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Enigmas y Misterios : Los reyes magos, eran reyes??? fueron tres? aqui algun dato.....
Enviado por adolfo gandin ocampo el 21/1/2013 5:50:00 (898 Lecturas)

Los días 6 de enero de cada año se convierten en el placer de los niños que esperan la llegada de los regalos de estos tres reyes magos, así Gaspar, Baltazar y Melchor recorren el mundo dejando sus regalos montados en sus camellos, esa es la tradición, pero la historia avaló todo ésto? fueron tres los reyes magos? se llamaban así?, fueron seguidos por un cometa? aquí algunas respuestas....


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Ing. Adolfo gandin Ocampo


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Reyes blancos, Mosaico del siglo VI

Para empezar, sólo hay un evangelista que los menciona: San Mateo en su capítulo segundo y es tan escueto en sus descripciones que habla de unos “magos de Oriente”, sin especificar el número exácto, que buscan al rey de los judíos. Vamos, que habla tan poco de ellos que hay que acudir a tradiciones posteriores y a los evangelios apócrifos (considerados falsos por la propia Iglesia) para saber algunos datos complementarios que hoy pensamos que siempre han estado ahí. Por ejemplo, el que vayan con camellos, o el resplandor que emana de la cuna donde reposa el Niño Jesús o la famosa marcha a Egipto huyendo del malvado Herodes son informaciones que solamente aparecen en Evangelios Apócrifos. Comprobadlo, comprobadlo… Por no hablar de la mención a la mula y al buey en el pesebre que aparecen por vez primera en el Pseudoevangelio de Mateo…

Número de Reyes

Es casi seguro que estos ilustres personajes bíblicos de ser algo serían magos, sabios o astrólogos persas conocedores de las estrellas, pero lo de reyes daba más caché. En las pinturas de las catacumbas de Santa Priscila (inicios del siglo II) son representados como nobles persas.

Hasta el siglo IV no había un criterio común en cuanto al número exácto de reyes que visitaron el portal: dos, tres, cuatro, seis, doce y hasta sesenta (para la Iglesia copta), según la tradición que escojamos. Las Iglesias siria y armenia siempre creyeron que fueron 12, uno por cada tribu de Israel. Se fijó el número definitivo de tres por el Papa León I (el Magno) en el siglo V y por una sencilla regla de tres (nunca mejor dicho): porque tres eran los regalos que entregan (oro, incienso y mirra). Tal cual. Aunque no siempre han sido tres. Según el Evangelio Armenio de la Infancia ofrecen al Niño un cuarto regalo: el extraño y esotérico Libro de Seth, pero eso es otra historia…

A partir del número tres se empezaron a hacer muchos juegos simbólicos, cada cual más ingenioso. Son tres porque tres eran los continentes conocidos en esa época (Europa, África y Asia), porque representan los tres tiempos (pasado, presente y futuro), la triada espiritual, los tres reinos de la naturaleza… Y los tres regalos también tenían su aquél: oro (como Rey), incienso (como Dios) y mirra (como Hombre).

Nombre de los Reyes

Si no se ponían de acuerdo con el número ya os podéis imaginar el cacao mental que tenían con los posibles nombres. Como San Mateo no dice nada al respecto hay que irse al Evangelio Armenio de la Infancia (del siglo VI) para saber sus nombres, cada uno representando a un imperio: Melkon (reinaba sobre los Persas), Baltasar (sobre los Indios) y Gaspar (sobre los Árabes). El remate final fue el hallazgo de un mosaico bizantino de ése mismo siglo en la iglesia de San Apollinare Nuovo, en Rávena (Italia), en el que aparecen por vez primera inscritos esos nombres como Reyes Magos. Aquí reproduzco ese mosaico del siglo VI donde se les puede ver con sus regalos, sus gorros frigios, sus ricos ropajes persas y todos con su tez blanca.

Ojo con esos nombres porque en el mundo griego son otros, allí conocidos como Apellicón, Amerín y Damascón. Para fiarse. Existe incluso una historia literaria de finales del siglo XIX -escrita por el estadounidense Henry Van Dyke (1852-1933)- que habla de un cuarto rey mago llamado Artabán, un tanto despistado el pobre porque se perdió en el desierto cuando iba a adorar a Jesús.

Edad de los Reyes

A poco que nos fijemos en las cabalgatas de reyes de todos los años veremos que dos de ellos llevan luengas barbas, cada una de un color, y el de raza negra con un turbante moruno que le queda muy coqueto. Siempre dan la impresión de que todos ellos son muy mayores. En el siglo VIII, el monje Beda, el Venerable se atrevió a otorgar a los reyes algunos atributos más: “Melchor, un anciano de larga cabellera cana…ofreció el oro… Gaspar, joven, imberbe, de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole incienso… Baltasar de tez morena, testimonió ofreciéndole mirra”.

Como eso era algo impreciso, es en el siglo XV cuando el erudito Petrus de Natalibus fijó, por las buenas, que Melchor tenía 60 años, Gaspar 40 y Baltasar, el jovenzuelo, tan sólo 20 añitos, algo en lo que discrepaban tradiciones anteriores. Eso sí, todos blancos ¿incluido Baltasar? Pues sí, amigos, Baltasar no es negro, al menos iconográficamente, hasta el siglo XVI, época en la que se le empieza a representar así en esculturas y pinturas por necesidades estratégicas: si representaba a África tenía que ser moreno. El cuadro más antiguo en el que aparece un Baltasar negro (al menos, que yo conozca) es en una obra de El Bosco, “Tríptico de la Adoración de los Magos”, datado hacia el año 1500 que, por cierto, está en el Museo del Prado.

Si alguien va a una pinacoteca o hace una búsqueda en Google, que observe los numerosos cuadros de la presencia y adoración de los Reyes en el pesebre. Si está pintado antes del siglo XVI, Baltasar deslumbrará por su blancura. Os dejo una buena muestra que corresponde a uno de los frescos que Giotto pintó en 1304 para la Capilla de la Arena, en Padua, “La adoración de los Reyes Magos”, con una peculiaridad: la estrella de Belén corresponde al cometa Halley (que aún no se llamaba así) a su paso por Italia tres años antes.

Y, ya puestos, cuando se produce el descubrimiento de América a alguien se le ocurrió la idea de que uno de los reyes debería ser amerindio con su tocado de plumas y al que le tocó en suerte ese papel fue a Baltasar. El luso Vasco Fernández pintó entonces la “Adoración de los Reyes Magos” (1504) que se conserva en el retablo de la catedral de Viseu. Pero este modelo no prosperó y al final ha quedado para la posteridad como una auténtica rareza.

¿Dónde están los cuerpos de los Reyes Magos?

Por Jesús Callejo Cabo, 06 de enero de 2011

Supuestos restos de los Reyes Magos.
Si alguien pensaba que esto de los reyes era un cuento chino (por lo de Oriente) o un mito o una invención interesada de la Iglesia que se vaya a la catedral de Colonia (Alemania) y verá una arqueta de oro de estilo gótico donde dicen que yacen las reliquias de los tres Reyes Magos. Otra cosa es que dejen ver el interior y otra más es que algún día se atrevan a analizar esos restos óseos con el carbono 14.

Marco Polo nos dejó constancia, en su Libro de las Maravillas, de otra ubicación. Según sus informantes, situaban en la ciudad de Sava, enclavada en las áridas tierras de la antigua Persia de donde partieron para Jerusalén, el lugar en el que supuestamente estaban enterrados Melchor, Gaspar y Baltasar, “en tres sepulturas grandes y hermosas; encima de cada sepultura hay una casa cuadrada, redonda en la cima, bien trabajada; y están unas al lado de otras”. En Sava, hoy Saveh, en Irán, ya no queda ni rastro de esas tumbas, si es que alguna vez existieron.

La historia de cómo llegaron a la ciudad de Colonia es muy rocambolesca. La primera persona que encontró esos cuerpos incorruptos fue Santa Helena, madre de Constantino, en el siglo IV, una auténtica Indiana Jones a la hora de localizar por ciencia infusa toda clase de reliquias cristianas. Se los llevó a Constantinopla y allí fueron guardados en un sarcófago de granito. En el reinado del emperador Manuel, apareció un religioso griego con nombre de santo, Eustorgio, que fue elegido obispo de Milán y el emperador le regaló entonces los tres cuerpos para que se los llevara a esta ciudad italiana a principios del siglo XII.

Según la tradición, poco duró la estancia y la tranquilidad de los Reyes Magos en Milán (que por entonces estaban incorruptos) ya que el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico Barbarroja, saqueó la ciudad en 1162, trasladando los restos a Colonia y allí siguen de momento. Bueno, no todos. Tras varios siglos de reclamaciones por parte de las autoridades milanesas, en su afán de recuperar esos restos mortuorios, a principios del siglo XX una tibia, un húmero y un esternón fueron llevados solemnemente a la iglesia de San Eustorgio y colocados en su antiguo sarcófago. Lo dicho, que no los analicen por si acaso.

¿Por qué se celebra el 6 de enero?

Está claro que si el niño Jesús nació un 25 de diciembre (que no fue así) del año I (que tampoco fue así) los reyes no pudieron llegar de Babilonia a Jerusalén el día 6 de enero, por mucho turbo que tuvieran los camellos. O el día 9 de enero, como afirma El Evangelio Armenio de la Infancia, que “habían salido de su país hacia nueve meses” (capítulo XI). En cambio, El Evangelio Árabe de la Infancia (también denominado Evangelio árabe del Pseudo Juan), asegura algo mucho más insólito e inverosímil: “Partidos de Persia al primer canto del gallo, llegaron a Jerusalén al rayar el día (Cap. VII). Lo más parecido que conozco a eso es la teletransportación.

Y no deja de ser raro que el 6 de enero sea la Epifanía, palabra griega que significa “manifestación”, y se le adjudique por las buenas el Día de Reyes, que se comenzó a celebrar a principios del siglo III por los cristianos orientales de Constantinopla, coincidiendo con la fiesta pagana del nacimiento del dios Aion, engendrado por la virgen Koré, símbolo del Tiempo Nuevo. También en la misma fecha se celebraban en Roma los prodigios del dios Dionisio en favor de sus devotos. Así que había que cristianizar el 6 de enero, como posteriormente se hizo con el 25 de diciembre. Y vamos que se hizo.

En Occidente se empezó a celebrar esta fiesta en el siglo V cuando en el 450 el citado papa León I definió la Epifanía como la “fiesta de los Reyes Magos” y punto. Poco a poco se fueron añadiendo distintos elementos a la cabalgata. La costumbre de que sus “graciosas majestades” trajeran regalos surgió a mediados del siglo XIX para contrarrestar la tradición de San Nicolás, un obispo de la Iglesia oriental que vivió en el siglo IV en Asia Menor conocido por su generosidad con los niños, cuya onomástica es el día 6 de diciembre. El flacucho San Nicolás, por esos azares del destino, se transformó con el tiempo en el orondo Santa Claus.

Unos y otros rivalizan cada año para entregar regalos a los más pequeños de la casa en diferentes días. Según estadísticas de Servimedia, realizada en el 2006, el 46% de los niños reciben los regalos el día de Reyes, un 16% los reciben exclusivamente de Papá Noel el 25 de diciembre y el 38% restante tienen la gran suerte de recibir regalos de ambos. Es el misterio y la fantasía de esos días donde el 34% de los niños de 4 a 8 años aseguran a pies juntillas haber visto a los Reyes Magos o a Papá Noel en persona dejando regalos en sus casas. Y tanto, pues de los 4.000 niños entrevistados de entre 4 y 12 años, un 55% aseguraron sin pestañear que Papá Noel o los Reyes Magos entran en sus casas usando de su magia, mientras que el 25% dicen que lo hacen por la ventana y el 20% creen que se cuelan por la chimenea, eso sí, dependiendo del tamaño de la barriga de Papá Noel.

Roscón de Reyes

Y en el apartado gastronómico, un español o un mexicano no dejará pasar estos días sin probar un trozo de Roscón de Reyes. La costumbre de un dulce con sorpresa en su interior parece remontarse a la época del antiguo imperio romano, con sus fiestas Saturnales. Al que le tocara el haba seca se le hacía el “rey del haba” y de ahí viene, según algunos estudiosos, la expresión “tonto el haba”.

Al igual que la tradición de comer 12 uvas en la Nochevieja, la del Roscón de Reyes también tiene un origen español. Dice la leyenda que un cocinero aragonés fue nombrado pastelero de la Corte del rey francés Luís XV quien acostumbraba a invitar a reyes, príncipes y embajadores extranjeros el día 6 de enero de cada año.

Les obsequiaba con pasteles pero casi siempre eran de la misma clase, hasta que le pidió a su cocinero que ideara uno nuevo. Entonces recordó una torta que se hacía en Zaragoza en su juventud. Confeccionó un pan de rosca adornado con frutas escarchadas en el que introdujo un doblón, símbolo de riqueza y prosperidad para aquel al que le tocase en suerte en la degustación del dulce. El rey añadió que aquél a quien le tocara la moneda debería pagar al año siguiente la elaboración del roscón e invitarles a todos a comérselo. Fue un éxito y dada la alcurnia de los comensales se le denominó “roscón de reyes”. De Francia pasó la tradición a España de la mano y el gusto del rey Felipe V, aunque ya existía un antecedente: el Roscón de Navidad.



COMENTARIOS

En el capítulo 2 del Ev. de S. Mateo vemos la huida a Egipto de José y su familia y la huida de los magos a su tierra sin volver de nuevo a Herodes.

En el propio Mateo 2, 13-15 (según la versión de la biblia que aparece en Catholic.net) parece que sí se habla de la huida a Egipto (aunque evidentemente no de episodios tradicionales como cuando les oculta una palmera).

13 Después de marchar los Magos, el Ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes buscará al niño para matarlo.»
14 José se levantó; aquella misma noche tomó al niño y a su madre y partió hacia Egipto,
15 Permaneciendo allí hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que había anunciado el Señor por boca del profeta: Llamé de Egipto a mí hijo."

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Autor Hilo