LOS PRIMEROS MONASTERIOS DE LA EDAD MEDIA

Fecha 23/12/2010 3:36:33 | Tema: OFFTOPIC

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En el mundo medieval, los monasterios hac√≠an la funci√≥n de ¬ęciudades de Dios¬Ľ, al igual que las villas, los pueblos y las aldeas eran las ciudades de los hombres. Eran microcosmos en los que los hombres y mujeres all√≠ reunidos se entregaban al trabajo y la oraci√≥n; en un mundo oscuro y b√°rbaro fueron los que preservaron la cultura cl√°sica para los siglos venideros


Desde hace miles de a√Īos han existido hombres que voluntariamente han abandonado la sociedad para retirarse a meditar y orar en soledad, son los ermita√Īos y anacoretas. En algunos casos, prefirieron agruparse en peque√Īas comunidades en las que trataron de alcanzar estos mismos objetivos; de esta manera surgieron los monasterios, peque√Īos microcosmos autosuficientes, que se reg√≠an por sus propias reglas. Pronto, el resto de la sociedad, deseosa de lavar sus pecados y de ser incluida en las oraciones de los monjes, fue ofreciendo a los monasterios donaciones destinadas a ennoblecer los edificios monacales.

El origen del monacato

Los or√≠genes del monacato se sit√ļan en el siglo III en el Mediterr√°neo oriental, donde, partiendo de la necesidad de un mayor compromiso religioso, numerosos eremitas y anacoretas decidieron llevar una vida asc√©tica en solitario, siguiendo el modelo de santos como Elias o Juan. Sin embargo, tambi√©n se desarrollaron formas de vida religiosa en comunidad; fue el caso de los cenobitas, que quer√≠an imitar a los ap√≥stoles.

En Occidente, resulta dif√≠cil hablar de una homogeneidad mon√°stica, ya que cada centro era independiente de los dem√°s, aunque los objetivos de la orden fuesen comunes. Las reglas mon√°sticas m√°s antiguas fueron redactadas por San Agust√≠n (354-430); en ellas regul√≥ las horas can√≥nicas y dispuso las obligaciones de los monjes respecto al orden teol√≥gico y moral. Consigui√≥, ya en el siglo y, que m√°s de veinte monasterios africanos las practicaran, lo que contribuy√≥ al conocimiento de la regla en Europa. Desgraciadamente no se conserva ning√ļn resto de los primitivos monasterios africanos, por lo que desconocemos c√≥mo fueron las construcciones que acogieron a estos primeros monjes.

Durante los siglos V a VIII, en Europa destacaron dos corrientes mon√°sticas: los monjes celtas irlandeses, comunitarios y fuertemente asc√©ticos, y los que segu√≠an la regla de san Benito de Nursia. Las √≥rdenes irlandesas estaban muy relacionadas con las reglas mon√°sticas orientales; san Columbano, en el siglo VI, fue su principal impulsor. Fue un r√≠gido monje que exig√≠a a sus comunidades que vivieran con descanso y alimentaci√≥n m√≠nimos, sometiendo sus cuerpos a terribles castigos para evitar la sensualidad. Este ascetismo y mortificaci√≥n de la carne impulsaba a los monjes a buscar refugio en lugares inh√≥spitos, donde su existencia resultara aun mas extrema. Se conserva una descripci√≥n del monasterio m√°s importante fundado por san Columbano, en la isla de ona. Se trataba de una peque√Īa aldea, rodeada de un rudimentario muro m√°s o menos circular, en la cual los monjes habitaban en doce min√ļsculas celdas de madera y tierra prensada; en el centro, una celda algo mayor era ocupada por el abad. Al parecer, todos los monasterios de esta orden siguieron el mismo esquema, con iglesias muy peque√Īas y oscuras ubicadas en una posici√≥n central. Estaban construidos con materiales muy pobres, piedras sin labrar o un entretejido de ramas y ca√Īas. Sin embargo, pese a esta pobreza, en estos monasterios se desarroll√≥ un maravilloso arte ornamental, fundamentalmente orfebrer√≠a e iluminaci√≥n de manuscritos.

La regla de san Benito

El monasterio benedictino fue el germen de la arquitectura mon√°stica occidental. Benito de Nursia se retir√≥ a los veinte a√Īos para llevar una vida de ermita√Īo. Muy pronto, imitaron su ejemplo numerosos disc√≠pulos, atra√≠dos por su santidad. Refugiado con algunos de ellos en Monte Cassino, en la comarca italiana de Campania, el santo escribi√≥ la Regula Sancti Benedicti, la norma que gobern√≥ la vida mon√°stica de todo el medioevo, seg√ļn la cual los monjes deb√≠an rezar y trabajar (ora et labora) de manera equilibrada. Para ello se prestaba especial atenci√≥n a la organizaci√≥n del horario, lo que determin√≥ un mejor aprovechamiento de la luz y de las condiciones clim√°ticas.

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Carlomagno mand√≥ hacer una copia de la regla y orden√≥ su disposici√≥n en todos los monasterios del Imperio, hecho que contribuy√≥ a la r√°pida extensi√≥n del benedictismo por toda Europa. Aunque la regla no espec√≠fica las caracter√≠sticas de los edificios mon√°sticos, en √©poca carolingia se defini√≥ su esquema. Hasta la actualidad ha llegado el plano del monasterio suizo de Saint Gallen, conservado en el reverso de una biograf√≠a de san Mart√≠n. Gracias a √©l sabemos c√ďmo era la distribuci√≥n planim√©trica de un monasterio del siglo IX, muy parecida a la de los posteriores centros cluniacenses. Al igual que sucede con todos los monasterios medievales, el emplazamiento de Saint Gallen no se eligi√≥ al azar, estaba en un lugar protegido y bien abastecido de agua, con una buena cantera, un bosque frondoso y unas ruinas romanas en sus cercan√≠as...

Los cluniacenses

En el a√Īo 910, Guillermo, duque de Aquitania, fund√≥ el monasterio de Cluny en tierras de Borgo√Īa, que don√≥ a los benedictinos, otorg√°ndoles amplios privilegios. √Čstos decidieron reformar la regla, ya que para entonces se encontraba muy alejada en la pr√°ctica de sus prop√≥sitos iniciales. La reforma rest√≥ importancia al trabajo manual e intelectual frente a los oficios divinos. Este renovado esp√≠ritu religioso propici√≥ un nuevo estilo art√≠stico m√°s m√≠stico; la austeridad del r√©gimen de vida condujo a la creaci√≥n de un nuevo espacio arquitect√≥nico.

El esquema de la edificación no quedaba al puro arbitrio de la agrupación conventual, se regía por estrictas normas constructivas, en función de la vida cotidiana de los monjes; en lo fundamental, se tomaba como modelo la villa romana de explotación rural. En síntesis, este plano básico del monasterio constaba de cuatro conjuntos arquitectónicos diferenciados por su funcionalidad. El complejo quedaba articulado en torno al claustro, un área cuadrangular con un jardín en su centro. En él, los monjes gozaban dé un rincón de paz donde podían recogerse dentro de la comunidad, reflexionar sobre temas espirituales y realizar sus plegarias. El claustro estaba rodeado por una galería cubierta desde la que se accedía a las diferentes estancias, que comunicaban frecuentemente con la iglesia, el refectorio y la sala capitular. En el segundo piso se situaban los dormitorios de los monjes.

Esta distribuci√≥n pod√≠a variar en funci√≥n de diversos elementos, como las caracter√≠sticas o el clima del territorio. La presencia de otras estancias, como las dedicadas a la vida econ√≥mica, estaba supeditada a la importancia o la riqueza de cada centro. Los amplios campos de explotaci√≥n agr√≠cola y el considerable n√ļmero de monjes dependientes del monasterio hac√≠an necesaria la edificaci√≥n de almacenes, bodegas, establos, despensas, locales administrativos, etc. El palacio del abad pod√≠a ser tambi√©n testigo del prestigio adquirido por el monasterio.

Un tercer conjunto arquitectónico estaría asociado a la vida cultural desarrollada en el monasterio, cuyo eje se centra en la biblioteca y el scriptorium, además de en la escuela de novicios.

Por √ļltimo, otras dependencias serv√≠an para relacionar al monasterio con el exterior. La hospeder√≠a daba cobijo a ¬°os peregrinos que se hallaban de paso, aunque en muchas ocasiones albergaba a visitantes de renombre. Tambi√©n era importante la labor de beneficencia del monasterio, donde se socorr√≠a a pobres, enfermos y desheredados en hospitales o lazaretos.

En suma, el monasterio estaba concebido fundamentalmente como lugar de plegaria m√°s que de trabajo, pero, sobre todo, era un √°mbito donde los monjes se dedicaban por completo al servicio de Dios. Alejados, pues, de una vida dependiente del trabajo manual, era necesario que el recinto fuese un remanso de paz que procurase un agradable retiro y aislamiento a sus moradores. Las edificaciones deb√≠an tener una medida justa y apropiada para la comunidad y, en cualquier caso, deb√≠an facilitar la vida lit√ļrgica, los oficios y las oraciones.

Cluny, tomado como modelo de monasterio por antonomasia, contribuy√≥ decisivamente a la difusi√≥n por toda Europa de las soluciones del estilo rom√°nico empleadas en su construcci√≥n. Sus abades se empe√Īaron en convertirlo en una segunda Roma, una aspiraci√≥n a la que no era ajena la idea de lo bello al servicio de la liturgia, ya que se consideraba que el esplendor y la pureza de las formas externas eran sumamente importantes para honrar a Dios debidamente.

Los cistercienses

El poder y la opulencia que hablan alcanzado los monjes de Cluny ‚ÄĒla iglesia de la casa madre, tras sucesivas ampliaciones, lleg√≥ a ser la m√°s grande de la cristiandad‚ÄĒ romp√≠a con la m√°xima benedictina del ‚Äúora et labora‚ÄĚ; durante todo el siglo XI se sucedieron los intentos de restaurar los principios fundamentales de la regla. Finalmente, lo consigui√≥ el monje Roberto, que en 1089 se retira al bosque de Citeaux, en Borgo√Īa, en compa√Ī√≠a de otros hermanos. En la nueva orden del C√≠ster se prohibi√≥ el lujo, tanto en el vestido, como en la comida y en la vivienda, por lo que los monasterios se construyeron siguiendo l√≠neas extremadamente austeras. Esta austeridad propici√≥ la creaci√≥n de edificios desprovistos de decoraci√≥n, en los que lo principal era la estructura arquitect√≥nica en s√≠ misma. Un nuevo estilo, el g√≥tico, se ajust√≥ perfectamente a los deseos expresados por estos monjes; la fundaci√≥n de los monasterios cistercienses favoreci√≥ la expansi√≥n del estilo por todos los rincones del continente.

Fuentes: Gran Enciclopedia Universal
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