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Adolfo Gandin Ocampo : CUENTO FANTASTICO: UNA ABDUCCION
Enviado por adolfo gandin ocampo el 30/4/2010 5:10:00 (1206 Lecturas)

Envio realizado a nuestra biblioteca por el Lic Eduardo Grosso , a quien se lo agradezco enormemente.
aqui el mismo

Cuento Fantástico

UNA ABDUCCIÓN
Por Eduardo Grosso

Barrio de Belgrano - Septiembre de 2009........


Cuento Fantástico

UNA ABDUCCIÓN
Por Eduardo Grosso

Barrio de Belgrano - Septiembre de 2009

Aquella atípica noche de primavera, con casi 28 grados de temperatura, Michelle Arnoux trataba de conciliar el sueño entre los ronquidos de su marido, Pierre.
Hacía pocos meses que vivían en Buenos Aires, a raíz del ofrecimiento a Pierre de encargarse de la Gerencia Comercial de una subsidiaria de la empresa de telecomunicaciones en donde trabajaba, cuya sede estaba en París.
A pesar de su ansiedad por el cambio de hábitat, la pareja se había adaptado perfectamente al ambiente porteño.
La natural simpatía del argentino, lo parisino de la ciudad y los monumentales asados con sus nuevos amigos, habían contribuido a la feliz adaptación. En Argentina estaba la mejor carne vacuna, y los vinos premium no tenían nada que envidiar a los mejores de Burdeos o Champagne, para satisfacción de Pierre, que como buen francés, era gran conocedor y gozaba de los placeres gastronómicos.
Éste cumplía acertadamente con sus tareas profesionales y la pareja había sido bendecida contra todos los pronósticos con el embarazo de Michelle, que entraba en el cuarto mes de gestación.
Al principio, apenas llegados y afincados en su nuevo departamento, les había extrañado los malestares físicos de la joven esposa, nunca los habían asociados con un embarazo, porque en su país de origen habían realizado numerosos estudios, dictaminándose una mala formación en el útero, lo que le imposibilitaba la preñez, pudiéndose corregir con cirugía, operación que realizarían el próximo año, cuando regresaran a su antigua residencia en París durante las vacaciones.
Michelle acabada de cumplir 20 años y tomó su embarazo como un regalo divino, donde el amor y la voluntad de ser madre vulneraban la opinión autorizada de la Ciencia Médica.
A Pierre, de 28 años, se le notaba la satisfacción por el futuro "gauchito" en la familia, de hecho ya había conseguido dos botellas de Champagne "Bollinger" y una caja de habanos cubanos, marca "Partagas", para festejar con los "muchachos", sus nuevos amigos, el nacimiento de su primogénito.
Por supuesto, lo haría con un asado de por medio, como indica la tradición en Argentina para cualquier acontecimiento trascendente.
Michelle había sufrido desde niña por acúfenos, un sonido estridente como un acople dentro de su oído derecho. Cada tanto le ocurría, habiéndole dicho los médicos que era un problema muy común, con origen en sus vértebras cervicales, pero restándole importancia.
Durante toda la semana previa, el molesto sonido se hacía presente en forma persistente, incluso ocasionándole dolores de cabeza muy pronunciados.
Aquella noche apuró dos aspirinas con un vaso de leche al ir hacia el dormitorio, deseando que fuera la solución.
A pesar de su empeño, no podía dormir. Estaba muy nerviosa sin saber porqué. Beso tiernamente a Pierre que se durmió inmediatamente.
Ninguna brisa penetraba por la ventana abierta de par en par de su dormitorio, todavía no habían instalado el aire acondicionado, tampoco se escuchaban sonidos provenientes del exterior del edificio. A pesar de estar en un piso décimo del aristocrático barrio porteño, los ruidos de la calle eran habituales.
Sin embargo esa noche el silencio era total.
Michelle, sin estar aún dormida, permanecía con los ojos cerrados, tratando de conciliar el sueño. El chasquido de su radio despertador eléctrico al cortarse el suministro de energía, hizo que entre abriera los párpados.
Por el rabillo del ojo le pareció ver un pequeño reflejo hacia el lado de la ventana, una pequeña luz verde fosforescente flotaba a poco más de un metro de altura cerca de los pies de la cama matrimonial.
Observándola atentamente, al principio pensó que una luciérnaga había entrado en la habitación; ella odiaba a todos los insectos, era un sentimiento visceral que nunca había superado ni podido explicar, a pesar de haber vivido su infancia en la campiña francesa, disfrutando la naturaleza.
Sin embargo, el pequeño punto de luz permanecía fijo, brillando con un color verde intenso con algunos reflejos anaranjados cada tanto. Se escuchaba un sonido como de chisporroteo y un penetrante olor parecido al del azufre llenaba el ambiente.
Sentía que su cabeza iba a estallar a causa de una pulsación rítmica y grave que llenaba la totalidad de su mente.
Lo que fuera no tenía que ver con una luciérnaga. No era algo vivo, era extraño, su psiquis no podía hilvanar un pensamiento analítico.
Se asustó profundamente.
Trató de despertar a Pierre sin éxito, primero gritándole, después sacudiéndolo fuertemente y hasta propinándole varios golpes en la desesperación.
¿Por qué su marido no despertaba? Se preguntó presa de la angustia.
La pequeña esfera comenzó a acercarse a la cama, produciendo ese extraño sonido, aproximándose lenta pero indefectiblemente. A medida que ésta pasaba sobre su cuerpo, sus músculos se agarrotaban, se paralizaban convirtiéndose en algo sólido.
La rigidez muscular invadió todo su cuerpo, estaba totalmente paralizada.
Sólo sus ojos tenían movimiento. Dentro de su cabeza "sintió" una voz que llegaba directamente a su cerebro sin pasar por el canal auditivo:
- Ya es tiempo -
Una luminosidad azul penetró por la ventana abierta, cubriendo toda la habitación.
Junto con ella, como materializándose de la nada, cuatro pequeños seres, diminutos duendes, se acercaron a la cama y la tomaron de las extremidades, sintiendo Michelle que se elevaba de su cama.
Pensó nuevamente en su marido, desesperándose. Podía escuchar perfectamente su respiración lenta y profunda. ¿Cómo no podía darse cuenta de lo que estaba ocurriendo? ¿Qué eran esos seres? ¿Había enloquecido?
Estaba ingrávida, no sentía algo firme sosteniéndola, flotaba libremente en su habitación, dirigiéndose hacia la ventana abierta con los pies por delante.
No podía ver a esos duendes, imaginaba que estaban debajo o al costado de ella. No podía girar la cabeza, sólo podía ver hacia arriba, al cielorraso bañado en la luminosidad color azul cobalto.
Traspasó la ventana y el balcón, desafiando el vacío.
Increíblemente en ese instante se sentía tranquila, calmada, sabía que la vereda estaba treinta metros más abajo, sin embargo no tenía miedo, como presa en una ensoñación producida por el opio.
No podía explicarlo. Su mente luchaba con lo irreal.
Allá arriba, muy por encima del edificio, vio un contorno circular, como un gran plato, que se adivinaba a causa de la escasa luz de la Luna en cuarto menguante. Era un objeto oscuro, silencioso, amenazante, colgado del firmamento esperando pacientemente a su presa....
De pronto, inesperadamente, recordó todo... Aquello escondido en su mente a causa del terror, salió a la luz como a borbotones.
Vino vívidamente a su mente aquella primera vez que habían aparecido esos seres, creía ella que en sus sueños, en su casa paterna, entre los viñedos de la familia, en las afueras de Reims, cuando era una inocente pequeña de ocho años disfrutando de su infancia.
Revivía aquella pesadilla, como lo había hecho numerosas veces a lo largo de su vida. ¿Cómo había podido olvidarlo? ¿Qué hacían con su mente?
Recordó aquellas figuras sobre ella, la parálisis física, la desaparición de su vestido, el contacto frío de esa piel rugosa, el dolor de la violación y la postración por no entender...
En ese momento sintió miedo, un terror paralizante y desgarrador. Aquellos horribles sueños que la perseguían desde aquella vez, cuando niña, volvían a manifestarse con todo su espantosa realidad. Pero no eran pesadillas.
¡Todo era absoluto e increíblemente real! Una y otra vez había ocurrido, en su infancia y en la adolescencia. En este momento lo recordaba, sin comprender porqué, ni como, lo había olvidado.
Ascendió hacia la sombra de manera vertiginosa en medio de un torbellino luminoso que nublaba sus ojos y le impedía respirar.
Sin saber cómo, al siguiente momento estaba desnuda, boca arriba, sobre una mesa rectangular extremadamente fría, en una especie de cueva o habitación circular, iluminada escasamente pero de manera extraña, como si la luz fuera emitida desde las paredes. Distintos pedestales, como oscuros altares emergían desde el piso de la estancia. En cada uno de ellos había otras mujeres en su misma situación, cada una de ellas desnudas, rodeadas de esos pequeños seres esperando...
Grilletes aprisionaban sus brazos y pies, sus piernas estaban levantadas y separadas, exponiendo su abultado vientre.
Intuía lo que iba a ocurrir.
Los seres estaban a su alrededor, mirándola con esos enormes ojos negros, con sus cabezas abultadas como un bestial engendro, a pocos centímetros de su cara.
Sus manos, de cuatro dedos muy largos, diferente a las humanas, manipulaban extraños instrumentos de aspecto metálico y otros de un material parecido a la silicona. Eran instrumentos de una medicina exótica.
Se sintió como una pequeña mascota, atrapada, a punto de ser sometida a una vivisección para satisfacer la curiosidad de unos perversos alumnos.
Parecían grandes insectos, fríos, insensibles, con movimiento de autómatas, como si no poseyeran una mente propia.
Su piel era de un color gris sucio, rugosa, como de alguien muy viejo, con la piel curtida por mil soles, olían a azufre.
Un ser más alto, al que Michelle reconoció inmediatamente como un "ella" (su intuición así se lo indicaba), parecía dirigir los procedimientos. Ya la había visto en otras oportunidades, prácticamente desde que tenía memoria. Su imagen rezumaba inteligencia y una frialdad absoluta, como la figura de alguien que nunca ha experimentado el amor, la alegría, la tristeza; solamente el frío intelecto carente de sentimientos.
Este ser la miró fijamente con sus grandes ojos, oscuros como la noche, de una profundidad insondable, poseedores de una capacidad hipnótica, y en un perfecto francés transmitió mentalmente palabras que resonaron en su mente profunda:
- Tu hijo es nuestro, lo hemos engendrado en ti para nuestro beneficio y el de la raza que nos sobrevivirá a ambos...-
Posteriormente puso su delgada mano sobre la frente de Michelle y ésta cayó en un profundo sueño.
Pierre se despertó tarde aquella mañana y vio que su esposa no estaba a su lado. La encontró en el pequeño comedor diario, llorando sobre un charco de sangre...
No sabía como había pasado, pero ya no estaba embarazada.
Allá lejos, mientras la nave cruzaba el espacio profundo, un grupo de pequeños niños, no totalmente humanos, se reunían alrededor del extraño ser de piel gris, al que sonrían con sus pequeñas bocas y sus grandes ojos negros como la noche...

Nota: Si bien es cierto que “Una Abducción” en un cuento, son miles las personas a lo largo y ancho de todo el mundo, que han sufrido esta misma experiencia.
Podemos especular sobre la veracidad de lo sufrido, sin embargo en muchos casos quedan evidencias físicas que respaldan el testimonio de los protagonistas.
¿Extraterrestres, intraterrestres, seres de otra dimensión o de un universo paralelo? No lo sabemos, pero creemos que sean quienes fueren, están interesados vividamente en nuestra genética y en la creación de un ser híbrido, que podría ser el comienzo de una raza futura. ¿Será para salvarnos o dominarnos?
El tiempo traerá las respuestas.

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