EL TESORO DE PR√ćAMO.

Fecha 15/1/2011 14:40:40 | Tema: Arqueologia

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Schliemann naci√≥ en 1822 en Neubukow, peque√Īa aldea de la Alemania septentrional. Hijo de un pastor protestante, desde ni√Īo mostr√≥ un notable inter√©s por las fant√°sticas aventuras de los h√©roes hom√©ricos. Fue su mismo padre, con las viejas leyendas de su tierra y sobre todo con el ejemplar de la Iliada que regal√≥ al peqe√Īo Heinrich, quien encendi√≥ ese entusiasmo que llevar√≠a a su hijo, muchos a√Īos despu√©s, a buscar por el Mediterr√°neo los lugares donde se hab√≠an desarrollado las gestas hom√©ricas. Pero la infancia y la adolescencia no le resultaron f√°ciles.
Obligado por las dificultades econ√≥micas a abandonar los estudios regulares a los 14 a√Īos, debi√≥ interrumpir por una enfermedad tambi√©n el trabajo de dependiente de una droguer√≠a. Entonces se embarc√≥ como grumete para Venezuela, pero la nave naufrag√≥ tr√°gicamente poco despu√©s de la partida; el joven, vivo de milagro, se encontr√≥ en las cosas holandesas sin recursos. Consigui√≥ un empleo de contador en Amsterdam e inici√≥ el h√°bito de trabajo que lo har√≠a rico y muy solitario en las d√©cadas venideras. Decidido a no gastar en diversiones, vivi√≥ frugalmente, concentrando su tiempo libre en educarse y afinar su de por s√≠ considerable memoria. En poco menos de un a√Īo domin√≥ el holand√©s, ingl√©s, franc√©s, espa√Īol, italiano y portugu√©s. Esto lo llev√≥ a un empleo en una enorme empresa de importaciones y exportaciones. Despu√©s de aprender el ruso para manejar correspondencia en un idioma desconocido para los dem√°s, fue recompensado a los 25 a√Īos con el puesto de representante en jefe de la compa√Ī√≠a en San Petersburgo.

Su hermano menor viaj√≥ a California, hizo una peque√Īa fortuna en la fiebre del oro y muri√≥: Schliemann decidi√≥ recoger el legado para hacerlo crecer. Naveg√≥ a Nueva York y luego a Panam√°, que en ese entonces deb√≠a cruzarse a lomo de mula, un viaje que ofrec√≠a cocodrilos, fiebre amarilla, ladrones y asesinos. Al llegar a California, descubri√≥ en Sacramento que el socio de su hermano hab√≠a desaparecido con la herencia. Imp√°vido, Schliemann abri√≥ un negocio de polvo de oro. En el lapso de nueve meses fue atrapado en el catastr√≥fico incendio de San Francisco, casi muri√≥ por dos accesos de fiebre amarilla y se las ingeni√≥ para obtener una ganancia de 400.000 d√≥lares. Quiz√° debido a que los estadunidenses le parecieron descorteses y que las mujeres no eran atractivas, regres√≥ a Rusia. Atravesar el istmo de Panam√° esta vez fue casi fatal: sus gu√≠as huyeron durante un continuo aguacero. Tuvieron que cazar iguanas y comerlas crudas y muchos murieron de disenter√≠a o fiebre. Perdidos, hambrientos y peleando entre s√≠, el grupo se volvi√≥ una amenaza para Schliemann, quien no dorm√≠a en la noche, armado con una daga y un rev√≥lver, vigilando sus lingotes de oro y cheques bancarios aun cuando ten√≠a una herida gangrenada en la pierna. Pero sobrevivi√≥.

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De vuelta en San Petersburgo, contrajo matrimonio con Ekaterina Lishin y amas√≥ otra fortuna en el comercio de a√Īil. El matrimonio fue un fracaso, y a partir de entonces Schliemann vivi√≥ solamente para los negocios, especulando y arriesgando donde otros se mov√≠an con cautela. Trabajando seis d√≠as a la semana, dej√≥ los domingos para estudiar el griego. Habiendo sorteado magn√≠ficamente la crisis financiera internacional de 1857, compens√≥ la pasi√≥n ausente en su matrimonio viajando a los pa√≠ses de sus sue√Īos: Grecia, Egipto, Palestina, India, China y Jap√≥n. Confundido, solitario e insatisfecho, Schliemann ten√≠a el tiempo y dinero para considerar un cambio tras otro en su vida, como dedicarse a escribir, establecerse en una granja o ingresar a la Sorbona de Par√≠s como estudiante. En vez de esto, durante otro viaje a Estados Unidos supo que Indiana estaba por aprobar una nueva ley de divorcio, ofreciendo una soluci√≥n a su dilema marital. Inici√≥ un exitoso negocio de almid√≥n en Indian√°polis y al cabo de un a√Īo se hizo ciudadano de los Estados Unidos.

Pero Schliemann se sentía oprimido por la vaciedad de su vida.
En el verano de 1868, fascinado por la oportunidad de hacerse arque√≥logo, viaj√≥ a Itaca y organiz√≥ una peque√Īa expedici√≥n de aficionados para descubrir el castillo de su h√©roe Ulises. Reuni√≥ suficientes chucher√≠as para convencerse de que hab√≠a hallado la rec√°mara de Ulises y su fiel esposa Pen√©lope. Como le ocurr√≠a con frecuencia, su entusiasmo lo hizo llegar a conclusiones que eran inaceptables para las dem√°s personas. Luego viaj√≥ a las planicies de Constantinopla, donde tradicionalmente se situaba a la m√≠tica ciudad de Troya. Los pocos que cre√≠an que la ciudad existi√≥ tal y como fue descrita por Homero consideraban que su lugar m√°s probable era Burnarbashi, a pesar de estar a unos 15 km del mar Egeo. Bas√°ndose en eventos de La Il√≠ada, Schliemann prefiri√≥ investigar una colina llamada Hissarlik, m√°s cercana a la costa. Con su caracter√≠stica energ√≠a, bombarde√≥ al gobierno turco con peticiones para que se le autorizaran y facilitaran las excavaciones.

Schliemann, por otra parte, no fue el √ļnico entre sus contempor√°neos en haber tenido esa intuici√≥n: el anticuario ingl√©s Robert Calvert, propietario de media colina, hab√≠a realizado antes que √©l peque√Īas excavaciones de prueba. Pero Schliemann fue el primero en pasar, sin vacilaciones y a gran escala, de las interpretaciones a los hechos, arrastrado por una arrolladora convicci√≥n.

Sin embargo, Schliemann no estaba tan ocupado como para olvidarse de encontrar a su propia Pen√©lope. Regresando a Indian√°polis para iniciar su divorcio de Ekaterina, decidi√≥ que deb√≠a tener una esposa griega. Escribi√≥ a un viejo amigo en Atenas y le pidi√≥ la fotograf√≠a de cualquier mujer joven que fuera hermosa, gustara de la poes√≠a de Homero y de la Historia, estuviera dispuesta a viajar. Su amigo le propuso a Sof√≠a Engastromenos, la hija de 17 a√Īos de un comerciante en tejidos que hab√≠a tenido grandes reveses econ√≥micos. En la primera cita, el candidato a marido pregunt√≥ a la hermosa adolescente si le gustar√≠a salir a un largo viaje, si conoc√≠a la fecha en que el emperador Adriano visit√≥ Atenas y si pod√≠a recitar de memoria alg√ļn pasaje de Homero. La respuesta fue "s√≠" a todas las preguntas, pero la franca respuesta de la muchacha a otra pregunta casi rompi√≥ el compromiso. Cuando Schliemann le pregunt√≥ en privado por qu√© se casar√≠a con √©l, ella respondi√≥: "Porque mis padres me dijeron que usted es rico." El financiero sufri√≥ durante dias como un adolescente herido, pero finalmente se celebr√≥ el matrimonio.

Entre 1871 y 1890, el tozudo comerciante, con un ejército de operarios y entre dificultades de todo tipo, excavó sin pausa, identificando en la colina siete ciudades sucesivas en el tiempo. Entre éstas -estaría convencido hasta su muerte- creyó reconocer la ciudad de Príamo en la segunda empezando por abajo, gracias a las vistosas huellas de un incendio.

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La primera excavaci√≥n de Schliemann en Hissarlik fue decepcionante. Despu√©s de hacer canales exploratorios, los due√Īos locales de la propiedad lo expulsaron y el gobierno turco se hizo el sordo a sus fren√©ticas peticiones de autorizaci√≥n oficial para su excavaci√≥n.

Pero la cuarta expedición de Schliemann fue crucial.
Posiblemente el 30 de mayo de 1873, Schliemann vislumbr√≥ brillo de metal entre la tierra, en el lugar que estaba excavando, llam√≥ a Sof√≠a y le dijo que le diera el d√≠a libre a los obreros con motivo de su cumplea√Īos. Cuando estuvieron solos, desenterraron una caja de cobre. Dentro estaba el oro resplandeciente que se convertir√≠a en el mayor hallazgo arqueol√≥gico del siglo XIX. Sof√≠a escondi√≥ miles de piezas peque√Īas en su chal y su falda y las llevaron a su peque√Īa casa para examinarlas tras las cortinas cerradas. A pesar de que se hab√≠a comprometido con el gobierno turco a compartir los hallazgos que hubiera, Schliemann no pensaba dividir el tesoro. Sac√≥ las piezas a escondidas y las llev√≥ a Grecia, donde los numerosos parientes de Sof√≠a las ocultaron en sus granjas. Cuando Schliemann revel√≥ la historia a un mundo at√≥nito, el gobierno turco reaccion√≥ indignado, elevando una demanda ante una corte griega. Los esc√©pticos afirmaron que el tesoro fue reunido en diferentes riiveles de la excavaci√≥n (y por tanto, de distintas √©pocas de la historia del lugar); los cr√≠ticos m√°s incisivos acusaron a Schliemann de reunir secretamente la colecci√≥n recorriendo los mercados de antig√ľedades.

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Su tenacidad e intuici√≥n, por todos reconocidas, no estaban asociadas a una suficiente competencia. Quiz√° porque se trataba de civilizaciones casi totalmente desconocidas, o bien porque en el fondo era un entusiasta aficionado, es un hecho que el m√°s grande de sus descubrimientos, el hallazgo del llamado "Tesoro de Pr√≠amo", no ten√≠a nada que ver con el rey de Troya. La enorme cantidad de objetos preciosos (m√°s de 10.000 piezas de oro) hab√≠a sido escondida unos 1.000 a√Īos antes de las vicisitudes narradas por Homero. Pero Schliemann nunca lo sabr√≠a, como no se dar√≠a nunca cuenta de que su Troya hom√©rica no era la II ciudad, sino la VII, apenas rozada por √©l al inicio de las excavaciones.

En medio de las disputas internacionales por la posesi√≥n del tesoro, Schliemann dispuso que fuera al Museo de Berl√≠n, donde se expuso hasta la II Guerra Mundial. Con motivo de la guerra las piezas fueron embaladas y llevadas a un lugar seguro, y algo despu√©s trasladadas a otro, dentro de la misma ciudad. En el caos de la ocupaci√≥n de Berl√≠n por las tropas aliadas los cajones que conten√≠an el tesoro desaparecieron y durante muchos a√Īos se pens√≥ que hab√≠an sido destruidos o que estaban en poder de alg√ļn jerarca nazi huido a Latinoam√©rica. Pero en 1993 se identificaron en unos almacenes de los s√≥tanos del Museo Puskin de Mosc√ļ las cajas (todav√≠a las originales en que salieron de Alemania) que lo conten√≠an: llevaban casi 50 a√Īos dadas por desaparecidas. Desde ese momento las joyas se exhiben en una sala de dicho Museo, aunque Alemania no ha dejado de reclamar a Rusia el tesoro.

Fuente: Historiarte.net
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