VIRIATO: EL 脷LTIMO LUSITANO

Fecha 6/6/2010 19:10:57 | Tema: OFFTOPIC

Imagen Original
Como 煤ltimo caudillo de los lusitanos, tuvo en jaque durante varios a帽os a las legiones romanas. En su primera gran victoria, fingi贸 una retirada y arras贸 a las tropas de Vetilio. 芦Roma no paga traidores禄 fue la frase que, seg煤n la leyenda, tuvieron que escuchar sus tres asesinos: Ditalc贸n, Audax y Minuro.

Cuando Espa帽a a煤n no era Espa帽a -ni Portugal, Portugal-, Viriato ya era Viriato. Siglo y medio antes del nacimiento de Cristo, mientras romanos y cartagineses remataban su pugna por el dominio del Mediterr谩neo, incluyendo a Hispania de forma muy especial, Viriato lleg贸 a dominar militarmente casi toda la Pen铆nsula, desde el valle del Guadalquivir al valle del Ebro. En aquel mosaico de tribus en retirada y entre los dos grandes imperios de la 茅poca, el genio militar del 煤ltimo gran jefe de la tribu de los lusitanos consigui贸 un poder ind铆gena como seguramente no existi贸 antes y no volvi贸 a existir despu茅s. Viriato, como Ind铆bil y Mandonio, es un s铆mbolo de la Iberia que los cronistas romanos retratan en su crep煤sculo, mientras la civilizaci贸n grecolatina, a sangre y fuego, entraba lentamente en la Pen铆nsula.
La noveler铆a rom谩ntica ha hecho que Viriato, enemigo de Roma, figure en nuestro pante贸n imaginario con m谩s m茅ritos que Sertorio, Pompeyo o Julio C茅sar. Cuando anta帽o se ense帽aba Historia en p铆ldoras mitol贸gicas, Viriato era 芦un pastor lusitano禄. Pero aun en el caso de que alguna vez cuidara ovejas o cabras, fue bastante m谩s que pastor (con ser nobil铆sima esta profesi贸n) y no un lusitano cualquiera. Cuando el historiador Apiano de Alejandr铆a, en su libro sobre Iberia -VI de su Historia Romana-, cita por primera vez a Viriato, dice: 芦Aniquil贸 a numerosos romanos y dio muestra de grandes haza帽as禄.

En realidad, Viriato tuvo en jaque durante varios a帽os a las legiones, les infligi贸 media docena de derrotas humillantes, recorri贸, revolvi贸 y casi domin贸 las dos Hispanias, la ulterior y la Citerior, mat贸 a miles de soldados romanos o aliados y muri贸 de confianza, veneno anterior al de la traici贸n. Puede decirse tambi茅n que muri贸 por pactar, pero eso no lo acredita como centrista p贸stumo. Hay sabios que lo consideran s贸lo un aspirante a reyezuelo cuya ambici贸n tropez贸 con la implacable Roma, hecho que celebran.

Lo que seguramente ha cautivado la imaginaci贸n de las sucesivas generaciones de lectores m谩s o menos celt铆beros es su soberbia aparici贸n en los libros de Historia, digna de Don Juan en la Hoster铆a del Laurel. Cuenta Diodoro de Sicilia que un hombre rico llamado Astipas concedi贸 la mano de su hija a un tal Viriato y organiz贸 el ya entonces forzoso banquete nupcial.

Pero el novio no apreci贸 la vajilla de oro que en su honor se expon铆a, sino que, apoyado en su lanza, solt贸 un discurso sobre lo poco que val铆an las riquezas cuando otros -es decir, los romanos- decid铆an su destino, se neg贸 a lavarse las manos, reparti贸 a su escolta algo de comer, reclam贸 a la novia, la subi贸 a la grupa de su caballo y parti贸 sin despedirse hacia su guarida en las monta帽as. Recon贸zcase la plasticidad de la estampa. Pero su majeza inclu铆a no poca crueldad. A帽os m谩s tarde, cuando Astipas era voluntario reh茅n de los romanos, lo reclam贸 y le cort贸 el cuello. Es el protom谩rtir de los suegros hispanos.

Viriato pudo nacer en la Sierra de la Estrella, al norte de la Lusitania, que se extend铆a por la mitad de lo que ahora es Portugal y las tierras lim铆trofes entre Zamora y Badajoz. Estrab贸n ten铆a a los lusitanos por la naci贸n m谩s poderosa entre las ib茅ricas, pero indudablemente no era la m谩s pr贸spera. El bandidismo end茅mico muestra una clara dependencia del pillaje como modo de mantenimiento, as铆 como escasez de tierras f茅rtiles para una poblaci贸n que no se bastaba con el pastoreo y recurr铆a a la guerra para alimentarse. Los tributos que probablemente cobraban desde antiguo entre la poblaci贸n de los valles del Guadiana y Guadalquivir les llevaron al enfrentamiento con los romanos cuando 茅stos empezaron a repartir tierras de la B茅tica entre sus colonos, sobre todo tras la Segunda Guerra contra Cartago.

Dos caudillos destacaron contra las legiones de Roma: P煤nico, que muri贸 en combate, y C茅saro, que domin贸 toda la costa b茅tica, y proyect贸 lo que luego ser铆a el salto lusitano m谩s audaz aunque sin consecuenccias: el paso del Estrecho. Pero la 茅poca heroica y decisiva de la entrecortada historia lusitana lleg贸 cuando el pretor Galba, cuya codicia y crueldad lo preced铆an, consigui贸 reunir a los lusitanos alzados, dividirlos en tres grupos para hacerles entrega de tierras, desarmarlos y luego degollar a muchos de ellos y vender al resto como esclavos. Entre los que escaparon de la degollina estaba Viriato, que tras hacerse elegir jefe inici贸 una brillante carrera militar de ocho a帽os. No eran pocos cuando el promedio de edad apenas llegaba entonces a los 30 a帽os.

Cultiv贸 Viriato tres cualidades b谩sicas del guerrillero: el aprovechamiento sistem谩tico del terreno para las emboscadas, la audacia para cambiar el escenario de los combates, gracias a la movilidad de sus tropas, y la capacidad de actuar muy lejos de sus bases de aprovisionamiento, lo cual supon铆a tambi茅n mucha mano izquierda para lograr alianzas sobre la marcha y pactos de manutenci贸n sobre el terreno. La primera victoria de Viriato fue junto a la ciudad de Tr铆bola, al sureste del Guadalquivir, donde fingi贸 una retirada que termin贸 en copo y destrucci贸n de las tropas de Vetilio. Era el a帽o 147 antes de Cristo. Bati贸 entonces la Carpetania, combatiendo incansablemente hacia el Norte y el Este hasta tomar Seg贸briga, ciudad clave de lo que hoy es aproximadamente Cuenca. Se retir贸 entonces al Monte de Venus, cabe la inaccesible fragosidad de Gredos, y desde all铆 se convirti贸 en el terror de la Hispania Citerior tras haber dominado la ulterior. Plancio, Unimanio y Nigidio sucedieron a Vetilio en la lista de v铆ctimas viriatenses.

Comienza entonces una lenta e implacable reconquista romana de los territorios perdidos. La liquidaci贸n de la guerra de Cartago permiti贸 al Senado allegar m谩s hombres y recursos para luchar contra los insoportables lusitanos, que exhib铆an adem谩s una gran capacidad diplom谩tica con diversas tribus ib茅ricas como los vettones y otros feroces vecinos. El m茅rito suele atribu铆rsele a Viriato, aunque el enemigo com煤n hab铆a levado a las tribus peninsulares a una especie de confederaci贸n pol铆tico-militar nada desde帽able.

Lo que no pod铆a el guerrero del Monte de Venus era hacer milagros. En el a帽o 144 a.d.C. los romanos recuperaron el control del valle del Guadalquivir. Algunos historiadores creen que Quinto Fabio M谩ximo derrot贸 a Viriato en Bail茅n, si era 茅se el lugar de Baecula. Otros lo sit煤an en los Arapiles, as铆 que no salimos de la imprecisi贸n evocadora de tantos combates peninsulares trascendentes, siempre en los mismos sitios.

Tras la derrota ante Fabio M谩ximo, el caudillo lusitano se refugi贸 en Sierra Morena, faltar铆a m谩s, y desde all铆 hizo frente a la gran expedici贸n de Serviliano y unos 20.000 soldados. Viriato consigui贸 batir a las legiones en una sorda guerra de desgaste y mantener hasta el a帽o 142 sus posiciones en torno a lo que hoy es Martos (Ja茅n), entonces llamado Tucci. Pero Serviliano y Fabio M谩ximo fueron priv谩ndole de sus bases de apoyo y en el 140 tuvo que retirarse a Lusitania. Consigui贸 rehacerse, que es el sino de todos los grandes generales antes de la derrota definitiva, y vengarse de Serviliano en el campo de batalla. Pero tras la victoria se avino a firmar la paz y 茅sa fue su ruina.

En una de las diversas treguas que acordaban sin convicci贸n ambas partes desde el a帽o 140 a.d.C., Viriato mat贸 a su suegro, miembro de la clase dirigente lusitana que tal vez hab铆a decidido ya el pacto con los romanos. Y finalmente, en el 139 a.d.C., pudo recibir la oferta de ser rey de una Lusitania independiente y aliada de Roma. O tal vez la propuesta fue suya y los romanos fingieron aceptarla; sobre eso no hay acuerdo.

El hecho es que tres de sus enviados, Ditalc贸n, Audax y Minuro, volvieron del campamento romano con m谩s oro del que llevaban y se lo ganaron apu帽alando a Viriato. Cuenta la leyenda que, muerto el h茅roe, los asesinos volvieron a por lo suyo y los romanos, avarientos, le respondieron: 芦Roma no paga traidores禄. La frase es notable pero ap贸crifa. Los lusitanos no se met铆an en magnicidios gratis.

Muerto Viriato, sus guerreros le rindieron homenaje cantando himnos, degollando animales y combatiendo por parejas sobre su tumba, f贸rmula del entierro de primera en aquellos siglos tremendos. Una vez quemado su cad谩ver en la pira ritual, aventadas sus cenizas y apagado el gran fuego nocturno, los lusitanos no encontraron -tal vez por no quererlo buscar- sucesor para Viriato y fueron entrando en la 贸rbita romana.

Abr铆an as铆 el camino para la inmediata dominaci贸n de los celt铆beros de la meseta septentrional, clave estrat茅gica de la pen铆nsula y cuyo 煤ltimo foco de resistencia fue Numancia, que se rindi贸, en t茅rminos menos heroicos de los que cuenta la leyenda, apenas cinco a帽os despu茅s de la muerte de Viriato. Por eso puede decirse que con 茅l se extingui贸 la antigua Iberia y que Hispania, aunque algo chamuscada, entr贸 definitivamente en la Historia. A golpes, sin duda. Pero entr贸, entr贸.

Fuente: http://www.segundarepublica.com/
http://revistadigitalavalon.es/?p=1638



Documento disponible en UNIFA web
http://www.unifaweb.com.ar

La direccion de este documento es:
http://www.unifaweb.com.ar/modules/news/article.php?storyid=1036