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Adolfo Gandin Ocampo : DESTRUCTOR HMS GLAMORGAN HUNDID
Enviado por agandin el 3/8/2017 19:17:04 (171 Lecturas)

Hace treinta y cinco años, el 12 de junio de 1982, es puesto fuera de combate por un Exocet argentino lanzado desde la costa, situada a 30 kilómetros. En la acción según la información inglesa perecen 13 tripulantes británicos y queda destruido el helicóptero Wessex que llevaba a bordo.

Aqui la historia.....la que NUNCA se debe olvidar

Ing . Adolfo Gandin Ocampo

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Durante la Guerra de Malvinas, el HMS Glamorgan, y otros buques ingleses en los últimos días cañoneaban todas las noches Puerto Argentino, sabiendo que el alcance de los cañones del ejército argentino no era suficiente para acertarles.

Es así que los argentinos se ingenian para eliminarlo. La única alternativa era hacer llegar a las islas un improvisado sistema que venía desarrollando el capitán Julio M. Pérez desde hacía unos diez días: Un lanzador terrestre que pudiera disparar los misiles Exocets MM 38 fabricados para combatir de buque a buque que tenía la corbeta ARA Guerrico.

Instalación de Tiro Berreta (ITB), un invento argentino
Así fue llamado el sofisticado sistema que tras impactar en el destructor Glamorgan sorprendió a los invasores ingleses y al mundo.

Los misiles Exocet fueron concebidos para dispararse desde aviones o buques, pero no desde tierra. Desde el 1º de junio prepararon un dispositivo capaz de permitir a un misil lanzarlo desde tierra a 30 kilómetros y darle al barco pirata.
Son indudablemente numerosas las situaciones en que los argentinos, por falta de medios adecuados se vieron precisados a apelar al ingenio: esa facultad del espíritu que permite discurrir e inventar. A partir de allí, los argentinos trataron de cambiar las reglas de la guerra. Tenían misiles (de buque a buque) pero no los podían usar porque la flota estaba en los puertos del continente.

El problema mayor era que los barcos ingleses de día, para no ser hundidos se mantenían lejos de la costa, aproximandose por la noche y empezaban el bombardeo de las islas. De noche no había manera de hundirlos porque la Fuerza Aérea los atacaba durante el día.

En el Estado Mayor argentino se planteaba entonces un problema muy serio: cómo contrarrestar la acción de los buques ingleses, que constantemente cañoneaban sobre Malvinas y causaban daños. No había medios para evitar que esos buques nocturnos batieran permanentemente a los defensores de las islas. Una de las ideas que surgió a mediados de mayo del vicealmirante Walter Allara, entonces comandante de la escuadra, fue acerca de la posibilidad de eliminar uno de los sistemas de misiles Exocet de uno de los barcos de la flota argentina para ser transportados a las Islas Malvinas y actuar como un batería costera. La idea era responder al incesante fuego de la marina británica que atacaba posiciones argentinas en las islas, que no podía responder con las armas adecuadas en la tierra. Se pensó seriamente en la posibilidad de sacar toda la instalación de Exocet MM-38 de un buque y trasladarla a un trailer o camión para poder, desde esa instalación improvisada, efectuar un lanzamiento.

Un experto dijo que se necesitaban alrededor de dos meses para extraer el misil y su compleja instalación de un buque. La guerra estaba ahí, en plena marcha (era a mediados de mayo de 1982). Los buques británicos continuaban su ataque nocturno sistemáticamente. No se podía esperar dos meses. La idea original quedó descartada. Pero no en el olvido, porque un grupo de marinos -entre los que se encontraba el capitán Julio Pérez- solicitó autorización para seguir estudiando el asunto y ver que tipo de solución era factible. Ese grupo obtuvo vía libre del Estado Mayor Naval y continuó trabajando, día y noche, en el taller de misiles de Puerto Belgrano. La cuestión central era cómo "engañar" al misil, de tal modo que en lugar de utilizar la computadora que tiene que enviar datos e intercomunicarlos con el Exocet, se utilizará una señal fija, como si estuviera en un buque. Eso evitaría el traspaso de toda la instalación de una nave, de alta complejidad técnica, y permitiría un lanzamiento desde tierra. Algunos hubieran pensado que era un innovación tecnológica propia de "locos", que solo a los argentinos se les podía ocurrir semejante intento con tan escasos medios y tan escaso tiempo.

Pero fue así, tal cual. Se les ocurrió. El mismo capitán Julio Pérez recuerda ahora que se presentó entonces una situación algo cómica, "porque cortábamos cables -dice- y probábamos señales mediante cablecitos, y estos cablecitos se juntaban con otros para simular otras señales, y estas otras eran aplicadas con pilas, y así obteníamos, sucesivamente, indicios, marcas, signos que nos permitían reconstruir un sistema.

Este trabajo nos llevó cuatro días, a partir de la segunda semana de mayo. Al cabo de numerosos ensayos, llegamos a la conclusión, casi fantástica, de que sí, podíamos engañar al misil". La novedad fue comunicada entonces al jefe de Arsenal, Julio Degrange, quién de inmediato brindó todo el apoyo necesario para llevar adelante el invento. Aparentemente resuelto el problema del reemplazo del sistema computarizado del buque, había que resolver el problema de la plataforma de lanzamiento. Como no podía ser de otra manera (al igual que los múltiples cablecitos utilizados para el sistema de computación), en este caso también se utilizaron elementos precarios. Se le suministraron al capitán Dávila todas las especificaciones técnicas de lo que se necesitaba con alimentación eléctrica, y él empezó a construir la parte mecánica: una rampa de lanzamiento con grupo electrógeno. Para ello, al estilo argentino ante las emergencias, tomaron un chatón y sobre él armaron una estructura de hierro, de tal modo que sobre esta "plataforma" se pudieran instalar dos misiles Exocet MM-38.

"Estábamos encerrados -cuenta el capitán Pérez- en una habitación, con dos tipos excepcionales cuyos nombres quiero recalcar: los técnicos José Luis Torelli y Antonio Shugt, y allí trabajábamos día y noche, en el más alto secreto. Nadie sabía lo que estábamos haciendo, excepto los que debían saberlo. Recuerdo que inventamos una sigla para identificar nuestro trabajo: ITB.

De ese modo, para todo el mundo estábamos "en el ITB", que significaba ni más ni menos que "Instalación de Tiro Berreta", casi una broma. Es que resultaba casi ofensivo para la ingeniería concebir sobre todo hacer algo así, tan improvisadamente, con injertos, pedazos de cosas que conseguíamos por ahí... cablecitos... Lo cierto es que nadie podía entrar a esa habitación, y de ella salíamos alguna que otra vez para ir al buque y probar. Así experimentábamos." La resolución de la plataforma inercial no fue un problema menor. Debía estar perfectamente centrada porque cualquier desacierto o impresición haría que el disparo fuese muy alejado del blanco. Todo berreta, es cierto: pero todo mínima y detalladamente previsto y controlado. Una semana después estaba casi listo: la rampa, el grupo generador (con un motor monstruo, pero era lo único que había en ese momento) y la parte electrónica. Se hicieron entonces una serie de pruebas: alrededor de 20 lanzamientos sucesivos, con distintos parámetros.

El nuevo invento parecía caminar. Aquello que hacía días resultaba imposible ahora estaba ahí: era un tremendo armatoste, feo y repulsivo a la vista, pero con el poder de los Exocet, cuya eficacia desde el aire ya había sido suficientemente demostrada.

Intento fallido
Se le dio una mano de pintura, se lo cubrió con lona, todo en el mayor secreto. El siguiente paso era trasladarlo a las islas. Se habló con Fuerza Aérea, que dispuso dos aviones Hércules. Sólo el chatón pesaba seis toneladas, y cada misil MM38 Exocet de mil ochocientos kilos. Con el ITB, una criatura mortífera para neutralizar el incesante bombardeo inglés, viajaba su "papá": el capitán de navío (ingeniero) Julio Pérez.

"Después de tres horas de vuelo a ras del agua se nos informó que el aeropuerto estaba bajo ataque y que debían volver. Sólo al tercer intento se logró cruzar con los dos C-130", recuerda Pérez. Una vez en Malvinas, se coordinó con el almirante Otero los lugares donde instalar los "mamotretos". Pérez y los tenientes Mario Abadal y Edgardo Rodríguez vieron que la única posibilidad era el camino que unía Puerto Argentino con el aeropuerto. Era el único lugar que podía soportar semejante peso en forma estable. Una de las dificultades fue disimular ante los kelpers lo que se estaba preparando. Ya por entonces (primera semana de junio) se sabía que muchos de ellos podrían informar de la novedad a los ingleses por medio de aparatos de radio que tenían en sus viviendas, de modo que se optópor trabajar en el ITB de noche. Otra dificultad que hubo que superar fue la obtención precisa de la distancia de los buques británicos. No había un radar apto para este cometido, de manera que hubo que improvisar también esto, con un radar antipersonal de Ejército que operaba el ex-oficial de marina Ríes Centeno. "El radar daba información de una manera, y nosotros la necesitábamos de otra -cuenta el capitán Pérez-. De modo que nos construimos tablas de cálculo con una calculadora manual, y convertíamos los datos en determinados valores de tensión, ajustando cada potenciómetro a simuladas distancias o valores angulares". Todo se hacía a mano, sobre la marcha; todo a pulmón y de puro corazón. Mientras tanto, el bombardeo inglés, obviamente, no cesó. El proyecto fué ultrasecreto y salían todas las noches a probarlo, con los pocos Exocet con los que se contaba no podían excederse en pruebas. El sistema de disparo eran simplemente unos cables y injertos del tipo "lo atamos con alambre" (bien criollo).

Ultimados todos los detalles y obtenida la primera información de dos buques ingleses, el 1º de junio se presentó la primera oportunidad y se realizó el primer disparo. El misil no salió, falló la ignición del propulsor del misil, tal vez porque los sacudones del ITB desconectaron un cablecito de los tantos instalados improvisadamente. Otros sucesos del 12 de junio

Esa misma noche se realizó el segundo disparo. Esta vez el Exocet partió, pero completamente desviado del blanco. Sucedió que no se había esperado el tiempo suficiente entre el lanzamiento de un misil y el otro (20 minutos). El capitán Pérez reconoce que la ansiedad de hacer impacto y darle a los ingleses hizo que el tiempo de disparo entre uno y otro le pareciera "un siglo". Y sólo habían pasado ocho minutos. Pero, por primera vez en la historia, se había logrado el disparo de un Exocet concebido de un buque a buque y disparado desde tierra. Además, este sistema con el MM-38 no había sido inventado entonces ni siquiera en Francia.
En los días siguientes se suspendieron las operaciones por falta de misiles. Recién el 5 de junio un Hércules trajo dos nuevos Exocet desde el continente. A partir de entonces, todas las noches se repetía la maniobra de armado de la instalación, espera de la presa y posterior desmontaje.
Después del segundo intento fallido, pasaron varias noches de tensa espera: Por una extraña razón -tal vez no tan extraña, claro-, los buques ingleses comenzaron a hacer una trayectoria errática y, en general, no entraban en la zona de alcance del ITB (38 kilómetros). A veces estaban al alcance del misil, pero no del radar (30 kilómetros).

Danza indígena

El Capitán de Navío
Julio Pérez.
"Entonces sucedió una anécdota -recuerda Pérez-. Los técnicos Abadal y Rodríguez me decía en broma que bailáramos una danza al estilo de los indios norteamericanos en sus películas, cuando pedían lluvia, por ejemplo. Tendríamos que bailar una danza india alrededor del mamotreto para atraer a los buques ingleses. Insistían con eso, y las noches pasaban. Los buques no se acercaban. Pero seguían disparando. Hasta el 11 de junio, por la noche, todo en secreto, los tenientes Abadal, Rodríguez y yo bailamos el clásico "Uka-Uka" alrededor del ITB. Esa noche le dimos al Glamorgan".

Esa noche el radar detectó que un buque británico había ingresado en la zona de alcance de los misiles. Rápidamente se ejecutaron todos los pasos para el disparo del Exocet, que esta vez salió correctamente orientado e impactó en el blanco luego de algunos minutos que parecieron interminables, originando un gran resplandor que aseguraba el éxito obtenido. Esta acción quedó grabada por Carlos Ríes Centeno, productor del programa de televisión "La aventura del hombre", que a la sazón operaba el radar antipersonal.

Ríes Centeno era una de las personas que sabía a la perfección por dónde pasaban los buques ingleses todas las noches. Utilizaba un radar antipersonal "Rasit", con el que podía captar, en forma visual y auditiva, la ubicación de cada nave de la flota inglesa, hasta 30 kilómetros. Como sabemos, esas naves hacían sistemáticamente el trabajo nocturno de bombardeo a las posiciones argentinas en las islas. De noche, nuestros aviones no los podían ver. De día los buques se alejaban lo suficiente como para quedar fuera de alcance.

ITB con dos misiles MM38 Exocet
en Puerto Argentino.
La llegada del equipo del capitán Pérez alentó serias esperanzas de contrarrestar el implacable bombardeo británico. Por supuesto: esto indicaba que ni por entonces (primeros días de junio) se pensaba en una rendición. Lo cierto es que el radar de Ríes Centeno se integró al sistema del ITB, y se integró de tal forma que resultó vital: sabía por donde pasaban los buques y podían calcular las distancias, de tal modo que, con la calculadora manual y previos cálculos a mano, se llegaba a hacer el trabajo que hace una computadora en el barco de instalación original. Ríes Centeno recuerda que, para evitar la información satelitaria (además de la posible de los kelpers), todos los días el equipo se tomaba el paciente trabajo de instalar el "mamotreto" en sus distintas facetas: a partir de las seis de la tarde, en una camioneta destartalada, se comenzaba con el radar; media hora después llegaba un remolque con la rampa de lanzamiento, apuntada con el rumbo 180 Sur; después llegaban los conteiners de los misiles, luego el grupo electrógeno, etc. A partir de las 20:30 Hs aproximadamente, estaba todo calibrado y comenzaba a operar el sistema íntegro.


Mapa del recorrido del misil hasta
el sitio donde impactó al Glamorgan.
"El mayor peligro -cuenta Ríes Centeno- eran los helicópteros. Los neutralizamos con protección antiaérea de misiles SAM 7, provistos por los comandos del capitán Menghini. Así llegamos a la noche del disparo, luego de intensas búsquedas y esperas.

Así empezó la noche del 11 al 12 de junio. Se produjo un largo cañoneo británico y a las 3 de la madrugada el radar captó a un buque, en alejamiento. El capitán Pérez decidió lanzar su invento. Dispararon. En medio de tanta oscuridad, se vio la estela del Exocet que se perdía en el mar. A los pocos segundos pudo verse que en las nubes se reflejaba una enorme explosión que iluminó toda la línea del horizonte. El impacto argentino dio en plena popa, sobre la banda de babor, del Glamorgan. Lo dejó fuera de combate, con lo cual se cumplía a la perfección el objetivo específico del Exocet. El Glamorgan nunca más volvió a atacar.

A eso de las 3.15 de la mañana del 12 de junio, a una distancia de 29.600 metros, detectaron un blanco. Era un barco que había bombardeado duramente las posiciones del BIM 5. Ríes Centeno transmitió la información de distancia, en metros, y rumbo, en milésimos, al teniente Abadal. Él, con una calculadora Hewlett Packard manual, convertía el informe en datos electrónicos y se los pasaba al capitán Pérez, quien los operaba en los instrumentos de control del ITB, que guiaban el lanzamiento. Así lanzamos el Exocet, y lo filmamos. Una vez que mi radar dio los datos, yo salí corriendo hacia una loma y, desde allí, junto con Ángel Libonatti, Jorge Sanders y Osvaldo Marino, registramos por primera vez en la historia el rumbo de un Exocet lanzado desde tierra, su trayectoria y luego el impacto en la Glamorgan.

En ese momento en las islas, se escuchó una ovación, como en un estadio de fútbol. Yo me encontré abrazado, llorando, junto al capitán Pérez. ¡Al fin le dimos, al fin le dimos! Era el sentimiento de todos. Y en ese instante sentí algo terrible que aún ahora lo siento: me di cuenta del tremendo daño que causaría el Exocet, de cuántas vidas... Sin embargo, no sentí que matábamos gente. Matábamos ingleses. Supongo que así se debe pensar en la guerra. Por lo menos yo pienso así, aunque me doy cuenta que es terrible."


Dibujo del ITB en Puerto Argentino en
el momento que se lanza el misil Exocet
rumbo al Glamorgan.
Una vez que el buque estaba en punto de lanzamiento, el misil fue disparado. Su trayectoria errante se niveló al detectar el blanco. Se estabilizó y, a gran velocidad, se acercó a su objetivo. El Glamorgan, que había detectado su disparo, intentó denodadamente interceptarlo con el disparo de misiles Sea Cat, pero era demasiado tarde. Intentó lanzar los señuelos Chaff, que tampoco pudieron frenar el inminente impacto. Habiendo recorrido ya una distancia de 30 km. aproximadamente, dio en la popa. Fallecieron trece tripulantes y resultaron heridos de consideración una veintena de ellos. A pesar de los destrozos considerables en su estructura, el Glamorgan, fue el único de los navíos tocados por un Exocet que ha sobrevivido.

Según información brindada por fuentes británicas el Exocet impactó en el Glamorgan, pero no explotó. Se afirma que la explosión se debió a un helicóptero Wessex, que al entrar en contacto con el fuego, se incendió. Lo cierto es que, si explotó o no, no es hoy en día un hecho certificable. No obstante el destructor de su Majestad quedó fuera de combate.


Daños provocados por el incendio
en el Glamorgan.
Pudo saberse meses mas tarde de fuentes británicas, que el impacto en el Glamorgan fue recibido en la popa del mismo, se debió a que su oficial de guardia ordenó una oportuna maniobra de giro a estribor al ver la estela del misil que se acercaba, evitando así que el impacto se produjese en el centro del barco. Después, reparado y modernizado, pasó a formar parte de la Escuadra de Mar de Chile.

Tras el impacto en el Glamorgan, al día siguiente no hubo
bombardeos nocturnos que se hicieron cada vez menos ya que los ingleses no sabían ni como ni con que, pero desde nuestras islas salían "regalos" para sus buques.


Incendio en la cubierta del HMS Glamorgan
tras el impacto del Exocet.
Cuando se estaba por rendir el General Menéndez, el capitán Pérez, junto con el Teniente Rodríguez se prepararon con unas granadas de mano para volar la ITB, pero el Contraalmirante Edgardo Otero ordenó: "No destruyan la ITB". Así fue como los ingleses obtuvieron gratis esta invención.

Tan positivo fue este invento de los argentinos, que tras la rendición de Puerto Argentino, los invasores se quedaron con él y hoy en día los propios ingleses lo instalaron nada menos que en Gibraltar. También se lo dieron a los chilenos copiado de la estructura del ITB que quedó en las Malvinas después del 14 de junio.


Daños en el Glamorgan, obsérvese el
agujero provocado por el misil.
Otros hechos del 12 de junio
Ese mismo día en un dificultoso avance a pie (todos los vehículos se hundieron con el buque portacontenedores Atlantic Conveyor), las tropas colonialistas inglesas atacan los montes Dos Hermanas (Two Sisters), Longdon y Harriet. Se producen más de 40 bajas británicas, por dichas batallas, 16 argentinas.

Un helicóptero inglés lanza un misil que impacta en viviendas de Puerto Argentino, matando a 2 malvinenses (kelpers) e hiriendo a otros 4.

A todo esto, a los invasores ingleses apenas les quedaban municiones, víveres, alimentos y medicamentos para seis o siete días. En los últimos días ya ni cobertura aérea tenían los británicos y sus barcos no atacaban más Puerto Argentino porque no querían recibir otro misil como el que arruinó al Glamorgan.

El almirante John "Sandy" Woodward empezaba a notar la escasez de barcos y de municiones: le quedaban dos mil quinientas ráfagas de proyectiles Mk8 y solo tres buques de guerra estaban en condiciones operativas óptimas. Lo dice en su diario personal, un día antes de la rendición de Menéndez:

El 13 de Junio escribió: "Estamos ya en el límite de nuestras posibilidades, con sólo tres naves sin mayores defectos operativos. De la fuerza de destructores y fragatas, el cuarenta y cinco por ciento está reducido a capacidad cero de operar."

Fue cuando el General Mario Benjamín Menéndez, a la sazón gobernador de las Islas Malvinas resolvió rendirse a los invasores colonialistas el 14 de junio.

La rendición de Puerto Argentino tomó por sorpresa a todos, la Fuerza Aérea Argentina preparaba varios contraataques devastadores sobre las posiciones de los invasores (como los del día 13 de junio cuando siete A-4B bombardearon el campamento del general Jeremy Moore que resultó ileso y ese día hubo 18 misiones aéreas sobre los ingleses que dejaron un saldo no reconocido por Inglaterra de 360 muertos) y se planificaba una operación secreta de comandos "Operación Buitre" para atacar detrás de las líneas enemigas a más tardar el 15/16 de junio. Lo que hubiera llevado a la rendición inglesa o al menos una tregua y otra hubiera sido la historia.

El almirante Sir John "Sandy" Woodward, comandante de la Task Force reveló a los periodistas de The Guardian, Jeevan Vasagar y Alex Bellos: "Ganamos la guerra con un importante grado de suerte. Cuando los argentinos se rindieron, las pérdidas británicas iban en aumento y estábamos a punto de quedarnos sin alimentos y municiones. Si ellos hubieran resistido una semana más la historia hubiera podido terminar de manera muy diferente. Imagínense qué diferente podría haber sido nuestra historia política reciente".

Otras revelaciones de junio en su diario personal durante la Guerra del Atlántico sur dicen: "Estamos al borde del abismo: si los argies nos soplan en la nuca nos mandan al fondo. A lo mejor a ellos les pasa lo mismo: espero que así sea porque de otra manera nos aguarda una carnicería".

A 30 años de aquel conflicto bélico, que terminó con la muerte de 649 militares argentinos, y 3 civiles isleños no hay que olvidar que hasta ese momento Gran Bretaña estaba recibiendo día a día una verdadera paliza en las Malvinas. Ya le habían hundido al menos 8 buques, otros 23 estaban averiados o inoperantes (entre ellos sus dos portaaviones). Hay versiones extraoficiales que sostienen que los buques averiados suman 32.

Casi el 90% del material flotante destacado en el conflicto por los ingleses poseía tecnología de combate de última generación, contando muchas de sus unidades de primera línea sólo con algunos meses de navegación desde su total remodernización. Sin embargo, estuvieron a días de perder la Guerra con pérdidas económicas superiores a los 6 mil millones de libras esterlinas.

De un total de 77 aviones (Harriers, Sea Harriers) desplegados en Malvinas, 46 quedaron inutilizados. Desplegó 171 helicópteros en el Atlántico Sur, de los cuales 108 quedaron inutilizados.

Gran Bretaña afirma que tuvo 255 muertos propios, algo que nadie cree y las cifras más optimistas revelan que tuvo más de 1300 muertos y miles de heridos en la Guerra de Malvinas. Gran Bretaña nunca declaró el verdadero número de bajas de sus tropas ni la pérdida de numeroso armamento. Fue inferior a la Argentina y queda demostrado por el gran daño sufrido en toda la guerra, que supera ampliamente al que recibió Argentina. Según cálculos hechos por estrategas militares, Malvinas fue la peor derrota británica de su historia.

Algo debieron hacer bien los argentinos para que los supuestos "triunfadores" del conflicto, o sea los británicos, guarden bajo estricto secreto hasta el 14 de junio del año 2072 toda la documentaciópn oficial de la Guerra de Malvinas.

Si hoy las islas se encuentran en posesión británica es gracias a la ayuda que Gran Bretaña recibió de los Estados Unidos de Norteamérica, y demás miembros de la OTAN. Sin olvidar a la mayoría de los países europeos (excepto Irlanda e Italia), quienes sancionaron económicamente a la Argentina.

El 14 de junio de 1982 los ingleses re invadieron Malvinas, que tienen un territorio insular de sólo 11.410 Km2 y una franja de 3 millas de territorio marítimo. La ocupación del Reino Unido fue sistemática y hoy ocupan un territorio cercano a los 5.000.000 Km2en el Atlántico Sudoccidental.

Si bien el Gral. Menéndez rindió las fuerzas bajo su comando inmediato (y en algunos casos, algunas más) lo cierto es que dicho acto no comprendió a las fuerzas del ejército, armada y fuerza aérea en el continente, las que, técnicamente nunca se rindieron y, fácticamente se encontraban en capacidad de reanudar sus ataques.

En la Guerra de Malvinas, la Royal Navy y por ende la potencia imperial británica fue humillada perdiendo para siempre el prestigio acumulado durante siglos.

Entre las enseñanzas que dejó esta guerra, es que si se tiene ingenio, audacia, coraje y creatividad, se puede poner en jaque a los más poderosos del mundo.
La recuperación de dichos territorios (Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares) constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.

Vea aquí la entrevista al capitán Julio Pérez, creador del ITB:

I.T.B.: Ataque a la HMS Glamorgan
http://www.youtube.com/watch?v=8JnQM7VjNOc







uente: http://www.atp.com.ar/post/Info/163198/Operacion_Uka_Uka,_(Malvinas).htmlHaga Clic para ver la Imagen original en una ventana nuevaHaga Clic para ver la Imagen original en una ventana nueva

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