astr√≥noma, la √ļltima lumbrera de la biblioteca, cuyo martirio estuvo ligado a la destrucci√≥n de la biblioteca siete siglos despu√©s de su fundaci√≥n.

El n√ļcleo de la biblioteca era su colecci√≥n de libros. Los organizadores escudri√Īaron todas las culturas y lenguajes del mundo. Enviaban agentes al exterior para comprar bibliotecas. Los buques de comercio que arribaban a Alejandr√≠a eran registrados por la polic√≠a, y no en busca de contrabando, sino de libros. Los rollos eran confiscados, copiados y devueltos luego a sus propietarios. Es dif√≠cil de estimar el n√ļmero preciso de libros, pero parece probable que la biblioteca contuviera medio mill√≥n de vol√ļmenes, cada uno de ellos un rollo de papiro escrito a mano.

-¬ŅQu√© destino tuvieron todos estos libros?.

La civilizaci√≥n cl√°sica que los cre√≥ acab√≥ desintegr√°ndose y la biblioteca fue destruida deliberadamente. S√≥lo sobrevivi√≥ una peque√Īa fracci√≥n de sus obras junto con unos pocos y pat√©ticos fragmentos dispersos. Y qu√© tentadores son estos restos y fragmentos. Sabemos por ejemplo que en los estantes de la biblioteca hab√≠a una obra del astr√≥nomo Aristarco de Samos quien sosten√≠a que la Tierra es uno de los planetas, que orbita el Sol como ellos, y que las estrellas est√°n a una enorme distancia de nosotros. Cada una de estas conclusiones es totalmente correcta, pero tuvimos que esperar casi dos mil a√Īos para redescubrirlas. Si multiplicamos por cien mil nuestra sensaci√≥n de privaci√≥n por la p√©rdida de esta obra de Aristarco empezaremos a apreciar la grandeza de los logros de la civilizaci√≥n cl√°sica y la tragedia de su destrucci√≥n.

Imaginemos los misterios que podr√≠amos resolver sobre nuestro pasado si dispusi√©ramos de una tarjeta de lector para la Biblioteca de Alejandr√≠a. Sabemos que hab√≠a una historia del mundo en tres vol√ļmenes, perdida actualmente, de un sacerdote babilonio llamado Beroso. El primer volumen se ocupaba del intervalo desde la Creaci√≥n hasta el Diluvio un per√≠odo al cual atribuy√≥ una duraci√≥n de 432.000 a√Īos, es decir cien veces m√°s que la cronolog√≠a del Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento ha llegado hasta nosotros principalmente a trav√©s de las traducciones griegas hechas en la Biblioteca de Alejandr√≠a.

Alejandria era la mayor ciudad que el mundo occidental había visto jamás. Gente de todas las naciones llegaban allí para vivir, comerciar, aprender. En un día cualquiera sus puertos estaban atiborrados de mercaderes, estudiosos y turistas. Era una ciudad donde griegos, egipcios, árabes, sirios, hebreos, persas, nubios, fenicios, italianos, galos e íberos intercambiaban mercancías e ideas. Fue probablemente allí donde la palabra cosmopolita consiguió tener un sentido auténtico: ciudadano, no de una sola nación, sino del Cosmos. Ser un ciudadano del Cosmos... La vasta población de la ciudad no tenía la menor idea de los grandes descubrimientos que tenían lugar dentro de la Biblioteca. Los nuevos descubrimientos no fueron explicados ni popularizados.

La ciencia no fascinó nunca la imaginación de la multitud. No hubo contrapeso al estancamiento, al pesimismo, a la entrega más abyecta al misticismo. Cuando al final de todo, la chusma se presentó para quemar la Biblioteca no había nadie capaz de detenerla.

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