SÚCUBO

Fecha 7/10/2010 15:13:12 | Tema: Mitos y Leyendas

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Los sĂșcubos son el producto de las fantasĂ­as sexuales de la edad media. Son seres femeninos, a veces demonios, otras vampiros, que adoptan la forma de una mujer irresistible y se introducen en los sueños, e incluso en las alcobas de sus vĂ­ctimas.

Significado de la palabra: SĂșcubo.
La palabra sĂșcubo es una contracciĂłn del latĂ­n succubus, que significa yazgo debajo, o succubare, yacer debajo. Es decir, un sĂșcubo es alguien -o algo- que queda debajo de otra persona. El tĂ©rmino explica bastante bien las tendencias poco acrobĂĄticas de estas vampiresas del sexo, aunque no deja de ser peyorativo ya que en Roma se conocĂ­a a las prostitutas de arte mezquino como succubas, las que yacen debajo. En otras palabras: las muertitas.

VĂ­ctimas de los sĂșcubos.
En la edad media se pensaba que los sĂșcubos atacaban a las personas de carĂĄcter sensible, o que estuviesen sujetos a cierto ascetismo sexual, tales como los jĂłvenes y los monjes. Algunos empiristas han querido ver en la figura del sĂșcubo una explicaciĂłn fantĂĄstica para las poluciones nocturnas, ejercicio imprevisible y decididamente inconveniente para la vida monĂĄstica.
ÂżDe quĂ© se alimenta un sĂșcubo? Ciertamente los sĂșcubos no efectĂșan sus asaltos por amor al sexo. El Martillo de las Brujas (Malleus Maleficarum) observa oscuramente que los sĂșcubos recolectan el semen de los monjes para realizar siniestros rituales, detalle congruente con la idea medieval de que los demonios no pueden reproducirse.

Otras versiones mĂĄs cercanas al vampirismo anotan que los sĂșcubos se alimentan de sangre a travĂ©s de pequeñas incisiones realizadas en el pecho de las vĂ­ctimas en pleno fragor amoroso.

Pero el verdadero ataque del sĂșcubo se consuma mucho despuĂ©s del sexo. Se dice que sus vĂ­ctimas ya no pueden dejar de pensar en ellas, su recuerdo se mantiene vivo y horroroso a travĂ©s de los dĂ­as, haciendo imposible que los desdichados funcionen en la vida social. Los estados melancĂłlicos provocados por los sĂșcubos han sido extensamente comentados, y casi todos coinciden en la cura mediante severos baños frĂ­os y duros ayunos carnales.

El aspecto de los sĂșcubos.
La apariencia de los sĂșcubos no es universal, cambia en en funciĂłn de las fantasĂ­as sexuales de su vĂ­ctima. Los comentadores medievales coinciden en hablar de mujeres de una belleza sobrenatural, irresistible, pero siempre con algĂșn detalle que revela su naturaleza demonĂ­aca, tales como tener los pies embarrados, colmillos excesivamente agudos, orejas afiladas, y otros matices aterradores.

Varios eruditos precipitados ubican a Lilith, la madre de los vampiros, como el primer sĂșcubo; olvidando que el mito de Lilith se construye sobre la idea de que ella se resistĂ­a a adoptar una posiciĂłn pasiva durante el sexo, es decir, a someterse a AdĂĄn; motivo por el que Dios la condena al desierto bajo la forma de una serpiente descomunal. QuizĂĄs esta apariencia serpentina, rasgo que a veces surge en las extremidades de los sĂșcubos, sea la razĂłn de su inclusiĂłn en esta estirpe infernal.

El sĂșcubo mĂĄs aterrador.
El Ășnico sĂșcubo que ostenta cierta popularidad es el demonio Abrahel, a quien se lo llama: La reina de los sĂșcubos. No obstante, esta fama discreta no se compara con el horror que transita las inmensidades desĂ©rticas en la leyenda de sĂșcubos mĂĄs inquietante de todas.

Tiene lugar luego de la primera cruzada, cuando las tradiciones ĂĄrabes comenzaron a filtrarse hacia occidente. Algunos caballeros afirmaban que en el desierto se hallaba un sĂșcubo particularmente cruel, de aspecto femenino, embriagador, llamado Um al Dua. Se la describe emitiendo una fragancia narcĂłtica y cabalgando sobre un asno blanco. Todos aquellos que caen bajo el influjo de sus aromas se arrojan en sus brazos, sĂłlo para yacer triturados por su sexualidad dentada (recordemos que el mito de la vagina dentada es de los mĂĄs populares y arcaicos de la humanidad). Cada tanto -anota la tradiciĂłn- llegan a los pueblos ciertos caminantes de apariencia desgraciada, con la mirada perdida, exĂĄnimes, famĂ©licos, balbuceando extrañas historias sobre vulvas dentadas y besos amargos. Éstos son los despojos gastronĂłmicos de aquel sĂșcubo de las arenas interminables.

Aelfwine.
Fuente:
http://elespejogotico.blogspot.com/
http://revistadigitalavalon.es/?p=2894



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