LA PIEDRA ROSETTA.

Fecha 11/4/2011 14:17:43 | Tema: Arqueologia

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La piedra Rosetta

En 1799, mientras las tropas francesas guerreaban contra las brit√°nicas en Egipto, uno de los soldados de Napole√≥n Bonaparte, el capit√°n Pierre-Fran√ßois Bouchard, hizo un descubrimiento que iba a tener tan enorme trascendencia. Cavaba una trinchera cuando su pala tropez√≥ con un objeto duro. Retir√≥ con cuidado la arena a su alrededor y dej√≥ al descubierto una piedra plana que presentaba unos curiosos caracteres de escritura. La limpi√≥ y, aunque eso no sirvi√≥ para aclararle nada acerca de la naturaleza de su hallazgo, observ√≥ una analog√≠a entre ciertos caracteres y esos s√≠mbolos misteriosos que hab√≠a visto grabados sobre los obeliscos y las l√°pidas. El soldado dedujo que su descubrimiento podr√≠a resultar bastante interesante, as√≠ que lo mostr√≥ a sus superiores. Pero a√ļn no pod√≠a imaginar que ten√≠a ante sus ojos uno de los documentos m√°s significativos de la historia.
Esta piedra, que hoy d√≠a conocemos como Piedra de Rosetta por haber sido descubierta cerca del pueblo de ese nombre, en el delta del Nilo, era la clave que los eruditos aguardaban desde hac√≠a siglos. Siempre les hab√≠an intrigado los jerogl√≠ficos. De ser capaces de descubrir su significado, se levantar√≠a la cortina del tiempo sobre la historia olvidada de los egipcios, revelando sus costumbres, sus pensamientos. Pero hasta ese momento hab√≠an abordado el problema de todas las maneras sin ning√ļn resultado. De vez en cuando alg√ļn sabio pretend√≠a tener indicios, pero invariablemente surg√≠a un colega que refutaba sus argumentos o desenmascaraba una impostura. Los jerogl√≠ficos, pues, no ofrec√≠an m√°s que especulaciones. Era imposible descifrar uno solo de esos signos. Para resolver el enigma hac√≠a falta encontrar un texto biling√ľe, escrito en jerogl√≠ficos y traducido a otra lengua conocida que permitiera establecer una comparaci√≥n entre ambos.

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Y he aquí que la piedra de Rosetta, un decreto sacerdotal escrito en griego, en jeroglífico y en demótico, respondía a sus deseos. Cuando en 1801 la estela fue confiscada por los ingleses y trasladada al Museo Británico, los sabios se pusieron de inmediato manos a la obra. Sin embargo, casi todos abandonaron pronto el intento, abrumados por las dificultades de tan magna empresa. Afortunadamente para la Historia, un francés llamado Jean-François Champollion no se dio por vencido, y confió en un método sugerido por los trabajos de un predecesor, Thomas Young. Este método se fundamentaba en el estudio de los nombres propios. Young había observado que algunos de los signos de la piedra estaban enmarcados en cartuchos.

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Buscando el t√©rmino correspondiente en el texto griego, hab√≠a descubierto un nombre de fara√≥n: Ptolomeo. Concluy√≥ entonces que la palabra egipcia enmarcada dentro del cartucho era el equivalente de Ptolomeo, adjudicando una letra a cada dibujo. Obviamente s√≥lo era una hip√≥tesis, pero poco despu√©s Champollion tuvo la oportunidad de ponerla a prueba. En la isla de Fil√© se descubri√≥ un obelisco revestido de una inscripci√≥n biling√ľe, en griego y en egipcio. Champollion tuvo la impresi√≥n de que el nombre que aparec√≠a enmarcado deb√≠a de ser el de una mujer, porque Young ya hab√≠a observado que hab√≠a un signo que representaba lo femenino en el extremo de un cartucho.

Examinó la inscripción griega. El nombre de Cleopatra se correspondía bien con el contenido en el cartucho. Eso confirmaba su interpretación, pues encontraba los mismos signos para las mismas letras que les había asignado en la piedra Rosetta. Además, ahora poseía cuatro nuevas letras y se atrevía a esperar que el resto saldría más fácilmente.

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Pero no fue tan sencillo: si los egipcios utilizaban letras para escribir los nombres propios, para las otras palabras había diferentes procedimientos. Algunos signos se correspondían con palabras enteras, otros con sílabas y otros con letras. Además, había signos que representaban sonidos (fonogramas). Champollion debía continuar por esa vía que se le había abierto: prosiguió su estudio de los nombres propios, buscando los cartuchos en diferentes monumentos. Para mayor complejidad, los jeroglíficos podían escribirse de izquierda a derecha, de derecha a izquierda o de arriba abajo. Para saber si había que comenzar a leerlos por la izquierda o por la derecha, hay que fijarse en la orientación que tengan las figuras humanas o animales representados en los mismos. Si las figuras miran hacia la izquierda, es por ese lado por el que hay que comenzar a leerlos.

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El trabajo avanzaba con una lentitud desesperante. Al cabo de 23 a√Īos del descubrimiento no hab√≠a descifrado m√°s que 111 signos, y a√ļn hab√≠a m√°s de mil aguardando soluci√≥n. Pero era un buen comienzo y el misterio de Egipto perd√≠a terreno. La victoria definitiva era s√≥lo cuesti√≥n de paciencia.

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P√°gina de la libreta de Champollion

Fragmento de la inscripción en la piedra Rosetta:

Bajo el reinado del joven, que recibi√≥ la soberan√≠a de su padre, se√Īor de las insignias reales, cubierto de gloria, el instaurador del orden en Egipto, piadoso hacia los dioses, superior a sus enemigos, que ha restablecido la vida de los hombres, Se√Īor de la Fiesta de los Treinta A√Īos, igual que Hefaistos el Grande, un rey como el Sol, gran rey sobre el Alto y el Bajo Pa√≠s, descendiente de los dioses Filop√°teres, a quien Hefaistos ha dado aprobaci√≥n, a quien el Sol le ha dado la victoria, la imagen viva de Zeus, hijo del Sol, Ptolomeo, viviendo por siempre, amado de Ptah. En el a√Īo noveno, cuando Aetos, hijo de Aetos, era sacerdote de Alejandro y de los dioses Soteres, de los dioses Adelfas, y de los dioses Evergetes, y de los dioses Filop√°teres, y del dios Ep√≠fanes Eucharistos, siendo Pyrrha, hija de Filinos, athl√≥fora de Berenice Evergetes; siendo Aria, hija de Di√≥genes, can√©fora de Ars√≠noe Filadelfo; siendo Irene, hija de Ptolomeo, sacerdotisa de Ars√≠noe Filop√°tor, en el (d√≠a) cuarto del mes Xandikos (o el 18 de Mejir de los egipcios).

Fuente :: http://themaskedlady.blogspot.com/2011/04/la-piedra-rosetta.html



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