Apu-Yaya y Leandro el runa

Fecha 3/4/2013 11:20:00 | Tema: Adolfo Gandin Ocampo

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Ing. Adolfo Gandin Ocampo


Cuentan que hace much√≠simos a√Īos, viv√≠a en Queragua, distrito de Humahuaca, un runa llamado Leandro, bueno y trabajador. Ten√≠a un rancho de adobe, su mujer, un reba√Īo de ovejas y una tropa de llamas.
En uno de sus viajes a Tres Morros conoci√≥ a un viejo arriero pune√Īo, quien le cont√≥ que ........

Investigacion UNIFA

Imagen Original
........en los primeros tiempos de la conquista espa√Īola hab√≠an llegado emisarios del Inca Atahualpa, pidiendo todo el oro y la plata que tuvieren, para pagar su rescate. Cumplida su misi√≥n, regresaban ascendiendo trabajosamente por la Quebrada de Humahuaca, con sus llamas cargadas al m√°ximo, cuando se enteraron de que el Inca hab√≠a sido muerto por los espa√Īoles. No deseando que los tesoros recogidos cayeran en poder de los enemigos, arrojaron sus cargas en las proximidades de una solitaria y casi desconocida laguna, situada a unos 4170 metros sobre el nivel del mar, al noreste del pueblo de Humahuaca .
Leandro y su mujer no viv√≠an tranquilos pensando en la forma de apoderarse del fabuloso tesoro, hundido en las serenas aguas de la laguna legendaria. Resolvieron que el √ļnico medio posible ser√≠a desagotarla, construyendo un zanj√≥n de desag√ľe en la zona de m√°s declive del terreno. Leandro puso manos a la obra.
Los d√≠as y los meses pasaban cuando una tarde de febrero comenz√≥ a bramar el viento, se encresp√≥ la laguna, bram√≥ el trueno y emergi√≥ s√ļbitamente del agua la figura de un formidable cuadr√ļpedo con las astas de oro puro. Tan aterrorizado estaba Leandro que ni siquiera pod√≠a moverse. Desaparecido el espantoso animal en las profundidades de la laguna, el runa regres√≥ a su casa. Jur√≥ que nunca volver√≠a y que todo eso era un aviso de Apu-Yaya (Viejo dios del cerro) por su af√°n de destruir la laguna.
Sin embargo Leandro volvió a las andadas, y cuando se creía muy próximo al triunfo, apareció otra vez el terrorífico animal luciendo su cornamenta de oro. El animal, dirigiéndole una imagen centelleante, lo inmovilizó y lo fue atrayendo lentamente hacia el centro de la laguna, hasta que desaparecieron tragados por el agua. Leandro pagó así, su temeridad y avaricia.
Cuenta la gente del lugar, que en las noches tormentosas cuando arrecia el viento, se suele oír el golpear de las piedras que Leandro tira, para rellenar la tierra que en mala hora cavó en su insensatez e irreverencia.



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