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Adolfo Gandin Ocampo : Homenaje al amigo...Hector Antonio Pico...QEPD
Enviado por agandin el 17/8/2017 14:50:12 (209 Lecturas)

Se nos fue otro grande un fiel amigo un apasionado del tema de los Ovnis, de las abducciones, de la Tierra Hueca- de los Hombres de negro...Hector Pico sufrio los insultos de los famosos chantaufos ipara en sus ultimos meses arrimarse para seguramente robarle lo suyo......pero dejastes huella amigo y eso perdurara para siempre...

Ing. Adolfo Gandin Ocampo





Rancul, en La Pampa, lugar de nacimiento
del investigador Héctor Antonio Picco.
Héctor Antonio Picco (1941–2017), fue escritor, poeta e investigador de fenómenos extraños. Nació el 14 de septiembre en un campo situado en las afueras de Rancul, en la provincia de La Pampa.

Residía desde hace 15 años en Capilla del Monte, y luego de sufrir una seria descompensación y permanecer varios días en terapia intensiva, falleció el 13 de mayo de este año en Capilla del Monte, provincia de Córdoba, Argentina.


Nave cigarro registrada en Mérida, México,
en mayo de 2003. Similar a la observada
por Picco en su infancia.
Cuando tenía 4 años y medio, Picco estaba visitando la estancia Rocha, cuando su abuela piamontesa estaba cerrando la tranquera, en pleno día a unos 300 metros, vieron un objeto que se desplazaba por el aire que parecía un pez volador. Ya adulto, reconoció que lo que observó en su infancia fue una nave cigarro.


Héctor Antonio Picco durante un
Congreso de Ovnilogía en 1999.
En 1969 funda la revista Promoción en Huinca Renancó, donde residió con su familia durante 18 años (sur de Córdoba, a 25 kilómetros del límite con La Pampa). Años después, pasó de colaborador a Secretario de Redacción de la famosa y ya desaparecida revista Cuarta Dimensión, entre los años 1987 a 1990, dirigida por Fabio Zerpa, en la cual publicó varios artículos. En 1990, Picco tiene una discusión con Zerpa y emprende su propio camino.


La Huella en la ladera del monte Pajarillo,
en enero de 1986, Capilla del Monte.
Comienza a dar en 1990 una serie de conferencias en distintas ciudades tituladas “Ovnis, la recta final”. También fue fundador y director de las revistas Lo que Vendrá (1992/1993), y luego director y redactor de la revista La destrucción del Planeta Tierra (edición única 1993). Redactor Especial de Diario Crónica (1995/96), fue Jefe de Redacción de UFO Top Secret (1997/98), y Redactor Especial de Revista Excalibur (1997/98).


Uno de los libros de Héctor
Picco, con poesías muy
interesantes.
Investigó el tema Ovni y otras temáticas afines por 40 años, y fue el primer investigador en llegar a la “huella del Monte Pajarillo” en enero de 1986. Picco estaba de vacaciones en una ciudad cercana y leyendo los diarios se enteró de la huella y fue inmediatamente hasta Capilla del Monte en representación de ONIFE, y la investigación se publicó a los pocos días en la desaparecida revista Cuarta Dimensión.

Héctor Antonio Picco se mudó a Capilla del Monte con su mujer Graciela el 9 de octubre de 2002, provenientes de Buenos Aires. Con el tiempo, el investigador se convirtió en un referente turístico y ovnilógico de la ciudad.

El primer caso Ovni de la Argentina
Héctor Antonio Picco difundió el primer caso Ovni de la República Argentina, que sucedió en el Valle de Punilla, Córdoba, en setiembre de 1943, mucho antes que el famoso caso del piloto norteamericano Kenneth Arnold, el 24 de junio de 1947, que hizo famoso el fenómeno de los “discos voladores”.


Héctor A. Picco en 1989.
El testigo de este caso extraordinario sucedido en la Argentina que encontró Héctor Antonio Picco fue el ingeniero industrial René Navarro Ocampo, que viajaba solo en setiembre de 1943 desde la ciudad de Rosario a Córdoba, al pasar la localidad de Oncativo, cerca de Laguna Larga, vio posado en la ruta un objeto en forma de disco muy luminoso. Era un fuego de luces de varios colores. El testigo se mostró sorprendido por lo que estaba observando y detuvo el automóvil. Al acercarse caminando al objeto, el aparato despegó despacio y verticalmente, quedó detenido en el cielo a una altura de unos mil metros. Segundos después se alejó a una velocidad increíble. En el suelo, en el centro de la carretera, quedó algo luminoso, Navarro Ocampo creyendo que estaba ardiendo, tomó una toalla y lo agarró, descubriendo que el objeto estaba congelado.


Nicolás Mancera, un
pionero en la difusión del
fenómeno Ovni.
En 1962, Navarro Ocampo fue invitado al programa de televisión Sábados Circulares conducido por Nicolás “Pipo” Mancera y mostró el trozo que había dejado el Ovni en 1943. Era un objeto metálico plateado en forma de L, de unos 15 cm por 30, con un espesor de un centímetro y medio.

Picco explicó que el objeto fue analizado por la Fuerza Aérea a fines de la década del sesenta, y en un informe sin membrete, la entidad afirmó que es un acero para herramientas de máxima pureza como el acero especial Böhler. Picco investigó en la propia empresa industrial que elabora ese acero y descubrió que ese tipo de acero lo empezaron a fabricar oficialmente en 1966. Navarro Ocampo, ya anciano, falleció en la localidad de Los Cocos, Córdoba. El objeto lo tiene un sobrino y se lo mostró en 1998 a Picco.

Libros de Héctor Antonio Picco
Sus investigaciones y experiencia están en varios de sus libros: “Reencarnación del Martín Fierro”, “Los que Perdieron la América” (1985), “Las Pruebas Materiales de La Tierra Hueca”, 1era. edición 1987, 2da. Edición 1995, corregida y aumentada con el primer estudio científico mundial demostrando que la tierra es hueca, 3era. edición bilingüe castellano-inglés; y "Los hombres de negro en la Argentina y en el Triángulo de las Bermudas", edición de 128 páginas bilingüe castellano-inglés, año 1997.


Libro de Héctor Picco sobre los
Hombres de negro publicado
en 1997.
También es autor de El ocaso de los redentores (1992), y de la novela Cinco siglos de la Eternidad, donde pasea sus personajes por cinco países de los cinco continentes durante cinco siglos, para concluir al pie del Cerro Uritorco en pleno año 2000.

Su último libro editado en formato digital fue La Mujer que operaron en un Ovni, contiene además audio y vídeo. Fue editado el 14 de julio de 2004, donde explica todos los episodios vividos por Mónica Pérez Sales, una mujer nacida en Vicente López, Buenos Aires, que comenzó a tener “contactos” y finalmente “encuentros cercanos” con seres supuestamente extraterrestres. El lazo de Pérez con los extraños seres comenzó el 5 de abril de 1985.

Picco también realizó un CD en el año 2005 titulado: Los Ovnis son terrestres.

El Caso Ferraudi
En 1986, siendo Picco miembro de la desaparecida organización ONIFE fundada por Fabio Zerpa, se produjo un curioso caso Ovni protagonizado por Orlando Ferraudi. Héctor Antonio Picco, Jorge Cosso y Eduardo Rando, fueron los encargados de investigar y refrendar, a través de las páginas de la revista Cuarta Dimensión, los recuerdos sorprendentes de la aventura vivida por Orlando. También el diario porteño Crónica, a través del trabajo del mencionado Héctor Picco, difundió el caso.


En agosto de 1956, cuando tenía 18 años,
Orlando Ferraudi fue abducido.
El caso Ferraudi sería el primer caso de abducción de la Argentina. Su aventura comenzó en una fría noche del mes de agosto de 1956. Orlando (18 años en esa época) siempre fue un entusiasta de la pesca. En aquella época, su lugar preferido era una apartada zona a la vera del Río de la Plata, en la costanera norte de la Ciudad de Buenos Aires, donde hoy (años después de la experiencia), está funcionando la Ciudad Universitaria, perteneciente a la Universidad de Buenos Aires.


Ferraudi fue objeto de un examen médico
en el interior de un Ovni.
Alrededor de las 23,30 horas, Orlando Ferraudi estaba sentado frente a la costa con su caña de pescar, en esos momentos sintió (o percibió) que alguien estaba detrás de él. Al principio creyó que era un “linyera”, un indigente, que venía a pedirle algo o directamente a robarle; porque Ferraudi tenía la costumbre de llevarle a los mendigos que allí se reunían, paquetes de cigarrillos o de yerba mate con la intención de que no lo molestaran cuando estaba pescando. Sin embargo cuando pudo observar al ser se quedó sorprendido.


Ferraudi vio la Tierra desde el espacio, calculó
un mínimo de nueve seres tripulando la nave.
Éste personaje, semejante a un humano, era mucho más alto que Orlando (que mide 1,85 metros), alrededor de 2 metros de altura, vestido con un traje enterizo color amarillo/anaranjado que emitía como pequeñas “chispas”, el traje terminaba en una capucha que caía sobre la espalda. El humanoide era muy rubio, con el pelo cortado al ras, piel muy blanca, atlético, con ojos color miel (el clásico ser conocido como “Adamskiano”). Lo tomó del brazo y le transmitió mentalmente que se quedara tranquilo, que no tuviera miedo, que no le iba a pasar nada malo, y que tendrían que hacer un largo viaje.


Los seres que abdujeron a Ferraudi se
comunicaban telepáticamente.
El testigo había perdido la voluntad, dijo que era imposible imponerse a las órdenes mentales del extraterrestre. En ese momento éste extrajo de dentro de su traje enterizo, un pequeño aparato que Orlando describe como una pequeña “polvera” (como las que usan las damas para su maquillaje). El pequeño aparato emitió una luz muy intensa. En esos momentos, el protagonista observó una gran sombra oscura que venía desde el río. Esta tenía forma de plato hondo invertido, de unos setenta metros de diámetro. En un momento aparece una rampa desde el interior de la nave. Otro ser aparece (similar al primero) y ayuda a Ferraudi a ascender por la angosta rampa metálica.


Relató que entró en la
habitación una mujer que
tenía un corte de cabello
estilo "Príncipe Valiente".
Penetró, en una pequeña estancia sin bordes rectos, totalmente abovedada, donde la luz parecía salir de las propias paredes. Orlando descubrió que había una pequeña niña que se identificó como Elena, de once años. Ésta le relato que había sido subida al ufo desde su casa en Villa Mercedes (Provincia de San Luis – Argentina), cuando sintió ruidos en la terraza de su casa, pensando que le había pasado algo a su gato. La niña le expresa a Orlando, que no tuviera miedo, que no les harían daño.

Acto seguido, entró en esa habitación una mujer, rubia, alta, con un traje enterizo similar al de los seres masculinos. Su peinado, era igual al del personaje del “Príncipe Valiente”. Ferraudi señaló el aspecto atlético de la mujer que retiró a la niña de la habitación.


La experiencia que vivió Ferraudi en el Ovni
lo marcó para toda la vida.
Se les indicó (siempre telepáticamente) que realizarían un pequeño viaje, primero por debajo del agua, a través de la Bahía de San Borombón (al sur de Buenos Aires) hacia la costa uruguaya y posteriormente cruzarían el Océano Atlántico, en dirección al continente africano, desde donde subirían al espacio. Según les explican, debían hacer eso para evitar la detección de los radares y que los tomaran como enemigos. También le explican que la nave genera un campo de energía electromagnética para sus evoluciones, ya sea dentro de la atmósfera o fuera de ella.


El libro de Orlando Ferraudi
donde relata su experiencia.
Un mínimo de nueve seres (lo que calcula Ferraudi), trabajan en la totalidad de la nave. En un momento le hacen mirar una de las pantallas, viendo que están subiendo y que la Tierra se aleja. Ninguna sensación de movimiento. Les llama la atención el color azul de la Tierra. También le muestran la Luna, que Orlando la describe de un color gris opaco. Pasan la órbita de la Luna y les hacen observar el Sol (siempre a través de la pantalla). Aquí hay un dato muy curioso, ya que Orlando dice que el “Sol es negro”.

Los seres penetraron con su nave en la atmósfera terrestre y se sumergen en la zona del Caribe; a los pocos segundos de su navegación submarina, observan en el fondo del mar, una especie de cúpula transparente, donde están estacionados varios Ovnis (Orlando estima que la estructura mediría cinco o seis hectáreas). Ante la pregunta, le contestan que es una “estación de mantenimiento”. Penetran en una especie de túnel y les dicen que van a devolverlos, pero que antes deben realizar una serie de exámenes físicos.


Héctor A. Picco con Mirtha Legrand, enero 1991.
Terminados los exámenes, le dicen a Ferraudi que está bien físicamente, que han trabajado en su glándula pineal. También le dicen que “de las cinco razas que pueblan este planeta, ninguna es propia de la Tierra; sólo son restos de civilizaciones de otros planetas. La Tierra hace mucho tiempo sólo se conocía por ser el zoológico del Sistema Solar. Las razas que hoy existen han sufrido mutaciones genéticas por sus propias culpas, pero lo que les queda de lo que fueron, es la glándula Pineal. Por eso a Uds. les reactivaremos ésta glándula, porque así cuando nosotros pensemos en Uds. al instante sentirán una especie de zumbido dentro de su cabeza”.


Los investigadores Carlos Pérez
y Soto, J.J. Benítez, Fernando
Jiménez del Oso y Héctor Picco,
en octubre 1989, Buenos Aires.
El testigo no sabe cómo, pero despierta en el mismo lugar donde fue abducido ya habiendo amanecido y habiendo perdido seis horas de su vida. ¿Qué pasó en el tiempo perdido? ¿Dónde está la pequeña Elena? ¿Qué significa un signo que él tiene en su mente?

En los últimos años, ya anciano, Orlando Ferraudi noveló su experiencia en un libro con el sugestivo título “¿Por qué Yo?”.


Héctor Antonio Picco y la investigadora
Bibiana Bryson en 1992 en la Patagonia.
El 9 de enero de 1991, Héctor Antonio Picco junto con otros investigadores fue invitado al programa Almorzando con Mirtha Legrand que se emite desde 1968. Le hizo entrega a la conductora de su libro sobre el tema de la tierra hueca.

Picco también investigó un caso que sucedió el 13 de agosto de 1984 al gendarme Jorge Carranza que estaba al lado de un río en la Patagonia argentina y le aparecieron dos seres de la nada, un hombre y una mujer, que habían salido de una nave oculta a cierta distancia. Visitó el lugar y habló con el testigo en 1992 acompañado por los investigadores Bibiana Bryson, Leonel Mercuri, P. Bryson y Stefan Vahl.

La Tierra es hueca
Héctor Picco siempre sostuvo la Teoría de la Tierra Hueca, como dejó constancia en varios de sus trabajos y exposiciones, como así también la realidad de los Hombres de Negro, Sociedades Secretas y diversas conexiones esotéricas. Fue conferencista y participante de numerosos congresos sobre Ovnilogía y temas vinculados.


Entrevista a Picco en un canal de televisión.
Por ser un abierto defensor de la teoría que sostiene que nuestro planeta es hueco, muchos lo trataron de “loco” por defender ese pensamiento. Son esas mismas personas que consideran genios a Sócrates, Athanasius Kircher, Leonard Euler, Carl Gustav Jung, Edmund Halley y Julio Verne, sin saber que estos hombres y tantos otros, en sus reflexiones también afirmaron que no cabía duda que la Tierra es hueca.


Cartel de ingreso a Capilla del Monte,
provincia de Córdoba, donde falleció Picco
a la edad de 75 años.
Y si seguimos enumerando a defensores de la tierra hueca, tenemos a Walter Sullivan, Richard Cruiser, William Reed, Ferdinand Ossendowski, el vicealmirante Richard Byrd, John Leslie, Raymond Bernard, Florencio de Basaldúa, Juan Moricz, William F. Warren, Cyrus Reed Teed, Marshall Gardner, Ray Palmer y un larguísimo, etc.


Mapa que demuestra que no se
atraviesa el polo sur en vuelos
transpolares, de la revista
En Vuelo del año 1991.
Residió en Capilla del Monte desde 2002, llevando adelante una gran tarea de difusión con conferencias diarias donde brindó al público todo su conocimiento sobre los objetos voladores no identificados, llegando a la conclusión que unos provienen de una gran civilización en el interior de nuestro planeta y otros son construidos por las grandes potencias con tecnología alemana.

Afirmaba que la Antártida encierra el secreto de los Ovnis, y que los vuelos transpolares no eran tales, ya que el avión, en el caso de la Antártida, no pasaba por el Polo Sur porque según el OACI (Ordenamiento Aéreo Civil Internacional), no es permitido volar a cualquiera más allá del paralelo 70 grados sur, justo donde comienza la curvatura del hueco de la Antártida, la entrada polar. Aparte de la entrada por el Polo Sur, los intraterrestres tendrían bases ocultas debajo de la superficie congelada de la Antártida.


Segunda edición de Las Pruebas
materiales de la Tierra Hueca,
enero de 1995.
En este artículo se puede ver un mapa levantado de la página 93 de la Edición Nº 32 de la revista oficial de Aerolíneas Argentinas, En Vuelo, de julio-agosto-septiembre de 1991, donde se muestra claramente que el vuelo transpolar no existe, circunstancia ya señalada por Héctor Antonio Picco en la página Nº 166 de su obra Las Pruebas Materiales de la Tierra Hueca (1ra. edición, diciembre de 1987).

Existiría una zona prohibida de la Antártida; en ella todas las imágenes de satélite de esta zona son automáticamente clasificadas; no se permite la navegación aérea; los gobiernos aducen motivos de seguridad nacional. ¿qué motivos de seguridad nacional hay en el otro extremo del mundo?


Antonio Picco, Bibiana Bryson y otros
investigadores en Río Negro, enero de 1992 en
la confluencia de los ríos Azul y Blanco, tras
el caso del gendarme Jorge Carranza.
Picco siempre recomendaba la lectura del libro Cibernética, el nuevo paradigma, del ingeniero civil Jorge M. Ferro que, de acuerdo con el comportamiento vehícular de los Ovnis detalla exactamente su realización tecnológica. Afirmaba que con la tecnología actual ya se puede construir un prototipo de disco volante, solo falta la voluntad para hacerlo.

El investigador fallecido a los 75 años de edad, compartía un sueño con varios defensores de la teoría de la Tierra hueca, que era el de organizar una expedición aérea hacia el lugar para ver si existía una entrada o no.


Antonio Cárdenas Tabies y Héctor
Antonio Picco, en 1995 en Chile.
Picco tenía todo planeado con especificaciones técnicas y humanas, además de los cálculos presupuestarios, para realizar el Gran Viaje al Mundo Subterráneo, viajando en un avión Hércules C-130 desde la Antártida Argentina hacia el Polo Sur e intentar contactar con los habitantes intraterrenos, ingresando por la abertura polar Sur. Pero la propuesta no halló eco. El promotor de este proyecto que fue propuesto a varios presidentes argentinos era otro investigador argentino, radicado en España, Marcelo Gabriel Silva.

El 4 de febrero de 1995, Picco dictó su primera conferencia en Chile, dejando al público asistente pegado en la butaca de un preferencial hotel de la ciudad de Santiago. No obstante, volvió a repetir este acontecimiento en marzo del mismo año en la sala del Colegio de Profesores, de la ciudad de Temuco. En la foto, Picco con el escritor chileno Antonio Cárdenas Tabies (1927-1997).


Dibujo de un Hombre de Negro.
Al año siguiente Picco recorrió las principales ciudades de Argentina. El 15 de abril de 1996 visitó la ciudad de Rosario, en la provincia de Santa Fe, donde dio un par de charlas presentando la segunda edición de su libro Las Pruebas materiales de la Tierra Hueca.

Héctor A. Picco con el transcurso de los años desarrolló una cosmovisión y una interpretación del mundo que nos rodea. Estaba convencido de la existencia de una enorme conspiración secreta en la que los Hombres de Negro venían intimidando a investigadores y testigos del fenómeno Ovni, casi desde la Antigüedad. También denunciaba una Sinarquía de seres inescrupulosos que manipulan ocultamente a la humanidad.


El Ocaso de los redentores,
de 1992.
Decía que el Mal está organizado en secreto por un grupo perfectamente coordinado y poderoso. A esta sociedad secreta se le oponen los espíritus creadores y benévolos que finalmente resultarán vencedores en el fin de este ciclo de la humanidad.

Respecto a los Hombres de Negro (HDN), a lo largo de su vida Héctor Picco fue interceptado en seis oportunidades por los Hombres de Negro (HDN). Declaró que tenían dos metros de altura, anchas espaldas, rostro semítico y cabellos oscuros.

Picco, por experiencias personales era un convencido de la puesta en marcha de una conspiración mundial, en la que intervienen gobiernos y organismos secretos, tendiente a esconder la verdad a la mayoría de los que habitamos el planeta y esclavizar a todos.


Héctor Antonio Picco en una foto
de diciembre de 1993.
También sostenía que una civilización superior en tecnología bélica puebla las entrañas de la Tierra. También estaba convencido de la presencia, en el pasado, hace más de 20 mil años, de una raza hiperbórea en la región del valle de Punilla; en Córdoba.

En los últimos años, al menos desde 2003, Picco creó su propio “Museo del Ovni” en el barrio El Zapato de Capilla del Monte, con entrada libre y gratuita donde solía recibir visitas y brindar charlas a los interesados en escucharlo. Amablemente accedía a sacarse fotos con los turistas mientras les explicaba que la humanidad tenía que despertarse y descubrir todas las verdades que le ocultan.


Antonio Picco en su humilde vivienda
conversando con el investigador Fernando
J. Soto Roland.
Desde hace unos diez años, Picco vivía en la humildad más extrema. Su hogar era una pequeña habitación, al lado del “Museo del Ovni”, donde convivía con dos perros que lo protegían de los intrusos y reconocían a la gente buena de la que venía con malas intenciones.

Es desconcertante que un investigador de la talla de Picco termine sus días en la más absoluta pobreza y anonimato.


Última foto tomada en vida a
Héctor Antonio Picco, en
enero de 2017.
Es muy triste que tuviera que ganarse la vida en Capilla del Monte vendiendo sus libros a los turistas y también los de su biblioteca para poder subsistir.

El investigador e historiador Fernando Jorge Soto Roland, de Bolívar, provincia de Buenos Aires, le tomó las últimas fotos a Héctor Antonio Picco en enero de 2017 en Capilla del Monte.

El lamentable final de este escritor e investigador es una gran pérdida para quienes nos interesamos y nos sumergimos en sus trabajos de investigación.

Todos recordaremos siempre a Héctor Antonio Picco por su voz clara y nítida, su elevada estatura y sus sueños de llegar algún día al interior del mundo subterráneo.

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