"FUERON LOS EXPERIMENTOS DEL DIABLO"

Fecha 27/3/2011 11:24:34 | Tema: Noticias de ultima hora

JOS√Č EL√ćAS | Guatemala 26/03/2011

Las v√≠ctimas de los ensayos de EE UU en Guatemala en los a√Īos cuarenta todav√≠a sufren los efectos de la s√≠filis que les inocularon - Nadie les advirti√≥, nadie les cur√≥

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Federico Ramos, de 86 a√Īos (a la izquierda), y Manuel Gudiel, de 85.- P. EL√ćAS

Los campesinos guatemaltecos Federico Ramos Meza y Manuel Gudiel fueron arrancados violentamente del surco para obligarlos a prestar el servicio militar en 1946. Tras seis meses en el cuartel, su unidad fue trasladada para prestar apoyo a tropas norteamericanas all√≠ acantonadas. "Al d√≠a siguiente fuimos llamados a la enfermer√≠a de los gringos. Nos pusieron unas inyecciones. Empezaba el experimento del diablo", narra Ramos con la mirada perdida. √Čl y su compa√Īero acababan de ser v√≠ctimas de las pr√°cticas de eugenesia puestas de moda por los nazis unos a√Īos antes.
Entre 1946 y 1948, un grupo de m√©dicos estadounidenses, dirigidos por John Charles Cutler, bajo el patrocinio directo de la Secretar√≠a de Salud del Gobierno estadounidense, inocul√≥ con s√≠filis y gonorrea, sin darles ninguna informaci√≥n, a soldados, prisioneros, prostitutas y hasta a ni√Īas de un hospicio . Fueron 696 los guatemaltecos infectados para probar con ellos los efectos curativos de la penicilina en el combate a estas enfermedades ven√©reas.

Durante d√©cadas, nadie se acord√≥ de las v√≠ctimas ni de sus familias, que sufrieron siempre los efectos de las enfermedades. Pero el pasado oto√Īo la investigadora estadounidense Susan Reverby encontr√≥ los archivos del ya fallecido Cutler y se destap√≥ el esc√°ndalo. El presidente estadounidense Barack Obama se disculp√≥ por tel√©fono con el mandatario guatemalteco, √Ālvaro Colom.

"Es el abandono en que las v√≠ctimas han subsistido, luchando d√≠a a d√≠a por ganarle el pulso a la miseria, lo que nos anim√≥ a poner la demanda", dicen los abogados del bufete guatemalteco Hiram Sosa Casta√Īeda que, junto a una firma norteamericana (Henry Dell, especializada en casos de lesa humanidad) ha denunciado al Gobierno de EE UU, y luego har√° lo mismo con el de Guatemala y una farmac√©utica.

Ramos, que hoy tiene 86 a√Īos, y Gudiel (85) han sobrevivido durante todos estos a√Īos en la frontera de la miseria, y en las condiciones m√°s adversas todos, cuentan en su pueblo, Las Escaleras, una rec√≥ndita y humilde aldea al Este del pa√≠s. El primero asegura que nadie le explic√≥ qu√© les estaban haciendo cuando les pon√≠an las inyecciones. "Habr√≠a que estar loco para aceptar ser parte de un experimento de esa naturaleza. En el cuartel, ya se sabe, solo se obedecen √≥rdenes".

Los efectos de la enfermedad empezaron a manifestarse a los tres meses. A partir de entonces, cada 15 d√≠as eran llevados a la cl√≠nica, para una revisi√≥n. "A pesar de las molestias y dolores cada vez m√°s intensos, jam√°s fuimos relevados de nuestra rutina de soldados", apostilla Gudiel. Tras licenciarse (el servicio militar duraba dos a√Īos) les abandonaron a su suerte, mala, por las consecuencias que siguen padeciendo hoy.

Ramos sufre dolores frecuentes de cabeza y tiene problemas en las articulaciones. Todav√≠a supura y orina sangre. "Nunca me curaron. A lo m√°s que llegaron fue a procurarme un alivio pasajero". A√Īade que sus hijos y nietos est√°n pagando las consecuencias. Su hija mayor perdi√≥ la vista siendo ni√Īa. Gudiel est√° casi ciego, padece de incontinencia urinaria y tiene llagas en las piernas. Al ignorar la naturaleza de su enfermedad, contagi√≥ a su mujer. Un tercer compa√Īero de infortunio, Celso Ram√≠rez Reyes, muri√≥ en 1997. Su hijo, del mismo nombre, cuenta que una de sus hermanas y su hija mayor son ciegas, mientras el m√°s peque√Īo de sus ni√Īos sufre de ataques epil√©pticos. √Čl padece permanentemente de dolor de cabeza y m√ļsculos. "Como uno es muy pobre y no puede pagar m√©dico, se tiene que conformar con remedios caseros", se lamenta con un gesto de impotencia absoluta.

La memoria puede haber perdido fidelidad. Han transcurrido m√°s de 65 a√Īos, pero Ramos y Gudiel recuerdan que algunos de sus antiguos compa√Īeros sufrieron amputaciones del pene, lo que llev√≥ a muchos de ellos al suicidio.

Los abogados explican que tienen confianza en que el Gobierno de Washington indemnizar√° a las v√≠ctimas -recuerdan que los afroamericanos sometidos al mismo experimento en Alabama fueron indemnizados-, pero vaticinan un proceso lento y complicado. Si se llega a un acuerdo extrajudicial, el caso podr√≠a resolverse en nueve meses; si van a juicio, puede tardar a√Īos.

Al Gobierno de Guatemala le denunciar√°n por haber permitido los experimentos y abandonar a las v√≠ctimas. "No tenemos muchas esperanzas en la justicia local, lo que nos obligar√° a recurrir ante la Comisi√≥n Interamericana de Derechos Humanos", anticipan los letrados.Y finalmente ir√°n a por una compa√Ī√≠a farmac√©utica de la que no citan el nombre. "Sabemos cu√°l es y que ha ganado mucho dinero con la comercializaci√≥n de la penicilina", aseguran.

Los niveles de infamia sobrepasan cualquier l√≠mite, al grado de extender los experimentos a ni√Īos de corta edad, con el agravante de cebarse en los hu√©rfanos. Marta Lidia Orellana, de 74 a√Īos, recuerda c√≥mo, siendo una ni√Īa de 10, fue sacada del patio de recreo del hospicio y llevada a la cl√≠nica del orfanato. "Me obligaron a desvestirme. Con lujo de fuerza me separaron las piernas y empezaron a manipular mi vagina. Fue muy violento. Todav√≠a tengo pesadillas y me despierto gritando, ba√Īada en sudor", cuenta ruborizada.

Insiste en que tampoco a ella le explicaron nunca el porqu√© de tales ex√°menes, cuando en toda su vida hab√≠a padecido enfermedad alguna. Dice creer que los m√©dicos eran estadounidenses, "porque eran muy altos y rubios". Las veces en que se atrevi√≥ a preguntar sobre el tratamiento, le contestaban con violencia -"t√ļ te callas", gritaban- y la amenazaban con golpearla. "S√≠, hab√≠a un doctor guatemalteco, de apellido Cofi√Īo, que era muy grosero", confiesa.

A√Īade que, tras abandonar la inclusa, con 17 a√Īos, no recibi√≥ ning√ļn tipo de seguimiento. "Mi gran problema fue que no me extend√≠an la certificaci√≥n de sanidad exigida para cualquier trabajo, con un √ļnico argumento: "Tienes mala sangre". Y recuerda que, embarazada de su hija menor, eran inyectada con penicilina, sin importar el riesgo que ello implicaba para su beb√©. "¬°Dios los perdone!", exclama, antes de perderse en el recuerdo con las l√°grimas asom√°ndose a los ojos.

Fuente :: http://www.elpais.com/articulo/socied ... c/20110326elpepisoc_3/Tes



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