LA FIESTA DEL TRIUNFO Y LAS SATURNALES ROMANAS

Fecha 21/12/2010 9:06:11 | Tema: OFFTOPIC

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En la Antigua Roma, se celebraban una de las festividades populares m√°s encendidas: las Saturnales. Y la Fiesta del Triunfo vinculada con la llegada de los generales romanos triunfantes luego de sus campa√Īas exitosas. En las Saturnales la realidad social danzaba dentro de un juego de inversiones: el se√Īor actuaba como esclavo, el esclavo como se√Īor; lo antes prohibido era ahora permitido; lo que antes era restricci√≥n ahora estallaba en lujo o derroche. En la fiesta romana erupcionaba la vida sin diques de contenci√≥n.

Emergencia de un placentero, jubiloso caos. El regreso a lo caótico es recuperación del origen, del calor bullicioso de la primera vida, del mundo recién creado o manifestado. Y también el regreso al origen impelido por la fiesta era recuperación de un presunto paraíso inicial, donde los hombres vivían sin separaciones jerárquicas, sin opresión de unos sobre otros.

Mediante una versión abreviada de una alocución de Klaus Brigmann nos acercaremos al pueblo embriagado de festiva alegría entre los templos y casas de la Ciudad Eterna.
La Fiesta del Triunfo

Las fiestas de la Roma antigua tuvieron su origen en la religi√≥n. Al igual que los dem√°s pueblos de la Antig√ľedad, los romanos no conoc√≠an en su propia sociedad la diferencia entre fiestas religiosas y profanas ni la divisi√≥n de la sociedad en nexos personales pol√≠ticos y eclesiales. Tal divisi√≥n lleg√≥ a ser una caracter√≠stica estructural importante de la sociedad de la Antig√ľedad tard√≠a en Europa con la victoria del cristianismo y encontr√≥ una correspondencia clara en la coexistencia de fiestas eclesi√°sticas y profanas. La fiesta p√ļblica en Roma consist√≠a en uno o dos d√≠as consagrados a los dioses. Su punto central estaba ocupado por el sacrificio o por otro rito, como por ejemplo una danza cultual. Tales actos se realizaban en nombre de la comunidad pol√≠tica, que era al mismo tiempo comunidad de culto. Culto y sacrificio serv√≠an para el mantenimiento de la paz con los dioses, siempre amenazada. Su alteraci√≥n pod√≠a conmover los cimientos de la sociedad. Las deformaciones, epidemias del ganado, enfermedades, cat√°strofes naturales y derrotas en la guerra, en resumen, cualquier amenaza cuyo control superara las fuerzas humanas, era consecuencia del trastorno de la paz con los dioses. Aquella comunidad peque√Īa en origen, que habitaba en una estrecha franja de terreno y se ve√≠a obligada a defenderse de sus vecinos en todas direcciones, viv√≠a temiendo constantemente la malevolencia de los poderes supraterrenales. Desde la siembra hasta la recolecci√≥n, estas fuerzas deb√≠an ser aplacadas con sacrificios, oraciones y procesiones. En una palabra, mediante unos ritos bien meditados. Junto a la rica serie de fiestas que deb√≠an su aparici√≥n al ritmo del trabajo agr√≠cola, surgieron aquellas otras fiestas y juegos instituidos por alg√ļn motivo especial, por ejemplo, cat√°strofes naturales y victorias o derrotas militares. En este contexto tienen tambi√©n su fundamento los or√≠genes de los triunfos y las Saturnales. El triunfo fue, por su intenci√≥n primera, cualquier cosa menos una exhibici√≥n profana de las victorias romanas. El caudillo triunfante, despu√©s de haber concluido victoriosamente una guerra, entraba en marcha solemne con el bot√≠n, los prisioneros y su ej√©rcito en el espacio amurallado de la ciudad, separado del hostil mundo exterior por una l√≠nea sagrada, el llamado pomerium. El ej√©rcito atravesaba esta l√≠nea al pasar por la puerta de triunfo. Se trata de un acto m√°gico y ritual por el que el ej√©rcito se purificaba de las culpas de sangre y la maldici√≥n de la guerra al penetrar en el espacio murado de la ciudad. El desfile del ej√©rcito terminaba en el Capitolio, donde el caudillo victorioso ofrec√≠a los sacrificios. En aquel centro pol√≠tico-religioso de la comunidad, cumpl√≠a las promesas hechas en el momento de partida del ej√©rcito; este objetivo explica por qu√© el triunfo s√≥lo pod√≠a celebrarse tras una guerra concluida victoriosamente.

Pero el triunfo no servía sólo para la purificación ritual del ejército y el cumplimiento sacral y jurídico de las obligaciones contraídas con los dioses, sino también para proteger mágicamente de las amenazas de malos demonios al vencedor en su regreso.

Seg√ļn una antiqu√≠sima idea, tales demonios acechaban de manera especial al hombre encumbrado por la victoria y el √©xito; as√≠, la persona del caudillo triunfante se proteg√≠a m√°s que ninguna otra mediante amuletos colgados del carro triunfal y de su cuerpo, as√≠ como por otros medios para conjurar el mal. Sobre el carro triunfante, detr√°s del caudillo, iba un esclavo que dec√≠a en voz alta al triunfador, vestido con el traje etrusco de los antiguos reyes de Roma: ‚ÄúRecuerda que eres un hombre‚ÄĚ y los soldados cantaban canciones burlescas referidas a su general que lo rebajaban a una escala humana absolutamente corriente. El mismo C√©sar tuvo que aceptar con motivo de su triunfo sobre los galos el a√Īo 46 a.C., que le insultaran llam√°ndolo amante de un rey del Asia Menor de nombre Nicomedes: ¬ęC√©sar subyug√≥ las Galias y Nicomedes a C√©sar; ahora C√©sar, que subyug√≥ las Galias, celebra un triunfo ¬°y Nicomedes, que subyug√≥ a C√©sar, no lo celebra!
Esta costumbre sirvió en erigen para salvaguardar al caudillo de la envidia de los poderes infernales en el día más importante de su vida. Pero de ese modo, más allá de las consideraciones religiosas, se procuraba siempre relativizar las pretensiones de una grandeza sobrehumana mediante la broma de unas burlas divertidas o mordaces. César y los emperadores romanos tenían que aceptarlo y podían hacerlo.(1)

Las Saturnales

La Fiesta del Triunfo tambi√©n le permit√≠a al general triunfador ostentar y estimular el reconocimiento de sus proezas. En aquellas fiesta marcial participada el pueblo. En el a√Īo 46, Julio Cesar organiz√≥ una celebraci√≥n de sus victorias sobre las Galias, Egipto, el Ponto y √Āfrica durante diez d√≠as. Se obsequiaron muchos denarios, aceites y cereales. Se distribuy√≥ gratuitamente carne en un banquete p√ļblico que se extendi√≥ a lo largo de 22.000 mesas.

La Fiesta del Triunfo fue, en definitiva, fagocitada por la voluntad de dominación política de los generales e imperatores de Roma. Pero la Fiesta del Triunfo sólo se consumaba en circunstancias excepcionales mientras que una festividad de regular realización…

‚Ķera la dedicada al dios Saturno, las Saturnales. Oficialmente se celebraban el d√≠a de la consagraci√≥n del templo de Saturno en el Foro romano, el 17 de diciembre, con sacrificios y un banquete p√ļblico festivo. Pero esta fiesta era tan apreciada por el pueblo, que de forma no oficial se festejaba a lo largo de siete d√≠as, del 17 al 23 de diciembre. Las autoridades estatales se vieron obligadas incluso a atender a la costumbre popular. A finales del siglo 1 d.C, las vacaciones judiciales se prolongaron definitivamente a cinco d√≠as. Las Saturnales eran, si se permite la comparaci√≥n, Navidad y Carnaval a un mismo tiempo y el cristianismo victorioso de la Antig√ľedad tard√≠a se las vio y dese√≥ para acabar con la fiesta pagana. El calendario de Polemio Silvio del a√Īo 4.8 d.C. no denomina la fiesta, todav√≠a viva, con el nombre del dios, sino que la llama ‚Äúfiesta de los esclavos‚ÄĚ, por su faceta m√°s destacada, si bien es cierto que en sus or√≠genes no lo fue. Probablemente las saturnales fueron la fiesta de la finalizaci√≥n de los trabajos del campo, celebrada tras la conclusi√≥n de la siembra de invierno, cuando el ritmo de las estaciones dejaba a toda la familia campesina, incluidos los esclavos dom√©sticos, tiempo para descansar del esfuerzo cotidiano. En medio de las dificultades de la II guerra P√ļnica, cuando An√≠bal se encontraba en Italia, la fiesta oficial del dios Saturno se reh√≠zo de acuerdo con el ritual griego. Pero esta reforma no afect√≥ al car√°cter de la celebraci√≥n popular, en la que todos se esforzaban por pas√°rselo bien.

Vivir y dejar vivir era el lema de la fiesta y el 17 de diciembre, seg√ļn cuenta el poeta C√°tulo, su mejor d√≠a. Cat√≥n el Viejo, que por lo dem√°s calculaba con un rigor sin compasi√≥n los costos y utilidad del trabajo de los esclavos de sus posesiones rurales, les conced√≠a en las Saturnales una raci√≥m extra de 3,5 litros de vino. Las mismas escuelas, que en otras ocasiones no prestaban atenci√≥n alguna a las numeros√≠simas fiestas del calendario romano, cerraban sus puertas en estas fechas. Lo que de ordinario esta prohibido, se autorizaba en estos d√≠as locos. Las leyes contra el lujo permit√≠an en las Saturnales gastar en comidas una cantidad mayor que en los d√≠as corrientes y quien no aprovechaba la oportunidad para cogerse una melopea resultaba desagradablemente llamativo. Como mucho, se condescend√≠a con las rarezas del erudito que buscaba in√ļtilmente un refugio en su cuarto de estudio para huir del guirigay ruidoso y alegre que llenaba toda la casa. Pero, en especial, en el interior de la familia se eliminaban todas las barreras que separaban al esclavo del hombre libre. El juego de los dados, estrictamente prohibido en fechas normales, aunaba a se√Īores y siervos.

La representaci√≥n de gr√°fica de las Saturnales en el calendario de Fiocalo (del a√Īo 336 d.C.) nos muestra, entre otros motivos, una mesa de juego con dados y cubilete y debajo la siguiente inscripci√≥n: ‚ÄúAhora, esclavo dom√©stico, puedes echar una partidita con tu se√Īor‚ÄĚ. Esto pod√≠a entenderse en sentido estrictamente literal. Sabemos que en las Saturnales el esclavo ten√≠a licencia para ‚Äúdar la vuelta a la tortilla‚ÄĚ y decir a su se√Īor verdades inc√≥modas. El mundo quedaba patas arriba y pod√≠a ocurrir que los se√Īores sirvieran a sus propios esclavos.

‚ĶEn las Saturnales se jugaba al mundo al rev√©s y se caricaturizaban leyes y cargos p√ļblicos. La dignidad de rey de las Saturnales, que presid√≠a aquel enloquecido ajetreo provisto de la autoridad suprema, se echaba a suertes. Luciano a vuelve a darnos una idea de su gobierno burlesco poniendo en boca del dios Saturno estas palabras en alabanza de su fiesta: ‚ÄúY una vez que los dados te dan la suerte de ser rey, s√≥lo en virtud de esa dignidad tienes el derecho a que no se te impongan √≥rdenes rid√≠culas, mientras que t√ļ puedes ordenar a uno que declare algo vergonzoso de s√≠ mismo, a otro que baile desnudo, a un tercero que cargue con la flautista y la lleve a hombros tres veces por toda la casa; todo ello es, sin duda, una prueba de que puedo repartir dones importantes.‚ÄĚ

Pero las Saturnales no eran s√≥lo el carnaval de los romanos; en muchos aspectos se parec√≠an, por ejemplo, a la costumbre de encender velas y hacerse regalos, a nuestra fiestas populares de Navidad. En un principio era habitual regalarse velas y mu√Īecos de barro -donativos rituales en origen, cuyo sentido es muy debatido. Luego, en parte por influencia griega, fue com√ļn agradecer con alguna peque√Īa atenci√≥n o con un regalo en dinero a los amigos y a todas las personas a quienes se deb√≠a algo por alg√ļn servicio prestado. Las Saturnales ten√≠an tambi√©n en este sentido sus propias perfidias: nadie estaba a salvo de convertirse en v√≠ctima de alg√ļn regalo bromista y muy calculado.

‚ĶLa eliminaci√≥n de la divisi√≥n social entre libres y esclavos daba pie a diversas especulaciones sobre la esencia de la fiesta de las Saturnales. ¬ŅSer√≠a, quiz√°, un reflejo de la Edad de Oro, de aquellos felices comienzos de la humanidad, cuando bajo la √©gida de Saturno manaban leche y miel y no hab√≠a ni se√Īores ni esclavos? La utop√≠a social se apoder√≥ de la antigua fiesta campesina cuyos or√≠genes estaban lejos de una cultura urbana y cosmopolita que la interpret√≥ como una reliquia de aquella √©poca de justicia social en la que nadie era esclavo y no exist√≠a la propiedad privada. Pero, si la justicia social era un sue√Īo y no pod√≠a restablecerse (pues, en definitiva, Saturno hubo de ceder su soberan√≠a a J√ļpiter), hab√≠a que hacer todo lo posible para que la semana puesta bajo el gobierno de Saturno ofreciera un reflejo de la antigua gloria. (2) (*)

(*) Fuente de todas las citas: Klaus Bringmann, El triunfo del emperador y las Saturnales de los esclavos en Roma, en La fiesta. De las saturnales a Woodstock, Ed. Alianza.

Fuente: http://wiccaspain.es/?p=2214



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