PADRE CARLOS CRESPI, EL VERDADERO DESCUBRIDOR DEL TESORO DE LA CUEVA DE LOS TAyOS (+ V√ćDEO)

Fecha 7/11/2010 18:30:00 | Tema: OFFTOPIC

Autor:
YURI LEVERATTO




En la región amazónica ecuatoriana llamada Morona Santiago existe una caverna muy profunda, llamada Cueva de los Tayos.

La caverna, que se encuentra a una altura de 800 metros sobre el nivel del mar, se llama Tayos, del nombre de característicos pájaros semiciegos que viven en sus profundidades. Los indígenas Shuar o Jíbaros (que tenían la costumbre de reducir el cráneo de los enemigos muertos en batalla), que viven en las cercanías de la gruta, solían alimentarse de esas aves.
La noticia más antigua de la caverna se remonta a 1860, cuando el general Víctor Proano envió una breve descripción de la gruta al Presidente del Ecuador de entonces, García Moreno.

No obstante, s√≥lo en 1969 un investigador h√ļngaro de nacionalidad argentina, de nombre Juan Moricz, explor√≥ a fondo la caverna, encontrando muchas l√°minas de oro que conten√≠an incisiones arcaicas parecidas a jerogl√≠ficos, estatuas antiguas de estilo medioriental y otros numerosos objetos de oro, plata y bronze: cetros, yelmos, discos y placas.

El investigador h√ļngaro llev√≥ a cabo tambi√©n una extra√Īa tentativa de oficializar su descubrimiento, registrando sus hallazgos en la oficina de un notario de Guayaquil, el d√≠a 21 de julio de 1969, pero su solicitud fue rechazada.

En 1972, el escritor sueco Erik von Daniken difundi√≥ en todo el mundo el hallazgo del investigador h√ļngaro.

Cuando la noticia del extra√Īo descubrimiento de Moricz se divulg√≥ por el planeta, muchos estudiosos y esot√©ricos decidieron explorar la caverna en expediciones privadas.

Una de las primeras y más arriesgadas expediciones fue la conducida en 1976 por el investigador escocés Stanley Hall, en la cual participó el astronauta estadounidense Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la luna en 1969.

Se narra que el astronauta refirió que los tres días que permaneció en el interior de la gruta fueron incluso más significativos que su legendario viaje a la luna.

En la empresa participó el espeleólogo argentino Julio Goyen Aguado, amigo íntimo de Juan Moricz, de quien había recibido referencias sobre la exacta localización de las placas y láminas de oro talladas.

Parece que Goyen Aguado, bajo indicación de Moricz, quien no participó en la expedición, despistó a Stanley Hall, impidiéndoles a los anglosajones apropiarse de los antiguos hallazgos de oro.

Otras versiones de la historia sugieren, en cambio, que los anglosajones saquearon parte del tesoro, llev√°ndoselo ilegalmente de Ecuador.

Seg√ļn otros investigadores, quien verdaderamente descubri√≥ los inmensos tesoros arqueol√≥gicos de la Cueva de los Tayos no fue el h√ļngaro Moricz, sino m√°s bien el sacerdote salesiano Carlos Crespi (1891-1982), nativo de Mil√°n.

Crespi habría indicado a Moricz cómo entrar en la caverna y cómo encontrar el camino correcto en el laberinto sin fondo que se encuentra en sus profundidades.

Carlos Crespi, quien llegó a la selva amazónica ecuatoriana en el lejano 1927, supo ganarse pronto la confianza de los autóctonos Jíbaro e hizo que le entregaran, en el curso de los decenios, cientos de fabulosos pedazos arqueológicos que se remontan a una época desconocida, muchos de ellos de oro o laminados en oro, por lo general magistralmente tallados con arcaicos jeroglíficos que nadie ha sabido descifrar hasta hoy.

A partir de 1960, Crespi obtuvo del Vaticano la autorización de abrir un museo en la ciudad de Cuenca, donde estaba ubicada su misión salesiana. En 1962 hubo un incendio y parte de los hallazgos se perdieron para siempre.

Crespi estaba convencido de que las l√°minas y las placas de oro que √©l encontr√≥ y estudi√≥ se√Īalaban sin lugar a dudas que el mundo antiguo medioriental anterior al diluvio universal estaba en contacto con las civilizaciones que se hab√≠an desarrollado en el Nuevo Mundo a partir de hace sesenta milenios. (mira mi intrevista a la arqueologa Niede Guidon).

Seg√ļn el Padre Crespi, los arcaicos signos jerogl√≠ficos incisos o grabados quiz√° con moldes, no eran otra cosa que la lengua madre de la humanidad, idioma que se hablaba antes del diluvio (ver mi art√≠culo sobre el idioma nostr√°tico).

Las conclusiones de Crespi eran extra√Īamente similares a las de otros investigadores del mismo per√≠odo, como el esot√©rico peruano Daniel Ruzo (estudioso de Marcahuasi), el m√©dium estadounidense G. H. Williamson, el arque√≥logo italiano Constantino Cattoi o el investigador italo-brasilero Gabriel D‚ÄôAnnunzio Baraldi (quien document√≥ a fondo la Pedra do Ing√°).

A fines de los a√Īos 70 del siglo pasado, Gabriel D‚ÄôAnnunzio Baraldi visit√≥ frecuentemente Cuenca, donde conoci√≥ tanto a Carlo Crespi como a Juan Moricz.

En aquella ocasi√≥n, Carlo Crespi le revel√≥ al italo-brasilero que la Cueva de los Tayos no ten√≠a fondo y que las miles de ramificaciones subterr√°neas no eran naturales, sino construidas por el hombre en el pasado. Seg√ļn Crespi, la mayor√≠a de los hallazgos que los ind√≠genas le daban proven√≠an de una gran pir√°mide subterr√°nea, situada en una localidad secreta.

El religioso italiano confesó luego a Baraldi que, por miedo a futuros saqueos, ordenó a los indígenas cubrir totalmente de tierra dicha pirámide, de manera que nadie pudiera encontrarla nunca más.

Seg√ļn Baraldi, los arcaicos jerogl√≠ficos incisos en las l√°minas de oro de la Cueva de los Tayos recordaban el antiguo alfabeto de los Hititas, que seg√ļn √©l hab√≠an viajado y colonizado parcialmente a Suram√©rica dieciocho siglos antes de Cristo. Baraldi not√≥ que en muchas placas y l√°minas de oro hab√≠a varios signos recurrentes: el sol, la pir√°mide, la serpiente, el elefante. Particularmente, Baraldi interpret√≥ la placa donde estaba incisa una pir√°mide con un sol en su cima como una gigantesca erupci√≥n volc√°nica que ocurri√≥ en √©pocas remotas.

Cuando Carlo Crespi falleció, en enero de 1980, su fantasmagórica colección de arte antediluviana fue sellada para siempre, y nadie pudo admirarla nunca más. Hay muchos rumores sobre la suerte de los valiosísimos hallazgos recogidos pacientemente durante largos decenios por el religioso milanés.

Hay quienes dicen que simplemente fueron enviados en secreto a Roma y que yacen todav√≠a en alg√ļn rinc√≥n del Vaticano.

Otras fuentes pretenden probar que el Banco Central del Ecuador compró, el 9 de julio de 1980, por la suma de 10.667.210 $, aproximadamente 5000 piezas arqueológicas de oro y plata. El responsable del museo del Banco Central del Ecuador, Ernesto Dávila Trujillo, desmintió categóricamente que la entidad del Estado haya comprado la colección privada del Padre Crespi.

Prescindiendo de la localización física actual de los hallazgos arqueológicos del Padre Crespi, quedan las fotografías y los numerosos testimonios de muchos estudiosos que prueban su veracidad.

Casi parece que alguien quiso ocultar las fant√°sticas piezas arqueol√≥gicas coleccionadas y estudiadas por el religioso milan√©s. ¬ŅPor qu√©?
Con seguridad, la prueba de que pueblos antediluvianos y otros sucesivos al diluvio, pero netamente mediorientales, hayan visitado la cuenca del Río Amazonas en tiempos tan remotos y que hayan dejado una tal cantidad de maravillosos hallazgos es una verdad que podría ser incómoda. Muchos historiadores convencionales han descrito al Padre Crespi como un impostor o simplemente un visionario que mostró como auténticas láminas de oro que eran sencillamente falsificaciones o copias de otras creaciones artísticas mediorientales.

Mi opinión sobre los enormes tesoros de la Cueva de los Tayos es que son auténticos y que provienen del Medio Oriente.

Sin embargo, hay que distinguir entre algunos hallazgos en los que fueron tallados aparentes jeroglíficos y otros que son representaciones de arte sumerio, asirio, egipcio e hitita.

Estoy convencido de que antes del diluvio, los pueblos que viv√≠an en la tierra firme correspondiente a la actual plataforma continental del continente africano (posteriormente sumergida) ten√≠an frecuentes intercambios con los pueblos que, ya desde hac√≠a sesenta milenios antes de Cristo, viv√≠an en el actual Brasil. La Pedra do Ing√°, estudiada a fondo por Baraldi y descrita por m√≠ en enero del 2010, testimonia que pueblos antiqu√≠simos describieron un evento para ellos muy importante (¬Ņquiz√° el diluvio universal?) utilizando un arcaico m√©todo de escritura (¬Ņuna forma de escritura nostr√°tica?) despu√©s de haber llegado al actual Brasil a causa de un acontecimiento fortuito.

Adem√°s, es √ļtil recordar tambi√©n el arcaico alfabeto inciso en la estatuilla (proveniente del interior del Brasil), de basalto negro que le dio el escritor Rider Haggard al explorador Percy Fawcett. Dicho alfabeto es muy similar a los signos incisos en las l√°minas de oro de la Cueva de los Tayos.

En este sentido se pueden reconocer y describir algunas inscripciones arcaicas de los hallazgos de la Cueva de los Tayos como pertenecientes al idioma nostr√°tico.

En cuanto a los otros hallazgos, de clara procedencia medio-oriental post-diluviana, me parece correcto considerarlos como restos de varias expediciones ocasionales que fueron llevadas a cabo a partir del tercer milenio antes de Cristo por los sumerios y sucesivamente por los egipcios, fenicios y cartagineses.

Estas conclusiones mías no están solamente apoyadas en el hecho de que se hayan encontrado restos de hoja de coca en las momias egipcias, sino sobre todo en los recientes descubrimientos en el altiplano andino, como la Fuente Magna y el monolito de Pokotia.

Queda el misterio de por qué todo aquel inmenso tesoro fue reunido en la Cueva de los Tayos y en los laberintos que se encuentran en sus profundidades.

En mi opinión, es posible que restringidos grupos de antediluvianos, sobrevivientes de la gigantesca catástrofe, una vez que desembarcaron en Suramérica, hayan querido salvar sus preciosísimas reliquias escondiéndolas luego en una gruta que consideraron segura.

En lo que concierne, por otro lado, a los pueblos medio-orientales post-diluvianos, refiri√©ndome particularmente a los sumerios, egipcios, fenicios y cartagineses, es posible que todo grupo viajara con especiales insignias de su estirpe y origen, que en el curso de los a√Īos se perdieron en los Andes (como es el caso de la Fuente Magna). A continuaci√≥n, los antepasados de los ind√≠genas Suhar aglomeraron esas reliquias en la Cueva de los Tayos, consider√°ndolas objetos sagrados que deb√≠an ser reunidos obligatoriamente en un lugar considerado m√°gico por su tradici√≥n.

Fuente: http://www.yurileveratto.com/





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