ESOTERISMO Y FIN DE CICLO.

Fecha 30/10/2010 17:09:48 | Tema: OFFTOPIC

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Es un hecho com√ļn entre los lectores de Ren√© Gu√©non, que en determinado momento, influenciados directamente por la verdad y la belleza de sus escritos, quieran efectivizar de modo concreto todo aquello que se est√° produciendo en ellos, y siguiendo a su gu√≠a intelectual, que les dice, que √©l no es un maestro, y que se necesita un v√≠nculo con una tradici√≥n, quieran concretar aquello que a√ļn es virtual en el largo camino hacia el Conocimiento. Es sabido que el metaf√≠sico franc√©s se√Īala a las grandes Tradiciones de la humanidad -incluso las tres religiones monote√≠stas- como posibles veh√≠culos para la realizaci√≥n intelectual. De hecho, esta posibilidad mueve a personas poco informadas a creer que estas v√≠as religiosas son las √ļnicas disponibles para el acceso y posterior encarnaci√≥n de la Sabidur√≠a; eso se debe a la asimilaci√≥n vulgar entre lo religioso y lo sagrado y a la confusi√≥n -para quien inicia un camino tan nuevo como sorpresivo- entre religi√≥n y metaf√≠sica. Es decir entre lo exot√©rico y lo esot√©rico, equ√≠voco que m√°s de un interesado en provocar el desorden promueve en su ignorancia o en su mala fe, ambas te√Īidas de un cierto fanatismo propio de este fin de ciclo.
En todo caso, como bien lo sabemos, la confesión oficial católica niega todo tipo de esoterismo; por otro lado, en ninguna religión existe una diferencia tan grande entre el exoterismo y el esoterismo como en el Islam. En cuanto al judaísmo actual, lo que entiende por Cábala -que como sabemos significa Tradición- es, en términos generales, un conjunto de usos y costumbres, marcados por el prejuicio y la intolerancia, atributos que comparte con las otras dos confesiones ya mencionadas; esto, sin olvidar, por cierto, el valor y el bien que han aportado estas religiones civilizadoras al conjunto de la humanidad, en particular en épocas pasadas.

Sin embargo hoy en d√≠a ellas casi constituyen un impedimento para toda iniciaci√≥n, lo cual no quiere decir que no se trate de aut√©nticas revelaciones y que lo m√°s puro de sus mensajes, concretamente sus libros sagrados, donde se encuentra el legado pr√≠stino de sus enviados, no constituya una gu√≠a, por mediaci√≥n de la Palabra sagrada y simb√≥lica, expresi√≥n de un Logos Arquet√≠pico y por lo tanto un soporte del Conocimiento. Pero, como parte de la ignorancia y signo de los tiempos, acontece que el rito y la ense√Īanza se han debido "arreglar" por el aparato teol√≥gico o legal y por la mala intenci√≥n de supuestos sacerdotes y pretendidas autoridades que han adulterado a su conveniencia circunstancial la esencia de esas teofan√≠as. No obstante, en ellas a√ļn puede hallarse una v√≠a de realizaci√≥n espiritual, siempre que pueda efectuarse de acuerdo a los principios all√≠ enunciados, con una transparente vocaci√≥n, libre de cualquier intenci√≥n o manipulaci√≥n interesada; tal el caso de esos libros de sabidur√≠a que conforman la Biblia, especialmente los de Mois√©s para jud√≠os y cristianos y sobre todo los Evangelios para estos √ļltimos. Por otro lado los isl√°micos tienen el Cor√°n y otros textos sagrados complementarios, tal como los otros dos monote√≠smos. En todo caso est√° claro que todo el Conocimiento est√° all√≠, para quien pueda develarlo, y esta fuente de agua viva existe para aqu√©llos que puedan encarnarla, y ser√≠a un error, acaso una monstruosidad negar esta evidencia. En cuanto a los ritos y ceremonias exot√©ricas, ellos pueden acompa√Īar alguna vez con provecho nuestro viaje hacia la Unidad Central y queremos se√Īalar como m√©todo el trabajo con el √Ārbol de la Vida Sefir√≥tico de la C√°bala hebrea, pero √©ste pr√°cticamente no se conoce en el exoterismo jud√≠o; ahora bien, resultar√≠a igualmente err√≥neo pensar que el Conocimiento fuera exclusivamente el patrimonio de estas religiones abrah√°micas, mucho m√°s en los tiempos que corren, signados inevitablemente por la ca√≠da y corrupci√≥n de todo lo instituido.

Dicho esto, se trata de respetar otras varias alternativas o v√≠as de acceso al Centro, en donde, como se sabe, se conjugan los contrarios y desde donde la Voluntad del Cielo se expande hacia los cuatro rincones del planeta abarcando igualmente en su totalidad a todos los seres humanos que se encuentren dispuestos a despertar movidos por un llamado de tal naturaleza. En ese caso deben tenerse en cuenta no s√≥lo las tradiciones del Oriente, o del Extremo Oriente, a√ļn hoy vivas, sino tambi√©n otras numerosas, algunas de ellas arcaicas, que dado el momento c√≠clico crucial que nos toca vivir resurgen con toda la potencia de su vitalidad.

De todas maneras, para los habitantes de las ciudades de Occidente son pocos los caminos inici√°ticos abiertos a la realizaci√≥n de acuerdo a nuestras posibilidades dadas por las limitaciones del medio en que nos ha tocado vivir. Como se sabe el proceso del Conocimiento es una senda invertida con respecto a la visi√≥n del mundo que nos otorgan los sentidos y es descrita como un ascenso del alma que va en una primera etapa de la multiplicidad a la Unidad, y en una segunda del Ser al No Ser, o Suprema Identidad (el Ayn soph de la C√°bala); por lo que se revierte la concepci√≥n ordinaria, ya que lo que No Es es el origen, a√ļn, del Ser Universal, en cuanto √©ste es una afirmaci√≥n de aqu√©l. Sin duda el mundo actual ignora y niega esa posibilidad que es la Metaf√≠sica y acepta s√≥lo en el mejor de los casos a la Religi√≥n, expresi√≥n exot√©rica de un esoterismo interior, y va de suyo que estas dos modalidades no son incompatibles, salvo que lo exot√©rico corte su vinculaci√≥n con "las ra√≠ces de las plantas", cosa que desgraciadamente sucede tanto en la cultura europea como en la americana y su zona de influencia que es hoy el mundo entero. Para Occidente Ren√© Gu√©non ha se√Īalado especialmente dos instituciones donde pudieran encontrarse vestigios que facilitasen esta Iniciaci√≥n en el Conocimiento: La Masoner√≠a, que como todos sabemos es una asociaci√≥n esot√©rica que pese a la degradaci√≥n de las instituciones contempor√°neas a√ļn mantiene viva la Iniciaci√≥n en ciertas logias, y -a rega√Īadientes- la Iglesia Cat√≥lica -como emblema del cristianismo en general-, aunque esta √ļltima ha sufrido grandes modificaciones desde la muerte de Gu√©non, especialmente en su liturgia, a pesar de que a√ļn hoy puedan detectarse algunos n√ļcleos esot√©ricos en su seno, particularmente dentro de las √≥rdenes monacales benedictinas y cistercienses (de hecho no s√≥lo all√≠); esto debe extenderse a las iglesias ortodoxas griega y rusa y a otras ramas del cristianismo; tampoco habr√≠a que olvidar a determinados cabalistas, aunque esto no cabe para la inmensa mayor√≠a de los rabinos, al igual que con los prelados cristianos. La pobreza de las religiones, en t√©rminos generales, es actualmente evidente, y aqu√≠ debe tambi√©n sumarse el exoterismo isl√°mico, es decir, la tercer rama de las tradiciones del libro, las que asimismo en su doctrina, o en la pr√°ctica, niegan toda posibilidad de iniciaci√≥n. Este es el triste panorama que se le brinda a un hombre o mujer medios en el √°rea de influencia de la cultura Occidental, salvo su adhesi√≥n a una Tradici√≥n de Oriente, como el Hinduismo, el Budismo, el Zen, el Tao√≠smo, incluso la de alguna Tar√ģqah aut√©ntica.

Y dado que esta sombría situación -ya sea por la dificultad de conectar con estos verdaderos centros tradicionales, o por la imposibilidad de ligar efectivamente con culturas, usos y costumbres algunas veces diametralmente opuestos a los propios- es la realidad presente, conviene preguntarse qué otras posibilidades tiene el hombre actual de encontrar su verdadera identidad y efectivizar su realización intelectual-espiritual en los tiempos que corren.

En estas circunstancias y teniendo en cuenta los escollos que la jalonan -que bien podr√≠an ser tomados como las primeras pruebas para el aprendiz- no es extra√Īo que se produzcan hoy iniciaciones solitarias, es decir sin el apoyo de un maestro vivo, incluso en tradiciones arcaicas o aparentemente muertas, teniendo en cuenta que estos casos, otrora extra√Īos, han de ser cada vez m√°s frecuentes dada la imposibilidad de poder conectarse con aqu√©llos capaces de ir gui√°ndonos en nuestro sendero o la de tener acceso a grupos esot√©ricos tradicionales, tal el caso de ciertas logias mas√≥nicas.

En este sentido Roland Goffin en un art√≠culo aparecido en la revista Vers la Tradition y reelaborado para el N¬ļ 9-10 de SYMBOLOS plantea la posibilidad de la iniciaci√≥n individual en el mundo actual, (por la propia irregularidad de √©ste), mediante: "La importancia reconocida por Ren√© Gu√©non al conocimiento ‚Äėte√≥rico‚Äô de los principios metaf√≠sicos, y ello al margen de toda vinculaci√≥n inici√°tica parece a menudo ser perdida de vista por un buen n√ļmero de guenonianos". Por otra parte Gu√©non tambi√©n ha tocado el tema de los afr√Ęd en sus estudios: "Otra cuesti√≥n, que se refiere tambi√©n a la ligaz√≥n inici√°tica, se ha planteado igualmente en estos √ļltimos tiempos; hay que decir en primer lugar, para que se comprenda exactamente su alcance, que concierne particularmente a los casos en que la iniciaci√≥n se obtiene fuera de los medios ordinarios y normales. Debe entenderse bien, antes que nada, que casos as√≠ son siempre excepcionales, y que s√≥lo se producen cuando ciertas circunstancias hacen imposible la transmisi√≥n normal, ya que su raz√≥n de ser es precisamente la de suplir en cierta medida esa transmisi√≥n. Decimos solamente en cierta medida, porque, por una parte, una cosa as√≠ s√≥lo puede producirse para individualidades que poseen unas cualificaciones que sobrepasan mucho lo ordinario y que tienen unas aspiraciones lo bastante fuertes como para en cierto modo atraer a ellas la influencia espiritual que no pueden encontrar por sus propios medios, y tambi√©n porque, por otra parte, e incluso para tales individualidades, todav√≠a es m√°s raro que, faltando la ayuda proporcionada por el constante contacto con una organizaci√≥n tradicional, los resultados obtenidos como consecuencia de esta iniciaci√≥n no tengan un car√°cter m√°s o menos fragmentario e incompleto". Empero, no hay que ir tan lejos y a casos especiales, ya que el propio Gu√©non reconoce la validez de la Tradici√≥n Herm√©tica.

En efecto, en distintas oportunidades a lo largo de su obra y correspondencia el metafísico francés nos habla de la Tradición Hermética como una Iniciación ligada a los Misterios Menores, es decir a la restitución del ser adámico: o sea el nacimiento al verdadero estado humano.

Sin embargo, no explica de qu√© manera se puede adquirir esta Iniciaci√≥n, puesta bajo la advocaci√≥n del dios Hermes (Hermes Trismegisto), con la que se vincula esta transmisi√≥n que no incluye ning√ļn rito salvo la senda del Conocimiento, el estudio y la meditaci√≥n y la transmutaci√≥n que se efect√ļa en esa v√≠a, -llamada en la India Jn√Ęn√ģ-Yoga-, donde la iluminaci√≥n se produce en virtud de la identidad entre el sujeto y el objeto del conocer. En todo caso este hecho no es para nada sorprendente ya que tampoco menciona a lo largo de sus escritos ni siquiera una insinuaci√≥n respecto a cualquier otro "m√©todo" u obtenci√≥n de "resultados" en la v√≠a inici√°tica, salvo indicar al s√≠mbolo como veh√≠culo, o pr√°cticas reconocidas de modo universal, como la respiraci√≥n, el canto y la danza, la oraci√≥n, el silencio y la soledad, etc.

Somos cristianos, espec√≠ficamente cat√≥licos, y hemos sido bautizados y confirmados; conocemos los sacramentos de la confesi√≥n y la comuni√≥n y hasta alguno de nosotros ha tenido vocaci√≥n religiosa. Igualmente hemos bautizado a nuestros hijos -alguno lo ha hecho de modo personal- y no les hemos negado instrucci√≥n de tipo religioso. Pero, de hecho, no podemos identificarnos ni con la Teolog√≠a oficial, ni con la Iglesia de Roma, y mucho menos con la ignorancia, la hipocres√≠a, la corrupci√≥n y hasta la delincuencia del clero de nuestros d√≠as. Por otra parte el medio en el que hemos nacido, la cultura que nos ha nutrido es cristiana, y por lo tanto con un trasfondo jud√≠o y pagano, aunque vistos sin embargo desde una programaci√≥n y condicionamiento hist√≥rico que nos otorg√≥ graciosamente la Iglesia de Roma, con un toque de nacionalismo, intolerancia y dictadura, ejercidos en este siglo en los pa√≠ses de habla castellana. Y es dable observar c√≥mo hemos tenido que irnos despojando de ataduras y tab√ļes, much√≠simos de ellos en el plano religioso-moral, cosa que ha tenido que hacer la propia Iglesia, por sus necesidades y las de los fieles que, a√ļn as√≠, son cada d√≠a menos. De hecho, en este mismo siglo el catolicismo ha modificado totalmente el rito, la teolog√≠a, y la conducta y piedad de la feligres√≠a y sus pastores. En honor de la verdad hemos de decir que por razones r√≠tmicas, tocantes al fin de ciclo, todas las instituciones est√°n igualmente corruptas. Empero, nos hemos mantenido totalmente fieles a las ense√Īanzas evang√©licas, as√≠ como a las del Antiguo Testamento. Igualmente a la doctrina de la Iglesia en cuanto no se aparta del pensamiento tradicional, enunciado en Grecia por Plat√≥n, expresado posteriormente por los neoplat√≥nicos y gn√≥sticos (cristianos o no), el Corpus Hermeticum, tambi√©n Proclo, y manifestado m√°s luego por Dionisio Areopagita, cristaliz√°ndose de esta manera las estructuras de la Edad Media y su secuela (la escuela de Chartres, los San Victor, San Alberto Magno, tambi√©n varios aspectos del aristot√©lico Sto. Tom√°s, Eckhart, Suso, y tantos, tantos otros) hasta llegar al Renacimiento: Gemisto Plet√≥n, el Cardenal Bessarion, Marsilio Ficino, Pico de la Mir√°ndola, Nicol√°s de Cusa, etc., etc. y sus prolongaciones en el mundo moderno. Esa es la doctrina que nos interesa por ser el aut√©ntico cristianismo original. Y hemos de reconocer que ese pensamiento ha venido a nosotros a trav√©s de Occidente, y por lo tanto de la cristiandad, y desde luego de su forma de vida y sus usos y costumbres, que son los nuestros, derivados en gran parte como se ha dicho de jud√≠os y paganos.

Pero si la proximidad del Fin de Ciclo se advierte particularmente en las religiones, y en los grupos esot√©ricos, tambi√©n lo hace en aut√©nticas organizaciones inici√°ticas, como la Masoner√≠a; empero queremos manifestar que donde es m√°s notorio es en los "seguidores" de Gu√©non, especialmente en tres de sus "herederos": F. Schuon, M. Pallis y Jean Reyor. A ellos debe sumarse los "tradicionalistas guenonianos" de "estricta observancia", que en su mayor parte son m√°s papistas que el papa, y les coge una especie de rigor que asocian con la visi√≥n religiosa, la "moral", la pol√≠tica inquisitorial y una presunci√≥n inversamente proporcional a su Conocimiento. Y es l√≥gico que as√≠ sea: ¬Ņde qu√© forma podr√≠a la contratradici√≥n cumplir su funci√≥n de mejor modo que adulterando el pensamiento y la obra del m√°s grande int√©rprete de la Ciencia Sagrada en este siglo? Gu√©non comenz√≥ la lucha contra los impostores y la degeneraci√≥n no ha cesado y ¬Ņd√≥nde podr√≠a notarse m√°s si no es precisamente en los √°mbitos supuestamente relacionados con esa Ciencia Sagrada?

¬ŅQu√© es la Tradici√≥n?

Así como puede decirse que es necesario que exista un desorden para que se cree un orden, un encuadre, podría afirmarse que la instauración de esos límites es lo que nos puede llevar a la idea de lo ilimitado.

La sociedad contemporánea es pues el encuadre, la limitación, donde podemos ver acontecimientos de otro orden que han existido y existirán por siempre.

El hombre contemporáneo ha creído que por el simple expediente de cerrar los ojos y negar lo que unánimemente ha sido llamado Conocimiento y Realidad, por todas las civilizaciones tradicionales y por todos los sabios dignos de ser designados como tales, el Conocimiento y la Realidad no existen.

Exactamente lo mismo ha sucedido con el Esp√≠ritu que, como se lo niega, se supone es insignificante o sea pr√°cticamente nada; sin embargo desde el punto de vista herm√©tico, lo peque√Īo es lo m√°s poderoso.

El Esp√≠ritu, apenas virtual en cada hombre, es la energ√≠a m√°s poderosa y la √ļnica que tiene realmente un poder transmutante.

A esta transmutación está dirigido todo el trabajo hermético y esa obra no puede realizarse sino en el medio en que estamos insertados, con la "materia" que tenemos en nuestras manos.

Como se sabe esta "transformación de la materia" no es sino la transformación de nosotros mismos, en el medio donde nos ha tocado vivir, del que no funcionamos independientemente, que incluye tanto a Europa como América, pues en cualquier tramo del ciclo está latente la posibilidad de la liberación.

Viendo lo que somos en verdad y no suponiendo o imaginando lo que querríamos ser es que vamos a poder realizar nuestro trabajo.

En este sentido ese medio es también un reflejo de nosotros mismos en que podemos vernos una y otra vez espejados; no somos ajenos a él sino por el contrario, semejantes, ya que siendo la vida un conjunto de relaciones en movimiento estamos íntimamente vinculados a la sociedad actual, puesto que hemos nacido en su seno, por lo cual nuestra relación con ella es mutua, como igual sucede entre el micro y el macrocosmos.

El hecho de que nuestra vida individual se haya producido en la matriz, en el cu√Īo de la sociedad contempor√°nea, no establece una diferencia esencial, sino secundaria, con respecto a otro hombre que hubiera nacido bajo el signo de otra sociedad cualquiera, es decir en un medio diferente, y en una √©poca distinta, bajo otras estrellas.

El cosmos entero es un inmenso conjunto de relaciones armónicas en movimiento y la tierra es parte constitutiva de ese conjunto. Y es sabido que la armonía se logra a través de la desarmonía, puesto que este primer concepto no podría existir sin el segundo. Por lo tanto las aparentes desarmonías parciales no son sino la expresión en un mundo, o plano u orden, de lo que es la armonía del conjunto.

Asimismo la historia de las civilizaciones y las distintas etapas por las que ellas han atravesado son igualmente la expresión refleja de lo que les es inherente; en ese sentido es muy importante recalcar que el hombre actual se visualiza como histórico. De hecho no puede imaginar su existencia sin historia: los detalles anecdóticos de su personalidad prolongados en la cinta de la sucesión temporal constituyen lo que llama su ser, aquello con lo que se identifica. Siente lo mismo respecto al cuerpo social al que tiene que dotar de una historia, o un credo, para que sea "efectivo", "real".

En contra, para las civilizaciones tradicionales o culturas arcaicas, es decir para aquellas que viv√≠an el Conocimiento y que nos lo legaron como la expresi√≥n suprema de su propia esencia, ‚Äďpor sobre todas las cosas o detalles‚Äď la historia era secundaria.

Al vivir el Eterno Presente, las dos caras de la sucesi√≥n ‚Äďel pasado y el futuro‚Äď quedaban completamente anulados. Sin la ilusoria ansiedad de venir de alg√ļn lado para dirigirse a alg√ļn otro, simplemente eran; realizaban en s√≠ aquello para lo cual hab√≠an sido dise√Īadas. Respondiendo as√≠ el modelo social a su estructura interna, en √≠ntima relaci√≥n con el cosmos. Cada uno de los individuos que participaban en ese orden, estaban incluidos tambi√©n en lo que hab√≠a inspirado ese orden mismo, su raz√≥n de ser. As√≠ el esquema social no era arbitrario ni casual, ni todo el aparato cultural, su Tradici√≥n, una mera suma de convenciones cualesquiera. Sino que simbolizaban otras realidades que se manifestaban por su intermedio a los efectos de establecer un enmarque, apto para vivenciar diversos niveles de conocimiento y para efectuar diferentes maneras de existencia; por ello es que se dice que los or√≠genes de cualquier cultura son sagrados. De m√°s est√° subrayar que esta frase en nada se refiere a la concepci√≥n de lo sagrado que en general posee el hombre contempor√°neo. El cual, por otra parte, no es enteramente responsable, ni culpable de sus propias concepciones. Heredero de una Tradici√≥n degradada, habitante de una ciudad profana, que ha perdido la memoria de todas las cosas, teni√©ndose que identificar con ella para poder subsistir, es inevitable que el sello de la ignorancia ‚Äďy por lo tanto del sufrimiento‚Äď se halle marcado sobre su frente. Y es interesante destacar que aqu√©l que lleva esa marca indeleble, que le condiciona constantemente y en toda ocasi√≥n, no es otro que uno mismo, expres√°ndose en concepciones de tipo hist√≥rico ‚Äďy a√ļn geogr√°fico.

Aprendemos a comer, caminar, hablar. Aprendemos a simbolizar y a tener memoria. Y sin embargo olvidamos que absolutamente todo, en el hombre ordinario, es aprendido. Damos por supuestas todas esas cosas. Y como los demás hacen lo mismo, asistimos por un lado al espectáculo de la más increíble confusión de lenguas e incomunicación; por el otro al estallido de la violencia en todas sus formas y manifestaciones, directamente derivadas de esos supuestos, de esas valoraciones que juzgamos convenientes o inconvenientes, de acuerdo a personas, ideas, o cosas que aceptamos sin discusión, identificándonos con ellas por el hecho de que "son nuestras".

No es de extra√Īar entonces que los conceptos en una sociedad como la que nos toca est√©n muy netamente adulterados al punto de aparecer invertidos con respecto a una aut√©ntica civilizaci√≥n o a una cultura "primitiva", que es lo mismo que decir con respecto al Conocimiento y la Sabidur√≠a. No podr√≠a caber otra suerte a las im√°genes relacionadas con lo sagrado a las que inevitablemente se asocia con lo religioso. Esta concepci√≥n infantil est√° emparentada con cualquiera que se arrogue la posesi√≥n de tal o cual deidad. La Verdad es una, y s√≥lo en sus estratos m√°s bajos se divide dando lugar en nuestro orden al hecho de la multiplicidad institucional. Como es obvio, la Verdad, en s√≠, nada tiene que ver con ninguna instituci√≥n.

Por otra parte las diferentes iglesias, pseudoiglesias y sectas de hoy d√≠a‚Äď que cada vez ser√°n m√°s prol√≠feras, seg√ļn se est√° viendo‚Äď no tienen un punto de vista, una visi√≥n diferente de la sociedad en que est√°n insertadas (muchas de ellas son su producto), y m√°s bien modifican todas sus √≥pticas ‚Äďque en sus or√≠genes tuvieron un entorno sagrado‚Äď para subsistir en el medio actual. Esto se ha llevado a tales extremos que no es f√°cil distinguirlas, por una parte, de ciertas fraternidades o asociaciones de socorros mutuos, por otra, de las sociedades comerciales que se reparten la utilidad de diferentes balanzas de pagos y, √ļltimamente, de bandas de simples forajidos.

La instituci√≥n visible, lleva en s√≠ el germen de su propia decadencia y de la humanidad a la que pertenece. Cuando los templos y las culturas terminan de construirse, de solidificarse, comienzan en ese momento su lenta degradaci√≥n. Tal es la ley del ciclo; cuando por fin se ha podido constituir la cultura o la ciudad, ‚Äďcreada por sus constructores‚Äď cuando por fin el inmenso esfuerzo de unos pocos ha dado lugar a una codificaci√≥n, es decir, a un orden, adecuado para la realizaci√≥n de la vida humana, este orden comienza a decaer. Su √©poca de mayor brillantez corresponde a la de su mejor funcionamiento. Pero es esa propia "funci√≥n" la causa de su "ca√≠da". La organizaci√≥n viva se va convirtiendo en un modelo mec√°nico. Con el tiempo, los hombres alejados de sus or√≠genes tomar√°n literalmente al modelo mec√°nico como la "realidad". Dicho de otra manera: confundir√°n sus propias concepciones culturales con la vida misma. Hecho particularmente doloroso cuando estas concepciones han ido perdiendo verdad en virtud de un desgaste inherente a cualquier ciclo.

En ese sentido es que se dice que en el ciclo solar el propio sol es el protagonista y la v√≠ctima del rito que simboliza a diario. En efecto, encerrado en su propia c√°rcel, no puede trascender los l√≠mites del amanecer, mediod√≠a, atardecer y medianoche, o sea, de su "ca√≠da". Tampoco los topes que le imponen los solsticios y los equinoccios. En esa danza ritual, llegado al verano y al mediod√≠a en su camino de ascenso, ya no puede sino descender hacia el oto√Īo y el atardecer.

Si tenemos en cuenta que el ciclo solar comienza en Oriente y se pone en Occidente y que a este punto cardinal corresponden el oto√Īo, s√≠mbolo del decaimiento experimentado por la naturaleza en ese per√≠odo, y el atardecer, momento del ciclo diario en que cae la noche y se producen las sombras que dificultan la visi√≥n, podemos inferir algunas cosas interesantes.

Y no s√≥lo aquellas que est√°n relacionadas con el medio social actual, que se visualiza a s√≠ mismo como occidental, sino tambi√©n el hecho de que este mismo ciclo que vivimos tiene otro que le precede ‚Äďen el que la sociedad y el ser humano individualizado pueden haber sido diferentes‚Äď y otro que le ha de seguir, es decir, otra humanidad; de ambos, lo ignoramos todo.

Lo que no podemos permitirnos es no saber nada acerca de las circunstancias que nos han tocado vivir. Debemos conocerlas porque ellas son las formas, los símbolos, en que se ha manifestado a nosotros la vida, al ser partes integrantes de la misma. Si no conocemos nuestro medio y no nos sentimos partícipes en menor o mayor grado de él, no podremos salir del mismo. Y entonces no tendremos más remedio que intentar una fuga imaginativa que, por otra parte, es lo que estamos habituados a hacer cotidianamente. Por el contrario, la primera labor del aspirante al Conocimiento es enfrentar el mundo que le ha correspondido. Es decir, verlo y oírlo, aunque estemos en la fase final del Kali-Yuga.

Para poder lograr este propósito, paradójicamente, es imprescindible que nos apartemos de él, pues estando confundidos en su devenir y habiendo extraído del mismo todas las valorizaciones que constituyen nuestro ser, debemos detenernos y observarlo desapasionadamente.

Esto es evidentemente una labor muy ardua, puesto que nuestra misma programaci√≥n ‚Äďcon la cual no se nos ocurrir√≠a dejar jam√°s de identificarnos‚Äď, no es otra cosa que un sentimiento prohijado y acunado por el propio medio al que intentamos observar. En efecto, cuando se nos dice que nuestras concepciones son extra√≠das del ambiente no se nos est√° diciendo que este hecho se refiere s√≥lo al intelecto, sino a la totalidad del ser humano; a las m√°s caras creencias, las m√°s arraigadas convicciones, los m√°s puros sentimientos, o sea a la identidad del hombre ordinario, que es una alternativa de lo que le ofrece el sistema socio-cultural vigente en un determinado tiempo c√≠clico y c√≥smico. Con respecto a ello es que juega sus diferentes roles o papeles.

Va de suyo entonces, que lo que entendemos por Cultura no son las "artes" y las "letras" imperantes en uno u otro periodo, ni lo que comprendemos por Tradición son ciertos usos y costumbres válidos para un tiempo histórico. Ni siquiera es el catálogo de los detalles de esos diferentes pueblos. Una Cultura es la concepción internalizada de un modo coherente de ser, que vivencian todos los integrantes de la misma. Es un organismo vivo que a los efectos de su manifestación ha tomado una estructura determinada que la hace apta para la interrelación de sus distintos integrantes, cuyos canales se comunican entre sí con el objeto de satisfacer todas sus necesidades.

Esta forma particular de ver la organización, cultural o social, tiene especial interés no bien se reflexiona en que todas las ciudades o civilizaciones tienen un Origen Mítico, vale decir, sagrado. En un medio de esa naturaleza, la Tradición, en sí, no es sino la imagen del Mundo Arquetípico, Atemporal, que se expresa cíclicamente en la cinta del tiempo.

Y llama poderosamente la atención que todos los instrumentos culturales en donde se expresa en su función civilizadora, es decir, la Obra de sus dioses, semidioses, sabios o héroes, son unánimemente atribuidos a revelaciones supra-cósmicas, es decir supra-humanas.

Igualmente no es propio suponer que hay varios cosmos. El cosmos es uno solo como bien se encarga Platón de explicarlo en el Timeo. La sucesión de mundos o de ciclos de dimensión o duración indefinida es lo que se entiende conceptualmente por Cosmos. El ciclo del electrón vivo, el ciclo atómico insertado en el ciclo molecular, el molecular navegando en el celular, el celular presente en el ciclo humano, el humano desplazándose en el ciclo de la naturaleza, el de la naturaleza coexistiendo con el de la Tierra, el de la Tierra en todo dependiente del ciclo solar, el ciclo solar circunscripto al orden de su centro galáctico, el centro galáxico determinado por otro centro galáctico y así sucesivamente, en forma indefinida, es lo que constituye el concepto de Cosmos. Fuera todo es imposible, puesto que no puede existir algo que sea exterior a él. Cualquier posibilidad, de cualquier tipo, está excluida, por lo que el Cosmos es uno solo y la idea de la pluralidad de Cosmos o de distintas metafísicas, es una pura contradicción a lo que el concepto de Cosmos y Ciencia Sagrada significan.

El Cosmos no es la suma de sus partes, así como tampoco la Tradición es el conjunto de costumbres, morales y ortodoxias de un tiempo concreto, ya que su Origen está más allá de cualquier época o determinación.

Por lo tanto cuando se nos dice que algo es suprac√≥smico, o constituye la Tradici√≥n, debemos comprender que se nos est√° hablando de un concepto que est√° m√°s all√° de la comprensi√≥n ordinaria del hombre. De algo invisible que no es aprehensible por los canales del hombre com√ļn. Algo que sin embargo es tan aut√©ntico y real que llega a decirse que es la vida misma.

Este nivel de percepci√≥n (para llamarlo de alg√ļn modo) est√° √≠ntimamente relacionado con los conocimientos directos de otras modalidades del tiempo y del espacio vulgares. Pues √©ste se halla aprisionado entre las paredes de su propio cosmos. Es decir, de todo aquello que ha sido capaz de concebir, ya que nada hay fuera del cosmos de nuestra conciencia. Estas concepciones se transmiten en el organismo humano ‚Äďde ida y de vuelta‚Äď a trav√©s de los conductos del sistema nervioso, an√°logos a aqu√©llos por donde se revela la civilizaci√≥n, las calles por donde se comunica una ciudad.

Y es bien sencillo entender que esta √ļltima no es la suma de sus habitantes, ni la de los ladrillos de sus casas, ni tampoco tal o cual accidente geogr√°fico o particular, aunque todos ellos sean parte constitutiva de la misma.

Sino que la Cultura que transmite la Tradici√≥n ‚Äďno hay Tradici√≥n sin Cultura ni Cultura sin Tradici√≥n‚Äď es fundamentalmente un concepto, una idea, un espacio otro, para decirlo de alguna manera.

Esta visión se hace más clara cuando tomamos una parte constitutiva del modelo de la ciudad o una tradición particular. El templo o la casa-hogar es una réplica en escala del modelo social y de la revelación que lo ha prohijado. Tanto la ciudad, como el templo o casa-hogar, son espacios construidos, significativos, con respecto a la aridez del espacio amorfo y desértico que los circunda.

Estos espacios significativos, estos legados tradicionales, han sido creados a partir de materias preexistentes, indivisas, invisibles, y ca√≥ticas ‚Äďen el m√°s alto grado de esta expresi√≥n‚Äď, tal como se dice en todos los g√©nesis; la obra de la creaci√≥n es efectuada por el Demiurgo y sus auxiliares.

Tanto en la ciudad, como en el cosmos, el creador (o creadores) está siempre presente pero no es ninguna de las partes de los mismos. Toda la construcción es el producto de una idea primigenia, de una concepción inteligente que se desarrolla a partir de un centro, de una síntesis conceptual, por intuición directa.

Y así como nosotros no somos nuestro corazón o nuestros pulmones, ni nuestro hígado o pies o manos, sino que las relaciones entre todos constituyen un organismo vivo, así también las diversas relaciones reveladas conforman la Tradición y el Cosmos y sus ciclos. Sin embargo esta limitación impuesta por el cosmos mismo, del que dependemos en todo para vivir, del que somos hijos, es decir hechos a su imagen y semejanza, puede ser trascendida por su propio medio y el de la Tradición que ha prohijado.

Efectivamente, las "vibraciones" del creador están siempre presentes en su obra aunque de modo inmanente. Es decir, ocultas bajo la forma de la idea o la inteligencia creadora. Esta idea o inteligencia es de otro orden con respecto a la construcción material a que da lugar. Es "anterior", en el tiempo sucesivo, a la construcción manifestada, pero coexiste perfectamente con ella. Es otra dimensión del tiempo lineal que se puede decir está "más allá" del mismo; que lo trasciende y le da su verdadero sentido.

Así acontece con el mundo pues la idea que tenemos del mismo está relativizada por sus partes constitutivas; pero del mismo modo que un espacio cualquiera, una habitación por ejemplo, no es la suma de sus constituyentes sino que fundamentalmente conforma una idea "anterior" que la habitación o espacio simbolizan, y que está implícita en la habitación o el espacio mismo, así la Tradición no puede sujetarse a estas o aquellas normas…

Lo que se trata de decir en definitiva es que tanto el cosmos, como la cultura, son limitados. Y que esa limitaci√≥n es la que marca nuestro condicionamiento. Por otra parte son esas mismas estructuras las que permiten salir de ellas y exactamente para eso es que han sido dise√Īadas; tal el caso de la Tradici√≥n, pues as√≠ como el movimiento c√≥smico es el que nos da la idea de la inmovilidad, as√≠ tambi√©n el l√≠mite es el que nos da la idea de lo ilimitado.

La Cultura es entonces una ausencia que nada tiene que ver con la información o la historia, algo que no es la estadística del hecho cultural sino más bien su negación. Análogo es lo que sucede con la emanación cósmica. No es esta o aquella parte del cosmos, o su "energía" lo que interesa, sino comprobar que esta realidad es inexistente como tal, más allá de sus mismos límites.

Ello se simboliza por la piedra que corona la obra constructiva y que es también el origen y la salida del cosmos, aquello que establece un contacto con "otros mundos", es decir con otras relaciones espacio-temporales, que como todas las cosas, sólo se perciben en la interioridad de la conciencia.

Todo esto se encuentra en estricta relación con lo que es la Tradición, Unánime y Perenne, siempre presente y vertical, tan válida para hoy como lo ha sido siempre y lo será para cualquier otro manvantara, o humanidad, ya que es Eterna y simultánea, simbolizada por el Polo como puerta de entrada y salida a lo supracósmico, origen y fin de cualquier manifestación, en contra de la visión perpetuamente histórica de los que por sus limitaciones tradicionalistas sólo pueden imaginar sociedades ideales, tan confusas en su vaga imaginación como las proyecciones de sus frustrados anhelos.

En la actualidad cualquiera de los interesados en buscar un camino espiritual se encuentra con un panorama que, por decir lo menos, es caótico en el sentido más bajo de la expresión.

En efecto, lo primero con que suele tropezarse es con aquello que se ha dado en denominar la "New Age", el m√°s numeroso y heterog√©neo agrupamiento de distintos movimientos en los que las sectas juegan un papel primordial y son capaces de poseer millones de miembros en sus filas. A ellas se unen numerosos grupos de origen oriental, aunque es importante aclarar que muchas de las sectas poseen ese mismo origen; estos grupos tienen principalmente diferentes grados de acercamiento con el hinduismo y su tradici√≥n -como sucede en la propia India-, o con formas degradadas de la misma como puede observarse en indefinidos gur√ļes que, en base a cierta terminolog√≠a y pr√°cticas de meditaci√≥n, han fundado sus propios "ashrams". En ello son iguales a distintas personalidades que van por la libre y mantienen ideas de tipo psicol√≥gico o sexual, que incluyen "canalizaciones" o pr√°cticas supuestamente basadas en el tantra yoga. La totalidad de estos dirigentes son profanos, por no decir absolutamente ignorantes de la Ciencia Sagrada y creen, como la ciencia profana, que el mundo est√° evolucionando, progresando, hacia la culminaci√≥n de sus pretensiones espiritualistas. A ellos se suman ps√≠quicos, m√°nticos, curanderos y espiritas de diferentes denominaciones. Todos ellos tienen algo fundamental en com√ļn que los identifica inmediatamente: la creencia -consciente o no- en un espiritualismo material, es decir la necesidad de que sus pr√°cticas se relacionen con situaciones personales y sus necesidades en el nivel m√°s bajo e individual.4 Dentro de este planteo caben numerosos movimientos pseudorreligiosos, o religiosos, con la distinci√≥n de que estos √ļltimos no pretenden ning√ļn esoterismo, sino s√≥lo la salvaci√≥n de sus fieles en otro mundo.

No pretendo aqu√≠ hacer un listado de las distintas modalidades del "esoterismo" actual, lo que por otra parte llevar√≠a m√°s de un volumen, sino destacar algunas caracter√≠sticas de estos movimientos entre los cuales deben incluirse no s√≥lo las indefinidas sectas ya mencionadas, sino tambi√©n a los "cazadores" de sectas. Con ellos conviven en Occidente verdaderas tradiciones como el Budismo Mahayana, la Masoner√≠a, la Tradici√≥n Herm√©tica, el Zenbudismo, alguna tradici√≥n arcaica, ciertos autores fiables como Ren√© Gu√©non, Mircea Eliade, Walter Otto y Alan Watts, entre muchos otros y el esoterismo de las Tradiciones Abrah√°micas; aqu√≠ habr√≠a que hacer una distinci√≥n important√≠sima entre el esoterismo cristiano, y el "cristianismo esot√©rico" -y lo mismo ocurre respecto al esoterismo jud√≠o, e isl√°mico- el cual toma a la religi√≥n como base imprescindible de la metaf√≠sica, desvirtuando as√≠ la aut√©ntica Ciencia Sagrada, el Conocimiento Tradicional, poni√©ndolo a un nivel piadoso y dogm√°tico que, hemos visto, necesariamente desemboca en fanatismos de distinto tipo, por lo que a veces puede consider√°rselos a√ļn m√°s peligrosos que los mencionados anteriormente, ya que estos √ļltimos buscan la salvaci√≥n, o la conversi√≥n de la humanidad, por cualquier expediente que sea, y aquellos, la mayor parte de las veces no sobrepasan la √≥rbita individual y no ejercen ning√ļn tipo de apostolado, ya sea protestante, cat√≥lico, o isl√°mico; aunque ello no es v√°lido para el juda√≠smo, cerrado en s√≠ mismo.

Por otro lado queremos observar que quienes se acerquen hoy con ingenuidad y objetividad a los pocos medios esot√©ricos tradicionales existentes en Europa y Am√©rica podr√°n observar la animosidad que existe entre ellos, el amiguismo y las cuestiones personales que los distinguen, cuando no diferencias de nivel en cuanto a las experiencias que tienen de la Realidad, poseyendo a veces s√≥lo ideas debidas a meras referencias librescas e hist√≥ricas; sin mencionar que las religiones creen que su Dios privado conforma la √ļnica verdad, de la que excluyen cualquier creencia, o usos y costumbres diversos, incluso la existencia de diversos dioses, o nombres de poder, √°ngeles y arc√°ngeles, que curiosamente existen en su cuerpo doctrinal aunque ellos parezcan no saberlo, o consideren son s√≥lo aleg√≥ricos.

Es lógico para quien comienza un camino desconocido que pueda extraviarse en él; de esa cuenta unos se pierden al tomar de modo literal algunos conceptos, o creen indispensable practicar determinadas dietas, de las cuales el vegetarianismo ocupa el lugar más destacado, asociadas incluso a determinadas concepciones relacionadas con la salud y el mantenimiento corporal, subordinando el alma -sin hablar del Espíritu- a la modalidad más grosera de la manifestación. Hasta el paso por alguna, o varias organizaciones New Age y la ejecución de determinadas prácticas puede ser valioso, en cuanto sirva de modo negativo para abandonarlas, por encontrar con el tiempo que no correspondían a sus necesidades espirituales. Esto puede estar ligado a los peligros que se asocian con el transcurrir por cualquier camino y puede ser puesto en relación con el precepto evangélico de que hay que perderse para encontrarse.

Pero quien acepta aprior√≠sticamente ciertas ortodoxias de cualquier tipo sin reparar en ellas, no est√° ni siquiera permiti√©ndose extraviarse en la senda de lo que se supone es el Conocimiento. Esto se halla dado ya desde el comienzo por la forma en que se enfrenta el hecho de Conocer: como una b√ļsqueda y aventura del alma, sedienta de s√≠ misma, o como la sumisi√≥n a una estructura que generalmente se encuentra adulterada por la creencia, o sea por una especie de suma de axiomas, absorbidos casi con criterios administrativos, aceptados de modo pasivo y lineal, sin claroscuros, y sin la Pasi√≥n, que la antig√ľedad denomin√≥ Furor; en cuanto a los peregrinajes, para poner un solo ejemplo, la confusi√≥n con caminatas deportivas u otros ejercicios m√°s o menos profanos es a veces evidente. No se puede salir del laberinto cuando √©ste ni siquiera existe, lo cual es propio de medios esclerotizados que confunden al psicopompo con lo pomposo.

En ese sentido nos hemos preguntado m√°s de una vez qu√© inter√©s pueden tener ciertas personas en un supuesto esoterismo a no ser como hobbie, o por no tener otra cosa que hacer, o a√ļn peor, para destacarse respecto a sus semejantes.

Aqu√≠ tambi√©n cabr√≠a referirse al fanatismo tomado como una creencia en s√≠, propia, entre otros, de los autollamados tradicionalistas, que a trav√©s de un autoritarismo esencial pretenden juzgar a los dem√°s, de acuerdo a una hipot√©tica ley divina y humana, la cual no s√≥lo est√° de su lado sino que les exige que se cumpla, siempre, es claro, seg√ļn sus criterios y las circunstancias aleatorias, que suelen inventar a su antojo con la misma belicosidad. Pues se trata de tener un enemigo y actuar contra algo para ellos mismos sentirse unificados, para pensar que son, o para "ser" una cosa, aunque √©sta fuese una sombra proyectada sobre otra.

Esto suele generar la falsa idea de una √©lite a la que se aspira. Si verdaderamente eres de una √©lite, casi no te enteras de ello, y no tienes ninguna pretensi√≥n al respecto, igual que si eres un ser noble no tienes aspiraci√≥n a serlo, lo eres por naturaleza. Querer pertenecer a una √©lite, seg√ļn lo comprendemos, es bastante como querer ser de "la sociedad" o aparecer en la "prensa del coraz√≥n", o sea ambiciones meramente profanas; o lo que es lo mismo que apetecer ser un miembro conspicuo de un entorno donde no s√≥lo se es "brillante" -o "respetable"-, sino que se adquiere una "notoriedad", desde luego eg√≥tica, olvidando aquello de que "mi reino no es de este mundo"; todo ello adornado de una tonalidad moral pacata que envidiar√≠a cualquier puritanismo, y que resulta mucho m√°s hip√≥crita, cuando se les observa en su accionar delincuencial, que tal vez ellos imaginen como una guerra santa. Para nosotros es claro que si alguien se siente llamado hacia la Suprema Identidad y no se identifica con ning√ļn condicionamiento, de hecho debe tener una s√≥lida moral de base (la valent√≠a, la generosidad, el desprendimiento, etc., es decir la virtus romana) para encarar tama√Īa aventura, y no aspira a ser un buen ciudadano ni al perfeccionamiento √©tico ya que ello es un √≠ndice de que no se lo posee. No hay mayor garant√≠a para luchar con las pasiones que la entrega a la Belleza y la Verdad, o sea al Conocimiento. Empero, debemos advertir que, en estadios inferiores de esta senda se adquiere cierto poder y son numeros√≠simas las personas que se quedan enganchadas en este mundo oscuro, las m√°s de las veces provocado por el resentimiento de no avanzar hacia la fuente luminosa que nos da el ser, es decir la asimilaci√≥n con el Ser Universal, que s√≥lo da la Gracia, y no las acciones. "Muchos son los llamados, y pocos los escogidos". (Mateo 22, 14)". En este mismo sentido se√Īalaremos al pasar que el tema de la traici√≥n aparece en distintas tradiciones, pero se encuentra singularmente destacado en el cristianismo, en el caso obvio de Judas (e igualmente en la Masoner√≠a con la muerte de Hiram -recordemos tambi√©n que Dante sit√ļa a los traidores en el c√≠rculo m√°s profundo del Infierno), y en el Islam, en las ra√≠ces mismas de la constituci√≥n del califato, transparente en el asesinato de Al√≠, ocurrido pocos a√Īos despu√©s que el de ‚ÄėUtman, el tercer califa, y seguido por el de su hijo Al-Husayn quien aseguraba la descendencia del Profeta ya que Al√≠ s√≥lo era el esposo de F√°tima, es decir su yerno. El problema del mal se encuentra as√≠ entretejido en la historia del bien, sin ser negado, o mejor, es asimilado a la historia del sacrificio, dando lugar al mito del traidor-h√©roe.

Volviendo al tema de las sectas puede observarse que, en particular el cristianismo, en vista de la popularidad de alguna de ellas, en especial entre los j√≥venes, decidi√≥ perseguir y satanizar estas alternativas por un lado, por otro tomar muchas de las caracter√≠sticas de la New-Age, modernizarse, con el objeto de atraer a un p√ļblico que irremisiblemente se alejaba de √©l.

En el caso del Islam, donde en ciertos n√ļcleos hasta la obra de Ibn Arabi no s√≥lo es sancionada, sino prohibida, la forma que toma esta subversi√≥n y rechazo a todo lo que no se imagina como propio, y la necesidad de imponer su espada sobre el resto llegan al extremo de hacernos creer que la shariyah es el tasawwuf, y organizaciones religiosas adulteran el sentido de la Paz, la Sumisi√≥n y el Amor, es decir la v√≠a de Suf√≠, y al aut√©ntico islamismo, al identificarlo con intereses particulares, ligados a lo hist√≥rico y relativo. En Occidente suele creerse que hay algo monobl√≥quico llamado Islam, cuando al contrario √©ste se encuentra dividido desde su comienzo en shi√≠tas y sunnitas -e incluso los igualmente ortodoxos kh√Ęwarij-, divisi√≥n que por cierto existe a√ļn, y que ha dado lugar a innumerables fragmentaciones, que igualmente sacan la espada unas contra otras, imaginando cada una de ellas que su posici√≥n es la verdadera, con un odio tal, que palidecen las reyertas cristianas; sin embargo, este odio com√ļn hace que en estos momentos se unifiquen en Occidente algunos sectores de estas religiones entre s√≠, en el fanatismo com√ļn, intelectual y moral, que tratan de vender con el nombre de tradicionalismo.

De hecho es correcto que no se puede ser suf√≠ sin ser musulm√°n y est√° claro que el estudio del Sagrado Cor√°n y los hadith y la profundizaci√≥n en la lengua √°rabe -asunto este √ļltimo que tambi√©n es casi indispensable en otras tradiciones como el tao√≠smo, el budismo mahayana, etc.- son propios de ella, sin embargo, estas posibilidades ni siquiera se les brindan a aqu√©llos que son enga√Īados por grupos -desgraciadamente con numerosos integrantes hoy en Europa y Am√©rica- que ofreci√©ndose como tariqah (verdadero esoterismo) s√≥lo se dedican a la ley, o shariyah, e insisten en que el cumplimiento de ella, del modo en que ellos la comprenden -inclusive tienen pretensiones pol√≠ticas-, es decir de modo arbitrario la mar de las veces, es el tasawwuf (iniciaci√≥n), y que el cumplimiento de sus normas y requisitos son requerimientos indispensables para obtener las bendiciones de un conocimiento que no pasa de lo religioso.

Desde luego no es as√≠ en todos los casos, pero son mayor√≠a la impostura de estos movimientos que, como en el caso del cristianismo y la New Age, tratan de aprovecharse amparados en la confusi√≥n y en las necesidades espirituales que caracterizan al Fin de Ciclo. Debemos agregar que algunas personas creen que ser descendiente directo del Profeta es una garant√≠a con respecto al Conocimiento, por lo que se debe destacar que de su descendencia se dan, y se han dado, todo tipo de casos, y en la √©poca actual se conocen alternativas de dirigentes pol√≠ticos -sin duda musulmanes- que no han tenido ninguna vinculaci√≥n con la metaf√≠sica, como los fallecidos reyes Hussein de Jordania y Hassan de Marruecos, o notorios play boys como lo fueron hace unos a√Īos el Aga Khan y su hijo Ali Khan, sin contar a fan√°ticos religiosos, inclusive a conocidos asesinos, o a personalidades que costar√≠a reconocer como isl√°micas, de lo que s√≥lo llevan el nombre, y que de tradicionales nada. Est√°n asimismo quienes disputan y se invalidan entre ellos la l√≠nea geneal√≥gica, que con tantos siglos y tantas esposas no siempre ser√° suficientemente clara.

En varias oportunidades hemos hecho notar la existencia de un aut√©ntico esoterismo cristiano, isl√°mico y jud√≠o, pero tambi√©n hemos advertido la dificultad de llegar a √©l por medio de las organizaciones que toman a esas religiones y sus aparatos como base imprescindible para la realizaci√≥n metaf√≠sica. Y que oran a un Dios externo ajeno a ellos mismos. Igualmente hemos advertido aqu√≠ sobre otros grupos relacionados con la New Age y tambi√©n sobre las fantasmagor√≠as al respecto. Con respecto a la Masoner√≠a, instituci√≥n inici√°tica occidental por excelencia, el panorama no es m√°s claro, aunque ha podido observarse en los √ļltimos a√Īos un inter√©s creciente en las logias por investigar en sus or√≠genes y acerca de sus aut√©nticos contenidos. Tampoco es f√°cil, a veces, ligar con talleres que practiquen sus ritos con aut√©ntico esp√≠ritu Tradicional y donde se provea al aprendiz -iniciado virtual- de los elementos que le permitan acceder adecuadamente a la Ense√Īanza. Empero, en la mayor parte de las logias se ha mantenido el rito inici√°tico, reflejo del rito c√≥smico, y cualquier hermano por su propia meditaci√≥n en los s√≠mbolos que se le ofrecen y los ritos que practica puede llegar a la comprensi√≥n del modelo del Universo, paso previo para encontrar all√≠ su salida a otros planos o niveles de conciencia, es decir, a otros mundos, que a√ļn invisibles o informales son tan reales como lo que se percibe con los sentidos. Esto supone como en toda iniciaci√≥n el ascenso a trav√©s de una escala, por medio de grados, en la que cada cual podr√° llegar a su destino, de acuerdo a sus necesidades o capacidades, como todo en la vida. Agregaremos que esta Tradici√≥n ha sido en una √©poca Herm√©tica-Cristiana en su forma de manifestarse, pero jam√°s un "Cristianismo Herm√©tico", lo cual salta a la vista por la respectiva antig√ľedad de ambas Tradiciones, sin mencionar otros motivos de diferente orden, o nivel.

S√≥lo queda se√Īalar algunos otros peligros que puede encontrar aqu√©l que se interese en la v√≠a de la realizaci√≥n intelectual-espiritual.

En efecto, acabamos de utilizar los vocablos intelectual y espiritual como equivalentes, seg√ļn la interpretaci√≥n que Gu√©non da de ellos, ya que la sabidur√≠a como tal es una forma de la santidad, y no necesariamente esto es v√°lido de modo inverso, cuando se supone que lo "milagroso" o lo "legal" en el plano natural es lo sobrenatural. Empero la Sabidur√≠a y el Conocimiento, por una cuesti√≥n de terminolog√≠a podr√≠an confundirse con una falsa intelectualidad y muchas veces, a√ļn peor, con la erudici√≥n y cat√°logos de citas, nombres, fechas, referencias, a saber: con inmensas minucias.

En ese sentido debemos sentar nuestra cr√≠tica a las universidades y a su labor profana, las que son manejadas por personajes adocenados, que posan de sabios y consideran a la universidad m√°s importante que el Conocimiento al tomar a su peque√Īa erudici√≥n como sabidur√≠a, o sea a lo que se entiende por referencias librescas como lo m√°s importante, y valoran a los autodidactas -as√≠ el caso de nuestro gu√≠a intelectual Ren√© Gu√©non- como algo menor. No se hagan ilusiones los aspirantes: en la senda del Conocimiento todos somos autodidactas en busca del Maestro Interior y no hay universidad que nos conduzca a la Suprema Identidad.

Esta actitud que acabamos de describir se debe, en numerosas ocasiones, a un tipo de conservadurismo al que nos aferramos y que impide nos desprendamos de lo que es nuestro tesoro. De hecho, la frase evangélica acerca de que "es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que entre un rico en el Reino de los Cielos" (Mateo 19, 24), no sólo se refiere a aquellos que atesoran dinero, sino a todos los que son o se consideran ricos en cualquier cosa, así eso sea la inteligencia, la virtud, la ciencia, el arte, la belleza o lo que fuere. Muchas veces se ha tomado el ejemplo de que si la copa del ego está llena, es imposible que pueda recibir los efluvios de lo celeste, las emanaciones divinas. La adquisición del Conocimiento, la Buena Nueva, es incompatible con un espíritu ahorrista que guarda algunas migajas "por si acaso". En la senda de la Iniciación esto es imposible dado que no se puede servir a dos amos a la vez. En definitiva en lo que se es más rico es en prejuicios e ilusiones, a las que asignamos valor sólo por los mecanismos de nuestra mente dual, la cual condiciona -cuando no programa- nuestras pautas de comportamiento.

Conclusión
En definitiva se debe considerar a este Fin de Ciclo, y a la Historia (tiempo) como moldeada constantemente por el Demiurgo que produce la permanente Obra de Arte, el dise√Īo creacional. El fin de la Historia, es pues, qui√©n lo duda, el fin del tiempo y la muerte de este Demiurgo.

La Historia del mundo (la de la Creaci√≥n) es el desarrollo de la potencialidad de la semilla, g√©nesis que incluye un ascenso (ni√Īez, juventud) y un descenso (madurez, vejez) y es coronado por un apocalipsis.

Si se considera a este apocalipsis como el viaje del alma post-mortem, es decir como la descripci√≥n del proceso inici√°tico, que transmuta y da sentido a la creaci√≥n, la Historia del mundo, pero igualmente la del hombre, ser√≠an una revelaci√≥n y adquirir√≠an una nueva dimensi√≥n, es decir, un sentido √ļltimo, que posibilitar√≠a el origen de cualquier otro desarrollo.

La Tradici√≥n, es decir el Arquetipo en acci√≥n, es id√©ntica a la actualizaci√≥n permanente del ser -que jam√°s ha salido de s√≠- y su reabsorci√≥n en el S√≠ Mismo cuando esa Tradici√≥n se acaba y cesa de girar el movimiento de la Rueda. Este instante de detenci√≥n, an√°logo al solsticio en el a√Īo, y por lo mismo de simultaneidad, es la coyuntura por la cual el tiempo se hace Eternidad, lo c√≥smico es un soporte de lo suprac√≥smico, y se realizan otros estados del Ser Universal, y donde una vez que este tiempo es absorbido por el espacio, da lugar a un nuevo mundo, a una nueva humanidad, fabricados por un nuevo Demiurgo, por su perpetua readecuaci√≥n a las leyes de los ciclos.

El misterio de todo esto que para algunos es la culminación y el sentido de su vida, a otros no debe quitarles la Esperanza y la auténtica Fe en un mundo futuro, virginal y nuevo, con la frescura de otro amanecer, al que debemos arribar por medio del sacrificio, y aun del sufrimiento que caracteriza a cualquier re-generación, después del cual ya el dolor, la enfermedad, la ignorancia y la muerte han sido de una vez por todas abolidos, contemporáneamente con la entrada al Paraíso de una Nueva Edad de Oro, tanto para nosotros como para nuestros semejantes.

Publicado por Juan José
Fuente:
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