OVNIS DESDE LA ANTIG√úEDAD.

Fecha 3/6/2010 10:30:00 | Tema: Enigmas y Misterios

La historia de los avistamientos de objetos volantes no identificados y de la variada fenomenolog√≠a que los acompa√Īa, puede dividirse en dos grandes etapas: una que engloba los avistamientos habidos desde √©pocas prehist√≥ricas hasta nuestro siglo XX, y otra que recoge los avistamientos contabilizados en la √©poca tecnol√≥gica, desde aquellos nueve discos volantes que avistara Kenneth Arnold el 24 de junio de 1947 junto al monte Rainier, en Washington, hasta hoy. En el art√≠culo que sigue voy a resumir la fenomenolog√≠a de la primera de estas dos etapas. Aquella en que ninguno de los objetos avistados pod√≠a proceder de la humanidad terrestre conocida.

Siempre han estado
Desde los albores de la humanidad como tal, el hombre acepta como l√≥gica la existencia de fuerzas inteligentes, de seres supuestamente no humanos ‚ÄĒdioses, √°ngeles, demonios y un sinf√≠n de intermediarios‚ÄĒ que intervienen directamente en el curso de nuestra vida sobre este planeta. Los textos y legados que en el curso de los tiempos han ido reflejando el acontecer de la historia de la humanidad est√°n salpicados de testimonios que ilustran la presencia permanente de objetos volantes que evolucionan de forma inteligente a baja altura sobre la superficie terrestre. La lista de tales avistamientos en todo el mundo y en todas las √©pocas prueba que la actuaci√≥n y la intervenci√≥n de una o de varias inteligencias distintas de la nuestra forman parte integrante y continuada de la historia de la humanidad. Si prestamos oidos al bioqu√≠mico ingl√©s Francis Crick -Premio Nobel en 1962 por haber descubierto la estructura del ADN-, habr√≠amos sido creados por una supercivilizaci√≥n del espacio que en una √©poca remota infect√≥ al planeta Tierra con un microorganismo destinado a desarrollarse en el tiempo hasta llegar a ser lo que hoy somos los seres humanos. Otros cient√≠ficos secundan este supuesto, como por ejemplo Vsevolod Troitsky, de la Academia de Ciencias de la URSS, para quien la Tierra es un campo de experimentaci√≥n de nuevas formas de vida, controlado por seres superiores y desconocidos para nosotros. Los m√°s antiguos legados de la humanidad parecen refrendar estos supuestos. Aportar√© solamente dos ejemplos. En el Popol Vuh, el Libro del Consejo de los indios quich√©s, de la gran familia maya, se dice: ‚ÄúY los Maestros Gigantes hablaron, as√≠ como los Dominadores, los Poderosos del Cielo: Es tiempo de concentrarse de nuevo sobre los signos de nuestro hombre constru√≠do, de nuestro hombre formado, como nuestro sost√©n, nuestro nutridor, nuestro invocador, nuestro conmemorador. Haced pues que seamos invocados, que seamos adorados, que seamos conmemorados, por el hombre construido, el hombre formado, el hombre maniqu√≠, el hombre moldeado.‚ÄĚ Algo similar recoge la Epopeya de la Creaci√≥n, cuando pone en boca del dios creador y solar babilonio Marduk las siguientes palabras: ¬ęProducir√© un sumiso Primitivo; ‚ÄėHombre‚Äô ser√° su nombre. Crear√© un Obrero Primitivo. En √©l recaer√° el servicio de los dioses, para que ellos puedan descansar tranquilos.¬Ľ Sigamos pues la pista hist√≥rica de la presencia de estos supuestos dioses -en realidad, nada m√°s que seres inteligentes tecnol√≥gicamente superiores a nosotros- en la atm√≥sfera terrestre.
Los testimonios m√°s antiguos
El volumen II de la Introducci√≥n a la Ciencia Espacial, publicado por la Academia de la Fuerza A√©rea de los Estados Unidos, incluye un cap√≠tulo de estudio de los OVNIs. Se afirma all√≠ literalmente que ‚Äúlos OVNIs son objetos materiales que est√°n, o bi√©n pilotados, o controlados por control remoto por seres que son de fuera de este planeta‚ÄĚ. Y tambi√©n se afirma que ‚Äúlas visiones OVNI parecen extenderse a lo largo ya de 47.000 a√Īos‚ÄĚ. El testimonio acaso m√°s antiguo que relaciona a los supuestos dioses con los objetos volantes no identificados, sea el que transmiten los abor√≠genes de los montes Kimberley, en el noroeste de Australia. Cuentan que en tiempos remotos sus dioses trazaron sobre las rocas unos dibujos antropomorfos de notable tama√Īo, los Wandjinas, con rostros carentes de boca y rodeadas sus cabezas por uno o dos semic√≠rculos en forma de herradura, con finas l√≠neas que irradia el c√≠rculo exterior. Despu√©s de ello y de instruir a los nativos, los wandjinas o dioses se transformaron en serpientes m√≠ticas y se refugiaron en charcos cercanos. Cuentan los nativos que de vez en cuando se les puede ver de noche en forma de luces que se mueven a gran altura. A gran altura debi√≥ moverse tambi√©n un desconocido aparato volador, inteligentemente guiado, hace ahora unos 11.000 a√Īos. As√≠ se desprende de los datos recogidos en los mapas de Piri Reis, que se conservan en el museo Topkapi de Istanbul. Fueron trazados en 1513 por el almirante de las flotas turcas Piri Reis, y muestran fielmente los accidentes geogr√°ficos de las costas americanas, incluyendo los de la Ant√°rtida. Con la notable peculiaridad de que en ellos el extremo Sur de la Tierra de Fuego enlaza por medio de la estrecha lengua de tierra con la Ant√°rtida, all√≠ en donde hoy en d√≠a las aguas del estrecho de Drake enlazan entre s√≠ a los oc√©anos Atl√°ntico y Pac√≠fico. Cotejados los mapas con las fotograf√≠a infrarrojas a√©reas que reflejaban el perfil submarino, se lleg√≥ a la conclusi√≥n de que realmente hab√≠a existido este puente de tierra entre el continente sudamericano y la Ant√°rtida a finales de la √ļltima glaciaci√≥n; o sea, hace ahora unos 11.000 a√Īos. Piri Reis hab√≠a rese√Īado en sus mapas con asombrosa exactitud costas, islas, bah√≠as y monta√Īas que en parte hoy ya no son visibles, sino que est√°n cubiertas por una considerable capa de hielo. El propio almirante Piri Reis indic√≥, en los textos explicativos de sus mapas, que para su confecci√≥n se hab√≠a servido de otros mapas anteriores, entre ellos uno requisado a un marino que hab√≠a formado parte de las tripulaciones de Crist√≥bal Col√≥n, y que fue capturado en aguas peninsulares ib√©ricas. Debemos concluir que alguien traz√≥ con perfecci√≥n la orograf√≠a terrestre de aquella zona del globo hace 11.000 a√Īos. ¬ŅQui√©n fue? El cart√≥grafo americano Arlington H. Mallery afirm√≥ en su d√≠a que no podemos imaginarnos como se traz√≥ un mapa tan preciso sin el concurso de la aviaci√≥n.

Artilugios voladores de la antigua India
Vimos anteriormente como en su libro sagrado Popol Vuh, los indios quich√©s de la gran familia maya dec√≠an de nuestros creadores que √©stos eran unos constructores. Damos ahora un salto en la geograf√≠a y nos vamos a la India, en donde podemos leer en la gran epopeya s√°nscrita del Mahabharata que precisamente Maia, el constructor, el ingeniero y arquitecto de los asuras, dise√Ī√≥ y construy√≥ un gran habit√°culo de metal, que fue trasladado al cielo. Era solamente uno de muchos habit√°culos similares. Cada una de las divinidades Indra, Yama, Varuna, Kuvera y Brahma, dispon√≠a de uno de estos aparatos met√°licos y voladores. El gran sabio de la antigua tradici√≥n, Narada, explica que la ciudad volante de Indra se hallaba ininterrumpidamente en el espacio. Estaba rodeada de una pared blanca, que produc√≠a destellos de luz cuando el veh√≠culo se desplazaba por el firmamento. Otros aparatos autom√°ticos se desplazaban libremente bajo agua y en las profundidades de los oc√©anos de una forma similar a los modernos submarinos. El texto s√°nscrito del Mahabharata se refiere normalmente a los aparatos volantes con el nombre de ‚Äúvimanas‚ÄĚ. Pero habla tambi√©n de grandes ciudades ‚ÄĒcolonias‚ÄĒ espaciales, de grandes ciudades submarinas, y de ciudades subterr√°neas. Arjuna, una de la divinidades, dispon√≠a de un indestructible veh√≠culo volador anfibio, pilotado por su ayudante Matali. Todas estas construcciones y aparatos voladores, submarinos y subterr√°neos, est√°n descritos en la epopeya del Mahabharata con gran lujo de detalles, con detalle de sus medidas y descripci√≥n de sus caracter√≠sticas. Tambi√©n Valmiki, el autor de la otra gran epopeya hind√ļ, el Ramayana, nos habla con absoluta naturalidad de los veh√≠culos que ‚ÄĒa voluntad de su piloto‚ÄĒ volaban libremente por el aire. Tambi√©n eran met√°licos y brillaban en el cielo.

Los OVNIS en la biblia
Leemos en los textos b√≠blicos c√≥mo el profeta Ezequiel nos narra su encuentro con un veh√≠culo volante, que se le acerc√≥ tanto ‚ÄĒjunto al r√≠o Quebar, en la inmediaciones de Babilonia‚ÄĒ que incluso vi√≥ a uno de sus tripulantes, el cual le habl√≥ a √©l personalmente. Esta visi√≥n que Ezequiel tuvo, y que est√° descrita con lujo de detalles en los textos b√≠blicos, fue detenidamente analizada por el ingeniero de la agencia espacial norteamericana ‚ÄĒla NASA‚ÄĒ Josef Blumrich, qui√©n concluy√≥ que lo que vi√≥ el profeta fue efectivamente y sin ning√ļn g√©nero de dudas una nave volante. Tanto es as√≠, que dicho ingeniero ‚ÄĒdirector de la Oficina de Construcci√≥n de Proyectos de la NASA‚ÄĒ, redise√Ī√≥ el aparato descrito por Ezequiel y patent√≥ algunos de sus elementos. Tambi√©n en la Biblia, la destrucci√≥n de las ciudades de Sodoma y Gomorra refleja con precisi√≥n los efectos de una explosi√≥n at√≥mica, anunciada a Lot por dos emisarios que bajan de las alturas y comen alimentos en casa de su anfitri√≥n. Finalmente, en muchos pasajes de los textos b√≠blicos ‚ÄĒcomenzando por el libro del Exodo‚ÄĒ se describen con detalle nubes inteligentemente guiadas. En el caso del libro citado, una de estas nubes ‚ÄĒluminosa de noche y en forma de columna de humo de d√≠a‚ÄĒ gu√≠a al pueblo de Israel en su hu√≠da de Egipto. Esta nube indica el camino a seguir, proporciona alimento, e incluso desciende hasta el suelo para que sus tripulantes (en este caso el mismo Yahveh) pueda dar √≥rdenes verbales al caudillo de los hijos de Israel, Mois√©s.

El Ovni de Belén
La estrella de Bel√©n, cuya aparici√≥n est√° tan √≠ntimamente ligada al fen√≥meno Jes√ļs, es ‚ÄĒcomo se puede repasar en los Evangelios‚ÄĒ una ¬ęestrella¬Ľ que se mueve y que, adem√°s, tiene la facultad de detenerse. No es extra√Īo que una estrella est√© aparentemente ¬ęparada¬Ľ en el firmamento, como parece que lo est√°n todas las que vemos normalmente, ni tampoco que una estrella se mueva, como es el caso de las estrellas fugaces o de los cometas. Lo que s√≠ se sale realmente de lo usual es que haga ambas cosas: moverse y pararse. Y que, adem√°s, demuestre ser inteligente: ¬ęSalieron, y la estrella que hab√≠an visto en Oriente¬Ľ ‚ÄĒpodemos leer en los Evangelios‚ÄĒ ¬ęiba delante de ellos hasta que se detuvo encima de donde se hallaba el ni√Īo.¬Ľ Se le ha querido dar una explicaci√≥n astron√≥mica a este fen√≥meno de la llamada estrella de Bel√©n, aduciendo que se habr√≠a tratado de la conjunci√≥n ‚ÄĒtercera conjunci√≥n por aquellas fechas‚ÄĒ de los planetas J√ļpiter y Saturno. En dicha conjunci√≥n los citados planetas se juntaron √≥pticamente en direcci√≥n Sur de tal manera que los magos de Oriente, en la ruta que segu√≠an de Jerusal√©n a Bel√©n, siempre ten√≠an a estos dos planetas que formaban una sola estrella, delante de ellos. La estrella iba efectivamente, como dicen los Evangelios, precedi√©ndoles. Hasta aqu√≠, todo correcto. Pero si hubieran caminado siempre en la direcci√≥n que les indicaba esta conjunci√≥n de J√ļpiter y Saturno ‚ÄĒy dado que se trataba de un fen√≥meno extraatmosf√©rico que por lo tanto, por mucho que avanzasen los magos, siempre habr√≠a estado situado por delante de ellos‚ÄĒ a donde habr√≠an llegado es a las aguas litorales del mar Rojo. Pero no: se detienen a 7 km escasos de Jerusal√©n. ¬ŅPor qu√©? Porque no iban en pos de la conjunci√≥n J√ļpiter-Saturno, sino de un objeto brillante que finalmente se detuvo a baja altura encima del lugar encima del lugar en el que se hallaba el ni√Īo: Jes√ļs. Un objeto volador que se mov√≠a inteligentemente dentro de nuestra atm√≥sfera.

Los Hijos del Cielo
Los antiguos habitantes de China se autodenominaban ¬ęhijos del cielo¬Ľ. Y su literatura cl√°sica proporciona una abundante selecci√≥n de observaciones de objetos volantes desconocidos, con especificaci√≥n muy concreta del momento hist√≥rico en que apareci√≥ cada uno de ellos. Una de las referencias m√°s antiguas que podemos hallar figura en la obra Ciencia Natural, que en el cap√≠tulo X reza: ¬ęBajo el reinado de Xi Ji¬Ľ ‚ÄĒhace aproximadamente 4.000 a√Īos‚ÄĒ ¬ęfueron vistos dos soles en la ribera del r√≠o Feichang, uno de los cuales sub√≠a por el este, mientras que el otro bajaba por el Oeste. Ambos produc√≠an un ruido como el trueno.¬Ľ En √©poca mucho m√°s reciente, el escritor Wang Jia, que vivi√≥ bajo la dinast√≠a de los Tshin, relata en su libro Reencuentro una historia acaecida en el siglo IV antes de JC: ¬ęDurante los 30 a√Īos del reinado del emperador Yao, una inmensa nave flotaba por encima de las olas del mar del Oeste. Sobre esta nave, una potente luz se encend√≠a de noche y se apagaba de d√≠a. Una vez cada 12 a√Īos, la nave daba una vuelta por el espacio. Por esto se la denominaba Nave de Luna o Nave de las Estrellas¬Ľ. En su obra Observaciones del Cielo, otro historiador, que vivi√≥ entre los a√Īos 960 y 1279 nos da una imagen todav√≠a m√°s clara de esta nave del cielo, afirmando de ella: ¬ęHab√≠a una gran nave voladora expuesta en el palacio de la Virtud bajo la dinast√≠a de los Tang. Med√≠a m√°s de 50 pies de largo, y resonaba como el hierro y el cobre, resistiendo perfectamente a la corrosi√≥n; se elevaba en el cielo para retronar despu√©s, y as√≠ continuamente.¬Ľ Por su parte, el historiador Zhang Zuo, autor de la Historia del Poder y de la Oposici√≥n, escribe tambi√©n que ¬ęel 29 de mayo del a√Īo 2 bajo el reinado del emperador Kai Yuan, durante la noche, apareci√≥ una gran estrella m√≥vil, del tama√Īo de una cuba, que volaba en el cielo del Norte, acompa√Īada de otras estrellas m√°s peque√Īas; esto dur√≥ hasta el amanecer¬Ľ. Otro texto, el Nuevo Libro de los Tang, reza en su cap√≠tulo XXII, dedicado a la Astronom√≠a: ‚ÄúEl a√Īo 2 bajo el reinado del emperador Quian-fu, dos estrellas, una roja y la otra blanca, que med√≠an como os veces la cabeza de un hombre, se dirigieron una junto a la otra al Sudeste. Una vez paradas en el suelo, aumentaron lentamente de tama√Īo y lanzaron luces violentas. Al a√Īo siguiente, una estrella m√≥vil brill√≥ de d√≠a como una gran antorcha. ten√≠a el tama√Īo de una cabeza. Habiendo llegado del Nordeste, sobrevol√≥ dulcemente la regi√≥n, para desaparecer finalmente en direcci√≥n Noroeste.‚ÄĚ En otro pasaje de este mismo libro podemos leer: ¬ęEn marzo del a√Īo 2, bajo el reinado del emperador Tian Yu, cierta noche una gran estrella surgi√≥ de la b√≥veda del cielo. Era cinco veces m√°s grande que un celem√≠ y volaba en direcci√≥n del Noroeste. Descendi√≥ hasta treinta metros del suelo. Su parte superior lanz√≥ luces de fuego de color rojo anaranjado. Sus luces llegaban a m√°s de cinco metros. Se desplazaba como una serpiente, rodeada de numerosas estrellas peque√Īas que desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos. Se vi√≥ una especie de vapor que sub√≠a muy alto hacia el cielo.¬Ľ Esta es solamente una brev√≠sima selecci√≥n de cuanto puede leerse en los textos cl√°sicos chinos acerca de los OVNIs.

Tráfico aéreo en la literatura de la Cuenca Mediterránea
Autores como Plinio el Viejo, Plutarco, Dio Cassio, S√©neca, Cicer√≥n o Julio Obsequens fueron en mayor o menor grado conscientes de que los dioses estaban guiando a los hombres sobre la Tierra. Sin ir m√°s lejos, en el libro octavo de la Eneida, Virgilio habla de ¬ęruedas que transportaban r√°pidamente a los dioses¬Ľ. En el Prodigiorum Liber (el Libro de los Prodigios), el historiador Julio Obsequens recoge textos originales de Cicer√≥n, Tito Livio, S√©neca y otros. Podemos leer all√≠: ‚ÄúSiendo c√≥nsules Cayo Mario y Lucio Valerio, se pudieron ver en diversos lugares de Tarquinia un objeto que semejaba una antorcha encendida que s√ļbitamente cay√≥ del cielo. Hacia el anochecer se vi√≥ un objeto volador circular, parecido en su forma a un ‚Äúclypeus‚ÄĚ (el escudo redondo empleado por los legionarios romanos) llameante, que cruzaba el cielo del Oeste hacia el Este.‚ÄĚ Tambi√©n podemos leer all√≠ que ‚Äúen el territorio de Spoleto, en la Umbr√≠a, una esfera de fuego, de color dorado, cay√≥ a tierra dando vueltas. despu√©s parec√≠a que aumentase de tama√Īo, se elev√≥ del suelo, y ascendi√≥ hacia el cielo, en donde oscureci√≥ al disco del Sol con su claridad cegadora. Despu√©s desapareci√≥ en direcci√≥n al cuadrante Este del cielo.‚ÄĚ Tito Livio tambi√©n informa por su parte: ‚ÄúNaves fantasma han sido vistas brillando en el cielo‚ĶMientras que en el distrito de Amiterno aparecieron en muchos lugares hombres con vestidos destellantes, de lejos y sin acercarse a nadie.‚ÄĚ Son solamente unos botones de muestra de la abundante literatura cl√°sica que refiere este tipo de avistamientos.

Intervienen en el curso de nuestra Historia
Hay momentos concretos a lo largo de la historia de la Humanidad, en que figuras u objetos que descienden del cielo, intervienen en los asuntos de los hombres, e incluso llegan a decidir nuestras disputas en uno u otro sentido. En algunas ocasiones, la ayuda ha sido favorable al signo de la Cruz, si bien el motivo de este favoritismo se nos escapa. Así aconteció en las luchas de los cristianos contra los moros, y también -durante la conquista de América- en las luchas contra los indios.

La Gloria de Dios
Una ocasi√≥n importante en que manifestaciones concretas del cielo ayudaron a los cristianos, se di√≥ en plena campa√Īa exterminadora de Carlomagno contra los paganos sajones. As√≠ lo explica claramente el monje Lorenzo, en sus Annales Laurissenses. Explica en esta obra hist√≥rica c√≥mo los sajones se hab√≠an rebelado contra las tropas de los francos, y avanzaban hacia el castillo de Sigisburg para conquistarlo. La oposici√≥n de los francos fue dura, motivo por el cual los sajones no pudieron culminar su gesta. Y leemos literalmente en la obra citada: ¬ęEntonces, cuando los sajones advirtieron que las cosas no iban a su favor, comenzaron a construir andamios desde los cuales pudiesen saltar valientemente al castillo mismo. Pero Dios es tan bueno como justo. Super√≥ su valor, y el mismo d√≠a en que prepararon el asalto contra los cristianosque viv√≠an dentro del castillo, la gloria de Dios apareci√≥ en manifestaci√≥n encima de la iglesia en el interior del castillo. Los que lo observaron, muchos de los cuales a√ļn viven hoy en d√≠a, dijeron que ten√≠an el aspecto de dos grandes escudos de color rojo llameante, y que se mov√≠an por encima de la iglesia. Y cuando los paganos que estaban afuera vieron este signo, cayeron seguidamente en la confusi√≥n y quedaron aterrorizados por el p√°nico, huyendo precipitadamente.¬Ľ Como consecuencia de la intervenci√≥n de este poder a√©reo, los sajones se rindieron y decidieron en juramento solemne su conversi√≥n al cristianismo. Por lo tanto, acatar las leyes de Carlomagno.


América: Reestreno del drama de Moises
De Europa nos vamos a tierras norteamericanas. Porque si Yahveh hizo caminar a Mois√©s con sus seguidores por el desierto durante cuarenta a√Īos, el dios de los aztecas oblig√≥ a √©stos a una caminata de casi 3.000 km, antes de que hallasen en una peque√Īa isla en medio del lago Texcoco, al √°guila de su profec√≠a devorando a una serpiente. Era el s√≠mbolo que les indicaba que aquella era su tierra de promisi√≥n. Los paralelismos entre el √©xodo del pueblo de Israel y el √©xodo del pueblo azteca comienzan con la personalidad misma de los dos protagonistas, Yahveh y Huitzilopochtli. Ambos quer√≠an ser considerados como protectores e incluso como padres, pero eran tremendamente exigentes, implacables en sus frecuentes castigos, y muy irritables. Ambos les indicaron a sus pueblos elegidos que abandonasen la tierra que habitaban. Ambos acompa√Īaron personalmente a sus protegidos a lo largo de todo el peregrinaje. Yahveh lo hizo como ya vimos en forma du una curiosa nube o coluna de fuego y de humo que les procuraba luz de noche y sombra de d√≠a, o les se√Īalaba el camino que deb√≠an tomar. Huitzilopochtli, a su vez, acompa√Īaba a los aztecas en forma de un gran p√°jaro. La tradici√≥n afirma que fue un √°guila o una grulla blanca, que les iba indicando la direcci√≥n en la cual deb√≠an caminar desde las tierras de Arizona y de Utah hasta el emplazamiento de la actual capital de M√©xico. Pero lo m√°s curioso es que los dos pueblos -israelitas y aztecas- transportaban una especie de caja sagrada que para ellos ten√≠a una gran importancia y que serv√≠a para comunicarse directamente con la divinidad. Los israelitas llevaban la famosa Arca de la Alianza, y los aztecas llevaban un cofre, tal y como nos lo cuenta fray Diego Dur√°n, historiador contempor√°neo de la conquista: ‚ÄúCuando llegaban a un lugar para quedarse en √©l durante alg√ļn tiempo, lo primero que hac√≠an era construir un templo que serv√≠a para alojar el cofre en que llevaban a su dios.‚ÄĚ

Los Escudos volantes de los indios Hopi
Si Carlomagno fue ayudado por unos escudos volantes y los aztecas -procedentes de Arizona-contaron con el apoyo de una inteligencia que dominaba el vuelo, ambas circunstancias se repiten en la historia de los indios hopi -establecidos en la actual Arizona-. Seg√ļn explica su jefe White Bear, contaban sus antepasados que sus abuelos habitaban unas tierras situadas al Oeste, o sea en alg√ļn punto del oc√©ano Pac√≠fico. Al hundirse estas tierras, unos seres descendidos de las alturas -los katchinas- les ayudaron a trasladarse al continente americano, en parte sirvi√©ndose de escudos volantes. Estos seres sab√≠an adem√°s tallar grandes bloques de piedra, dominaban el transporte a√©reo de estos bloques, y eran diestros en la construcci√≥n de instalaciones subterr√°neas. Algo muy parecido a lo que nos narran seg√ļn vimos los antiguos textos s√°nscritos.

Ovnis durante la conquista de América
Alguna inteligencia segu√≠a sobrevolando a los humanos en tierras americanas siglos m√°s tarde. As√≠, Bernal D√≠az del Castillo, cronista de Hern√°n Cort√©s, escribe en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espa√Īa: ¬ęDijeron los indios mexicanos que vieron una se√Īal en el cielo que era como verde y colorada y redonda como rueda de carreta y que junto a la se√Īal ven√≠a otra raya y camino de hacia donde sale el Sol y se ven√≠a a jnutar con la raya colorada¬Ľ. Y, un poco m√°s adelante: ¬ęLo que yo vi y todos cuantos quisieron ver, en el a√Īo 27¬Ľ ‚ÄĒ1527‚ÄĒ ¬ęestaba una se√Īal del cielo de noche a manera de espada larga, como entre la provincia de P√°nuco y la ciudad de Tezcuco, y no se mudaba del cielo, a una parte ni a otra, en m√°s de veinte d√≠as.¬Ľ Son, una vez m√°s, solamente dos pinceladas de los mucho objetos volantes no identificados que ‚ÄĒen este caso‚ÄĒ refieren las cr√≥nicas de la conquista de Am√©rica.

¬ŅVienen de Sirio?
Cuentan los dogones, que habitan en las tierras de la acual rep√ļblica africana de Mali, que desde siempre, el elemento para ellos m√°s importante del firmamento es una estrella peque√Īa que gira alrededor de la gran estrella Sirio, el brillante astro que luce en la constelaci√≥n del Can Mayor. Por los estudios realizados de sus tradiciones, podemos afirmar que poseen este conocimiento por lo menos desde el siglo XII. Cuando en cambio la moderna astronom√≠a no descubri√≥ Sirio B ‚ÄĒque orbita alrededor de Sirio A y es invisible al simple ojo humano‚ÄĒ hasta mediados de siglo pasado. Los dogones conoc√≠an por lo menos siete siglos antes la existencia de Sirio B, siendo conscientes adem√°s de que es invisible. Pero adem√°s, el dibujo ritual que ellos trazan para mostrar la √≥rbita en que Sirio B gira alrededor de Sirio A, es abolutamente id√©ntico al dibujo que ofrece el moderno diagrama astron√≥mivo de la √≥rbita de Sirio B alrededor de Sirio A. Los dogones saben adem√°s que Sirio B es un cuerpo extraordinariamente peque√Īo. Y tambi√©n aqu√≠ la astronom√≠a oficial confirma que Sirio B es una ¬ęenana blanca¬Ľ, una estrella peque√Īa. Tambi√©n dicen los dogones que Sirio B es la estrella m√°s pesada que existe. Y una vez m√°s la ciencia confirma: Sirio B ‚ÄĒa la que ellos llaman Po Tolo‚ÄĒ es, en cuanto enana blanca, una estrella extraordinariamente densa, o sea, extraordinariamente pesada. Pero adem√°s, y de acuerdo con la mitolog√≠a de los dogones, Po Tolo da una vuelta alrededor de Sirio A cada cincuenta a√Īos. Y confirma tambi√©n aqu√≠ la moderna astronom√≠a que Sirio B da una vuelta alrededor de Sirio A exactamente cada cincuenta a√Īos. M√°s asombroso a√ļn: durante sus festividades rituales, los dogones rinden honores al hecho de que Po Tolo gire sobre s√≠ mismo. ¬ŅDe donde pod√≠an saber ‚ÄĒno los dogones, sino nadie‚ÄĒ desde hace ocho siglos que las estrellas giran sobre su propio eje? Cuando se les plantea a ellos esta pregunta, afirman que un d√≠a llegaron unos seres procedentes del sistema de Sirio, con la finalidad de instaurar la sociedad en la Tierra. De ellos proceden sus conocimientos. Estos seres desconocidos ‚ÄĒa los que ellos llaman ¬ęnommos¬Ľ‚ÄĒ descendieron a la Tierra en un arca que, antes de aterrizar, giraba o volteaba en el aire. El aterrizaje aconteci√≥ en el Nordeste del pa√≠s de los dogones y produjo un ruido importante al descender el arca. Los dogones describen el aterrizaje de forma muy gr√°fica: ¬ęEl arca se pos√≥ en la tierra seca del Zorro y desplaz√≥ polvo, levantado por el remolino que caus√≥. La violencia del impacto dej√≥ el suelo rugoso. El arca era como una llama que se apag√≥ al tocar la tierra.¬Ľ Era roja como el fuego y se volvi√≥ blanca cuando aterriz√≥.

Y mucho m√°s‚ĶLa brevedad de un art√≠culo no da para m√°s. En el tintero se han quedado centenares de casos OVNI en la Antig√ľedad, en la Edad Media y en tiempos m√°s recientes, hasta llegar a aqu√©llos que cit√© al principio, vistos por Kenneth Arnold en 1947. Para enumerar solamente a algunos de los m√°s importantes, falta hablar de los Objetos Volantes No Identificados vistos por Tutmosis III el Grande, por Alejandro Magno y por Timole√≥n (ambos en el s. IV a.JC), por Cayo Julio C√©sar y por Pompeyo (s. I a JC), y por Constantino el Grande (s. III). Tambi√©n la espada volante vista sobre Jerusal√©n en el s. I y citada por Flavio Josefo. Ni hay que olvidar el cuadro La Madonna e san Jiovannino de la escuela de Filippo Lippi (s. XV), en que junto a la Virgen aparece en el cielo un OVNI, ni el OVNI citado en los anales de la Inquisici√≥n, y que transport√≥ al Dr. Torralba en viaje de ida y vuelta de Valladolid a Roma en 1527. Deben recordarse igualmente los fen√≥menos OVNI citados por Pedro de Valdivia y por el cronista Pedro Cieza de Le√≥n (s. XVI), y por Fray Jun√≠pero Serra (s. XVIII). No deben omitirse los cilindros volantes vistos sobre Nuremberg en el s. XVI, la viga a√©rea vista por Benvenuto Cellini, los globos √≠gneos que sobrevolaron Basilea tambi√©n en el s. XVI, la columna brillante que se present√≥ la v√≠spera de la batalla de Lepanto, una vez m√°s en el s. XVI, los OVNIs que evolucionaron sobre Catalu√Īa en 1604, recogidos en el Diari de Jeroni Pujades, iguales chismes volantes vistos sobre el mediod√≠a de Francia en 1621, la hostia volante que sobrevol√≥ Braga en 1640, la bola volante que sobrevol√≥ Robozero, en Rusia, en 1663, y finalmente los 446 OVNIs reportados por el director del observatorio mexicano de Zacatecas, en 1883. En absoluto puede afirmarse -a la vista de este repertorio- que los OVNIs son una invenci√≥n o un fen√≥meno caracter√≠stico de nuestro siglo XX.

Fuente: http://blogparanormal.com.ar/
http://revistadigitalavalon.es/?p=1619



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