Aquellos casos ovni, recordandolos parte 2

Fecha 12/12/2012 13:42:50 | Tema: Sucedio en la historia OVNI

Otro caso famoso fue el acaecido el 11 de julio de 1973 al teniente Dieter Hummling y al sargento Konrad Wey mientras pilotaban sobre Munich otro Phantom F-4F de la Fuerza Aérea de la Alemania Occidental.

¬ęEl caso, que tuvo m√°s de 40.000 testigos, tiene otras implicaciones ps√≠quicas y parafisicas interesant√≠simas que ser√≠a demasiado largo narrar y que, por otra parte, tuvieron en su tiempo una gran difusi√≥n en la prensa.

Lo que nos interesa hacer constar es que cuando el teniente Hummling le gritaba a su copiloto que preparase los ca√Īones, el ovni.......

Informa e investiga desde UNIFA
Ing. Adolfo Gandin Ocampo



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¬ī.......el ovni (que repentinamente se agigant√≥ en tama√Īo, llegando a tener una milla de largo y como cien metros de alto) se les ech√≥ encima, pero en vez de impactarlos los engull√≥ sin hacerles da√Īo alguno saliendo el Phantom por el otro lado del ovni y llevando √ļnicamente como recuerdo de aquel misterioso encuentro una especie de quemaduras a lo largo de todo el fuselaje.

El terror hizo que Wey se vomitase por toda la cabina mientras Hummling s√≥lo recuerda que le pareci√≥ que ¬ęhab√≠a pasado a trav√©s de una nube mientras ten√≠a la impresi√≥n de que sal√≠a de este mundo¬Ľ.

En estos casos se puede uno explicar la belicosidad del ovni, pero en otros en que no ha habido hostigamiento alguno por parte del avión, es más difícil la explicación y ello lógicamente nos lleva a pensar en la diversidad de orígenes de sus ovninautas.

Y si dif√≠cil es explicar el porqu√© de la agresi√≥n, m√°s dif√≠cil a√ļn es explicar el c√≥mo. Porque resulta que los ovnis han hecho desaparecer aviones a pesar de ser √©stos de no peque√Īas dimensiones, no pudi√©ndose hallar posteriormente parte alguna de ellos en tierra.

Este fue, por ejemplo, el caso de un bombardero B-29 de los llamados ¬ęsuperfortalezas¬Ľ, que volaba al norte del Jap√≥n. Desde la base a√©rea cercana segu√≠an su trayectoria por radar cuando vieron que otra nave sin identificar se le acercaba r√°pidamente. Los operadores de radar vieron c√≥mo se ¬ęfund√≠an¬Ľ en el aire, instantes despu√©s de haber o√≠do gritos excitados del piloto del B-29 pidiendo auxilio.
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O el caso de Frederick Valentich, el 7 de octubre de 1978, que volando con varios pasajeros su avi√≥n Cessna en Australia, vio c√≥mo se le acercaba un ovni que hizo varias extra√Īas maniobras pasando repetidamente por encima de su avi√≥n. Valentich lo report√≥ varias veces por la radio a la torre de control y se notaba que estaba muy nervioso por lo que el ovni hac√≠a. En un momento dej√≥ de transmitir y nunca lleg√≥ a su destino ni se encontr√≥ rastro de √©l.

En ellibro ¬ęLa granja humana¬Ľ se narra el caso de dos aviones civiles ecuatorianos de la Compa√Ī√≠a ¬ęSaeta¬Ľ que volando en a√Īos sucesivos (1976 y 1979) desde Quito a Cuenca, cuando ambos hab√≠an pedido permiso para aterrizar, estando ya a la vista del aeropuerto y en un cielo sin nubes, desaparecieron sin dejar rastro, a pesar de la intensa b√ļsqueda en la que intervinieron aviones especiales de la Fuerza A√©rea norteamericana venidos ex profeso de Panam√°. De las aproximadamente 150 personas que en ellos viajaban no se volvi√≥ a tener noticia hasta el d√≠a de hoy.

Y ¬Ņqu√© diremos cuando el ovni se trag√≥ literalmente al avi√≥n? He aqu√≠ lo que un testigo presencial le cont√≥ a la m√°s seria revista sobre el fen√≥meno ovni, la ¬ęFlying Saucer¬Ľ de Londres.
Sucedió en el estado de Missouri (EEUU).



¬ęSer√≠an como las siete y media del d√≠a 9 de marzo de 1955. Yo me hallaba absorto contemplando el vuelo de un avi√≥n a reacci√≥n que ven√≠a en direcci√≥n hacia m√≠. Vi entonces c√≥mo, casi de repente, un extra√Īo aparato se coloc√≥ detr√°s de √©l y lo hizo desaparecer en un abrir y cerrar de ojos.
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Para ello aquel aparato abrió una gran puerta hacia el lado del avión, se lo engulló en un instante y luego se paró en el aire mientras cerraba su compuerta. A continuación ascendió y descendió durante unos 30 segundos y después se fue.

Mientras ascendía y descendía pude ver que salía vapor o humo de unas como puertas o ventanas redondas que tenía en la parte alta. El aparato tenía la forma de una campana y era suficientemente grande como para llevar dentro muchos aviones como el que acababa de tragarse.

Todo esto sucedió muy cerca de donde yo estaba, de modo que pude ver con toda claridad al avión y al ovni. El avión era un cazabombardero ligero. En la radio de San Luis, días más tarde, lo dieron por perdido, pues nunca apareció.

Estos aparatos son la cosa m√°s r√°pida que he visto en mi vida, porque pude cronometrar la velocidad de ambos al principio cuando el ovni se le acerc√≥ al avi√≥n. Aqu√©l tard√≥ s√≥lo unos segundos en hacer el trayecto que al cazabombardero le hab√≠a llevado tres minutos¬Ľ.

Los radares, sin poder detallar tanto como el testigo de Missouri, han sido testigos en varias otras ocasiones de casos semejantes. Y curiosamente todas estas extra√Īas y fatales ocurrencias suelen sucederles a aviones de guerra, para respiro de los que viajamos con frecuencia en aviones comerciales. No creo que los militares tengan mucho derecho a enfadarse, porque como dice el refr√°n:

¬ęEl que a hierro mata, a hierro muere¬Ľ.

Los beligerantes ovni-nautas que tales actos realizan parece que saben distinguir bien entre los ciudadanos pacíficos y los belicosos que hacen de la guerra o de su preparación para ella un modus vivendi.

Aunque tal como acabamos de ver, la triste realidad es que si bien menos frecuentes, también ha habido desapariciones misteriosas de aviones civiles llenos de pasajeros.

A veces las cosas no son tan graves y los ovninautas se limitan a ¬ęjugar¬Ľ, si hemos de juzgar con una l√≥gica humana, con los aparatos en vuelo. Pero no se puede negar que cualquier juego en esas circunstancias es muy peligroso y puede convertirse en fatal al m√°s ligero descuido.
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He aqu√≠ lo que le sucedi√≥ en 1975 al joven De los Santos Montiel, mexicano, tal como √©l mismo me lo cont√≥ y como fue relatado por toda la prensa de aquel pa√≠s que se hizo ampliamente eco de tan extra√Īo caso.

¬ęMe dirig√≠a de Zihuatanejo a M√©xico D.F. volando solo a una altura de unos 15.000 pies en una avioneta Pipper. Cuando estaba intentando distinguir la laguna de Tequesquitengo not√© repentinamente un objeto discoidal en el extremo de mi ala derecha casi toc√°ndola. Aquello me llen√≥ de asombro. Mir√© para el otro lado y me encontr√© con que hab√≠a otro exactamente igual en el extremo de la otra ala, y un tercero justo frente a m√≠. Por un momento cre√≠ que iba a chocar con √©l pero cuando me acerqu√©, con un movimiento rapid√≠simo descendi√≥ y me evit√≥.



¬ęYo para entonces ya estaba nervios√≠simo, llorando y sin saber que hacer llam√© al aeropuerto del D.F. y les dije lo que me estaba pasando. Al principio no obtuve respuesta y me imagin√© que no me cre√≠an. Esto me puso a√ļn m√°s nervioso.

¬ęEl ovni que hab√≠a estado frente a m√≠ se hab√≠a pegado a la parte inferior del fuselaje de mi avi√≥n y repentinamente me dio un golpe. Yo not√© que mi aparato empezaba a ascender contra mi voluntad, y para sacar al ovni de all√≠ se me ocurri√≥ hacer descender el tren de aterrizaje. Pero fue in√ļtil; los mandos del avi√≥n no me obedec√≠an. Yo segu√≠a ascendiendo contra mi voluntad y para entonces ya era presa del terror, sin saber en qu√© iba a parar todo aquello. Los ovnis de los lados segu√≠an cada uno encima de un ala a escasos cent√≠metros.

¬ęEn el aeropuerto hab√≠an suspendido todo el movimiento de aviones y estaban pendientes de los gritos que yo daba por la radio. Por suerte no me cambiaron el rumbo y el avi√≥n segu√≠a volando directo al aeropuerto de la capital. Cuando me acerqu√© a la zona del Ajusco los ovnis se fueron, pero mi tren de aterrizaje segu√≠a sin funcionar. Tuve que pasar repetidas veces sobre la pista de aterrizaje que estaba toda a mi disposici√≥n intentando sacar las ruedas.

¬ęA la duod√©cima vez logr√© que el tren saliese aunque las luces de los mandos segu√≠an sin funcionar. Corr√≠ el riesgo de que el tren volviese a meterse al tomar contacto con tierra. Pero, por suerte, aguant√≥ y pude aterrizar sin novedad tras haber vivido la aventura m√°s extra√Īa de mi vida.¬Ľ

Esta es la mala broma que tres ovnis le jugaron a este joven. Pero muy parecida a ella y en cierta manera peor, fue lo que le hicieron a un estudiante de piloto colombiano que hac√≠a su primer vuelo en solitario; ¬ęmonitoreado¬Ľ muy de cerca por su instructor desde la torre de control en el aeropuerto de El Dorado, de la ciudad de Bogot√°.



Un ovni se le puso delante y le lanzó un rayo de luz muy concentrado que lo dejó ciego de modo que no podía ver los instrumentos de vuelo para poder maniobrar el avión. En la torre de control su instructor oyó sus gritos desesperados diciendo que no podía ver. Le aconsejaron que se serenase y que dejase pasar un tiempo porque probablemente lo que le sucedía era pasajero; una especie de mareo producido por la tensión, y que poco a poco recobraría la visión.

Pero pasaban los minutos y la visi√≥n no volv√≠a. El avi√≥n describ√≠a un amplio c√≠rculo, tal como su instructor le hab√≠a indicado, y el pobre muchacho estaba medio desmayado en su asiento llorando como un ni√Īo y presa de un ataque de nervios. Para entonces ya se hab√≠an reunido al lado de la radio en que su instructor le daba instrucciones, otros miembros del personal del aeropuerto y de la escuela de vuelo que no pod√≠an dar cr√©dito a lo que o√≠an y a lo que ve√≠an, porque el ovni hab√≠a sido visto por varios de ellos.

Pasado un buen rato, el joven recuperó algo de su visión, de modo que ya podía ver, aunque con mucha dificultad, lo más esencial de los instrumentos de vuelo. Para entonces ya su instructor había despegado en otro avión y estaba volando al lado de él diciéndole exactamente todo lo que tenía que hacer para evitar que se estrellase al aterrizar. Tras varias aproximaciones logró por fin aterrizar de una manera un poco brusca pero sano y salvo.

A un alto oficial de la Fuerza Aérea norteamericana que pilotaba un helicóptero le sucedió algo de lo que le pasó al mexicano De los Santos: los ovnis le quitaron el control del aparato y lo hicieron ascender a una velocidad vertiginosa contra su voluntad. Pero en este caso la broma se redujo a eso y no hubo más sustos.

A una mujer paracaidista la interceptaron en el aire; el caso fue que desde que saltó del avión en que practicaba el paracaidismo como deporte, hasta que llegó a tierra, pasaron tres días, sin que pudiese recordar dónde había estado ni qué había hecho en todo aquel tiempo.

A un piloto puertorrique√Īo, conocido de un gran amigo m√≠o, volando desde San Juan a la vecina isla de Culebra, cuando estaba sobre el mar, un ovni le arranc√≥ de cuajo el tren de aterrizaje de su peque√Īo avi√≥n, teniendo posteriormente grandes problemas para aterrizar. Verdaderamente bromas pesadas, por no decir algo peor.

En cuanto a helic√≥pteros se refiere, es un hecho bien conocido que este veh√≠culo humano es muchas veces el camuflaje que adoptan los EBEs para pasar m√°s inadvertidos. La gente, sobre todo en ciertas √°reas en que hay cerca bases a√©reas o navales, suele creer que son aparatos del gobierno haciendo alg√ļn tipo de maniobras y por eso no suelen prestarles mayor atenci√≥n.

S√≠ es cierto que muchas veces han observado que no tienen n√ļmeros ni identificaci√≥n alguna y sobre todo que en ocasiones no tienen ventanas de ning√ļn tipo. Esto, a alg√ļn campesino le hab√≠a llamado mucho la atenci√≥n, incluso antes de que los helic√≥pteros maniobrasen de una manera extra√Īa o hiciesen cosas totalmente inexplicables en un helic√≥ptero del ej√©rcito, como es llevarse por el aire a una res que era propiedad del campesino.

La presencia de estos falsos helicópteros se da más cuando hay mutilaciones de animales. En los casos en que han aparecido muertas y desangradas bastantes reses, es muy frecuente que la víspera o al atardecer se hayan visto por el área estos misteriosos aparatos, que a veces no hacen el normal ruido de los helicópteros sino que son completamente silenciosos, cosa que también fue notada por algunos testigos como algo muy llamativo.

Sin embargo, no todos los helic√≥pteros relacionados con ovnis o con abducciones de animales o personas son ¬ęfingidos¬Ľ. En las bases conjuntas de la Fuerza A√©rea norteamericana y EBEs (de las que hablaremos posteriormente), los helic√≥pteros del ej√©rcito suelen hacer mucho trabajo que est√° directamente relacionado con las tareas de los extraterrestres.
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En el famoso caso ¬ęCash-Landrum¬Ľ (28 de diciembre de 1980; Houston, Texas), en el que un ovni se averi√≥ y de resultas de ello contamin√≥ radiactivamente una peque√Īa zona y a varias personas, fueron muchos los testigos que vieron c√≥mo en rescate del ovni averiado vinieron nada menos que 23 helic√≥pteros de la Fuerza A√©rea, que lo fueron custodiando hasta la base en donde se le ayud√≥ a reparar la aver√≠a. Este caso fue para muchos la prueba de que el Gobierno de USA hace tiempo que tiene tratos con alg√ļn tipo de extraterrestres, por m√°s que se empe√Īe en negarlo.

Sin embargo, para borrar en parte la mala impresi√≥n que hayan podido dejar todos los casos anteriores, y para defender las buenas intenciones y la delicadeza de algunos de nuestros visitantes, narrar√© lo que le acaeci√≥ en julio de 1951 a Fred Reagan cuando volaba cerca de la ciudad de Atlanta (EE.UU.) en su peque√Īo Piper Cub.

Un objeto luminoso pulsante, en forma de rombo, chocó violentamente contra su avión cuando volaba a unos 2.000 metros de altura, y de resultas de ello Fred salió despedido al vacío, viendo por un momento cómo su avión se precipitaba en picado a tierra. En seguida se sintió como aspirado hacia arriba al mismo tiempo que notaba que sus vestidos se le pegaban a la piel mientras era atraído rápidamente hacia una escotilla que se abrió en un costado del ovni. Una vez entrado él y cerrada la escotilla, se halló en un lugar completamente oscuro al mismo tiempo que sentía un fuerte olor a ozono y a flores.

Pasados unos instantes, empez√≥ a ver una especie de ¬ęasperges de metal¬Ľ de unos 90 cm. y un punto de luz azul. Cuando fij√≥ la vista en √©l perdi√≥ la conciencia.

Cuando la recobró estaba tendido en una camilla blanda y fría y oyó un sonido suave y pulsante. En seguida escucha una voz en perfecto inglés que le pide excusas por el accidente y le dice que ellos proceden de otro mundo, que nuestra tierra está poco desarrollada y que ellos no quieren perturbar nuestras actividades ni están animados de ninguna mala intención.

Le dan la mala noticia de que √©l ‚ÄĒque parece no lo sab√≠a‚ÄĒ tiene un c√°ncer y que en compensaci√≥n del da√Īo que le han hecho, le van a curar de esta enfermedad ¬ęque parece es frecuente entre los humanos¬Ľ.

Le dicen que no diga nada de lo que ha pasado. Vuelve entonces a ver el punto azul y a sentir un ¬ęclic¬Ľ, e inmediatamente pierde el sentido.

Cuando se despierta está en un hospital a donde lo habían llevado los que lo encontraron inconsciente tumbado en un prado. No tenía ni una sola herida, a pesar de que, teóricamente, había caído sin paracaídas desde 2.000 m.

Y como colofón de este caso, una vez más aparece lo ilógico e inexplicable con que tantas veces nos encontramos en el fenómeno ovni: Fred Reagan murió loco diez meses después.

Rese√Īar√© finalmente varias otras ¬ębromas¬Ľ de los ovninautas con los tripulantes de unos cuantos aviones, aunque la ¬ębroma¬Ľ haya sido muy pesada, ya que en algunos casos ha conllevado la muerte o desaparici√≥n de los humanos.

John Janssen, de Morristown (New Jersey) tuvo suerte, porque volando su avi√≥n a 1.800 m. de altura el 23 de julio de 1947 vio acercarse a un ovni al mismo tiempo que el motor de su aparato empezaba a fallar, hasta que se par√≥ del todo. Janssen se prepar√≥ para tirarse en picado a fin de poder planear, pero el avi√≥n conserv√≥ su horizontalidad. Mir√≥ la aguja de la velocidad y vio que marcaba ¬ę0¬Ľ.

El avión estaba completamente inmóvil en el espacio. Entonces sintió que alguien lo observaba; levantó la mirada del panel de instrumentos y vio un poco más elevado que su avión, a unos 400 m., al ovni detenido en el aire, que indudablemente lo observaba. Pasaron unos instantes tensos, de una inmovilidad y un silencio totales, hasta que Janssen accionó de nuevo la llave del encendido y el avión reanudó su marcha.

En cambio, los tripulantes militares de los tres casos siguientes no tuvieron tanta suerte. Probablemente el lector recuerda la pel√≠cula ¬ęEncuentros cercanos del tercer tipo¬Ľ. Comienza √©sta abruptamente con una tormenta de arena en medio de gritos de militares que se mueven muy excitados entre unos cuantos aviones aparcados en medio del desierto. Como apenas si se da ninguna explicaci√≥n, los espectadores no saben a qu√© viene toda aquella excitaci√≥n ni cu√°l es la raz√≥n de traer a cuento aquellos aviones aparcados tan fuera de lugar.

Para entender la escena habr√≠a que remontarse al a√Īo 1945, cuando cinco aviones ¬ęAvenger¬Ľ torpederos de la base a√©rea de Fort Lauderdale (Florida), desaparecieron con sus 27 tripulantes cuando realizaban un vuelo de entrenamiento por el Atl√°ntico a unos 200 Kms. de la costa. Se escucharon muchas conversaciones nerviosas entre los distintos pilotos como extra√Īados de lo que les estaba pasando. El d√≠a, sin embargo, estaba completamente claro.



Tras casi 50 minutos de indecisiones, se oyó claramente la voz del jefe que decía:

¬ęNo podemos saber d√≥nde estamos ni d√≥nde est√° el Este o el Oeste. Creemos que nos encontramos a 370 Kms. al NO de la base. Pero pensamos...¬Ľ, y no dijo m√°s ni se volvi√≥ a saber m√°s de ellos.
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Inmediatamente se envió a un gran hidroavión para investigar qué les pasaba, pero al hidroavión le sucedió lo mismo. Desapareció sin dejar rastro, y eso que en pocas horas había alrededor de 320 barcos buscándolos en un área bastante reducida.

Pasado el tiempo, los cinco aviones desaparecidos fueron encontrados en perfectas condiciones posados en un desierto mexicano, sin que nadie pudiera explicarse c√≥mo ni por qu√© llegaron hasta all√≠. Esta es Ia escena con la que comienza la pel√≠cula ¬ęEncuentros cercanos del tercer tipo¬Ľ.

Los aviones aparecieron, pero ¬Ņqu√© hab√≠a sucedido con los 27 tripulantes? Eso sigue todav√≠a en el misterio.

Otro caso parecido fue el de un bombardero norteamericano en la guerra de Vietnam. Se dio por perdido y pasado bastante tiempo apareci√≥ posado en un peque√Īo claro de la jungla vietnamita, en perfectas condiciones para volar, pero en un sitio de donde ni era capaz de despegar ni hubiese sido posible el aterrizaje por estar completamente rodeado de √°rboles de gran altura y de maleza muy tupida. Las autoridades de la Fuerza A√©rea, aun sin confesarlo p√ļblicamente, llegaron a la conclusi√≥n de que hab√≠a sido ¬ędepositado¬Ľ o ¬ęposado¬Ľ all√≠ y que √©l no hab√≠a podido por sus propios medios haber llegado al lugar en que se encontraba.

Algo por el estilo le sucedi√≥ a un avi√≥n correo ruso en 1961. Un ovni lo hostig√≥ en su trayectoria y cuando ya se le hab√≠a dado por perdido, apareci√≥ en perfectas condiciones en medio de la inmensa estepa siberiana, en la regi√≥n de Tobelak. Aunque el terreno era llano, al avi√≥n le hubiese sido muy dif√≠cil aterrizar sin haber sufrido alg√ļn desperfecto. Pero de sus cuatro tripulantes nunca se volvi√≥ a saber.

Sin embargo, el colmo de estas ¬ębromas¬Ľ con aviones ‚ÄĒaunque en este caso concreto dudo que lo sea‚ÄĒ lo constituye lo que les sucedi√≥ a un grupo de cart√≥grafos rusos cuando se hallaban haciendo un mapa de ciertas zonas de la Luna que hasta entonces no hab√≠an sido cartografiadas. Dirigidos por el doctor Stanislav Makeyev, se val√≠an para su trabajo de las fotos de gran precisi√≥n que hab√≠a obtenido un sat√©lite.

Cuando con la ayuda de ordenadores ampliaban una secci√≥n en la que hay varios cr√°teres, no pudieron creer lo que estaban viendo en la pantalla. En el fondo plano de un cr√°ter de poca altura estaba posado un viejo bombardero de la segunda guerra mundial perteneciente a la Fuerza A√©rea de los EEUU. En su costado y en las alas se pod√≠an distinguir con toda claridad las insignias del escuadr√≥n a que pertenec√≠a. Conservaba su estructura en perfecto estado, salvo que daba la impresi√≥n de haber sido v√≠ctima de algunos impactos de meteoritos. Adem√°s, seg√ļn del doctor Makeyev, ten√≠a todo √©l un tono verdoso como si hubiese sido rescatado del fondo del mar, en donde las algas lo hubiesen cubierto por un tiempo.

Por supuesto, las autoridades norteamericanas dijeron que no ten√≠an idea de ello y, en este caso, por excepci√≥n, probablemente dijeron la verdad. Se especul√≥ si ser√≠a un avi√≥n de los tantos que han desaparecido en el famoso Tri√°ngulo de las Bermudas y en muchas otras partes del mundo, pero nunca se lleg√≥ a esclarecer nada y todo el extra√Īo asunto pas√≥ a engrosar el folklore ovn√≠stico.

La conclusión que de todos estos hechos podemos sacar es la que apuntamos al comienzo del capítulo: la distinta procedencia de nuestros visitantes que origina a su vez comportamientos totalmente distintos. Lo cual no impide que los de una misma especie se comporten de maneras diversas, dependiendo de la actitud de los humanos hacia ellos y también de sus propias necesidades en el momento en que se produce el encuentro.

Otro caso extra√Īo, aunque mucho m√°s reciente, es el sucedido el d√≠a 28 de diciembre de 1988 en el sudoeste de Puerto Rico. Su autenticidad est√° avalada por m√°s de 60 testigos de varios pueblos que fueron cuidadosamente interrogados por el excelente investigador de lo paranormal y redactor-jefe de la revista ¬ęEnigma¬Ľ, Jorge Mart√≠n, que gentilmente me suministr√≥ todos los detalles.

Tal como en otra parte de este libro indicamos, en esa √°rea de la isla caribe√Īa hace ya m√°s de un a√Īo que est√°n sucediendo hechos muy extra√Īos. Da la impresi√≥n de que hay una guerra declarada entre alguna facci√≥n o grupo de extraterrestres y el ej√©rcito de los EE.UU.; o por el contrario, una acci√≥n com√ļn de √©ste y alg√ļn grupo de alien√≠genas contra otro grupo de extraterrestres que ya est√°n establecidos en bases subterr√°neas en aquella zona o que intentan establecerse.

El caso es que desde hace algo m√°s de un a√Īo los temblores de tierra son constantes, lo mismo que las grandes explosiones subterr√°neas y profundas grietas que aparecen en el terreno causando en ocasiones cortes de carrete-ras y hendiduras o hundimientos de algunas casas.

Junto a esto hay que se√Īalar la constante presencia de barcos de guerra en la inmediata bah√≠a de Boquer√≥n incluido un portaaviones‚ÄĒ; los vuelos rasantes de los m√°s modernos aviones y helic√≥pteros en un √°rea que no es lugar para semejantes ejercicios; el acotamiento por parte del ej√©rcito de toda aquella zona; la presencia de extra√Īos veh√≠culos aparentemente de la NASA y el avistamiento diario de ovnis que, o se sumergen en la inmediata laguna Cartagena o dan la impresi√≥n de meterse dentro de la monta√Īa.

Con estos antecedentes, el lector está preparado para conocer el suceso que intento presentarle. El día 28 de diciembre, de 1988, a las siete y veinte de la tarde, un ovni enorme de forma triangular fue hostigado por dos cazas F-18 muy probablemente procedentes del portaaviones anclado a muy poca distancia. Daba la impresión de que querían obligarlo a cambiar de rumbo.
El ovni, perfectamente descrito por numerosos testigos colocados en lugares bastante distantes entre sí, pareció no inmutarse, ya que mantuvo su rumbo a no mucha velocidad. Los aviones se le acercaron uno por cada lado, desde atrás. Entonces el ovni se detuvo. El avión que le pasaba en aquel momento por la derecha fue succionado por un costado del ovni y no se vio más.

A continuación el ovni aceleró repentinamente y le cerró el paso al caza que lo había pasado por la izquierda e hizo con él lo mismo que había hecho con el otro. En unos segundos los dos aviones habían desaparecido engullidos por el ovni.

Entonces sucedió algo increíble, pero en lo que están de acuerdo todos los testigos: el ovni se dividió por el medio, convirtiéndose en dos ovnis con forma de triángulos rectángulos que salieron disparados en direcciones opuestas, perdiéndose en unos segundos de la vista de los asombrados espectadores.

En los grabados adjuntos podr√° ver el lector como varios de los testigos, situados en lugares diversos, describieron cada uno por separado lo que hab√≠an visto. Por supuesto, tanto las autoridades civiles como militares negaron el suceso; y la prensa ‚ÄĒaparte de rese√Īar los continuos temblores que se vienen registrando en la regi√≥n‚ÄĒ no dijo absolutamente nada de lo ocurrido.

Pero la gente tiene ojos para ver; y las autoridades, tanto en este como en otros campos, gozan cada vez de menos credibilidad.


Kenneth Arnold.
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He aqu√≠ una prueba de uno de los muchos esfuerzos desesperados que el Gobierno y la Fuerza A√©rea de USA hicieron para negar la existencia de los ovnis. En esta foto, tomada en 1968 por el fot√≥grafo de! ¬ęDispatch¬Ľ de Columbas (Ohio) en la Base A√©rea de White Sands (N. M√©xico), se ve un raro tipo de avi√≥n experimental que tiene toda la traza de ser un ovni

Las autoridades dieron gran publicidad a las pruebas de este tipo de ¬ęaviones¬Ľ, al igual que a las de los famosos e in√ļtiles ¬ęAvro¬Ľ, para despistar en cuanto a los avistamientos de ovnis. Y de hecho, lograron confundir a la opini√≥n p√ļblica.

La revista TIME publicó esta misma foto con el siguiente pie que llenó de satisfacción a las autoridades:

¬ęEste objeto tan familiar puede que explique muy bien muchos de los avistamientos de ovnis que ha habido en el Sudoeste en los √ļltimos a√Īos¬Ľ.



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