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Civilizaciones Antiguas : EL ENIGMA DE LA ESCRITURA MAYA.
Enviado por Rosa el 17/12/2009 15:43:50 (1532 Lecturas)

El primer europeo que se encontró en presencia de los vestigios de la civilización Maya fue el andaluz Francisco Hernández de Córdoba, en una expedición de 1527. El objetivo de la exploración de la tierra firme centroamericana era aprisionar indígenas y convertirlos en esclavos para que trabajaran en terrenos agrícolas y en minas de Cuba.

Los aventureros zarparon de Cuba el ocho de febrero de 1517 con dos carabelas y un bergantín. Después de aproximadamente veinte días de navegación, avistaron tierra en la costa de Yucatán.

Los invasores, estupefactos, vieron casas de piedra y se dieron cuenta de que estaban frente a una cultura avanzada. El pueblo se llamó Gran Cairo, siguiendo una tradición medieval que veía como musulmana cualquier civilización que no fuera cristiana. Sin embargo, los grupos tribales llamaban a esa tierra Catoch, que significaba nuestras casas. Por otro lado, un malentendido originó la palabra Yucatán, pues parece que, cuando los extranjeros intentaban comunicarse, los nativos respondían con el fonema Yu-ca-tan, que quería decir no entiendo. Francisco Hernández de Córdoba no tenía la mínima idea de que todas esas tribus eran lejanas descendientes del pueblo Maya, una de las máximas civilizaciones de la América precolombina.

En los días siguientes, cuando los europeos se dirigieron al interior, hubo una violenta batalla. El cacique del Gran Cairo había preparado una emboscada y estaba convencido de que aniquilaría a los invasores, pero los extranjeros no se dejaron tomar por sorpresa, y armados de arcabuces y ballestas, lograron salir victoriosos. Durante la batalla, aprisionaron a dos nativos, Julianillo y Melchorejo, quienes fueron luego bautizados y utilizados como intérpretes en otras expediciones.

Mientras que el enfrentamiento enardecía, el capellán de la empresa marchó al interior y fue el primero en ver algunos centros religiosos mayas. Encontró pedazos de oro y cobre, y después de muchos obstáculos, logró regresar a las naves.
A continuaci√≥n, los exploradores costearon la pen√≠nsula de Yucat√°n y tuvieron contacto con otros pueblos en una aldea llamada Campeche. Fueron acogidos pac√≠ficamente y les mostraron templos y sacerdotes que vest√≠an t√ļnicas blancas, cuyos cabellos estaban impregnados de sangre. De este hecho se supo que aquellas tribus efectuaban sacrificios humanos.

Durante las expediciones sucesivas, los conquistadores encontraron, en algunos templos, varios libros antiguos, preciosos testimonios de un lejano pasado. Por desgracia, como seg√ļn ellos, los libros Mayas estaban llenos de supersticiones y representaban un impedimento para la conquista y evangelizaci√≥n de aquellas tierras, decidieron quemarlos todos. A manera de ejemplo, una frase del obispo Diego de Landa:

Encontramos muchos libros antiguos y como todo lo que conten√≠an estaba repleto de supersticiones y de enga√Īos del diablo, los quemamos todos, mientras que los nativos intentaban detenernos.

Por fortuna, antes de arrojar los manuscritos a las llamas, el obispo hizo analizar algunos y transmiti√≥ luego en sus apuntes su teor√≠a para descifrar los extra√Īos signos que conten√≠an (la cual posteriormente result√≥ ser casi exacta).

Los miembros de la nobleza Maya fueron reeducados en los monasterios y se les prohibió el uso de la vieja escritura.

No obstante, en las zonas m√°s aisladas del interior, se continu√≥ usando la escritura maya hasta 1697, cuando el franciscano Andr√©s de Avenda√Īo y Loyola lleg√≥ hasta la ciudadela de Noj Peten.

S√≥lo cuatro libros mayas escaparon al fuego cruel y devastador de los despiadados y obtusos conquistadores, y fueron enviados a la corte de los Habsburgo como regalos ex√≥ticos. Uno de ellos lleg√≥ a Dresde y fue posteriormente estudiado, a fines del siglo XVIII, por el naturalista prusiano Alexander von Humboldt, quien lo reprodujo parcialmente, llam√°ndolo C√≥digo de Dresde, en su libro Viaje a la Cordillera. En los √ļltimos a√Īos del siglo XIX, el bibliotecario Ernst Forstemann estudi√≥ a fondo el C√≥digo de Dresde y logr√≥ descifrar el sistema aritm√©tico y el calendario Maya. Forstemann consigui√≥ demostrar que los Mayas utilizaban un sistema de numeraci√≥n vigesimal, que otorgaban gran importancia al cero y que contaban el tiempo a partir de un d√≠a remoto del IV milenio antes de Cristo. Adem√°s, prob√≥ que los extra√Īos signos jerogl√≠ficos que aparec√≠an en los monumentos y en las pir√°mides cubiertas por la vegetaci√≥n de la jungla mesoamericana, coincid√≠an con los encontrados en el C√≥digo de Dresde y que, para leerlos, hab√≠a que proceder de izquierda a derecha y de lo alto a lo bajo en grupos de dos columnas.

A fines del siglo XIX, con el fin de ampliar el objeto de estudio, los dos investigadores A.P. Maudslay y T. Maler se adentraron en la selva de México meridional y fotografiaron varias estelas mayas en las cuales había algunos jeroglíficos antiguos esculpidos en bajorrelieve. Sus logros fueron sorprendentes, puesto que se catalogaron muchos sitios arqueológicos hasta entonces desconocidos. Sin embargo, los análisis posteriores no alcanzaron grandes resultados si bien pudo profundizarse en los sistemas de cálculo Maya que posibilitaron el calendario y el cómputo del tiempo.

Un progreso significativo en el desciframiento de los jeroglíficos Mayas lo hizo la historiadora de arte Tatiana Proskouriakoff (1909-1985). En sus investigaciones, se dio cuenta de que algunas estelas esculpidas se alternaban con un intervalo correspondiente a una generación. Fue capaz de reconocer ciertos símbolos y de darles el significado de nacimiento, coronación, muerte. Además, distinguió varios signos usados para nombrar a diferentes reyes y príncipes del pasado. También el arqueólogo alemán Heinrich Berlin demostró que en la mayoría de los casos, estos signos se referían a hechos históricos que describían la situación política y militar del tiempo.

Asimismo, se descubrieron algunos signos denominados emblema, que aludían a ciudades o pueblos.

En ese momento, todavía no se había logrado comprender si los signos esculpidos en las estelas mayas o presentes en los cuatro manuscritos conservados correspondían a sonidos guturales concretos. Algunos estudiosos desarrollaron la hipótesis errónea de que los glifos mayas eran simplemente pictogramas que evocaban una idea, pero no jeroglíficos pertenecientes a una verdadera lengua.

El arque√≥logo y ling√ľista Yuri Knorozov (1922-1999) cambi√≥ radicalmente el acercamiento al estudio del idioma Maya. Knorozov, que en 1945 era un soldado del ej√©rcito rojo, entr√≥ a Berl√≠n durante el avance de tropas sovi√©ticas. En las cercan√≠as de la biblioteca del reich, encontr√≥ algunas cajas llenas de libros polvorientos, entre los cuales estaba la descripci√≥n original de Diego de Landa y la reproducci√≥n de tres de los cuatro libros que hab√≠an sido enviados a Europa en el lejano siglo XVI. Cuando, despu√©s de la guerra, Knorozov retom√≥ sus estudios, se gradu√≥ con una tesis sobre el manuscrito de Landa, importante fuente de conocimiento sobre la vida de los descendientes de los antiguos mayas antes de la llegada de los conquistadores. En el texto de Landa, se sosten√≠a que los signos Maya correspond√≠an a fonemas. Probablemente, Landa, antes de quemar la mayor√≠a de los libros hallados, pidi√≥ a los sacerdotes que leyeran los signos, para √©l incomprensibles, dibujados en los libros. Por tanto, estos s√≠mbolos estaban relacionados con sonidos. No obstante, Knorozov, sabiendo que los signos Mayas eran aproximadamente 800, se dio cuenta de que no pod√≠an tener relaci√≥n con los sonidos del alfabeto latino (a, b, c, d, etc.). Por otro lado, los glifos mayas no pod√≠an tampoco ser caracteres ideogr√°ficos como el alfabeto Chino, dado que ninguna lengua dispone s√≥lo de 800 palabras.

El n√ļmero 800 era extra√Īamente parecido al de otras escrituras del pasado: los Sumerios utilizaban 600 caracteres para su graf√≠a cuneiforme, mientras que los Hititas usaban 497. Estas √ļltimas dos formas de escritura alternaban el sistema sil√°bico con el logogr√°fico. Mientras que para algunos estudiosos era impensable que los Mayas utilizaran un sistema de escritura parecido al usado en las antiguas civilizaciones del Medio Oriente, Knorozov logr√≥ demostrar la existencia de caracteres sil√°bicos. Se bas√≥ en el hecho de que en varios manuscritos hab√≠a jerogl√≠ficos correspondientes a las representaciones pict√≥ricas. Por ejemplo, junto al dibujo de un pavo hab√≠a dos s√≠mbolos. Uno era la q del alfabeto de Landa. Como el pavo se llamaba kutz en Maya antiguo, Knorozov dedujo que el segundo signo correspond√≠a a tz.

De la misma manera, la palabra ‚Äúperro‚ÄĚ se traduc√≠a tzul en Maya antiguo. Junto al pictograma de un perro se encontraron dos signos: uno corresponde justamente a tz y otro se identifica como ul.

Basándose en este sistema, Knorozov consiguió descubrir muchos signos silábicos. A partir de 1960, sus estudios fueron mundialmente reconocidos y la escritura Maya fue llamada logosilábica o mixta. Actualmente, se han descifrado alrededor de 300 de los 800 signos mayas.

Seg√ļn algunos estudiosos, este idioma no se cre√≥ para facilitar las transacciones comerciales, sino sencillamente para legitimar el poder de los reyes, los cuales se equiparaban a los dioses. Los literatos, sacerdotes y escribanos generalmente viv√≠an en la corte y estaban encargados de contar, en forma escrita, los acontecimientos del reino.

Como los manuscritos y las estelas estucadas describían principalmente los sucesos de la nobleza y de los reyes, y no de la vida cotidiana del pueblo, es casi totalmente seguro que la escritura Maya estuvo destinada sólo a las clases altas.

Seg√ļn varios investigadores, el idioma Maya se origin√≥ de lenguas ya existentes en el √°rea centroamericana, como la escritura Epi-Olmeca o Istmiana (del istmo de Tehuantepec). Se lleg√≥ a esta conclusi√≥n despu√©s de comparar decenas de s√≠mbolos que resultaron ser muy parecidos entre s√≠.

Hay que tener en cuenta que el estudio de la enigm√°tica escritura Maya no es interesante s√≥lo para los especialistas. Las etnias Mayas que a√ļn hoy existen en M√©xico y Guatemala la consideran la escritura de sus ancestros, y su estudio y desciframiento ha contribuido a restituirles identidad y orgullo.

YURI LEVERATTO

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