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Cuentanos tu caso : LA TRAMA : (Una experiencia personal)
Enviado por agandin el 13/5/2010 7:02:55 (1167 Lecturas)

Nos relata esta extraordinaria experiencia, la investigadora Liliana Flotta de Grosso , a quien le agradezco la deferencia de confiarnos este caso propio.

LA TRAMA
(Una experiencia personal)
Por Liliana Flotta de Grosso

Al salir de mi cuerpo luego de vagar por mi astral superior, tuve la visión de encontrarme en varios mundos al mismo tiempo...............

LA TRAMA
(Una experiencia personal)
Por Liliana Flotta de Grosso

Al salir de mi cuerpo luego de vagar por mi astral superior, tuve la visión de encontrarme en varios mundos al mismo tiempo.
Si bien veía la Tierra a poca distancia, percibí que en ese momento me encontraba en la ambigüedad de pertenecer a ella y a otros mundos, como también a otras dimensiones.
La experiencia tenía relación con mis vidas anteriores, y con el paso entre vidas pero fue más que eso, se me presentó la vivencia de mis vidas futuras también, aunque no tenía plena conexión con ellas.
En ese momento, escuché o más bien percibí, una voz o la idea de que aquello que estaba vivenciando era la Trama.
Esta Trama, resultaba para mi entendimiento como una tela tejida por miles de dimensiones, miles de niveles o planos, entre los que se desplazaban nuestras vidas, pues no sólo era la mía y no sólo en aquel momento, en todas sus formas y en todas sus experiencias, las materiales, las psíquicas, las emocionales, las de la conciencia y las del espíritu.
En ese breve instante que no puedo definir estaba toda la eternidad para mí y para todos los seres vivos, porque en ese mismo instante breve, no era “yo”, sino éramos “todos”, experimenté la pluralidad en todos los sentidos, aún entendiendo mi individualidad, pero estaba en contacto y a la vez “era” uno y lo mismo con todo lo demás, en todos los tiempos. Es decir, todo pasaba en los diversos planos y en el mismo momento temporal, y sin embargo eran experiencias del pasado, presente y futuro.
Tuve una agradable sensación de disolución, lo cual puede parecer extraño: el sentirse disgregado en todo caso sería como sentir la pérdida de la personalidad. Pero esa disgregación fue muy placentera, pues todo malestar había concluido, y me sentía contenida en todo, habiéndome disuelto en la misma trama.
Me sentí acunada por todo ese despliegue de vida, si es que así se lo puede llamar, y entendí que la individualidad es solo ilusoria, que no hay un verdadero aislamiento del resto del universo y que éste no es distinto de uno mismo, sino que todo es un continuo de tiempo, energía y materia.
Esa disolución en la trama me dio seguridad y mucho placer: nunca había perdido nada, siempre había sido todo, todo lo tenía, todo lo compartía y era compartida por todo.
El primer nivel que quise explorar, pues era el que más cercano se encontraba, fue el del Astral. Ese mundo de emociones que acompaña al mundo físico.
Fue muy extraño encontrarme con la visión de la Luna, como si el satélite de la Tierra fuera realmente el lugar donde reside la masa emocional de todos los seres vivientes. Es cierto que los conocimientos esotéricos antiguos colocan a la Luna como la dominadora de las emociones y pasiones de los seres humanos, ya que es la reina de la noche que produce los encantamientos; si discurrimos en este tema, es parte de la mitología que la luna nos pone, según sus fases, en distintos estados mentales o mas bien, psicológicos, siendo algunos de ellos incongruentes, por eso mismo se le llama a la persona con características irascibles o de mal humor “lunática”. Como símbolo ella es la que produce las emociones y pasiones de los seres humanos, por lo tanto es la luna la dominadora del Astral, sobre todo el Astral Inferior.
Sentí que todos los seres que se habían desprendido de su cuerpo físico y no habían alcanzado los estados avanzados de evolución que les permitieran moverse y permanecer en los altos grados mentales en los que la inteligencia dominara cada suceso, se encontraban bajo su dominio, o tal vez, debería decir en sus dominios, pues vi a esos seres en ella, como si fueran los habitantes inadaptados de un mundo gris, tal como es en realidad. Los vi vagando sin rumbo en una nebulosa sin color, pero aún así muy material, sin saber dónde estaban o cuál era su destino. Y todos ellos luchando con sus propios fantasmas, aquellos que crearon en el mundo físico mientras habitaban la tierra, en una vida que, a esa altura de mi experiencia, debía entender como algún suceso anterior, causal del efecto de desorientación que en ese espacio y tiempo estaban experimentando. Pero yo era parte de esa experiencia, aunque podía definir donde estaba mi cuerpo físico y dónde mi conciencia.
Por lo tanto, todavía sintiéndome en esa disolución placentera, sin contratiempos, sin preocupaciones, tenía la posibilidad de sentir lo que ellos sentían y lo que pensaban, los podía entender.
Pero esos seres sólo habían abandonado la forma física por algún breve tiempo en el que debían aprender algunas cosas y descansar- aunque, sinceramente según mi percepción, no estaban descansando sino sufriendo una especie de calvario personal-, hasta que comprendieran que los fantasmas que los estuvieron acosando en sus vidas, podían desaparecer de la misma manera que ellos los hicieron presentes: reconociendo que no tenían, y no tienen, vida propia sino que esa vida se las otorgan ellos.
En ese espacio lunar, también pude encontrar y observar las emociones creadas por los seres humanos de todas las épocas y lugares de la tierra, que fueron creadas a partir de sus vivencias a lo largo de las distintas encarnaciones de cada uno de ellos. Así lo sentí, pero pude ver, que todas esas emociones no se resolvían en entes individuales, sino que se aglutinaban en grandes grupos y tomaban formas; y en esta instancia, tengo que reconocer que algunas de esas formas, gigantescas, eran espeluznantes. Y se movían entre los seres del Astral en la Luna, pero también pululaban en la Tierra, es decir, en la vida física de quienes los pensaban o sentían, creando confusión, pánico, ira, que a la vez eran los constituyentes de esas mismas formas, por lo tanto, se hacían más grandes y más horrorosas.
Las vi acosar a todo el mundo en la Tierra, pero si bien algunos no sólo las percibían y se pegaban a ellas engrandeciéndolas con sus propios sentimientos de odio y emociones perversas, otros en cambio, las rechazaban o les parecían indiferentes en cuanto a su vivencia psíquica. Esa situación me hizo observar a otro gran grupo de personas que producían formas distintas en base a sus pensamientos y emociones.
Era muy notoria la diferencia y creo que hasta eran tan antagónicas esas grandes estructuras de pensamiento que en algunos casos, parecían entablar una especie de batalla entre ellas. Pero para aclarar un poco más este punto de mi observación, noté que cada pensamiento aparecía en torno a su creador como una nube, no de aspecto gaseoso como las que vemos en el cielo, sino de una materia vibrante que desde mi ángulo de visión, parecía una especie de plasma, ese cuarto estado de la materia más energético y brillante.
Ciertamente, mi impresión fue la de una nube de plasma magnético, más brillante y colorido cuando eran emisiones felices y plácidas, más densas y oscuras cuando eran iracundas y violentas.
Al alejarme en la observación del mosaico que formaba la Tierra, en su materia, circundada por estas nubes de plasma que se compactaban según sus características de brillantes y oscuras, emociones felices y altruistas y de las otras, violentas y malvadas, que aparecían como una filigrana de distintas gemas, la impresión era de cierta armonía, de una especie de compensación de claroscuros, como si el artista que las plasmara buscara mostrar todo lo que la raza humana era capaz de sentir: allí estaban los sueños más maravillosos y fantásticos y las pesadillas más atemorizantes; todo el amor y todo el odio que desde su comienzo como tal, la raza humana ha sentido desde lo más profundo de su corazón. Claro, el artista es toda la humanidad; y la tela es el planeta.
Pero, más allá de esta figura abarcadora que se observaba en la superficie del mundo, se podía ver cómo las formas de pensamiento amorosas extendían unas especies de “hilos”, para mi visión, del mismo fluido plasmático o magnético, tejiendo otra red, otro nivel de la Trama, que ya no se acercaba a la luna sino que la sobrepasaba y parecía almacenarse en un espacio más sutil, si se puede permitir la expresión, mucho menos material, pero aún así, conectado con los seres, con la Tierra y con los desencarnados que deambulaban por los ámbitos materiales de la Tierra y la luna.
Era insólito ver cómo algunos seres de la Tierra, hombres, mujeres y niños, en sus sueños mientras dormían, entraban en ese espacio y consumían como alimento esas nubes magnéticas de color brillante: se impregnaban con ellas, bailaban entre ellas y muchos hablaban con ellas. Me acerqué un poco más y pude ver que esas nubes tomaban formas magníficas, como ángeles transparentes de pura energía.
No, no. No eran ángeles, alguien me hacía saber: pero servían esas formas de pensamiento para la preparación de los humanos para su encuentro con los verdaderos ángeles.
Todo ese espacio en el que flotaban los entes de apariencia angélica, se ínter penetraba con el espacio material y físico, por lo menos eso me parecía.
Era evidente para mí, que esos entes hermosos transmitían algo a las personas con quienes se conectaban.
Y en ese momento recordé mis experiencias con ellos; es más, las volví a vivir y a ver, todo a la vez como protagonista y observador.
Transmitían conocimientos, inspiraban anhelos de superación, provocaban la curiosidad científica, la búsqueda de verdades en todos los ámbitos.
Eran quienes incentivaban la inspiración artística.
Pero, si ellos eran también entes creados por los pensamientos, en este caso, ¿los pensamientos de quién?.
Y la Trama quería mostrarme algunas cosas más. Eran los entes creados por Maestros (por usar un término conocido). Seres que ya han abandonado la forma física densa, la que conocemos y que forma nuestro cuerpo, por otro cuerpo, de una materia más evanescente, y muy parecida a la materia de los pensamientos de los que antes habláramos, parecían seres de plasma, eléctricos o para una mejor comprensión, radiantes.
De todas maneras también sentí que nunca habían sido densos, de carne y hueso como nosotros. Su mente era de una consistencia inusual, para quienes no tienen casi consistencia. Se podría decir que eran Mente, y eso se sentía estando cerca de ellos; lo que pensaban, se hacía realidad, y de la misma manera, en forma de “hilos” llegaba hasta el espacio donde los durmientes, los contemplativos y los soñadores se nutrían de sus creaciones mentales.
Era fascinante. Dos mundos distintos, habitados con seres diferentes, que se encontraban en los pensamientos.
Me sorprendí al darme cuenta que esos seres mentales y radiantes no pertenecían a este universo nuestro, que eran habitantes de otro mundo de más dimensiones que las conocidas por nosotros. Por ese motivo no podía verlos de carne y hueso tridimensionales y utilizando el tiempo unidireccional; su mundo tenía más dimensiones por lo que parecían extenderse hacia otras regiones y tenían la capacidad de movilizarse en el tiempo hacia delante y hacia atrás.
Fue también cuando supe que los “hilos” que veía como el medio de comunicación con los hombres de la Tierra, eran sus proyecciones entrando a nuestro universo y llegando a nuestro mundo. Los “hilos” penetraban por algún lugar, eran las diminutas puertas de un plano de existencia hacia el otro.
Esas puertas eran en realidad las otras dimensiones del espacio que no podemos percibir, pero que se encuentran en nuestra materia misma, en el interior de cada átomo y que se manifiestan en esa radiación parecida al plasma con la que están moldeadas las emociones.
De todas maneras las emociones también pertenecen a un nivel diferente, evidentemente de este universo, pero en ese nivel, el contacto con las otras dimensiones del espacio es más fácil de lograr.
A esa altura de mi experiencia, la Trama no sólo tenía relación con mi mundo circundante y el de las emociones del Astral y los seres desencarnados, sino que también podía extenderme hacia un universo paralelo donde ciertos habitantes tenían una fluida comunicación con los seres humanos.
Afortunadamente, mi supuesta disolución era mi permiso de viaje por los pasadizos de la Trama.
Así que, resumiendo, esta Trama la formaban hasta este punto, la materia misma, una materia más sutil, radiante y plástica, que correspondía a los estados emotivos, los sueños y toda emisión psicológica de los humanos, que residían en un plano diferente a la materia, pero unidos o mezclados de todas maneras y que se influían permanentemente. Más otros universos, paralelos, que se enlazaban a través de dimensiones extra, escondidas en los átomos de la materia. Uf! Muy embrollado. Pero después de todo, eso era lo que estaba experimentando.
Y en ese momento me di cuenta de lo que resultaba un verdadero caos. Sí, caos era la palabra que definía la situación.
Todo estaba vinculado con Todo, los universos distintos que se entrecruzaban en algunos lugares especiales de la Tierra y del Espacio interplanetario, por no decir también interestelar, esos lugares en que por saltos magnéticos, se producían saltos temporales. Por cambios en la materia, infinitesimales, se producían saltos de un universo a otro. Las pequeñas puertas se abrían y cerraban constantemente, y de cada puerta se abría un universo diferente cada vez. Y además, se percibían las influencias en cada caso.
Lo maravilloso de todo este espectáculo es que se mantenía en una constante vibración, como si todo este entramado estuviese vivo, respirando y latiendo en cada nivel de una manera más o menos rápida.
Bien, allí fue donde entendí, que aquellos que yo había llamado “desencarnados”, podían viajar al lugar que se les antojara, pero que se encontraban detenidos allí, en ese espacio entre la Tierra y la Luna, pues no sabían que podían ir donde quisieran, utilizando esa materialidad sutil que ahora tenían como forma corpórea, atravesando los distintos planos y universos.
Eso era lo que me estaba pasando a mí en ese momento. Mi conciencia había comprendido su ubicuidad, podía estar en todas partes y en todos los tiempos.
Quise entonces saber algo más de esos otros universos que se mezclan a veces con el nuestro, y me colé en una de esas puertas dimensionales, que tratando de entenderla racionalmente, se me presentó como una extensión de las dimensiones conocidas: alto, ancho y espesor. Pero era una paradoja; el ancho, el alto y el espesor se compactaban en una especie de espiral dentro de la pequeñez del átomo, acompañando a otras medidas espaciales, para mí indescriptibles. Entonces, una pequeña parte del átomo me absorbía, junto con las dimensiones y me depositaba en otro universo, que tenía muchas más dimensiones que estas tres conocidas, más el tiempo. En realidad debería decir los tiempos. Y en este universo la dimensión temporal se podía ver, hasta se podía tocar. Era francamente desconcertante: lo que en nuestro medio material terrestre es percibido sólo psíquicamente, como el tiempo, en este espacio universal diferente era tan tangible como lo es algo sólido. Por ello, los habitantes de este espacio manipulaban el tiempo a su antojo.
Sus experiencias pasaban desde el futuro hacia el pasado, según sus conocimientos y necesidades comunes. Ah! Eso era muy importante, que las necesidades fueran de muchos y no de uno solo.
Trataban de transmitir también según sus necesidades a los seres humanos de todas las épocas, los conocimientos que adquirían. Cuanto más alejados estaban ellos de la época que pasaba por ese “entonces” la raza humana, intentaban una comunicación a través de las puertas dimensionales.
Descubrí que no siempre sus mensajes eran comprendidos. Los seres humanos no comprenden muy bien sus sueños.
Pero también jugaban con el tiempo según el espacio en el que lo hallaban alejado de seres vivos.
Cuando quise ver con más claridad sus desarrollos científicos, sobre todo en lo concerniente a la física y las dimensiones del espacio-tiempo, me desperté.
Volví instantáneamente a mi cuerpo. Habían pasado sólo segundos de mi experiencia.
¿Estuve en otro espacio y en otro tiempo? O mi mente tiene otras posibilidades en cuanto a esta materia.

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