¬ŅLAS BIBLIOTECAS ATRAEN FANTASMAS? / ESPIRITUADOS Y FANTASMAS EN LA BIBLIOTECA NACIONAL DE CHILE.

Fecha 7/11/2010 18:28:57 | Tema: Enigmas y Misterios

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Profesor de Santantoni
Los hay de todas formas y muchos no tienen forma, algunos son traviesos y juguetones, algunos tenebrosos y peligrosos; pero lo mas curioso es que tienen debilidad por la bibliotecas.
Son m√ļltiples las historias de fantasmas en las bibliotecas, ¬Ņser√° que tienen alg√ļn gusto predilecto por permanecer entre los libros?

No sabemos a ciencia cierta por qu√© muchos de estos lugares se llenan de fantasmas. En efecto tanto bibliotecarios, narradores de historias y folclore, como tambi√©n los cuentistas, han documentado m√ļltiples historias sobre el tema.

‚ÄúTenemos varios compa√Īeros que no solamente han sentido la presencia de esp√≠ritus, sino que incluso les prenden las m√°quinas, las computadoras pese a que est√°n desconectadas de la electricidad‚ÄĚ, coment√≥ Mar√≠a Abigail Gonz√°lez Ojeda.

Mar√≠a cont√≥ en una entrevista a la BBC sobre los extra√Īos fen√≥menos que se presentan en la biblioteca universitaria de la Universidad Michoacana de San Nicol√°s de Hidalgo en Morelia. La Universidad mexicana, fundada en 1874, funciona en lo que fuera un antiguo convento de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs.

El vigilante de esta biblioteca contó que vio sombras que salían del área del coro y cuando un par de chicos tomaron una foto a la puerta principal del recinto, después del revelado se sorprendieron al ver en ésta una monja y un fraile.

Socorro Ledezma, quien trabajaba en servicios al p√ļblicos, no aguant√≥ mucho y renunci√≥. Un d√≠a estando en uno de los mostradores sinti√≥ como le soplaban al o√≠do y unas manos que recorr√≠an su cuerpo.

Muchos fantasmas son famosos, tales como el Espectro Azul, que vive desde el siglo XVII en la Biblioteca del Castillo de Arundel en Inglaterra, o la Dama de Blanco, en la Biblioteca de la Universidad de la Columbia Británica, en Canadá. También se destaca la joven de la Biblioteca de KuKoboi, en la región rusa de Yaroslavi.

‚ÄúCuando se tienen libros as√≠, como manuscritos, pergaminos y libros raros que tratan temas tan delicados como la Inquisici√≥n o temas sumamente ocultos, uno no deja de percibir ciertas cosas, sensaciones extra√Īas que te erizan la piel, y uno sabe que se est√° comunicando con algo m√°s all√° de lo ordinario, de lo rutinario‚ÄĚ. coment√≥ Gabriel Saldivia, Jefe de la Divisi√≥n de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Venezuela.

Las bibliotecas son centros de cultura que conectan al pasado, lo cual ‚Äúsupera el entendimiento y escapa a cualquier l√≥gica y raciocinio‚ÄĚ, se√Īal√≥ BBC Mundo.

‚ÄúLos fantasmas son fen√≥menos ajenos a todo conocimiento cient√≠fico actual que se pueda comprobar y palpar‚ÄĚ.


Espirituados y fantasmas en la Biblioteca Nacional de ChileA la Biblioteca Nacional no sólo llega gente a buscar información o a leer libros. Una de las construcciones más antiguas de Santiago es visitada por personas que han dejado asuntos pendientes: los fantasmas merodean en los pasillos de la Biblioteca. Aquí, algunas de estas escalofriantes historias.

Monjas que se pasean por el edificio, voces y risas que se escuchan en los distintos salones, y funcionarios que vuelven al lugar. Todo esto ocurre en la Biblioteca Nacional, pero no en los libros que hay en √©sta, sino que en los mismos pasillos. Suena normal, pero ¬Ņqu√© pasar√≠a si dijeran que todo esto es producto de personas que est√°n muertas?

La historia comienza as√≠. Este edificio tiene m√°s de cien a√Īos. Pero para sorpresa de muchos, la Biblioteca no estuvo siempre en este lugar. A comienzos del siglo XIX, espec√≠ficamente en el a√Īo 1813, Bernardo O¬īHiggins fund√≥ la Biblioteca Nacional en la Universidad de San Felipe, que actualmente es el Teatro Municipal. Debido al desastre de Rancagua, tuvieron que cerrar sus puertas y reabrirlas en febrero de 1817, cuando Chile recuper√≥ su independencia. Despu√©s de esto, sus puertas nunca m√°s se cerraron. Antes de ubicarse para siempre entre las calles Alameda, Mac Iver , Miraflores y Moneda, la Biblioteca Nacional pas√≥ por el edificio de la Intendencia y por el antiguo Congreso Nacional (en calle Bandera). Pero la antigua edificaci√≥n no fue construida para ese fin. A√Īos antes estuvo en manos del convento de la Orden de Santa Clara, m√°s conocida como las monjas Clarisas.

Gracias a estas religiosas las historias de fantasmas han tomado vida. Esto se debe a que en los cimientos del edificio estaba el cementerio de esta Orden, en el cual enterraban a las monjas y a los ‚Äúangelitos‚ÄĚ, como antiguamente la gente llamaba a los ni√Īos que mor√≠an. Pero no s√≥lo los angelitos eran enterrados aqu√≠. La historia cuenta que los curas de la Iglesia de San Francisco de As√≠s, que est√° ubicada en la Alameda con la calle del mismo nombre de la Iglesia, pero en diagonal a la Biblioteca, ten√≠an t√ļneles subterr√°neos, por los cuales se pasaban hac√≠a el convento de las Clarisas, y llegaban al cerro Santa Luc√≠a con las monjas. Luego de estas escapadas secretas, las religiosas que resultaban embarazadas, enterraban a los reci√©n nacidos o incluso a los fetos en este cementerio. Esto se descubri√≥ cuando a comienzos de los a√Īos 80, se realizaban las excavaciones para la construcci√≥n del metro por la calle Mac Iver, los trabajadores encontraron osamentas humanas. Desde esos momentos las creencias se volvieron m√°s fuertes.

Algunas de las apariciones de fantasmas la vivi√≥ Mauricio Castro, quien trabaja en el subterr√°neo de la Biblioteca, en la secci√≥n Catalogaci√≥n. √Čl, al recordar esta historia lo hace con agrado; en realidad sus compa√Īeros dicen que le gusta contar esto. Todo pas√≥ en junio de 1991, alrededor de las 18:00. Mauricio estaba en un escritorio junto a una compa√Īera terminando un trabajo, el resto, que eran unas 20 personas, se encontraban a menos de 100 metros del lugar donde estaba √©l. El escritorio en el cual se encontraban estaba al lado de una pared y una ventana. Mientras Mauricio escrib√≠a sinti√≥ que la voz de una mujer joven le dec√≠a suavemente: ‚ÄúMauriiicioooo‚Ķ‚ÄĚ, √©l mir√≥ a su compa√Īera y le pregunt√≥ si hab√≠a sido ella, la cual le respondi√≥ que no, pero que tambi√©n hab√≠a escuchado esa suave voz. Mauricio agrega que la voz no la escuch√≥ a su lado, sino que sinti√≥ que ven√≠a de atr√°s y abajo, desde el piso. Justo donde se encuentra el cementerio. Fueron los √ļnicos que lo escucharon. ‚ÄúMi compa√Īera qued√≥ p√°lida, a mi se me pararon los pelos. Quedamos helados‚ÄĚ, recuerda Mauricio. Cuando fue a contarle a sus compa√Īeros, ninguno le crey√≥. Agrega que luego de ese d√≠a nunca m√°s le pas√≥ algo as√≠. Lo que s√≠ reconoce es que el miedo le dur√≥ cerca de tres meses. Cuando le tocaba trabajar hasta m√°s tarde, pon√≠a la radio fuerte para no escuchar cosas raras. ‚ÄúYo creo que qued√© espirituado, porque despu√©s ve√≠a sombras que pasaban por detr√°s m√≠o‚ÄĚ, agrega Mauricio.

A Miguel √Āngel Espinoza, que tambi√©n trabaja en esa secci√≥n, hace alrededor de ocho a√Īos atr√°s le pas√≥ algo similar. √Čl estaba con un compa√Īero haciendo horas extras, y cerca de las 21:30 decidieron irse. Su compa√Īero le pregunt√≥ si hab√≠a apagado todo y √©l respondi√≥ que s√≠. Cuando iban a cerrar la puerta de la oficina sintieron que se hab√≠a cerrado un caj√≥n. Fueron a revisar, pero no hab√≠a nada ni nadie. Se dirigieron a la puerta cuando volvieron a sentir el mismo ruido. Esta vez no se devolvieron, ni siquiera miraron para atr√°s. ‚ÄúDespu√©s de ese d√≠a trabajamos con todas las luces prendidas y con radio‚ÄĚ, cuenta Miguel √Āngel.

Curiosamente al frente de esa secci√≥n, en la SEACO han aparecido personas, mejor dicho sus esp√≠ritus. Esto le ocurri√≥ a Mauricio V√°squez cuando entr√≥ a la sala de visitaci√≥n de imprenta despu√©s de las 19:00 a hojear unos libros que se encontraban en el escritorio de la secretaria. En la silla de ella estaba sentada una persona con un delantal blanco, por lo menos eso parec√≠a cuando Mauricio la vio al entrar. Pocos segundos despu√©s se dio cuenta que no era la secretaria sino que un fantasma que ya no estaba. Su compa√Īero Luis Pueye recuerda que Mauricio lleg√≥ corriendo, desesperado, p√°lido. Al preguntarle que le hab√≠a pasado, Mauricio le relat√≥ su encuentro. Luis fue a la oficina para ver si hab√≠a alguien. No hab√≠a nadie, pero le llam√≥ la atenci√≥n un detalle. ‚ÄúLa secretaria siempre deja su delantal colgado detr√°s de la silla, pero ahora estaba estirado encima del escritorio. Con eso le cre√≠ altiro a mi compa√Īero‚ÄĚ, cuenta Luis. Tambi√©n agrega que en esa secci√≥n se caen los libros solos, se escuchan silbidos y a m√°s de una persona se les han aparecido las ‚Äúsupuestas‚ÄĚ monjitas. Hay que tener en cuenta que desde hace varios a√Īos los encargados de recibir a la gente que va a realizar trabajos de noche les advierten las cosas que suceden. Algunos creen, algunos no, pero la advertencia est√° hecha.

En invierno del 2004, Justo Alarc√≥n, que trabaja en la secci√≥n Archivos del Escritor, del segundo piso de la Biblioteca, escribi√≥ un art√≠culo sobre este tema en la revista ‚ÄúPatrimonio cultural‚ÄĚ, n¬ļ 32. Este art√≠culo lo realiz√≥ despu√©s de varias conversaciones que ten√≠an lugar luego de las reuniones con otros funcionarios. A √©l nunca le ha pasado nada as√≠, pero aprovech√≥ esto para contarlo como an√©cdotas de la Biblioteca Nacional. Algunas de las historias que le contaron es la de un ex funcionario que trabaj√≥ toda la vida en la Biblioteca. Luego de jubilar sigui√≥ frecuentando estos pasillos, espec√≠ficamente la Secci√≥n Referencia para terminar una investigaci√≥n que nunca se supo de qu√© era. Lo caracter√≠stico de este hombre era que llegaba muy temprano a este lugar, antes de que la Biblioteca abriera sus puertas, por lo que esperaba pacientemente en las escaleras de la entrada por Moneda. Hace unos a√Īos muri√≥, pero hay auxiliares que juran haberlo visto en varias ocasiones en las escaleras esperando a que abran las puertas.

Todas estas historias son lo bastante escalofriantes como para asustar a cualquiera, pero sin duda la peor de todas es la que vivi√≥ Eulogio Sandoval, hace alrededor de 15 a√Īos atr√°s. √Čl se encontraba con un compa√Īero, Carlos Zamorano quien no cre√≠a en estos hechos, haciendo horas extras cerca de las 00:00. Iban pasando por el Sal√≥n Azul, que se llama as√≠ en homenaje a Rub√©n Dar√≠o y a su libro ‚ÄúAzul‚ÄĚ, cuando comenzaron a sentir que el sal√≥n completo empez√≥ a moverse con la intensidad de un temblor, a esto se le sum√≥ el polvo que sal√≠a del piso y de las paredes. Se dieron vuelta para ver qu√© pasaba, y Eulogio recuerda que la sensaci√≥n que sinti√≥ era como que ven√≠an hacia √©l caballos desbocados, que relinchaban y corr√≠an. Mir√≥ a su compa√Īero y comenzaron a correr. Al llegar al subterr√°neo, le pregunt√≥ a su amigo: ‚Äú¬ŅAhora me crees que aqu√≠ penan?‚ÄĚ, a lo que su amigo no dud√≥ en responder que s√≠. Eulogio recuerda que nunca hab√≠a sentido algo as√≠ y menos tanto susto. Volvieron al sal√≥n para ver si hab√≠a rastro de polvo o algo que pudiera justificar lo que hab√≠an sentido, pero no hab√≠a nada. Todo estaba en su lugar. Adem√°s de esa experiencia, recuerda una en especial que le ocurri√≥ al ex administrador de la Biblioteca Nacional, que viv√≠a en el cuarto piso del mismo edificio. El administrador, como de costumbre cerca de las 1:00 hac√≠a una ronda general en todo el edificio. Esa noche no era la excepci√≥n, por lo que comenz√≥ a caminar por los pasillos del segundo piso s√≥lo con su linterna como compa√Ī√≠a, cuando inesperadamente sinti√≥ que una mano lo tomaba del hombro. No una mano cualquiera, sino una helada, muy helada. Qued√≥ paralizado, no recuerda cuanto tiempo y luego de un rato logr√≥ moverse nuevamente. ‚ÄúDespu√©s de eso nunca m√°s volvi√≥ a hacer la ronda solo, qued√≥ espirituado, como muchos‚ÄĚ agrega Eulogio.

Fuentes: lagranepoca.com/elparqueforestal.blogspot.com http://eltemplodelaluzinterior.wordpress.com/





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