LA AVENTURA CUANTICA

Fecha 18/8/2010 1:24:43 | Tema: Enigmas y Misterios

Por Liliana Flotta de Grosso

El primer principio de la antigua filosofía hermética dice: "El Todo es mente, el Universo es Mental".
H√©rmes Trismegisto, el "tres veces grande", emiti√≥ los siete principios o axiomas de su filosof√≠a hace miles de a√Īos, tanto, que se pierden en la noche de los tiempos. Estos axiomas b√°sicos que desarrollan la filosof√≠a herm√©tica se reconocen como fundamento de todas las religiones.
Además de decirnos que el Universo es una creación mental del Todo, Hérmes nos advierte que detrás de toda la creación hay una Mente Absoluta.
Esta Mente Creadora nos es totalmente desconocida como tal y solo podemos tener acceso a ella a través de su manifestación inmanente e inherente ebn al que nos incluimos nosotros mismos; y siguiendo otro de los principios herméticos "Cómo es arriba es abajo", nuestro conocimiento (humanamente deficiente y escaso) puede concebirse por analogía. Esto es, descubriendo nuestra propia mente.
Si bien no sabemos en que consiste, que es en realidad nuestra mente, es nuestro motor ya que la relacionamos con inteligencia, memoria, capacidad, reacción, vida. Y de esta manera podemos conocer sus alcances, su potencialidad.
Pero a√ļn as√≠ nuestra propia mente tiene a√ļn infinidad de misterios que develar, por ejemplo, habida cuenta de que habitamos un Universo de origen mental y que nosotros somos seres mentales,:¬ŅQu√© incidencia tendr√≠amos en el medio que nos rodea?
Desde que H√©rmes escribiera el Pymander hace tal vez diez mil a√Īos y los libros sagrados de las mas antiguas religiones se dieran a conocer, cinco mil a√Īos despu√©s, el hombre com√ļn avanza lenta pero firmemente en el conocimiento a trav√©s de la ciencia f√≠sica, o sea, de lo manifestado. Aprendiendo de esta manera a manejar la materia, la Humanidad se encamina a manejar las energ√≠as cada vez m√°s sutiles, descubriendo que existen otros mundos en √©ste, nuestro Universo, otras dimensiones desconocidas para la percepci√≥n tridimensional en que estamos sumidos, pero no para la mente, que para pre descubrir esos mundos invent√≥ las matem√°ticas.
Y digo pre descubrir porque mentalmente el hombre puede penetrar en cualquier momento (Tiempo), en cualquier lugar (Espacio).
Volviendo a los conocimientos adquiridos en los √ļltimos ochenta a√Īos, los f√≠sicos nos presentan un Universo parad√≥jico ya que la aparente organizaci√≥n que presenta el macrocosmos se le opone el caos que se encuentra en el microcosmos. Sutilmente la naturaleza nos obliga a indagar cada vez con mayor profundidad en sus misterios, mostr√°ndonos que nada tenemos resuelto.
Primero fue el descubrimiento de la composición atómica de la materia, el átomo se dividió en sus componentes: protón, neutrón, electrón y desde comienzos del siglo veinte se empezaron a conocer los elementos constitutivos de éstos, que el el famoso físico Max Plank denominó "cuantos". Este es el comienzo de una nueva aventura, que obliga a una mayor apertura mental debido a las consecuencias que se derivan de la teoría cuántica.
El aceptarla literalmente implica el aceptar tambi√©n que con nuestro Universo conocido, coexisten miles de millones de otros universos, algunos casi id√©nticos al nuestro, otros disparatadamente distintos, habitados por mir√≠adas de copias casi exactas de nosotros mismos, tambi√©n implica que este universo que observamos no es la realidad objetiva y que, o bien se acepta la realidad m√ļltiple de los mundo paralelos, o bien se niega que el mundo real exista, independientemente de nuestra percepci√≥n de √©l. Y tal vez, lo m√°s asombroso sea que la teor√≠a ya en experimentaci√≥n demuestra que la realidad, no es una propiedad del mundo exterior por si misma, sino que est√° integrada a nuestra presencia como observadores conscientes. Otra vez la mente en el centro de la escena.
Esta idea supone que el Universo sólo alcanza una existencia concreta como resultado de ser percibido por sus propios habitantes.
El Universo es Mental. Pero vamos a adentrarnos en el mundo sub-atómico para conocer un poco más el irreal Universo que percibimos.
Acostumbramos a pensar en las cosas de este Universo como en objetos concretos, con formas, pero sucede que nuestra imaginación con respecto a las partículas sub-atómicas nos traiciona.
Los electrones, por ejemplo, no son objetos, ni siquiera puntuales como podríamos suponer, en el sentido de tener una existencia independiente bien definida y una identidad individual.
En el √°tomo se los identifica como una nube que pasea alrededor del n√ļcleo, por lo tanto, en lugar de imaginar al √°tomo como un sistema solar, deber√≠amos imaginarlo como una galaxia. "Como es arriba es abajo".
Lo extra√Īo de ellos es su comportamiento. Descubierto en un experimento por el f√≠sico norteamericano Clinton J. Davisson en 1920 y confirmado en 1927 por el mismo cient√≠fico, revel√≥ que los electrones se comportan como ondas a la vez que como part√≠culas, descubrimiento que luego se extiende a todas las formas materiales primordiales: protones, neutrones, fotones, etc.
¬ŅCu√°ndo como onda, cuando como part√≠cula? Pues, result√≥ asombroso confirmar en diversos laboratorios del mundo, que lo decid√≠a el experimentador seg√ļn su particular deseo de medir la velocidad o la posici√≥n de un electr√≥n.
Al no resultar posible saber al mismo tiempo donde está un electrón determinado y que velocidad lleva, se formuló la Ley de Incertidumbre de Heisemberg.
Un electrón está sometido a la incertidumbre hasta que una mente humana se interesa por él.
Otro sorprendente descubrimiento debido a la mecánica cuántica es el de que la materia en su mínima expresión está sometida a la ley del menor esfuerzo.
Al parecer, los electrones, por ejemplo, no quieren esforzarse demasiado, igual que los humanos.
Pero eso no es todo (aparentemente es solo es comienzo). Los electrones no deben conocer solamente la √≥rbita que siguen, sino tambi√©n las de otros electrones y las trayectorias que nunca siguen. Dado que seg√ļn la energ√≠a que posean pueden orbitar m√°s cerca o mas lejos del n√ļcleo, no pueden permanecer en √©l ni pasar a la √≥rbita de otro electr√≥n, por lo cual, entre electrones se emiten part√≠culas mensajeras. Se comunican.
Este ins√≥lito rasgo de inteligencia se repite, cuando en la experimentaci√≥n con part√≠culas emitidas por la desintegraci√≥n de un √°tomo, √©stas obedecen los caprichos del observador que, por ejemplo, para detectarla polariza una de ellas, la otra emitida en sentido contrario y que puede hallarse a millones de a√Īos luz, tomar√° la misma direcci√≥n de la part√≠cula polarizada. El m√°s famoso de estos experimentos fue ideado por Albert Einstein en colaboraci√≥n con Nathan Rosen y Boris Podolsky en 1935, pero solo en los √ļltimos a√Īos del siglo veinte avanz√≥ la tecnolog√≠a hasta el punto de comprobar sus ideas.
Estas comprobaciones experimentales por parte de los más avanzados científicos, nos inducen a creer que existe también una inteligencia atómica, una mente en el átomo que recibe y emite mensajes.
Lo que no debemos olvidar es que también nosotros, los humanos somo atómicos.



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