UNIFA web : Aquellos casos ovni, recordandolos parte 2 - Sucedio en la historia OVNI - Articulos
Staff

Tematicas

Foro


Radios


Links

Login
Nombre:

Contraseña:

Recordar



¿Recuperar la contraseña?

Regístrese

RADIO EN VIVO

TIEMPO DE MISTERIOS PROG 44,,13/12/16

Tu eres nuestra vista N*

Sucedio en la historia OVNI : Aquellos casos ovni, recordandolos parte 2
Enviado por adolfo gandin ocampo el 12/12/2012 7:42:50 (748 Lecturas)

Otro caso famoso fue el acaecido el 11 de julio de 1973 al teniente Dieter Hummling y al sargento Konrad Wey mientras pilotaban sobre Munich otro Phantom F-4F de la Fuerza Aérea de la Alemania Occidental.

«El caso, que tuvo más de 40.000 testigos, tiene otras implicaciones psíquicas y parafisicas interesantísimas que sería demasiado largo narrar y que, por otra parte, tuvieron en su tiempo una gran difusión en la prensa.

Lo que nos interesa hacer constar es que cuando el teniente Hummling le gritaba a su copiloto que preparase los cañones, el ovni.......

Informa e investiga desde UNIFA
Ing. Adolfo Gandin Ocampo



Haga Clic para ver la Imagen original en una ventana nueva

´.......el ovni (que repentinamente se agigantó en tamaño, llegando a tener una milla de largo y como cien metros de alto) se les echó encima, pero en vez de impactarlos los engulló sin hacerles daño alguno saliendo el Phantom por el otro lado del ovni y llevando únicamente como recuerdo de aquel misterioso encuentro una especie de quemaduras a lo largo de todo el fuselaje.

El terror hizo que Wey se vomitase por toda la cabina mientras Hummling sólo recuerda que le pareció que «había pasado a través de una nube mientras tenía la impresión de que salía de este mundo».

En estos casos se puede uno explicar la belicosidad del ovni, pero en otros en que no ha habido hostigamiento alguno por parte del avión, es más difícil la explicación y ello lógicamente nos lleva a pensar en la diversidad de orígenes de sus ovninautas.

Y si difícil es explicar el porqué de la agresión, más difícil aún es explicar el cómo. Porque resulta que los ovnis han hecho desaparecer aviones a pesar de ser éstos de no pequeñas dimensiones, no pudiéndose hallar posteriormente parte alguna de ellos en tierra.

Este fue, por ejemplo, el caso de un bombardero B-29 de los llamados «superfortalezas», que volaba al norte del Japón. Desde la base aérea cercana seguían su trayectoria por radar cuando vieron que otra nave sin identificar se le acercaba rápidamente. Los operadores de radar vieron cómo se «fundían» en el aire, instantes después de haber oído gritos excitados del piloto del B-29 pidiendo auxilio.
Haga Clic para ver la Imagen original en una ventana nueva

O el caso de Frederick Valentich, el 7 de octubre de 1978, que volando con varios pasajeros su avión Cessna en Australia, vio cómo se le acercaba un ovni que hizo varias extrañas maniobras pasando repetidamente por encima de su avión. Valentich lo reportó varias veces por la radio a la torre de control y se notaba que estaba muy nervioso por lo que el ovni hacía. En un momento dejó de transmitir y nunca llegó a su destino ni se encontró rastro de él.

En ellibro «La granja humana» se narra el caso de dos aviones civiles ecuatorianos de la Compañía «Saeta» que volando en años sucesivos (1976 y 1979) desde Quito a Cuenca, cuando ambos habían pedido permiso para aterrizar, estando ya a la vista del aeropuerto y en un cielo sin nubes, desaparecieron sin dejar rastro, a pesar de la intensa búsqueda en la que intervinieron aviones especiales de la Fuerza Aérea norteamericana venidos ex profeso de Panamá. De las aproximadamente 150 personas que en ellos viajaban no se volvió a tener noticia hasta el día de hoy.

Y ¿qué diremos cuando el ovni se tragó literalmente al avión? He aquí lo que un testigo presencial le contó a la más seria revista sobre el fenómeno ovni, la «Flying Saucer» de Londres.
Sucedió en el estado de Missouri (EEUU).



«Serían como las siete y media del día 9 de marzo de 1955. Yo me hallaba absorto contemplando el vuelo de un avión a reacción que venía en dirección hacia mí. Vi entonces cómo, casi de repente, un extraño aparato se colocó detrás de él y lo hizo desaparecer en un abrir y cerrar de ojos.
Haga Clic para ver la Imagen original en una ventana nueva


Para ello aquel aparato abrió una gran puerta hacia el lado del avión, se lo engulló en un instante y luego se paró en el aire mientras cerraba su compuerta. A continuación ascendió y descendió durante unos 30 segundos y después se fue.

Mientras ascendía y descendía pude ver que salía vapor o humo de unas como puertas o ventanas redondas que tenía en la parte alta. El aparato tenía la forma de una campana y era suficientemente grande como para llevar dentro muchos aviones como el que acababa de tragarse.

Todo esto sucedió muy cerca de donde yo estaba, de modo que pude ver con toda claridad al avión y al ovni. El avión era un cazabombardero ligero. En la radio de San Luis, días más tarde, lo dieron por perdido, pues nunca apareció.

Estos aparatos son la cosa más rápida que he visto en mi vida, porque pude cronometrar la velocidad de ambos al principio cuando el ovni se le acercó al avión. Aquél tardó sólo unos segundos en hacer el trayecto que al cazabombardero le había llevado tres minutos».

Los radares, sin poder detallar tanto como el testigo de Missouri, han sido testigos en varias otras ocasiones de casos semejantes. Y curiosamente todas estas extrañas y fatales ocurrencias suelen sucederles a aviones de guerra, para respiro de los que viajamos con frecuencia en aviones comerciales. No creo que los militares tengan mucho derecho a enfadarse, porque como dice el refrán:

«El que a hierro mata, a hierro muere».

Los beligerantes ovni-nautas que tales actos realizan parece que saben distinguir bien entre los ciudadanos pacíficos y los belicosos que hacen de la guerra o de su preparación para ella un modus vivendi.

Aunque tal como acabamos de ver, la triste realidad es que si bien menos frecuentes, también ha habido desapariciones misteriosas de aviones civiles llenos de pasajeros.

A veces las cosas no son tan graves y los ovninautas se limitan a «jugar», si hemos de juzgar con una lógica humana, con los aparatos en vuelo. Pero no se puede negar que cualquier juego en esas circunstancias es muy peligroso y puede convertirse en fatal al más ligero descuido.
Haga Clic para ver la Imagen original en una ventana nueva
He aquí lo que le sucedió en 1975 al joven De los Santos Montiel, mexicano, tal como él mismo me lo contó y como fue relatado por toda la prensa de aquel país que se hizo ampliamente eco de tan extraño caso.

«Me dirigía de Zihuatanejo a México D.F. volando solo a una altura de unos 15.000 pies en una avioneta Pipper. Cuando estaba intentando distinguir la laguna de Tequesquitengo noté repentinamente un objeto discoidal en el extremo de mi ala derecha casi tocándola. Aquello me llenó de asombro. Miré para el otro lado y me encontré con que había otro exactamente igual en el extremo de la otra ala, y un tercero justo frente a mí. Por un momento creí que iba a chocar con él pero cuando me acerqué, con un movimiento rapidísimo descendió y me evitó.



«Yo para entonces ya estaba nerviosísimo, llorando y sin saber que hacer llamé al aeropuerto del D.F. y les dije lo que me estaba pasando. Al principio no obtuve respuesta y me imaginé que no me creían. Esto me puso aún más nervioso.

«El ovni que había estado frente a mí se había pegado a la parte inferior del fuselaje de mi avión y repentinamente me dio un golpe. Yo noté que mi aparato empezaba a ascender contra mi voluntad, y para sacar al ovni de allí se me ocurrió hacer descender el tren de aterrizaje. Pero fue inútil; los mandos del avión no me obedecían. Yo seguía ascendiendo contra mi voluntad y para entonces ya era presa del terror, sin saber en qué iba a parar todo aquello. Los ovnis de los lados seguían cada uno encima de un ala a escasos centímetros.

«En el aeropuerto habían suspendido todo el movimiento de aviones y estaban pendientes de los gritos que yo daba por la radio. Por suerte no me cambiaron el rumbo y el avión seguía volando directo al aeropuerto de la capital. Cuando me acerqué a la zona del Ajusco los ovnis se fueron, pero mi tren de aterrizaje seguía sin funcionar. Tuve que pasar repetidas veces sobre la pista de aterrizaje que estaba toda a mi disposición intentando sacar las ruedas.

«A la duodécima vez logré que el tren saliese aunque las luces de los mandos seguían sin funcionar. Corrí el riesgo de que el tren volviese a meterse al tomar contacto con tierra. Pero, por suerte, aguantó y pude aterrizar sin novedad tras haber vivido la aventura más extraña de mi vida.»

Esta es la mala broma que tres ovnis le jugaron a este joven. Pero muy parecida a ella y en cierta manera peor, fue lo que le hicieron a un estudiante de piloto colombiano que hacía su primer vuelo en solitario; «monitoreado» muy de cerca por su instructor desde la torre de control en el aeropuerto de El Dorado, de la ciudad de Bogotá.



Un ovni se le puso delante y le lanzó un rayo de luz muy concentrado que lo dejó ciego de modo que no podía ver los instrumentos de vuelo para poder maniobrar el avión. En la torre de control su instructor oyó sus gritos desesperados diciendo que no podía ver. Le aconsejaron que se serenase y que dejase pasar un tiempo porque probablemente lo que le sucedía era pasajero; una especie de mareo producido por la tensión, y que poco a poco recobraría la visión.

Pero pasaban los minutos y la visión no volvía. El avión describía un amplio círculo, tal como su instructor le había indicado, y el pobre muchacho estaba medio desmayado en su asiento llorando como un niño y presa de un ataque de nervios. Para entonces ya se habían reunido al lado de la radio en que su instructor le daba instrucciones, otros miembros del personal del aeropuerto y de la escuela de vuelo que no podían dar crédito a lo que oían y a lo que veían, porque el ovni había sido visto por varios de ellos.

Pasado un buen rato, el joven recuperó algo de su visión, de modo que ya podía ver, aunque con mucha dificultad, lo más esencial de los instrumentos de vuelo. Para entonces ya su instructor había despegado en otro avión y estaba volando al lado de él diciéndole exactamente todo lo que tenía que hacer para evitar que se estrellase al aterrizar. Tras varias aproximaciones logró por fin aterrizar de una manera un poco brusca pero sano y salvo.

A un alto oficial de la Fuerza Aérea norteamericana que pilotaba un helicóptero le sucedió algo de lo que le pasó al mexicano De los Santos: los ovnis le quitaron el control del aparato y lo hicieron ascender a una velocidad vertiginosa contra su voluntad. Pero en este caso la broma se redujo a eso y no hubo más sustos.

A una mujer paracaidista la interceptaron en el aire; el caso fue que desde que saltó del avión en que practicaba el paracaidismo como deporte, hasta que llegó a tierra, pasaron tres días, sin que pudiese recordar dónde había estado ni qué había hecho en todo aquel tiempo.

A un piloto puertorriqueño, conocido de un gran amigo mío, volando desde San Juan a la vecina isla de Culebra, cuando estaba sobre el mar, un ovni le arrancó de cuajo el tren de aterrizaje de su pequeño avión, teniendo posteriormente grandes problemas para aterrizar. Verdaderamente bromas pesadas, por no decir algo peor.

En cuanto a helicópteros se refiere, es un hecho bien conocido que este vehículo humano es muchas veces el camuflaje que adoptan los EBEs para pasar más inadvertidos. La gente, sobre todo en ciertas áreas en que hay cerca bases aéreas o navales, suele creer que son aparatos del gobierno haciendo algún tipo de maniobras y por eso no suelen prestarles mayor atención.

Sí es cierto que muchas veces han observado que no tienen números ni identificación alguna y sobre todo que en ocasiones no tienen ventanas de ningún tipo. Esto, a algún campesino le había llamado mucho la atención, incluso antes de que los helicópteros maniobrasen de una manera extraña o hiciesen cosas totalmente inexplicables en un helicóptero del ejército, como es llevarse por el aire a una res que era propiedad del campesino.

La presencia de estos falsos helicópteros se da más cuando hay mutilaciones de animales. En los casos en que han aparecido muertas y desangradas bastantes reses, es muy frecuente que la víspera o al atardecer se hayan visto por el área estos misteriosos aparatos, que a veces no hacen el normal ruido de los helicópteros sino que son completamente silenciosos, cosa que también fue notada por algunos testigos como algo muy llamativo.

Sin embargo, no todos los helicópteros relacionados con ovnis o con abducciones de animales o personas son «fingidos». En las bases conjuntas de la Fuerza Aérea norteamericana y EBEs (de las que hablaremos posteriormente), los helicópteros del ejército suelen hacer mucho trabajo que está directamente relacionado con las tareas de los extraterrestres.
Haga Clic para ver la Imagen original en una ventana nueva

En el famoso caso «Cash-Landrum» (28 de diciembre de 1980; Houston, Texas), en el que un ovni se averió y de resultas de ello contaminó radiactivamente una pequeña zona y a varias personas, fueron muchos los testigos que vieron cómo en rescate del ovni averiado vinieron nada menos que 23 helicópteros de la Fuerza Aérea, que lo fueron custodiando hasta la base en donde se le ayudó a reparar la avería. Este caso fue para muchos la prueba de que el Gobierno de USA hace tiempo que tiene tratos con algún tipo de extraterrestres, por más que se empeñe en negarlo.

Sin embargo, para borrar en parte la mala impresión que hayan podido dejar todos los casos anteriores, y para defender las buenas intenciones y la delicadeza de algunos de nuestros visitantes, narraré lo que le acaeció en julio de 1951 a Fred Reagan cuando volaba cerca de la ciudad de Atlanta (EE.UU.) en su pequeño Piper Cub.

Un objeto luminoso pulsante, en forma de rombo, chocó violentamente contra su avión cuando volaba a unos 2.000 metros de altura, y de resultas de ello Fred salió despedido al vacío, viendo por un momento cómo su avión se precipitaba en picado a tierra. En seguida se sintió como aspirado hacia arriba al mismo tiempo que notaba que sus vestidos se le pegaban a la piel mientras era atraído rápidamente hacia una escotilla que se abrió en un costado del ovni. Una vez entrado él y cerrada la escotilla, se halló en un lugar completamente oscuro al mismo tiempo que sentía un fuerte olor a ozono y a flores.

Pasados unos instantes, empezó a ver una especie de «asperges de metal» de unos 90 cm. y un punto de luz azul. Cuando fijó la vista en él perdió la conciencia.

Cuando la recobró estaba tendido en una camilla blanda y fría y oyó un sonido suave y pulsante. En seguida escucha una voz en perfecto inglés que le pide excusas por el accidente y le dice que ellos proceden de otro mundo, que nuestra tierra está poco desarrollada y que ellos no quieren perturbar nuestras actividades ni están animados de ninguna mala intención.

Le dan la mala noticia de que él —que parece no lo sabía— tiene un cáncer y que en compensación del daño que le han hecho, le van a curar de esta enfermedad «que parece es frecuente entre los humanos».

Le dicen que no diga nada de lo que ha pasado. Vuelve entonces a ver el punto azul y a sentir un «clic», e inmediatamente pierde el sentido.

Cuando se despierta está en un hospital a donde lo habían llevado los que lo encontraron inconsciente tumbado en un prado. No tenía ni una sola herida, a pesar de que, teóricamente, había caído sin paracaídas desde 2.000 m.

Y como colofón de este caso, una vez más aparece lo ilógico e inexplicable con que tantas veces nos encontramos en el fenómeno ovni: Fred Reagan murió loco diez meses después.

Reseñaré finalmente varias otras «bromas» de los ovninautas con los tripulantes de unos cuantos aviones, aunque la «broma» haya sido muy pesada, ya que en algunos casos ha conllevado la muerte o desaparición de los humanos.

John Janssen, de Morristown (New Jersey) tuvo suerte, porque volando su avión a 1.800 m. de altura el 23 de julio de 1947 vio acercarse a un ovni al mismo tiempo que el motor de su aparato empezaba a fallar, hasta que se paró del todo. Janssen se preparó para tirarse en picado a fin de poder planear, pero el avión conservó su horizontalidad. Miró la aguja de la velocidad y vio que marcaba «0».

El avión estaba completamente inmóvil en el espacio. Entonces sintió que alguien lo observaba; levantó la mirada del panel de instrumentos y vio un poco más elevado que su avión, a unos 400 m., al ovni detenido en el aire, que indudablemente lo observaba. Pasaron unos instantes tensos, de una inmovilidad y un silencio totales, hasta que Janssen accionó de nuevo la llave del encendido y el avión reanudó su marcha.

En cambio, los tripulantes militares de los tres casos siguientes no tuvieron tanta suerte. Probablemente el lector recuerda la película «Encuentros cercanos del tercer tipo». Comienza ésta abruptamente con una tormenta de arena en medio de gritos de militares que se mueven muy excitados entre unos cuantos aviones aparcados en medio del desierto. Como apenas si se da ninguna explicación, los espectadores no saben a qué viene toda aquella excitación ni cuál es la razón de traer a cuento aquellos aviones aparcados tan fuera de lugar.

Para entender la escena habría que remontarse al año 1945, cuando cinco aviones «Avenger» torpederos de la base aérea de Fort Lauderdale (Florida), desaparecieron con sus 27 tripulantes cuando realizaban un vuelo de entrenamiento por el Atlántico a unos 200 Kms. de la costa. Se escucharon muchas conversaciones nerviosas entre los distintos pilotos como extrañados de lo que les estaba pasando. El día, sin embargo, estaba completamente claro.



Tras casi 50 minutos de indecisiones, se oyó claramente la voz del jefe que decía:

«No podemos saber dónde estamos ni dónde está el Este o el Oeste. Creemos que nos encontramos a 370 Kms. al NO de la base. Pero pensamos...», y no dijo más ni se volvió a saber más de ellos.
Haga Clic para ver la Imagen original en una ventana nueva

Inmediatamente se envió a un gran hidroavión para investigar qué les pasaba, pero al hidroavión le sucedió lo mismo. Desapareció sin dejar rastro, y eso que en pocas horas había alrededor de 320 barcos buscándolos en un área bastante reducida.

Pasado el tiempo, los cinco aviones desaparecidos fueron encontrados en perfectas condiciones posados en un desierto mexicano, sin que nadie pudiera explicarse cómo ni por qué llegaron hasta allí. Esta es Ia escena con la que comienza la película «Encuentros cercanos del tercer tipo».

Los aviones aparecieron, pero ¿qué había sucedido con los 27 tripulantes? Eso sigue todavía en el misterio.

Otro caso parecido fue el de un bombardero norteamericano en la guerra de Vietnam. Se dio por perdido y pasado bastante tiempo apareció posado en un pequeño claro de la jungla vietnamita, en perfectas condiciones para volar, pero en un sitio de donde ni era capaz de despegar ni hubiese sido posible el aterrizaje por estar completamente rodeado de árboles de gran altura y de maleza muy tupida. Las autoridades de la Fuerza Aérea, aun sin confesarlo públicamente, llegaron a la conclusión de que había sido «depositado» o «posado» allí y que él no había podido por sus propios medios haber llegado al lugar en que se encontraba.

Algo por el estilo le sucedió a un avión correo ruso en 1961. Un ovni lo hostigó en su trayectoria y cuando ya se le había dado por perdido, apareció en perfectas condiciones en medio de la inmensa estepa siberiana, en la región de Tobelak. Aunque el terreno era llano, al avión le hubiese sido muy difícil aterrizar sin haber sufrido algún desperfecto. Pero de sus cuatro tripulantes nunca se volvió a saber.

Sin embargo, el colmo de estas «bromas» con aviones —aunque en este caso concreto dudo que lo sea— lo constituye lo que les sucedió a un grupo de cartógrafos rusos cuando se hallaban haciendo un mapa de ciertas zonas de la Luna que hasta entonces no habían sido cartografiadas. Dirigidos por el doctor Stanislav Makeyev, se valían para su trabajo de las fotos de gran precisión que había obtenido un satélite.

Cuando con la ayuda de ordenadores ampliaban una sección en la que hay varios cráteres, no pudieron creer lo que estaban viendo en la pantalla. En el fondo plano de un cráter de poca altura estaba posado un viejo bombardero de la segunda guerra mundial perteneciente a la Fuerza Aérea de los EEUU. En su costado y en las alas se podían distinguir con toda claridad las insignias del escuadrón a que pertenecía. Conservaba su estructura en perfecto estado, salvo que daba la impresión de haber sido víctima de algunos impactos de meteoritos. Además, según del doctor Makeyev, tenía todo él un tono verdoso como si hubiese sido rescatado del fondo del mar, en donde las algas lo hubiesen cubierto por un tiempo.

Por supuesto, las autoridades norteamericanas dijeron que no tenían idea de ello y, en este caso, por excepción, probablemente dijeron la verdad. Se especuló si sería un avión de los tantos que han desaparecido en el famoso Triángulo de las Bermudas y en muchas otras partes del mundo, pero nunca se llegó a esclarecer nada y todo el extraño asunto pasó a engrosar el folklore ovnístico.

La conclusión que de todos estos hechos podemos sacar es la que apuntamos al comienzo del capítulo: la distinta procedencia de nuestros visitantes que origina a su vez comportamientos totalmente distintos. Lo cual no impide que los de una misma especie se comporten de maneras diversas, dependiendo de la actitud de los humanos hacia ellos y también de sus propias necesidades en el momento en que se produce el encuentro.

Otro caso extraño, aunque mucho más reciente, es el sucedido el día 28 de diciembre de 1988 en el sudoeste de Puerto Rico. Su autenticidad está avalada por más de 60 testigos de varios pueblos que fueron cuidadosamente interrogados por el excelente investigador de lo paranormal y redactor-jefe de la revista «Enigma», Jorge Martín, que gentilmente me suministró todos los detalles.

Tal como en otra parte de este libro indicamos, en esa área de la isla caribeña hace ya más de un año que están sucediendo hechos muy extraños. Da la impresión de que hay una guerra declarada entre alguna facción o grupo de extraterrestres y el ejército de los EE.UU.; o por el contrario, una acción común de éste y algún grupo de alienígenas contra otro grupo de extraterrestres que ya están establecidos en bases subterráneas en aquella zona o que intentan establecerse.

El caso es que desde hace algo más de un año los temblores de tierra son constantes, lo mismo que las grandes explosiones subterráneas y profundas grietas que aparecen en el terreno causando en ocasiones cortes de carrete-ras y hendiduras o hundimientos de algunas casas.

Junto a esto hay que señalar la constante presencia de barcos de guerra en la inmediata bahía de Boquerón incluido un portaaviones—; los vuelos rasantes de los más modernos aviones y helicópteros en un área que no es lugar para semejantes ejercicios; el acotamiento por parte del ejército de toda aquella zona; la presencia de extraños vehículos aparentemente de la NASA y el avistamiento diario de ovnis que, o se sumergen en la inmediata laguna Cartagena o dan la impresión de meterse dentro de la montaña.

Con estos antecedentes, el lector está preparado para conocer el suceso que intento presentarle. El día 28 de diciembre, de 1988, a las siete y veinte de la tarde, un ovni enorme de forma triangular fue hostigado por dos cazas F-18 muy probablemente procedentes del portaaviones anclado a muy poca distancia. Daba la impresión de que querían obligarlo a cambiar de rumbo.
El ovni, perfectamente descrito por numerosos testigos colocados en lugares bastante distantes entre sí, pareció no inmutarse, ya que mantuvo su rumbo a no mucha velocidad. Los aviones se le acercaron uno por cada lado, desde atrás. Entonces el ovni se detuvo. El avión que le pasaba en aquel momento por la derecha fue succionado por un costado del ovni y no se vio más.

A continuación el ovni aceleró repentinamente y le cerró el paso al caza que lo había pasado por la izquierda e hizo con él lo mismo que había hecho con el otro. En unos segundos los dos aviones habían desaparecido engullidos por el ovni.

Entonces sucedió algo increíble, pero en lo que están de acuerdo todos los testigos: el ovni se dividió por el medio, convirtiéndose en dos ovnis con forma de triángulos rectángulos que salieron disparados en direcciones opuestas, perdiéndose en unos segundos de la vista de los asombrados espectadores.

En los grabados adjuntos podrá ver el lector como varios de los testigos, situados en lugares diversos, describieron cada uno por separado lo que habían visto. Por supuesto, tanto las autoridades civiles como militares negaron el suceso; y la prensa —aparte de reseñar los continuos temblores que se vienen registrando en la región— no dijo absolutamente nada de lo ocurrido.

Pero la gente tiene ojos para ver; y las autoridades, tanto en este como en otros campos, gozan cada vez de menos credibilidad.


Kenneth Arnold.
Haga Clic para ver la Imagen original en una ventana nueva
He aquí una prueba de uno de los muchos esfuerzos desesperados que el Gobierno y la Fuerza Aérea de USA hicieron para negar la existencia de los ovnis. En esta foto, tomada en 1968 por el fotógrafo de! «Dispatch» de Columbas (Ohio) en la Base Aérea de White Sands (N. México), se ve un raro tipo de avión experimental que tiene toda la traza de ser un ovni

Las autoridades dieron gran publicidad a las pruebas de este tipo de «aviones», al igual que a las de los famosos e inútiles «Avro», para despistar en cuanto a los avistamientos de ovnis. Y de hecho, lograron confundir a la opinión pública.

La revista TIME publicó esta misma foto con el siguiente pie que llenó de satisfacción a las autoridades:

«Este objeto tan familiar puede que explique muy bien muchos de los avistamientos de ovnis que ha habido en el Sudoeste en los últimos años».

Version imprimible Enviar a un amigo Crea un documento PDF con la noticia


Marcar esta noticia en estos sitios


Los usuarios son responsables de sus propios comentarios.
Autor Hilo

Traducir

APPS celulares escuchar RADIO EN VIVO

Twitter

Miembro de la academia Europea de Ufologia

Revista Quasar
Una Revista del Grupo UNIFA!
NUMERO 2
 photo tapa2-1.jpg

Podes solicitarla a unifa.ac@gmail.com y abonarla desde tu casa

Red de cafes ufologicos
Photobucket

Aquellos casos ovni, recordandolos parte 2

© Copyright UNIFA web - Reservados todos los derechos
Terminos y Condiciones de Uso