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Enigmas y Misterios : CAMINO DE SANTIAGO: TRAS LA ESTELA DEL APOSTOL.
Enviado por Rosa el 12/1/2010 10:40:21 (1499 Lecturas)

En tiempos del Dante, los peregrinajes a la tumba de santiago en Compostela s√≥lo eran superados en n√ļmero y prestigio por los realizados a Roma. Sin embargo el Poeta supremo opta por valorar mejor los realizados a Galicia, razonando que aunque en sentido amplio ambos son peregrinajes, santiago es el ap√≥stol que reposa m√°s lejos de su tierra y es el que convoca a los aut√©nticos peregrinos. No era mala esa publicidad para una ruta tur√≠stica que hab√≠a de contribuir a la vertebraci√≥n de Europa. Dante concluye que los peregrinajes son, ante todo, situaciones de educaci√≥n, y que, por tanto, los caminos largos son los m√°s enriquecedores.

Seg√ļn la tradici√≥n Santiago ‚Äďhermano de Juan Evangelista, hijo de Zebedeo el pescador y de Salom√©-, tras predicar el Evangelio en Espa√Īa sin alcanzar gran audiencia, retorn√≥ a Jerusal√©n donde en el a√Īo 44 fue decapitado por orden de Herodes Agripa. Unos disc√≠pulos consiguieron embarcar su cuerpo hacia estas tierras, donde permaneci√≥ ignorado hasta que, a comienzos del siglo IX , se produce el hallazgo de su tumba, que desde entonces competir√° con Jerusal√©n y Roma como lugar de destino de andaduras. Un siglo antes de que Dante dejara en su Vita Nuova aquella apolog√≠a del peregrinaje a Galicia, ya se hab√≠a escrito la primera gu√≠a tur√≠stica de la Historia, con su mapa incluido. Forma parte del Liber Sancti Jacobi,un compendio de escritos relativos a Santiago y al camino de peregrinaci√≥n que, aunque redactado en distintos tiempos, estaba ya reunido a mediados del siglo XII. El manuscrito m√°s notable correspondiente a ese libro es el C√≥dice Calixtino.

La consigna del peregrinaje a la tumba del Ap√≥stol en Galicia se concreta precisamente en el cap√≠tulo I del Libro IV de ese C√≥dice, donde se narra la visi√≥n del emperador Carlomagno (742-814): ‚ÄúY en seguida vio en el cielo un camino de estrellas que empezaba en el mar de Frisia y, extendi√©ndose entre Alemania e Italia, entre Galia y Aquitania, pasaba directamente por Gascu√Īa, Vasconia, Navarra y Espa√Īa hasta Galicia, en donde entonces se ocultaba, desconocido, el cuerpo de Santiago‚ÄĚ.

En una aparici√≥n a Carlomagno, Santiago le aclara: ‚ÄúEl camino de estrellas que viste en el cielo significa que desde estas tierras hasta Galicia has de ir con un gran ej√©rcito a combatir a las p√©rfidas gentes paganas, y a liberar mi camino y mi tierra, y a visitar mi bas√≠lica y sarc√≥fago. Y despu√©s de ti ir√°n all√≠ peregrinando todos los pueblos, de mar a mar, pidiendo el perd√≥n de sus pecados y pregonando las alabanzas del Se√Īor, sus virtudes y las maravillas que obr√≥‚ÄĚ (Codex Calixtinus, folio 162).

La Vía Láctea y el Camino de Santiago.

En un d√≠a de verano, antes de que comience el amanecer, si gozamos de un cielo oscuro, sin nubes y sin Luna, puede verse una llamativa singularidad entre las estrellas de la noche: la V√≠a L√°ctea forma un arco luminoso que recorre el firmamento de Este a Oeste. Es un espect√°culo que fue rom√°nticamente descrito por el astr√≥nomo Camille Flammarion (1842-1925) con estas palabras: ‚ÄúUn extenso rastro blanquecino se eleva como un arco a√©reo a trav√©s de la b√≥veda estrellada; en √©l se descubren irregularidades caprichosas: aqu√≠, corre como un r√≠o celeste en un lecho angosto y mon√≥tono; all√≠, se divide en dos brazos que quieren separarse el uno del otro; m√°s lejos, parece desgarrarse en pedazos, como un vell√≥n ligero cardado por los vientos del cielo.‚ÄĚ

Aquel ‚Äúextenso rastro blanquecino‚ÄĚ que cruza el firmamento hab√≠a comenzado a llamarse tambi√©n Camino de Santiago y habr√≠a de sugerir durante siglos para muchos peregrinos, de todos los credos y culturas, un camino. Aunque debemos aclarar desde un principio que no puede utilizarse como referencia, dado que su orientaci√≥n va cambiando a lo largo de la noche, al igual que su posici√≥n es diferente a una hora determinada si la miramos en distintas √©pocas del a√Īo.

Hace ahora 400 a√Īos que el incomparable Galileo Galilei descubri√≥ que la V√≠a L√°ctea no es m√°s que un conglomerado impresionante de estrellas, poniendo realidad cient√≠fica en donde antes s√≥lo hab√≠a fantas√≠as y especulaciones. En lo que respecta a nuestras ideas sobre la naturaleza de aquel camino celeste, y al lado de los mitos que existen en todas las culturas, lo cierto es que hasta comienzos del siglo XVII prevalecieron las propuestas de Arist√≥teles, que sobre el particular no eran lo que se dice especialmente brillantes.

El filósofo estagirita pensaba que la Vía Láctea estaba formada por una sustancia aérea caliente y seca, similar al gas de los pantanos, que sube hasta cerca de la esfera de las estrellas fijas, donde entra en incandescencia. Para justificar el que semejante nube gaseosa, de origen terrestre, se encuentre en medio de los espacios celestes, pueda tener forma irregular pero constante, y no consumirse, Aristóteles tuvo que forzar artificialmente su lógica y mezclar con desparpajo elementos físicos y metafísicos. La cultura popular habría de echar forzosamente mano de los mitos.

Un río de leche.

Para la tradici√≥n griega cl√°sica, nuestro Camino de Santiago celeste hab√≠a sido un r√≠o de leche. La leyenda que da calificativo oficial a esa banda blanquecina ‚ÄďV√≠a L√°ctea, Milky Way, Voie lact√©e‚Äď nace en una de las aventuras de Zeus, un dios al que como sabemos le gustaban especialmente las mujeres mortales. En esta ocasi√≥n visit√≥ a Alcmena, la esposa de Anfitri√≥n, haci√©ndose pasar por su marido, y como fruto de aquel encuentro naci√≥ Heracles, que ser√≠a H√©rcules en la versi√≥n romana.

Para que el peque√Īo adquiriese la inmortalidad fue colocado a los pechos de la diosa Hera, esposa y hermana de Zeus, mientras ella dorm√≠a, y el ni√Īo succion√≥ con tal fruici√≥n que adquiri√≥ la fortaleza que luego har√≠an posibles las haza√Īas que le hicieron famoso. Pero Hera ten√≠a celos de la madre del ni√Īo, y al despertar y darse cuenta de lo que suced√≠a alej√≥ a Heracles de su pecho, con lo que su leche se derram√≥ por el cielo. √Čsta es la versi√≥n que ha dejado en nuestra cultura el adjetivo de ‚Äúl√°ctea‚ÄĚ para esa v√≠a o camino que vemos en el cielo de la noche, y tambi√©n proporciona un origen para la palabra ‚Äúgalaxia‚ÄĚ.

Los astros est√°n desde siempre vinculados a los viajes. No olvidemos que la palabra ‚Äúdesastre‚ÄĚ significa ‚Äúsin ayuda de los astros‚ÄĚ, expresi√≥n que, entre otras interpretaciones, representa la adversidad que puede suponer para un viajero el no poder orientarse en su camino si no ve las estrellas. De este modo no resulta nada extra√Īo llamar v√≠a o camino a esa banda blanquecina. De hecho, existen otras varias denominaciones en esa clave y, por ejemplo, en algunos pa√≠ses del Asia oriental, se le conoce como el Camino del Elefante Blanco, y para muchos t√°rtaros musulmanes se trata del Camino a la Meca.

Como queda dicho, desde el siglo XII, entre nosotros se ha popularizado el nombre de Camino de Santiago, denominaci√≥n que creo extendida de manera general, al menos por Espa√Īa y Francia. Claro que siempre hay alguna anecd√≥tica excepci√≥n: hace a√Īos descubr√≠ que en la zona de Cedeira (Coru√Īa) hab√≠a personas que conoc√≠an a la V√≠a L√°ctea con el nombre de Cami√Īo de San Andr√©s. Parece que la rivalidad entre los peregrinajes a Compostela y San Andr√©s de Teixido, sean de muertos o de vivos, se extiende tambi√©n a este aspecto. Est√° claro que puede tratarse de un camino, aunque al variar de orientaci√≥n no se sepa exactamente a d√≥nde conduce. En nuestra tradici√≥n, el llamar camino a la V√≠a L√°ctea tendr√° como principal objeto recordar el sentido religioso del peregrinaje y crear un s√≠mbolo entre las estrellas, m√°s que disponer de un instrumento de orientaci√≥n. Por encima del posible valor ic√≥nico de la banda lechosa est√° el valor simb√≥lico.

Esa idea nos permite dejar a un lado las consideraciones astrol√≥gicas y los esfuerzos mim√©ticos ‚Äďque est√°n presentes en la redacci√≥n del C√≥dice Calixtino cuando habla del tema‚Äď y hacer, por ejemplo, una lectura puramente religiosa. Evidentemente hay una idea cristiana del Camino, que se apoya sobre todo en el evangelista Lucas, quien lo construye en dos momentos: primero de Galilea a Jerusal√©n (Evangelio de Lucas 9,51), pero sin olvidar luego la misi√≥n de continuar hasta el conf√≠n de la Tierra (Hechos de los Ap√≥stoles 1,8).

A la vista de la variedad de peregrinos, de sus lenguas y or√≠genes, de sus motivaciones, de sus expresiones art√≠sticas y literarias, de sus manifestaciones y de sus historias personales y colectivas resulta sugerente pensar que ese caminar en realidad nos lleva a seguir al viejo Sol, que es quien sabe mejor que nadie d√≥nde est√° el m√°s all√°. Plus ultra. Es verdaderamente dif√≠cil diferenciar, por un lado, el recorrido religioso de las peregrinaciones a Santiago y, por otro, la v√≠a inici√°tica que se prolonga hasta un poco m√°s all√° de Compostela, hasta la Costa da Morte, el lugar donde ‚Äúmuere el Sol‚ÄĚ en su fusi√≥n con el oc√©ano; es el Finis Terrae.

Las leyendas del camino.

Desde luego no faltan leyendas que unan ambos caminos y enlacen elementos m√≠ticos presentes en Galicia, como la relaci√≥n de la villa de Noia con No√© y de su Arca con Argo navis, gran constelaci√≥n en la V√≠a L√°ctea que cuando est√° baja en el horizonte, tocando el mar, permite so√Īar en seguir con ella por el cielo el camino que sobre la tierra ha tocado a su fin. El mito quiere tambi√©n que aquel propio H√©rcules que fue separado de los pechos de Juno al formarse la V√≠a L√°ctea, construyese en La Coru√Īa una torre que sirve para se√Īalar uno de los confines del mundo. El peregrinaje a Compostela recorre el mismo camino que marca el Sol. La costumbre de los peregrinos de recoger conchas marinas al llegar a la costa, de la que nos habla el Libro III del Liber Sancti Jacobi, ratifica que el final de los peregrinajes estaba al llegar al oc√©ano. Al final del camino est√° la mar.

Desde que Galileo desveló con su primitivo telescopio la identidad del celeste Camino de Santiago, la ciencia ha recorrido un largo sendero. Esta milenaria ruta científica nos ha llevado a descubrir que la Vía Láctea es, en realidad, la galaxia a la que pertenece nuestro Sistema Solar, junto con todas las demás estrellas que vemos a simple vista y con unos 200.000 millones más.

Hoy en día ya podemos afirmar que la banda lechosa es, simplemente, la visión de ese conglomerado estelar desde dentro, en la dirección del plano donde hay más estrellas. Nuestra Galaxia tiene forma de disco achatado, con dos brazos espirales y gira a una velocidad enorme. Al parecer, los caminos terrestres no tenían correspondencia alguna en el cielo; pero sin duda, nosotros seguiremos caminando.

Ram√≥n N√ļ√Īez Centella

Director del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología

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