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Civilizaciones Antiguas : LA EPOPEYA DE LOS GOBOTO, LOS EXPLORADORES OLVIDADOS.
Enviado por Rosa Santizo Pareja el 5/8/2012 13:00:00 (892 Lecturas)
Civilizaciones Antiguas

AUTOR YURI LEVERATTO.

En la época de la expansión europea en el Nuevo Mundo, los navegantes italianos tuvieron una importancia fundamental no solamente en la exploración marítima, sino también en el estudio del nuevo continente desde un punto de vista étnico, social y naturalistico (Cartas de Américo Vespucio).

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Enviado por Rosa Santizo Pareja para UNIFA.



Los cinco grandes navegantes italianos fueron: Cristóbal Colon, Américo Vespucio, Juan y Sebastián Caboto y Juan de Verazzano.

Todos tuvieron buscar contratos fuera de Italia, ya que los gobernantes del tiempo no comprendieron el valor agregado que estos navegantes podían aportar a sus territorios (y tampoco a Italia entera, considerada como una nación unitaria). Lastimosamente hoy también muchos estudiosos italianos emigran a otros países, en busca de un mejor futuro, en busca de países que tengan una visión, y que valoren el valor agregado que una persona puede aportar a la sociedad.

Juan Caboto nació en 1450, en Génova. Pronto se desplazó a Venecia donde se casó siendo aún muy joven con Doña Matea. Tuvo tres hijos, entre los cuales Sebastián, que probablemente lo siguió en su primer viaje.

Caboto hizo algunas tentativas para obtener barcos y medios para la navegación por parte de la república de Venecia, pero sus peticiones no fueron acogidas. Razón por la cual se mudó a España donde trabajó en Valencia dirigiendo las obras de ampliación del puerto.

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Justo en esos años, Colón regresó triunfante después de realizar su primer viaje al Nuevo Mundo. Caboto, muy entusiasmado con esos descubrimientos, se ofreció a Isabel de Castilla y Fernando de Aragón para realizar un viaje de exploración hacia occidente, siguiendo una ruta más septentrional que aquella seguida por Colón. Los reyes de España rechazaron la propuesta; fue así que en 1496 viajó a Inglaterra para tratar de convencer al rey Enrique VII que apoyara su proyecto.

El rey de Inglaterra percatándose de su atraso con respecto a España y Portugal, se apresuró a concederle la autorización para organizar la expedición. Aquí esta la autorización otorgada, el 5 de marzo de 1496:

«plena y libre autoridad, permiso y poder para navegar a todas partes, regiones y costas de mares del este, oeste y norte, bajo nuestros estandartes, banderas y enseñas, con cinco barcos o navíos de la carga y calidad que quiera y con cuantos y cuales marineros y hombres desee llevar con él en los dichos barcos, a su propio cargo y gasto, para encontrar, descubrir e investigar, sean islas, países, regiones o provincias de paganos e infieles, sean en las partes del mundo que antes de ese momento fuesen desconocidas para todos los cristianos».

Sin embargo, debido a la falta de los medios necesarios y a la dificultad para organizar la tripulación, Caboto logró salir solo en mayo de 1497 con un solo barco, el Matthew de 50 toneladas y solo dieciocho hombres en la tripulación.

El 24 de junio de 1497 llegó la embarcación a Cap Breton, tierra virgen que llamó Nueva Escocia. Además, divisó la isla de Terranova, y tomó posesión de estos nuevos territorios en nombre de Enrique VII.

El 24 de junio 1497 fue un día muy importante para la Historia de la colonización europea del Nuevo Mundo: primero que todo ese día fue antecedente al 1498, año del tercer viaje de Cristóbal Colon, cuando por la primera vez el almirante genovés puso pie en el continente suramericano. Además en el mismo día, según las Cartas de Américo Vespucio, el florentino tocaba tierra suramericano en su primer viaje (mira mi artículo Origen del nombre América).

Américo Vespucio de toda manera fue el primer occidental en pisar tierra americana y reconocerla como un nuevo continente, porque Caboto llego el 24 de junio de 1497 en la isla de Cab Breton (o en la isla de Terranova), y no en la tierra firme.

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A su regreso a Inglaterra en agosto, el Matthew fue recibido con grandes festejos.
En 1498 el rey Enrique VII autorizó otra expedición que partió en el verano del mismo año, conformada por seis buques y una tripulación de doscientos hombres con la que se pretendía poder colonizar las tierras descubiertas, que se creían islas asiáticas.

Juan Caboto nunca regresó a Europa. Se tejieron muchas hipótesis sobre el desafortunado viaje. La más probable de todas es, tal vez, que la flota se dirigió demasiado al norte con la esperanza de encontrar una travesía para Cipango, y las embarcaciones naufragaron al chocar contra los icebergs.

A pesar de que Inglaterra durante muchos años no envió más barcos al Nuevo Mundo, las exploraciones de Juan Caboto abrieron una ruta más septentrional respecto a las rutas españolas, y sentaron las bases para una futura colonización inglesa del Nuevo Mundo.

Sebastián Caboto, hijo del célebre Juan, nació en Venecia en 1484. Aprendió a navegar desde muy temprana edad siguiendo los pasos de su padre. Después de la conquista de México, dirigió un importante viaje a Suramérica. Desarrolló un vivo interés por las culturas de los pueblos que iba conociendo, y por la geografía de las tierras visitadas. Además, su pasión por los mapas lo llevó a afinar sus dotes de cartógrafo. Con este oficio prestó servicio en la corte inglesa hasta 1512, fecha en que viajó a España.
Fue nombrado Piloto Mayor de Castilla y asumió el título de capitán general en 1525.

El rey de España le concedió la autorización de organizar una expedición para explorar el cono sur del continente americano, porque se creía que navegando el curso del Río de la Plata era posible llegar al legendario país de Birú, que poseía inmensas riquezas.

La flota partió de Cádiz el 5 de abril de 1526, con tres naves y ciento cincuenta hombres en la tripulación. En el verano del mismo año el grupo de naves llegó al estuario del Río de la Plata y se dirigió al interior. Caboto tomó de nuevo el río navegando hacia las cascadas de Yacareta–Apipe, donde tuvo que detenerse al encontrar enormes saltos de agua. En la zona de la actual provincia argentina de Santa Fe, fundó una aldea y un fuerte, llamado de Santo Espíritu.

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Sebastián Caboto permaneció en la zona durante varios años, enviando expediciones a los alrededores, estudiando la geografía local y explorando personalmente los ríos Paraguay y Pilcomayo.

Sus oficiales Francisco César, Francisco de Rojas, Martín Mendes y Miguel de Rodas emprendieron un viaje de exploración hacia el interior del continente, en busca de Birú y de sus fabulosos tesoros (de el apellido de Francisco Cesar se originó después la leyenda de la ciudad de los Cesares). Mientras tanto, la aldea fundada por Caboto, fue destruida por los nativos, así que el veneciano decidió regresar a España. Allí pidió a Carlos V ser reconocido adelantado y gobernador de las tierras descubiertas, y poder partir de nuevo al mando de una flota más numerosa.

La corte, que justamente en esos años había hecho la concesión a Francisco Pizarro para conquistar el Perú a través de la ruta de Panamá, no escuchó las peticiones del veneciano, que fue encarcelado por haber abandonado a sus hombres. Tras ser liberado un año después, prestó servicio a la Corona de España como Piloto Mayor hasta 1547. Trató mucho en los años siguientes de enrolarse de nuevo al servicio del rey de Inglaterra, pero sin éxito alguno.

Estableció contacto con las autoridades venecianas, con las cuales estaba organizando un viaje a la China con el fin de establecer relaciones comerciales, pero estos tentativos no se concretizaron.

Murió en Londres en 1557, mientras organizaba viajes de exploración para la Company of Merchant Adventurers, una organización cuyo único fin era buscar el mítico paso por el noroeste para llegar a la China por una ruta más directa.

Sus exploraciones en el cono sur del continente americano tuvieron el mérito de describir y trazar los mapas de los nuevos territorios de la Plata, que fueron colonizados años más tarde.

FUENTE :: http://www.yurileveratto.com/articolo.php?Id=292.

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Autor Hilo