EL SECRETO DE LOS GRIMORIOS MEDIEVALES.

Fecha 27/8/2010 15:43:11 | Tema: Enigmas y Misterios

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La √©poca medieval nos ha legado un buen n√ļmero de manuscritos y de Grimorios, de f√≥rmulas llenas de extra√Īas pr√°cticas y de recetas que son tan fant√°sticas las unas como las otras; pero tambi√©n, y sobre todo, de un saber esot√©rico secular, que ha sido transmitido por ocultistas y magos.

Con el paso del tiempo estos grimorios han ido ganando popularidad entre todos los practicantes, ocultistas, magos y hechiceros, en función de los prometedores resultados que aseguran a quienes sepan emplear los rituales de forma correcta.
A la cabeza de todos estos manuscritos se encuentran los fabulosos Albertos, atribuidos a un monje dominico; el Gran Alberto y el Peque√Īo Alberto, el Drag√≥n Rojo, tambi√©n conocido con el nombre de Gran Grimorio, el m√≠tico Drag√≥n Negro, el Grimorio del Papa Honorio, el Enchiridi√≥n del Papa Le√≥n III, las Clav√≠culas de Salom√≥n y tantos otros, sin olvidarnos de mencionar la larga contribuci√≥n de pr√°cticas celtas y dru√≠dicas.

La magia medieval constituye, a su manera, la ciencia del bien y del mal; es un medio esotérico de manipular y de controlar estas fuerzas opuestas. En pasadas épocas -y debido fundamentalmente al enorme poder de la Iglesia-, el mundo se hallaba dividido en dos partes bien distintas: el cielo y el infierno; los buenos que estaban al servicio de Dios, y los malos que se hallaban bajo el poder del Príncipe de las Tinieblas. Esta cosmogonía no podía ser más dualista, y los ángeles, diametralmente opuestos a los demonios, combatían sin descanso los propósitos de Lucifer.

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Si se tiene en cuenta esta forma de pensar, se comprende la razón de que los abundantes grimorios medievales estén colmados de innumerales rituales de evocación, con objeto de llamar y apremiar al Príncipe de las Tinieblas y a sus huestes, para exigir de tales seres las riquezas materiales y todos los tesoros de este mundo, en nombre del Dios todopoderoso. Los ocultistas ya conocían en aquellos tiempos el secreto que, mediante la personalización de la Fuente Eterna de Luz y de Amor, podía someter a los espíritus rebeldes más irreductibles.

A la luz de esto y tomando un poco de perspectiva al acercarnos a las pr√°cticas que estaban en curso en aquellas √©pocas, se comprende que a toda persona de la que se sospechase que estuviera vinculada a la brujer√≠a y que, por tanto, tuviera comercio con el diablo, se la quemase viva. Pero lo que todav√≠a nos sorprende m√°s, puesto que es algo que se ignora, es que la mayor√≠a de esos manuscritos ocultos eran obra de sacerdotes, de monjes y hombres de la Iglesia. Sin embargo, el catolicismo de la √©poca medieval -siempre preocupado por mantener su influencia y poder sobre el pueblo- ense√Īaba que todo aquello que estuviera fuera de las normas establecidas no pod√≠a ser m√°s que la obra del diablo.

Sea como fuere, en la gran mayoría de los casos nunca se trataba de auténticos brujos, sino de simples personas que vivían en soledad, alejadas de la sociedad y que muy frecuentemente poseían grandes conocimientos. A estos pseudobrujos hoy se les da el nombre de herboristas, astrólogos, etc.

Fuentes:
La magia medieval

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