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Mitos y Leyendas : EL PAISAJE DE LOS MITOS
Enviado por Rosa Santizo Pareja el 9/4/2010 17:20:00 (726 Lecturas)

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Hoy día solemos pensar en el paisaje como un objeto externo, una masa de rocas, tierra y agua que existe independientemente de quienes lo contemplan. Pero la naturaleza es también una invención humana y los paisajes son creaciones culturales además de objetos inertes. Los antiguos griegos, ya desde Homero y Hesíodo, interpretaban el paisaje a través de los mitos. De este modo afectaban al mundo y eran un puente más abierto al paso de los mitos de una cultura a otra. Las enormes grietas y cuevas que se abrían en el suelo, las rápidas corrientes de la colina de Seleucia o el escarpado barranco que se herguía (y yergue) de forma tan abrupta sobre la llanura de Cilicia en Anavarza... eran algunos de estos paisajes.

Cuán cierto es que la imaginación dota de cuerpo a las formas de lo desconocido. Cuando los eubeos tuvieron la ocasión de visitar el este de Sardes, contemplaron la región acertadamente llamada Lidia Catacecaumene, que en su idioma quería decir “quemada” y hallaron una llanura calcinada por las cicatrices negras de las erupciones volcánicas. En su extremo se hallaba la aldea de Kula, donde asomaban por doquier los conos negros de los volcanes extintos. Un paisaje marcado por la cólera de los dioses. Tal vez ascendieron a uno de sus picos y, echando la vista atrás hacia Kula, contemplaron una vista extraordinaria: una inmensa extensión de lava petrificada que recordaba la negrura de un bosque incendiado o como si en una violenta tempestad, las olas del océano se hubieran vitrificado de repente en un color negro en vez de verde. ¿Cómo podían explicar aquel paisaje sino recurriendo al escenario de la batalla entre Zeus y la serpiente Tifón?

Tifón, la serpiente masculina, se unió a la víbora Equidna, natural del lejano país de los Árimos, que los fenicios llaman “Aramé”. Era el hijo más joven de Gea, la madre Tierra. La cabeza del gigantesco Tifón rozaba las estrellas, sus manos se extendían por levante y por poniente y cien cabezas de dragón surgían de su tronco, estando sus muslos formados por víboras silbantes. Con el fin de disputarle el dominio del mundo, la serpiente se enfrentó a Zeus, enzarzándose ambos en una pelea cuerpo a cuerpo cerca del monte Casio. Zeus iba armado con una hoz que la serpiente le arrebató cortándole con ella los tendones. Tifón envolvió los tendones de Zeus en una piel de oso y los llevó junto al mar, en Cilicia, donde los dejó bajo la custodia de la dragona Delfine. Pero Hermes y Pan, hijos de Zeus, los recuperaron y volvieron a ponérselos a Zeus en su sitio de tal modo que el Dios Supremo pudo montar de nuevo en su carro y atacar a Tifón hasta derrotarlo. Acosado por los rayos y truenos de Zeus, Tifón resultó malherido en Lidia y comenzó a vomitar fuego por su boca, quemando la tierra del país hasta que un sacerdote de Zeus abandonó su templo, situado en las inmediaciones, y detuvo al monstruo con dos poderosísimas palabras: “Stèthi, talan” (“detente, desdichado”). Y el violento monstruo se detuvo y estas palabras dieron la raíz de la palabra que designaría a la población cercana, Sátala, a cuyo oeste se encuentra a siniestra madriguera de la concubina de Tifón, la víbora Equidna. En efecto, al norte de Sardes se extiende una gran llanura de túmulos funerarios lidios, a cuyo norte la tierra se conviertía en un pantanoso lago que llaman la laguna de Gigea o Cóloe, donde nubes de mosquitos se congregaban y disputaban el cielo con numerosas aves acuáticas, sobre todo grullas, en un paisaje de juncos que conforman islas móviles que desplaza la sutil corriente. Y si al este, en Lidia Catacecaumene, el cuerpo envuelto en llamas de Tifón había arrasado el paisaje, en la laguna Gigea vivía Equidna bajo los juncos danzantes.

Otras tradiciones dicen que en Cilicia, cerca del río Calicadno, al norte de Seleucia y muy cerca del mar, donde el terreno se hunde en dos espectaculares barrancos, Tifón, herido, había escavado una madriguera para esconderse, derrotado, de la furia de Zeus, dando lugar a la gruta de Coricia. De tal manera lo cuenta Homero en el canto II de su Iliada. A la sombra de aquella sima crece uno de los mayores regalos que la naturaleza le ha dado al hombre: los crocos de azafrán. Efectivamente, una cueva inferior se abre en la gruta de Coricia y en su interior, un río subterráneo trae ecos de una extraña música sin duda divina. Es el río Aoo, cuya corriente sigue fluyendo, incluso por debajo de la costa y resurge junto al mar abierto, donde lugareños y visitantes contemplan el extraño espectáculo de las vacas calmando su sed rodeadas de olas marinas. Pero además parte del cauce continúa discurriendo bajo el océano y reaparece en poniente, en la vecina isla de Chipre. Y entre la isla y la costa las riberas del mar continúan bermejas por la sangre de las luchas entre Zeus y Tifón. Ya lo dije antes: que la imaginación dota de cuerpo a las formas de lo desconocido. ¿Cómo si no podemos explicar el paisaje que contemplamos en aquellas tierras sino adaptándolo a nuestros mitos como ya lo hicieran los fenicios antes que nosotros?

No obstante Zeus respetaba a sus enemigos y tras vencer a la serpiente proclamó:

Haré construir para ti, infeliz ser que no pudiste derrotarme, un cenotafio, una tumba vacía que algún día podrás ocupar. En ella haré poner la siguiente inscripción “esta es la tumba de Tifón, quien una vez atacó al cielo con sus piedras y el fuego etéreo lo consumió”.

Pero en las luchas por la sucesión al frente de los cielos, Tifón no fue el único adversario al que los dioses tuvieron que doblegar. Hubo otros casi tan monstruosos como él. Además de los titanes, hijos de Gea y Urano, señores de la Tierra y el Cielo respectivamente, estaban los terribles hecatonquires, uno de los cuales, Briareo, es el causante de las erupciones volcánicas de los Campos Flegreos, en la península etrusca, al otro lado del mar, en el interior del monte Aídna que los lugareños llaman Etna. No obstante esto podría no ser así, pues informadores eubeos de la lejana Calcis contaron después que las llamaradas que surgen del Aídna eran debidas a Tifón, que se precipitó en medio de una violenta llamarada entre los oscuros e inaccesibles barrancos de aquel monte tras ser abatido por Zeus. Estos informadores aseguraron al resto de los griegos que cuando, abatido, cayó allí Tifón, quemó el monte y sus bosques de encinas y avellanos y los nervudos arbustos de retama que todavía hoy siguen trepando por las achicharradas laderas de ceniza del Aídna.

También estaban los gigantes, los más famosos de los cuales fueron Orión, Peloro, Mimante, Porfirión y Alcioneo y Encélado, criaturas descomunales caracterizadas por su soberbia y su violencia sin parangón y que trajeron de cabeza durante un tiempo a los felices feacios. Sin embargo los gigantes eran mortales y no hijos de los dioses. Sus batallas simbolizan la victoria del orden sobre la violencia, pues fueron vencidos por el rayo inflamado y potente de Zeus.

Y si Tifón y su esposa Equidna, así como los titanes, desaparecieron para siempre, los cuerpos descompuestos de los gigantes sí que han quedado sobre la superficie de la tierra, en planicies, grutas y valles de todo el mundo, yaciendo sus cadáveres justo por debajo de la superficie del suelo. Así, en el extremo occidental de la bahía de Leuca, hay unas cuevas que contienen huesos de gigantes y, tierra adentro, un maloliente manantial de aguas sulfurosas en el que supuran las heridas recibidas por los gigantes fugitivos.

De vez en cuando aquí y allá, especialmente tras las crecidas de los ríos que cambian de cauce, salían a la luz los inmensos huesos que no pertenecen a criatura alguna conocida, muy especialmente cornamentas y colmillos como de elefantes, solo que diez veces mayores en tamaño y más curvos. Y no es difícil encontrar restos de seres que escapan a los más ancestrales recuerdos, por ser originarios de aquellos tiempos pasados, antes de que los hombres pisáramos la tierra y cultivásemos la vid y el olivo. ¿A qué conclusión no podían llegar los clásicos cuando contemplaban sus huellas petrificadas en la dura roca?.

Fuente: http://ordorenascendi.blogspot.com/20 ... paisaje-de-los-mitos.html

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Autor Hilo