La explotación aurífera en Colombia podría perjudicar gravemente los páramos y el delicado ecosistema andino (+Video)

Fecha 7/3/2011 16:46:29 | Tema: SABIAS QUE?

AUTOR: YURI LEVERATTO

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Actualmente se extraen en Colombia varios hidrocarburos y minerales, como petróleo (hasta 850.000 barriles al día), carbón, niobio, esmeraldas y oro.

El país famoso por haber sido el lugar donde se originó, en el siglo XVI, la leyenda de El Dorado, vuelve a ser hoy en día uno de los mayores productores de oro del mundo, con excelentes prospectivas para el futuro.

En el 2008 se extrajeron en total 41,5 toneladas de oro, lo que equivale a un valor comercial de 1,55 billiones de dolares. El Ministerio de Energía prevé que este dato probablemente se duplicará en el 2019.

El precio internacional del oro ha aumentado mucho en los últimos meses, ya que los inversionistas de todo el mundo lo consideran como un bien de inversión segura, pensando que su valor se incrementará indefinidamente. Por lo general, los comerciantes autorizados de Colombia lo venden al Banco de la República, el banco central colombiano, el cual lo analiza, lo funde y lo vende en ciudades extranjeras como Nueva York, Londres o Zúrich.
Son varios los departamentos colombianos donde hay oro tanto en los ríos como en profundas minas: Chocó, Caldas, Valle del Cauca, Antioquia, Santander, Bolívar y Nariño, por sólo mencionar algunos de ellos.

Una de las razones de este productivo aumento sin duda se debe a las eficaces condiciones de seguridad proporcionadas por el actual gobierno, dado que muchas zonas rurales, que en los años anteriores eran centro de violencia y de actividades al margen de la ley, hoy están tranquilas y pueden ser exploradas para identificar dónde se encuentra el oro.

Buena parte de la producción (un 40%) proviene de la explotación informal de los ríos, sobre todo en el Chocó y en el Valle del Cauca.

Son varios los problemas que la explotación no reglamentada de los ríos provoca: contaminación causada por el uso de mercurio o cianuro, sustancias imprescindibles en el proceso de refinación; problemas sociales causados por el aumento de la población, como delincuencia común y prostitución.

A modo de ejemplo, en los pueblos de Dagua y Zaragoza, en las cercanías del puerto de Buenaventura, en el Valle del Cauca, se ha acrecentado no sólo la producción no reglamentada de oro, sino también los compradores informales de este metal, que pagan alrededor de 30 dolares el gramo, mientras que en Santiago de Cali se vende aproximadamente a 10 dolares más. Los mineros aceptan venderlo a un precio reducido respecto al precio internacional porque no tienen el tiempo ni la posibilidad de viajar a Cali, de manera que los intermediarios logran ganar grandes sumas de dinero al revender su mercancía en Cali o en Medellín.

Por otro lado, también la producción legal, que posee el llamado título minero o concesión, se ha incrementado exponencialmente en los últimos años.

Precisamente las mejores condiciones de seguridad, debidas a la intervención tanto del gobierno pasado como del actual, han permitido a varias empresas extranjeras entrar a Colombia para llevar a cabo complejos trabajos de exploración mineralógica indispensables para después empezar a extraer el codiciado mineral.

La AngloGold Ashanti, por ejemplo, una de las más grandes multinacionales del sector aurífero, inició trabajos de exploración en los departamentos de Bolívar y Antioquia, en territorios de 1,2 millones de hectáreas de extensión; Colombia Goldfields, otra empresa especializada en la extracción de oro, declaró que invertirá 200 millones de $ en concesiones mineras para poder efectuar exploraciones en los departamentos de Antioquia y Caldas.



No faltan los casos controversiales, como el de la Greystar Resources, una multinacional canadiense que está proyectando la explotación del páramo de Santurbán, en Santander.

Según Greystar, que hasta ahora ha invertido 35 millones de $ en el proyecto, la extracción de oro será segura y no producirá ningún tipo de contaminación en las aguas subterráneas, de suma importancia puesto que de ellas proviene el agua que abastece a Cúcuta y al área metropolitana de Bucaramanga, a saber, a un promedio de 3 millones de personas.

Empero, los ambientalistas sostienen, en primer lugar, que la explotación aurífera en el páramo de Santurbán es ilegal ya que existe una ley del Estado que prohíbe la utilización comercial de zonas montañosas donde hay fuentes de agua pura (los páramos). De otra parte, aseveran que Greystar no sólo acabará con todas las aguas subterráneas, sino que también las contaminará irremediablemente al utilizar grandes cantidades de cianuro, el cual sirve para procesar el oro crudo. Además, argumentan que incluso el valor de la regalía que paga Greystar al Estado es indudablemente bajo.

Si bien la mayoría de las empresas legales que extraen oro en Colombia son nacionales (el 90%, según Ingeominas), actualmente en este país operan unas 40 empresas extranjeras que se proyectan la explotación masiva de oro. Basta pensar que, según cálculos no oficiales, Greystar, utilizando poderosas maquinarias, podría extraer en 15 años la misma cantidad de oro que trabajadores artesanales lograrían obtener durante 700 años de trabajo.

Los portavoces de algunas grandes empresas extranjeras declararon a la prensa que Colombia podría entrar, dentro de poco tiempo, en el pequeño club de los 6 países que producen más oro en el mundo: Sudáfrica, Rusia, Estados Unidos, Australia, China y Perú.

En mi opinión, lo más importante no es la producción de oro en sentido estadístico, sino aclarar si la población se beneficiará de esta nueva fiebre de oro, si el dinero obtenido de las regalías será realmente utilizado para mejorar la calidad de vida de las clases menos pudientes y, sobre todo, es de suma importancia tener la seguridad de que estas actividades de extracción no contaminen las aguas subterráneas ni el delicado sistema andino.

Considero que debería incrementarse el valor de las regalías, de modo que sean equivalentes con la cantidad de oro efectivamente extraído. Además, las concesiones deberían ser más pequeñas y eco-sostenibles.

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