GRANDES MAESTROS DEL ESP√ćRITU: WILLIAM BLAKE.

Fecha 19/6/2012 9:20:00 | Tema: Enigmas y Misterios

Segunda entrega de esta serie dedicada a aquellos hombres que han facilitado el camino de la humanidad hacia la luz; William Blake, el cartógrafo metafísico que buscó la purificación colectiva a través de su arte.

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“I rest not from my great task!
To open the Eternal Worlds, to open the immortal Eyes
Of Man inwards into the Worlds of Thought, into Eternity.‚ÄĚ


Enviado por Rosa Santizo Pareja para UNIFA.


En lo personal me cuesta trabajo imaginar a una persona que re√ļna tantos y tan refinados talentos como William Blake. Su exquisito di√°logo con el lenguaje, su impecable lucidez para observar y enlazar realidades, su elegancia para venerar el pulso divino del hombre, la imaginaci√≥n, y su virtuosismo como grabadista, hacen de Blake una figura tan radiante que puede iluminar (con la misma probabilidad que desquiciar) a aquel que profundiza en su obra.

Afortunadamente este texto no aspira a ese épico ejercicio que sería realizar una semblanza de este genio británico. En realidad, solo trataremos de penetrar un aspecto que a pesar de impregnar la totalidad de su figura, lo cierto es que por si solo, lamentablemente, no le hubiese valido para entrar en los libros de historia: su desbordante misticismo.

Caroline Spurgeon, una de las críticas literarias más prestigiadas del siglo XX, enfatizó acertadamente en la resonancia espiritual de Blake.

‚ÄúWilliam Blake es uno de los grandes m√≠sticos del mundo; y es por mucho el m√°s grande y m√°s profundo entre los angloparlantes. Como Henry Moore y Woodsworth, vivi√≥ en un mundo de gloria, de esp√≠ritu, y de visiones, lo cual para √©l constitu√≠a el √ļnico mundo real.‚ÄĚ

Para Blake la ‚Äėrealidad‚Äô, es decir todo aquello con lo que interactuaba a trav√©s de su percepci√≥n, era intr√≠nsecamente sagrada ‚Äďlo cual me recuerda a aquellos dialectos tribales en donde no existe el termino sagrado pues no pueden concebir algo que no lo sea. Esta disposici√≥n a los planos et√©reos fue causa, o tal vez consecuencia, de una serie de encuentros m√≠sticos que tuvo desde peque√Īo, y los cuales le acompa√Īar√≠an a lo largo de su camino.

A los cuatro a√Īos Blake observ√≥ a Dios mirando a trav√©s de una ventana. Cinco a√Īos despu√©s experimentar√≠a una especie de desdoblamiento espiritual que le colocar√≠a frente a una singular escena: ‚Äúun √°rbol repleto de √°ngeles, brillantes alas angelicales cubriendo cada rama como si fuesen estrellas‚ÄĚ. Sobra decir que estos episodios marcar√≠an el resto de sus d√≠as ‚Äďincluso podr√≠amos especular si actuaron como detonador de sus exquisitas dotes art√≠sticas.

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En su libro Sages and Seers (1959), el gran erudito de lo oculto, Manly Palmer Hall, incluy√≥ a William Blake como una de las figuras prominentes del mundo de la magia ‚Äďel genio brit√°nico aparece junto a personajes como Jacob Boehme, Nostradamus, Francis Bacon, y el Conde de St Germain. En lo personal el hecho de que Blake haya librado la estricta aduana que Hall seguramente impuso para ser incluido en esta exquisita selecci√≥n, confirma que en √©l, como en pocos, se consum√≥ el matrimonio entre el mago y el artista (fen√≥meno honrado por todo genuino practicante de la alquimia).

Su capacidad para acceder a ‚Äėotros‚Äô mundos labr√≥ en Blake la √©pica misi√≥n de fungir como el mensajero del amanecer de una nueva era, la cual se sustentaba en la posibilidad de la regeneraci√≥n espiritual como un ejercicio accesible para todo hombre que estuviese dispuesto a ver las cosas como realmente son, esencialmente divinas. El haber interpretado as√≠ sus visiones intensific√≥ su sublime producci√≥n art√≠stica y favorecer√≠a un estilo de vida inmerso en latitudes regidas por una especie de √©tica c√≥smica que manifestar√≠a en cada una de sus acciones ‚Äďla congruencia expresada en su m√°ximo esplendor.

Otro rasgo propio de los grandes maestros y que podemos ubicar en Blake es la pureza que rigi√≥ su relaci√≥n con la naturaleza, el cuerpo de la divinidad. Para √©l, la observaci√≥n de los ritmos y patrones que emerg√≠an del anima mundi, de la natura, serv√≠an como un mapa para descifrar las unidades m√°s profundas del conocimiento. Su intimidad con la natura qued√≥ inmortalizada en frases tan hermosas como aquella que advierte que ‚Äúgrandes cosas suceden cuando los hombres y las monta√Īas se encuentran‚ÄĚ.

En el epicentro de la metaf√≠sica Blakeana encontramos una figura central de nombre Albion (estrechamente ligada al anthropos de los Gn√≥sticos). Este gran Ser, del cual ‚Äúla Naturaleza es su Cuerpo, y Dios su Alma‚ÄĚ corresponde a la noci√≥n del hombre arquet√≠pico que advert√≠a Plat√≥n. Es la materia que se manifiesta en un cuenco, pero a la vez el vac√≠o. Es la flor que emerge, pero a la vez la tierra de la cual se alimenta y el cielo al que apunta. Es el Gran Hombre al cual refiere el Zohar, es el hombre que replica el Universo, que sintetiza la humanidad completa, el enlazador del micro y el macrocosmos.

En el momento en que Albion extrav√≠a un fragmento de su autoconciencia como un ser eterno e infinito, entonces aparece la divisi√≥n (simult√°neamente la ilusi√≥n y el desastre). Con esta fragmentaci√≥n la Unidad se olvida a s√≠ misma, y el gran ser pierde coherencia. Este acto de ruptura se expresa en el brahamanismo m√≠stico bajo la afirmaci√≥n de que el Ser Universal contiene una potencial polaridad, la cual al ser activada le induce en un sue√Īo divisorio. La equivalencia terrenal de este fen√≥meno vendr√≠a siendo el momento en el cual el hombre se convierte en esclavo. Esta esclavitud no solo implica el control f√≠sico de su cuerpo sino el control mental, din√°mica en la cual el miedo, act√ļa como protagonista.

En su libro antes citado, Manly Hall expresa así este proceso que involucra la aparición de los tiranos:

‚ÄúEl hombre com√ļn debe ser mantenido en un estado de temor. Debe temer la vida, la muerte, a Dios, al Diablo, y a aquellos maestros mortales que se han autoproclamado los guardianes de su destino‚ÄĚ

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De manera recurrente Blake nos alert√≥ sobre estas entidades que capitalizaban el miedo de los hombres. Desestimaba las verdades infalibles que pregonaban las instituciones mundanas y advert√≠a que aquellas doctrinas que uno deb√≠a asumir sin cuestionar eran meros mecanismos de control. Sin embargo, Albion puede ser despertado de su letargo al reintegrar su naturaleza segmentada y retornar a la unidad original. Y precisamente a esta redenci√≥n es al estado al que su obra nos invita ‚Äďuna reconexi√≥n con la divinidad sin necesidad de intermediarios, en particular de instituciones. Si bien este despertar puede ser llevado a cabo solo por la propia persona, con la confianza de que estamos dise√Īados para reintegrarnos al todo, lo cierto es que a trav√©s del arte el hombre puede purificar su naturaleza y retornar as√≠ al Ed√©n (una vez m√°s remiti√©ndonos a la m√°xima alqu√≠mica). Y es aqu√≠ donde confirmamos que Blake conceb√≠a su pr√°ctica art√≠stica como una herramienta esencialmente m√≠stica, incluso de rebeli√≥n metaf√≠sica, que ten√≠a como fin primario el fomentar canales hacia la reintegraci√≥n del hombre Albion.

Para aquellos a los que, a√ļn despu√©s de leer los p√°rrafos anteriores, les resulta cuestionable la inclusi√≥n de Blake en esta serie dedicada a Grandes Maestros del esp√≠ritu, resulta pertinente aclarar que este excepcional personaje no solo tuvo acceso a ese pulso pr√≠stino de sabidur√≠a, el mismo que es anhelado por muchos (y que la mayor√≠a no puede siquiera concebir), sino que al acceder a ese improfanable jard√≠n del conocimiento se autoimpuso la m√°s noble de las misiones humanas: compartir el m√°s preciado bien del cual dispon√≠a ‚Äďy as√≠ servir de enlace entre ese y este mundo. Cabe recordar que en distintas interpretaciones m√≠sticas los √°ngeles, maestros ascendidos, u otras figuras del estilo, se caracterizan por, tras haberse librado de la rueda del karma (ese loop existencial que retarda nuestra eventual implosi√≥n hacia la unidad, estado conocido como iluminaci√≥n), regresan al plano de lo mundano para servir como facilitadores de la luz al resto de las personas.

A fin de cuentas, más allá de cánones artísticos, de análisis estilísticos, o de roles históricos, la obra de Blake es en sí una herramienta evolutiva dispuesta a orientarnos hacia la integración definitiva con el todo. Al referirnos a Blake podríamos hablar del gran artista que penetró la eternidad etérea, sin embargo quizá fuese más acertado parafrasear al revés, algo así como el gran místico que halló en el arte su discurso predilecto. De esta forma remarcaríamos que si bien la fama le llegó por medio de su labor en las letras y la pintura, lo cierto es que Blake fue, antes que cualquier otra cosa, un sabio avocado a refinar nuestro sentido de lo divino, con el fin de acercarnos a nuestra respectiva emancipación.

FUENTE :: http://pijamasurf.com/2012/06/grandes ... l-espiritu-william-blake/.



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