EL EXORCISTA, LA VERDADERA HISTORIA.

Fecha 28/9/2010 17:57:47 | Tema: Enigmas y Misterios

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William Peter Blatty, autor de El Exorcista, era un joven estudiante de literatura en la universidad jesuita de Georgetown (Washington DC) cuando, en agosto de 1949, ley√≥ una noticia en el diario The Washington Post: ‚ÄúUn sacerdote libra a un joven de Mount Rainier de las garras del demonio‚ÄĚ. Veinticinco a√Īos despu√©s, tras investigar los hechos y cambiar ‚Äď a petici√≥n del padre Bowdern, sacerdote que practic√≥ aquel exorcismo ‚Äď la identidad del protagonista, por la de una ni√Īa, escribi√≥ una novela de la que se vendieron trece millones de ejemplares. Dos a√Īos m√°s tarde la convirti√≥ en el gui√≥n de la m√≠tica pel√≠cula del mismo nombre. Seg√ļn Blatty, Bowdern, obligado por el juramento de secreto a no hablar del exorcismo, le dijo √ļnicamente: ‚ÄúPuedo asegurar que el caso en que me vi implicado era aut√©ntico‚ÄĚ.

El arzobispado local ha eludido en diversas ocasiones la entrega de los documentos oficiales respecto a este caso, ‚Äúpor razones serias y validas‚ÄĚ seg√ļn sus propias palabras, pero nunca ha negado su existencia. Hoy, sin embargo, conocemos todos los detalles gracias a Tomas B. Allen quien, cuarenta a√Īos despu√©s, consigui√≥ que el padre Halloran ‚Äď uno de los nueve jesuitas que asistieron a Bowdern ‚Äď le facilitara un diario del exorcismo. Este escrito fue hallado en 1978, durante las obras del hospital de los hermanos de los pobres de Saint Louis, en una de cuyas habitaciones, clausurada hasta esa fecha, se produjo el exorcismo √ļltimo y definitivo. Se trata de veintis√©is p√°ginas mecanografiadas en las que se recogen los testimonios de 48 personas que asistieron a la v√≠ctima y contemplaron de cerca su endiablado estado.
El maligno se manifiesta
Todo empez√≥ con el ruido de un suave goteo en casa de los Mannheim ‚Äď los nombres son falsos ‚Äď, en Mount Rainier (estado de Washington). All√≠ viv√≠a Robbie, un chico de 13 a√Īos, con su abuela materna, su madre y su padre. El persistente sonido se inici√≥ un s√°bado por la noche. El ni√Īo y su abuela se hallaban solos y realizaron una gira por las habitaciones buscando el origen del ruido. Al entrar en el dormitorio de la anciana, vieron que en un cuadro en el que se representaba a Jes√ļs estaba torcido y se mov√≠a como si alguien golpeara la pared tras √©l. El goteo ces√≥ para dar paso al chirrido de unos ara√Īazos tras la pared, ‚Äúcomo si una garra rascara la madera‚ÄĚ. Los ara√Īazos continuaron oy√©ndose durante once d√≠as. Comenzaban hacia las siete de la tarde y paraban a media noche. Curiosamente, se detuvieron el d√≠a en que muri√≥ Harriet, una t√≠a espiritista de Robbie, que hab√≠a ense√Īado al muchacho a manejar el tablero ouija. A partir de aquel momento, Robbie pasaba horas enteras jugando con la ouija, intentando entrar en contacto con su querida t√≠a difunta. Fuera √©sta o no la causa de la posesi√≥n, el hecho es que los fen√≥menos paranormales comenzaron a producirse a su alrededor sin interrupci√≥n. Al irse a dormir o√≠a pasos junto a su cama y, durante el d√≠a, objetos y muebles pesados se deslizaban por el aire o se volcaban solos. Sus parientes pod√≠an ver girar vertiginosamente las sillas en que Robbie se sentaba. √Čl insist√≠a en que no era culpa suya. Pero la fenomenolog√≠a crec√≠a y lleg√≥ a un punto de paroxismo la noche en que, para ahuyentar el miedo del chico, su abuela y su madre se acostaron con √©l. De pronto el colch√≥n levit√≥ y colcha y s√°banas ‚Äď completamente estiradas ‚Äď se elevaron ante sus ojos como si algo invisible tirara de las esquinas.

La familia consult√≥ a m√©dicos, psiquiatras y psic√≥logos, que declararon normal a Robbie. Tambi√©n a m√©diums que diagnosticaron una crisis de adolescente que pasar√≠a a su tiempo. Pero Robbie ya no pod√≠a siquiera ir al colegio: su pupitre daba saltos y golpeaba los de los dem√°s ni√Īos. Hab√≠a comenzado a volverse hosco y reservado. Adem√°s, durante las noches ten√≠a pesadillas en las que parec√≠a hablar con alguien. Sus padres se dirigieron a un sacerdote luterano llamado Schulze quien, creyendo estar ante un poltergeist, rez√≥ por el muchacho. Pero, tras pasar una noche con √©l y ser testigo directo de la aterradora fenomenolog√≠a que rodeaba a Robbie y, sobre todo, al aparecer el 26 de enero sobre el pecho del ni√Īo unos ara√Īazos en forma de letra, ‚Äúcomo si alguien los hubiera trazado desde dentro con un cuchillo‚ÄĚ, Schulze comenz√≥ a pensar que un poder maligno hab√≠a invadido al muchacho.

Es sabido que la posesi√≥n demon√≠aca se manifiesta, progresivamente, de tres formas: infestaci√≥n (el demonio act√ļa sobre la materia circundante y produce fen√≥menos telequin√©ticos de toda √≠ndole); obsesi√≥n (atormenta a la v√≠ctima sin hacerla perder el conocimiento pero de modo evidente); y posesi√≥n (invade el cuerpo de la persona y lo trata como propiedad suya). Para Schulze, Robbie estaba a punto de pasar a la tercera fase, as√≠ que recomend√≥ a la familia consultar a un sacerdote cat√≥lico: ‚ÄúEllos entienden de estas cosas‚ÄĚ. Y es que, mientras las iglesias luteranas no conceden ninguna credibilidad teol√≥gica a la existencia del demonio, la cat√≥lica tiene una larga tradici√≥n de exorcismos que se remonta a los realizados por Jes√ļs. Adem√°s, desde los comienzos de la Cristiandad, cuentan para practicarlos con un ritual que se formaliz√≥ en 1614 bajo el nombre de Rituale Romanum.

Fue as√≠ como los Mannheim se pusieron en contacto con el padre Hughes, p√°rroco de la iglesia cat√≥lica m√°s cercana. Al principio √©ste se limit√≥ a darles agua bendita y unos cirios consagrados, remedios infalibles contra el demonio. Pero la botella con agua bendita explot√≥ al entrar en el dormitorio de Robbie y las velas, al ser prendidas, lanzaron tales llamas que casi incendiaron la casa. Entonces Hughes decidi√≥ visitar al chico. Al parecer, Robbie estaba en la cama, en estado de trance, y le recibi√≥ dici√©ndole en lat√≠n: ‚ÄúOh, sacerdote de Cristo, sabes que soy un demonio. ¬ŅPor qu√© me molestas?‚ÄĚ.

Precisamente, seg√ļn el Rituale Romanum, la capacidad de hablar o entender una lengua extranjera desconocida anteriormente por la persona es una de las caracter√≠sticas de la posesi√≥n, sobre todo si va unida a la exhibici√≥n de una fuerza sobrehumana, el conocimiento de hechos ocultos o futuros y una profunda aversi√≥n hacia lo sagrado que se manifiesta incluso hacia las medallas, cruces o reliquias ocultas. As√≠ que Hughes ‚Äď tal y como indica el ritual ‚Äď solicit√≥ permiso para practicar un exorcismo al arzobispo de Washington, O‚ÄôBoyle, quien, incomprensiblemente, se lo concedi√≥. Y es que en el Rituale se dice expresamente que ‚Äúel sacerdote designado para hacer un exorcismo, adem√°s de distinguirse por su piedad, prudencia y vida √≠ntegra, debe ser inmune a cualquier ansia de engrandecimiento personal y no confiar en su poder sino en el divino, as√≠ como de edad madura y reverenciado no s√≥lo por su cargo sino por sus cualidades morales‚ÄĚ. Caracter√≠sticas todas ellas que Hughes, a sus 29 a√Īos de edad, no hab√≠a tenido tiempo de reunir. Tampoco sigui√≥ el joven p√°rroco otra instrucci√≥n del ritual, a saber: ‚ÄúRecurrir a un estudio profundo del asunto (‚Ķ) examinando los autores aprobados y los casos producidos‚ÄĚ. Quiz√° por todo ello, aunque realiz√≥ una confesi√≥n general, ofreci√≥ misa y oraciones especiales e incluso ayun√≥, el exorcismo result√≥ tr√°gico.

A finales de febrero, Robbie fue ingresado en el Georgetown Hospital, dirigido por jesuitas y atendido por monjas que guardaron el m√°s absoluto secreto. Fue atado con correas a una cama y permaneci√≥ tumbado con los ojos cerrados, aparentemente tranquilo. Al entrar Hughes en la habitaci√≥n, tocado con birrete negro, estola p√ļrpura al cuello y con un reluciente aspersor de agua bendita, Robbie ‚Äúdespert√≥‚ÄĚ y con voz perentoria le orden√≥ quitarse la cruz que llevaba oculta. Asimismo se dice que empez√≥ a proferir juramentos en lengua sem√≠tica y aramea y en su pecho comenzaron a aparecer nuevos ara√Īazos.

Hughes se arrodill√≥ junto a la cama con el ritual en las manos, recit√≥ la Letan√≠a de los Santos en lat√≠n y luego el Padre Nuestro con el que comienzan las oraciones propias del exorcismo, pero al decir ‚ÄúMas l√≠branos del mal‚ÄĚ, Robbie logr√≥ desasir una de sus manos y aflojar una pieza del somier‚Ķ La monja y el auxiliar presentes oyeron de pronto un alarido de Hughes‚Ķ Robbie hab√≠a rajado el brazo izquierdo del sacerdote desde el hombro hasta la mu√Īeca.

Alguien dijo que para cerrar la herida fueron necesarios más de 100 puntos. El exorcismo no prosiguió. Hughes sufrió una crisis nerviosa y abandonó Mount Rainier durante un tiempo.

Las murmuraciones de los vecinos, la desesperaci√≥n o el hecho de que el cuerpo de Robbie empezara a actuar como un tablero ouija formando palabras con ara√Īazos, fueron el detonante para que sus padres se trasladaran a St. Louis, donde ten√≠an parientes. All√≠, la familia pidi√≥ consejo al padre J. Bishop, profesor de teolog√≠a.

Bishop habl√≥ con sus superiores y parece que la comunidad jesuita se hizo cargo del asunto. El 9 de marzo, √©ste visit√≥ por primera vez a los Mannheim. Les interrog√≥ sobre lo sucedido y realiz√≥ aspersiones con agua bendita por toda la casa. Especialmente en el dormitorio de Robbie, donde adem√°s practic√≥ un exorcismo simple y coloc√≥ una reliquia de Santa Margarita sobre la almohada. Todo fue in√ļtil. La reliquia sali√≥ disparada y rompi√≥ un espejo y el propio Bishop presenci√≥ el fren√©tico movimiento de la cama de Robbie y los ara√Īazos que aparecieron en su cuerpo. Al d√≠a siguiente habl√≥ con el padre William S. Bowdern, jesuita de 52 a√Īos, responsable de la iglesia de San Javier y considerado como un hombre santo por quienes le conoc√≠an. Por indicaci√≥n del arzobispo Ritter, habr√≠a de ser Bowdern quien llevara a cabo el exorcismo.

El 10 de marzo por la noche, Bishop y Bowdern hablaron con Robbie y rezaron el rosario con √©l. El ni√Īo parec√≠a tranquilo, pero en cuanto le dejaron solo en su habitaci√≥n volvi√≥ a gritar pidiendo ayuda. Poco despu√©s mostraba dos ara√Īazos en forma de cruz en sus antebrazos, algo que no dej√≥ de extra√Īar a los jesuitas que en secreto hab√≠an llevado una reliquia del antebrazo de san Javier. Los sacerdotes calmaron a Robbie y le bendijeron. Pero, en cuanto le abandonaron, Robbie sufri√≥ una gran crisis durante la cual una librer√≠a de 25 kilos se movi√≥ sola coloc√°ndose ante la puerta de su dormitorio. Su madre logr√≥ introducirse por una rendija en la habitaci√≥n a tiempo para ver c√≥mo el crucifijo y las reliquias que los sacerdotes le hab√≠an puesto se deslizaban solos por su cuerpo hasta quedar a los pies de la cama. Los muebles hab√≠an cambiado de sitio por s√≠ mismos, el ni√Īo se retorc√≠a de dolor debido a los ara√Īazos y las sacudidas del colch√≥n eran fren√©ticas.

Tras haber ayunado, celebrado misa y hecho su confesi√≥n general, el 16 de marzo por la noche, Bowdern inici√≥ el exorcismo que habr√≠a de prolongarse en sucesivas sesiones hasta el 18 de abril. Comenz√≥ pidiendo al ni√Īo que hiciera un examen de conciencia. Luego fue en busca de toda la familia y de los otros sacerdotes: Bishop, que habr√≠a de escribir el diario, y Halloran, de 26 a√Īos, cuya fuerza era necesaria para sujetar al poseso. Tras rociar con agua bendita la cama, que no dejaba de moverse, comenz√≥ a leer las letan√≠as del ritual. Cuando dijo: ‚ÄúYo te ordeno, esp√≠ritu impuro, seas quien seas, junto con todos tus asociados que han tomado posesi√≥n de este siervo de Dios, que, por los misterios de la Encarnaci√≥n, Pasi√≥n, Resurrecci√≥n y Ascensi√≥n de nuestro Se√Īor me digas mediante alguna se√Īal tu nombre, el d√≠a y la hora de tu partida‚Ķ‚ÄĚ, ronchones rojos y ara√Īazos cruzaron la garganta, los muslos, el est√≥mago, la espalda y el rostro de Robbie. En su pecho apareci√≥ la palabra hell (infierno), y hab√≠a sangre suficiente para ser secada con un pa√Īuelo. Sobre el escaso vello p√ļbico del ni√Īo tambi√©n se dibuj√≥ la letra X y la palabra go (ir). Bowdern interpret√≥ que el demonio se ir√≠a en diez d√≠as a trav√©s de la orina o los excrementos. En lo primero se equivoc√≥. En lo segundo no. Pues, en cada sesi√≥n de exorcismo, sal√≠an de Robbie grandes cantidades de orina maloliente.

A partir de ese d√≠a, la lucha contra el mal fue ganando la batalla. Durante otra sesi√≥n, al preguntar al demonio su nombre, se dibuj√≥ con ara√Īazos sobre el pecho de Robbie la palabra spite (rencor). No obstante, durante el d√≠a Robbie era un muchacho normal, algo caracter√≠stico de los posesos. S√≥lo durante los per√≠odos de crisis, que a veces duraban horas y que, salvo en raras ocasiones, se presentaron siempre de noche, parec√≠a ser otra persona.

Chillaba, ladraba, re√≠a diab√≥licamente, insultaba y maldec√≠a al o√≠r las plegarias o el nombre de Jes√ļs. Y, al ir avanzando el exorcismo, comenz√≥ a hablar con una voz profunda, ronca, y a volverse m√°s violento.

Gritaba obscenidades a los sacerdotes, les acusaba de terribles actos sexuales y les escup√≠a. Su delgado cuerpo se arqueaba tanto que pod√≠a tocarse la cabeza con los dedos de los pies. Cantaba melod√≠as que desconoc√≠a. Agitaba los brazos desesperadamente y, en cuanto se ve√≠a libre de ataduras, soltaba violentos pu√Īetazos.

La √ļltima se√Īal
Robbie era luterano y el padre Bowdern decidi√≥ bautizarle para acogerle en el seno de la Iglesia Cat√≥lica. Adem√°s, el bautismo es otra forma de exorcizar. Sin embargo, tras recibir este sacramento, se torn√≥ m√°s agresivo. La voz del demonio sal√≠a con m√°s frecuencia durante las crisis, hablaba con m√°s autoridad, y profer√≠a m√°s obscenidades. Su rostro adquir√≠a expresiones diab√≥licas y sus u√Īas, extraordinariamente largas, ara√Īaban su pecho.

Conforme avanzaba la batalla, a los per√≠odos de crisis se suced√≠an estados de calma en los que el chico proyectaba un aura siniestra que los exorcistas llaman ‚Äúel roce de Satan√°s‚ÄĚ. En cierta ocasi√≥n estuvo cuatro d√≠as muy tranquilo, pero era s√≥lo otra treta del maligno que, ‚Äúa veces, deja al cuerpo libre de molestias para hacer creer que ha sido expulsado‚ÄĚ, se√Īala el Rituale.

Finalmente, tras pasar por un verdadero calvario, durante el cual estuvo alojado en la rector√≠a de la Iglesia de San Javier, Robbie regres√≥ en tren a Maryland y volvi√≥ de nuevo a Saint Louis. El ni√Īo fue ingresado a principios de abril en el hospital de los hermanos de los pobres.

El d√≠a 18 de ese mes, el padre Bowdern, consumido por el prolongado ayuno y la vigilia, se enfrent√≥ a la que ser√≠a la √ļltima batalla. Robbie hab√≠a comulgado ese d√≠a y los hermanos de los pobres hab√≠an puesto en su habitaci√≥n una estatua del arc√°ngel San Miguel venciendo al drag√≥n. Con el √ļltimo am√©n del exorcismo la habitaci√≥n pareci√≥ invadida de una calma absoluta y Robbie habl√≥ con una nueva voz, clara, autoritaria, rica y profunda: ‚ÄúSatan√°s, Satan√°s, soy san Miguel y te ordeno a ti y a los otros esp√≠ritus malignos que abandon√©is el cuerpo en nombre de Dominus, inmediatamente, ¬°ahora, ahora, ahora!‚ÄĚ. Entonces, durante 7 u 8 minutos, Robbie se debati√≥ entre violent√≠simas contorsiones. Luego, dijo con calma: ‚ÄúSe ha ido‚ÄĚ. Mir√≥ a los sacerdotes y asegur√≥ sentirse bien. Todos se felicitaron. Todos menos Bowdern, que ya no se fiaba del maligno y esperaba una se√Īal caracter√≠stica del final exitoso del exorcismo. Robbie cont√≥ que hab√≠a visto en sue√Īos como el arc√°ngel se hab√≠a encarado con el diablo haci√©ndole retroceder hacia una cueva cerrada con barrotes en cuya entrada estaba la palabra spite. Cuando los demonios desaparecieron, not√≥ como si algo tirara de su est√≥mago. Luego se sinti√≥ relajado y feliz como no lo hab√≠a estado desde el 15 de enero. A la ma√Īana siguiente comulg√≥ en la capilla del hospital. Por la tarde durmi√≥ una larga siesta.

Cuando despert√≥ parec√≠a no recordar nada de su penosa experiencia. ‚Äú¬ŅD√≥nde estoy? ¬ŅQu√© ha ocurrido?‚ÄĚ, pregunt√≥. En esos momentos, una explosi√≥n reson√≥ en todo el hospital. Era la se√Īal que Bowdern esperaba. Cuando Robbie sali√≥ del hospital, su habitaci√≥n fue clausurada con llave. En el caj√≥n de la mesilla permaneci√≥ el diario de Bishop hasta ser hallado en 1978.

Poco después de finalizar el exorcismo, durante una misa celebrada por Bowdern en la iglesia de San Francisco Javier, el ábside se iluminó y ante los asombrados jesuitas allí reunidos brilló por un instante la imagen de san Miguel, con una espada llameante en la mano.

La casa donde se iniciaron los hechos fue quemada durante un ejercicio de bomberos. Hoy tan sólo queda el solar, pero nadie quiere comprarlo.

A pesar de las amenazas de muerte prematura que el demonio hizo a los exorcistas, el padre Bowdern muri√≥ en 1983 con 86 a√Īos y Bishop en 1978 con 72. En cuanto a Robbie, su vida transcurri√≥ con normalidad. Se cas√≥ y tuvo dos hijos.

No tuvieron tanta suerte algunas de las personas implicadas en el rodaje del film, William Friedkin, el director, recibi√≥ numerosas amenazas por parte de grupos satanistas. Cuatro miembros del equipo murieron en misteriosas circunstancias. La desaparici√≥n de objetos ‚Äď incluidas varias cintas con escenas ya filmadas ‚Äď era frecuente. En fin, tal c√ļmulo de desgracias que ha llevado a algunos a sugerir que sobre la pel√≠cula pesa una maldici√≥n.

Publicado por zapotudo
Fuente:
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