LA BÚSQUEDA DE LOS PECIOS DEL GALEÓN SAN JOSÉ, DONDE YACE EL TESORO SUMERGIDO MÁS GRANDE DEL MUNDO.

Fecha 28/3/2011 4:48:31 | Tema: Enigmas y Misterios

AUTOR :: YURI LEVERATTO

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En el área marítima al frente de la ciudad colombiana de Cartagena de Indias, a aproximadamente 220 metros de profundidad, yacen los pecios del galeón español San José, el cual naufragó el 8 de junio de 1708.

Este galeón, que se dirigía a Cartagena de Indias y luego a La Habana y a Cádiz, transportaba una excepcional carga de oro, joyas, plata y piedras preciosas: un inmenso tesoro que contenía aproximadamente 200 toneladas de oro, además de las piedras preciosas, y el cual hoy en día está evaluado, según estimaciones confiables, entre 5000 y 7000 millones de $.

Su arqueo era de 1037 toneladas y podía estar armado con 62 cañones. Su tripulación la conformaban, en total, 550 hombres. Junto con el San Joaquín era uno de los barcos más grandes de toda la flota española.
La flota real, compuesta por el San José, la nave almirante San Joaquín, la Santa Cruz, la Nuestra Señora de Guadalupe y otros veleros de menor tamaño, había partido de Cádiz el 10 de marzo de 1706. En uno de esos barcos viajaba el nuevo virrey del Perú, Manuel de Oms de Santa Pau y Semanat, marqués de Castell dos Rius. La flota llegó a Cartagena de Indias el 27 de abril de 1706 y en febrero de 1708 zarpó hacia Portobelo, localidad del actual país de Panamá, adonde llegaban las cargas del Perú.

El 28 de mayo de 1708, el San José y otros barcos de la flota zarparon de Portobelo para regresar a Cartagena de Indias, donde completarían las operaciones de cargamento del oro y de las piedras preciosas destinadas a la Corona de España, pues la mayoría del oro que debía ser llevado a España provenía del Perú, pero también de la actual Colombia, en donde se recogerían otras tantas monedas de oro y esmeraldas. Además, en Cartagena de Indias, los barcos serían carenados antes de la travesía atlántica.

Solamente en el San José había 11 millones de monedas de 8 escudos de oro y de plata (cada una de 27 gramos de peso), cuyo valor era de aproximadamente 105 millones de reales de la época (unos 5 mil millones de $ actuales).

Por otro lado, desde hacía algunos meses la flota inglesa al mando de Charles Wager estaba patrullando las costas caribeñas cercanas a Cartagena de Indias, ya que estaba al tanto no sólo de la inminente partida de la flota hacia España, sino también de la valiosa carga de ésta.

La flota inglesa, con base en Jamaica, estaba compuesta por cuatro naves: la Expedition, la Kingston, la Portland (cada una con aproximadamente 50 cañones) y la Vulture (con 8 cañones). En abril de 1708, estos barcos atracaron en las islas del Rosario, bellísimas islas tropicales situadas a unas 10 millas de Cartagena de Indias.

El gobernador de Cartagena de Indias, José de Zúñiga, sabía que los ingleses supervisaban de lejos el paso de las naves reales, y entonces envió rápidas lanchas a Portobelo para comunicar el peligro a la flota real.

La flota española estaba compuesta por la San José (64 cañones), al mando de José Fernández Santillán; la San Joaquín (64 cañones), la Santa Cruz (44 cañones), la Nuestra Señora de la Concepción (40 cañones) y otras tres embarcaciones más pequeñas, cada una con aproximadamente treinta cañones.

La flota fue atacada por la escuadrilla inglesa el 8 de junio de 1708 cuando navegaba en el área de mar situada frente a la península de Barú. En este enfrentamiento, llamado Batalla de Barú, perdieron la vida cientos de marineros españoles e ingleses, y el hecho más sorprendente fue el bombardeo que le hizo la Expedition a la San José: encontrándose la primera a 60 metros de la segunda, y preparándose la tripulación inglesa para abordar al barco enemigo, en éste hubo una tremenda explosión que causó su rápido hundimiento. De los 600 hombres de la tripulación se salvaron tan sólo 22, según los historiadores Fernández Duro y Justo Zaragoza.

Durante la jornada siguiente los ingleses intentaron golpear y abordar la San Joaquín y las otras naves españolas, pensando que podrían encontrar parte del tesoro, pero fracasaron en el intento, ya que, para ese entonces, el fabuloso tesoro de 11 millones de monedas de oro, de un peso de alrededor de 200 toneladas, yacía en el fondo del mar, a unos 220 metros de profundidad, en un lecho marino fangoso y turbio, a la espera de que alguien, más o menos tres siglos después, intentase recuperarlo.

El tesoro del San José permaneció 274 años en el fondo del mar frente a la península de Barú, antes de que fuera ubicado, en 1982, por los buscadores de tesoros de la empresa estadounidense Glocca Morra.

Todo comenzó el 29 de enero de 1980, cuando la Dirección general marítima y portuaria de Colombia (Dimar), concedió a Glocca Morra, una empresa de recuperación de pecios financiada por inversionistas internacionales, el permiso de buscar y recuperar el tesoro del San José. En el contrato de recuperación se había establecido que Glocca Morra podría quedarse con el 50% del valor de los tesoros hallados.

A partir de mayo de 1980, dos embarcaciones especializadas, primero la Morning Watch y luego la State Progress, iniciaron los trabajos de búsqueda y reconocimiento de los pecios, concentrándose en un área restringida en las coordenadas 10 grados 40’ SUR y 75 grados 37’ OESTE.

En 1981 los trabajos de búsqueda prosiguieron con la motonave State Wave, la cual estaba equipada con un sonar, un magnetómetro, dos submarinos robot teledirigidos, además del apoyo del submarino Auguste Piccard.

Cuando, el 13 de diciembre de 1981, se avistaron por primera vez los pecios, los inspectores navales colombianos impidieron la remoción física del material sumergido aduciendo que dicha operación “ponía en riesgo la preservación arqueológica del sitio.”

En 1982 se publicó en la prensa la esperada declaración de la Glocca Morra, la cual afirmaba haber encontrado los pecios, y en marzo de 1983 esta misma cedió sus derechos a la Sea Search Armada, bajo la dirección de Jack Herbeston.

La Sea Search Armada inició inmediatamente los trabajos de exploración, y en septiembre de 1983 la motonave Heather Express realizó ulteriores operaciones de búsqueda y señaló el punto de coordenadas 10 grados 37’ NORTE y 75 grados 57’ OESTE como el lugar donde se encontrarían los pecios.

No obstante, el 10 de enero de 1984, el Gobierno de Colombia estableció por medio de un decreto que cualquier bien arqueológico o histórico situado en territorio nacional, incluidas las aguas territoriales y la plataforma continental, debía ser propiedad exclusiva del Estado y no podía ser repartido entre éste y una empresa de recuperación.

Por tanto, el Estado anuló el contrato anteriormente firmado, sosteniendo que la justa compensación para la Sea Search Armada, siempre y cuando los pecios se encontraran donde ella lo había indicado, sería un 5% del valor total que se recuperara eventualmente. Además, el Estado colombiano se reservó el derecho de firmar contratos con otras empresas, entidades o países que ofrecieran mejores condiciones para la recuperación y conservación de los bienes arqueológicos e históricos sumergidos.

A partir de 1986, el Gobierno colombiano emprendió varias negociaciones con gobiernos europeos con el fin de encontrar una empresa que pudiera no sólo recuperar los bienes arqueológicos sumergidos del San José, sino también garantizar su conservación en un museo situado en Cartagena de Indias.

Inicialmente se entablaron diálogos con el Gobierno de Suecia, que propuso como empresas de recuperación a los consorcios suecos Havila Offshore y Neptune Engineering, y al consorcio anglo-sueco Nova Stena.

Cuando el Gobierno de Suecia presentó al Gobierno de Colombia un contrato en el cual reclamaba para sí el 20% del valor de los bienes arqueológicos que eventualmente se recuperaran, la Sea Research Armada protestó enérgicamente frente al mundo internacional amenazando con demandar al Gobierno de Suecia.

El Gobierno colombiano inició negociaciones también con los gobiernos de Francia, Dinamarca, Holanda e incluso Italia, la cual propuso a Micoperi como la empresa que podría recuperar los pecios; pero ninguna de las propuestas de los gobiernos mencionados fue aceptada, mientras que se mantenían aún las negociaciones con Suecia.

Sin embargo, cuando en junio de 1988 el Gobierno colombiano hizo una contrapropuesta al Gobierno de Suecia, en la cual ofrecía el 20% del valor de los bienes arqueológicos eventualmente recuperados, pero le reconocía sólo 20 millones de $ de gastos a la sociedad de recuperación, el Gobierno sueco no aceptó y se retiró del proyecto porque no quería enfrentar una demanda internacional entablada por la Sea Search Armada.

Pareciera que para el Gobierno de Colombia fuera más ventajoso seguir negociando indefinidamente que recuperar de una vez por todas el tesoro del San José.

En 1989 la Sea Search Armada demandó a Colombia exigiendo una compensación por los perjuicios causados.

La acción legal contra el Gobierno de Colombia se mantuvo hasta el 2007, cuando la Corte Suprema de Colombia declaró inderogablemente que cualquier bien de carácter histórico y arqueológico (o bien, las monedas de oro), son bienes inalienables del Estado y no pueden ser objeto de ningún contrato con entidades externas para ser recuperados. Lo que, en cambio, se incluiría en el contrato con la Sea Search Armada (la cual, empero, ahora no tiene la autorización de volver a sondear el fondo del mar colombiano), sería todo aquello que tuviera la característica de tesoro, a saber, lingotes de oro, pero parece que de esto no había en el San José, sino tan sólo monedas.

Algunos periodistas de Cartagena de Indias plantearon incluso que la Sea Search Armada u otras empresas estadounidenses saquearon parte del tesoro, refiriendo a la prensa una ubicación errónea de los pecios.

Se llegó a esta conclusión luego de que la empresa estadounidense Colombus Exploration Inc, la cual fue contratada por el Gobierno de Colombia, efectuara trabajos de búsqueda en 1994 con sofisticados métodos electrónicos en el mar frente a la península de Barú, declarando que, en el punto indicado por la Sea Search Armada como el sitio donde yacen los pecios del San José, en realidad no hay nada.

No obstante, en mi opinión, esta hipótesis no tiene sentido, ya que si la Sea Search Armada hubiera saqueado ilegalmente el tesoro en 1982 no habría entablado un largo proceso de demanda contra el Gobierno de Colombia, el cual fue reforzado en diciembre de 2010, pues la compensación exigida alcanza la gigantesca suma de 17 mil millones de $.

De otra parte, también el Gobierno de España reclamó derechos sobre los pecios del San José, argumentando que la embarcación pertenecía a la flota militar española.

Por consiguiente, la pregunta conserva su vigencia: ¿dónde se encuentran los pecios del San José y, sobre todo, cuál es la suerte de los 11 millones de monedas de oro?

Fuentes :: http://www.yurileveratto.com/articolo.php?Id=174
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