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UNIFA España : Las islas de los extraterrestres...Kiribati
Enviado por adolfo gandin ocampo el 17/5/2012 6:50:00 (801 Lecturas)

En el principio, hace mucho, mucho tiempo, sólo existía el dios NAREAU, el creador. Nadie sabe de dónde vino, ni quiénes eran sus padres, pues “Nareau volaba a través del espacio solo y dormido”. En sueños oyó que alguien pronunciaba su nombre, pero ese alguien que le llamaba era “Nadie”. NAREAU despertó y miró a su alrededor. Estaba vacío, pero cuando miró DEBAJO DE SÍ advirtió un objeto grande. Era TE-BOMATEMAKI, lo que significa “el Cielo y la Tierra en uno”. NAREAU descendió hasta allí por curiosidad y posó el pie con cuidado sobre TE-BOMATEMAKI. Allí no había ser viviente alguno, ni ningún otro humano sino él, el creador................

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Adolfo gandin Ocampo

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Hasta cuatro veces rodeó el mundo que acababa de descubrir, de norte a sur y de este a oeste, hasta persuadirse de que estaba solo. Entonces NAREAU excavó un agujero en TE-BOMATEMAKI y lo rellenó de agua y tierra. Con ambas cosas formó una roca, y luego ordenó a ésta que junto con el vacío procrease a NAREAU TEKIKITEIA. De este modo nació por voluntad de NAREAU el creador NAREAU TEKIKITEIA, o sea “Nareau el sabio”.

NAREAU el creador reinaba ahora sobre TE-BOMATEMAKI, mientras que NAREAU EL SABIO residía en la Tierra. como podían comunicarse entre sí, decidieron separar el Cielo de la Tierra. Lo cual consiguieron no sin esfuerzos. Entonces, NAREAU EL SABIO creó los primeros entes dotados de razón, a los que dio nombres como estos:

UKA, que significa la fuerza concentrada que mueve el aire.

NABAWE, que significa la fuerza concentrada de la ancianidad.

KARITORO, que significa la fuerza concentrada de la energía.

KANAWEAWE, que significa la fuerza concentrada de la dimensión (distancia).

NGKOANGKOA, que significa la fuerza concentrada del tiempo.

AURIARIA, que significa la fuerza concentrada de la luz.

NEI TEWENEI, que significa cometa.

Esta es la versión más corriente del mito de Nareau el creador, que se narra con numerosas variantes. Arthur Grimble (nota 1: “A Pattern of Islands” [un esquema de islas]; Londres 1970) agrega un complemento importante:



En esta tradición brillan como piedras de un mosaico numerosos detalles que cuadran a la perfección con la teoría d elos dioses-astronautas.

el dios creador Nareau volaba solo y dormido por el espacio, cuando alguien que no era nadie le llamó por su nombre y le despertó. Desde el punto de vista moderno podemos concebir un vehículo espacial perfecto, cuyo piloto ha sido sumido en su sueño profundo mediante procedimientos adecuados a la finalidad de mantener las células corporales a un nivel de actividad reducida, pero no tan baja que no puedan ser llamadas otra vez al régimen normal del organismo en un momento dado. Hace tiempo que la medicina aeroespacial discute diferentes variantes físico-químicas de la hipnosis profunda, a fin de mantener con vida a los astronautas durante largos períodos y a través de largas distancias, hasta que llegue la hora H.

Cuando el ordenador de a bordo detecta, por medio de su radar, que se ha llegado a las inmediaciones de un sistema solar, pone fin al estado de hipnosis:



El piloto recién despierto, en efecto, no ve a su alrededor sino la negrura del Cosmos. Pero ALLÁ ABAJO, DEBAJO DE SÍ ve un planeta: en el espacio, abajo es la dirección de donde se manifiesta una fuerza gravitatoria.

Recuperado el dominio de sus actos, el piloto decide aterrizar en el planeta ideal, el tercero del sistema solar.



El astronauta reconoce todo el planeta desde al aire y, si bien halla condiciones para la vida, no observa a ningún ser viviente. Decide sembrar gérmenes de vida.



El mito no cuenta cómo se las arregló Nareau para hacer prosperar la vida. Tal vez estas operaciones eran demasiado complicadas para ser entendidas y condensadas en forma de leyenda popular. Nareau pudo lanzar desde su nave, por ejemplo, algas cianofíceas o bacterias; o también, aunque es menos probable, semillas de especies vegetales primitivas y robustas.



Es posible que el predicado “el sabio” significase originariamente “espíritu” o “hálito vital”. Donde no había más que vacío estéril comenzaba ahora la vida. Y desde estos orígenes, dos principios creadores actúan en la evolución terrestre: Nareau el creador de todo ser, y Nareau el sabio.



No deja de ser sorprendente el encontrar en una cosmogonía primitiva nociones tales como, , , o .

Mi fantasía no alcanza a imaginar qué pudieron entender bajo esas palabras los primeros kiribati. Sin saberlo, si transmitieron indicios de los poderes de un dios creador hoy inimaginable. Aunque con nuestros conocimientos actuales no es difícil entender que la fuerza concentrada de la luz proviene de la fuerza concentrada de la energía. Sabemos por las investigaciones del profesor Eugen Sänger (1905-1964) que son posibles los motores a reacción fotónica que en el vacío y lejos de las fuerzas gravitatorias de un sistema solar podrían propulsar naves hasta velocidades descomunales. Sabemos hoy que toda aceleración va unida a la “fuerza concentrada de la dimensión”. Toda aceleración, para superar distancias gigantescas, está sujeta a leyes que implican al tiempo (“la fuerza concentrada del tiempo”) y a la edad del hombre (“la fuerza concentrada de la ancianidad”). El corrimiento cronológico, la dilatación del tiempo, son leyes físicas empíricamente comprobadas.

[La leyenda del niño Te-rikiato secuestrado al cielo - más leyendas de esa manera]

En Kiribati hallé también la leyenda del niño Te-rikiato, que fue raptado y presentado a la señora de los cielos Nei Tetangue-niba. Ella se llevó al recién nacido y lo educó para semidiós. Al oeste de la isla – cuyo nombre es “los pájaros de Biiri” -, Te-rikiato ya convertido en adolescente habló así a la señora de los cielos:

<¡Mira! ¿no son maravillosos esos pájaros que parecen seres humanos?>

Mediante una operación mágica, la madre adoptiva dio fuerza a los brazos del joven y vigor a su cuerpo. Te-rikiato se subió a lomos de un pájaro y se sujetó con fuerza. El pájaro voló en círculos y luego se elevó hacia el cielo, y “llegaron al país de los celestiales”. Allí Te-rikiato se detuvo ante la casa de la celestial Nei Mango-Arei, quien preguntó al joven:

<¿Quién eres tú y de dónde vienes? Ningún humano puede visitarme, porque yo soy diferente de los seres humanos.>

Pese a las evidentes diferencias procrearon cuatro hijos; al primero de ellos le llamaron Niraki-ni-Karawa, lo que viene a significar el que circunda los cielos. La leyenda no olvida concretar que una vez cumplida su misión procreadora Te-rikiato regresó a la tierra y se estableció primero en Samosa (nota 2: Grimble, Rosemary: Migrations, Myth and Magic from the Gilbert Islands [Migraciones, mito y mágica de las islas Gilbert]; Londres, Boston, 1972).

Este relato recuerda la subida a los cielos del babilonio Etana (ver: Erich von Däniken: El oro de los dioses, página 136 y siguientes), que se alzó de la tierra a lomos de una águila y describió lo que veía desde la gran altura alcanzada; y también la leyenda japonesa del hijo de la isla (ver: Erich von Däniken: La respuesta de los dioses, página 152 y siguientes) que fue raptado por una hada y llevado a los campos celestiales, de donde finalmente pudo regresar. Como un tema melódico, este hilo argumental se oye una y otra vez en innumerables leyendas populares.

¿Pisadas de los DIOSES en el atolón de Tarawa en Banreaba EN LAS ISLAS KIRIBATI DE SEIS DEDOS?

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Pisadas de gigantes, de las que se dice son huellas de los dioses que en otro tiempo andaban por las islas. Se trata de impresiones casi perfectas en la roca, y las hay en casi todas las islas. A lo mejor se le ocurrirá pensar que esas huellas podrían haber sido grabadas por los nativos en la piedra, en cuyo caso le ruego que se haga esta pregunta: ¿por qué y para qué? ¿Qué razón podrían tener los aborígenes de dieciséis islas distintas para esculpir en las rocas unos modelados de pies? Piense usted que antiguamente poseían pocas herramientas y hechas de material poco duro. Creo que esta suposición es absurda. Verifique las leyendas locales, donde dicen que se trata de huellas de los dioses que vinieron del cielo.

Por lo visto el padre gigante de los pies grandes había venido acompañado de toda su tribu, pues aparecían huellas más pequeñas, incluso de tamaño normal y de niño. La mayor parte de las impresiones muestran seis dedos en cada pie, y miden al menos un centímetro de profundidad.

Sobre el pie gigantesco: según la leyenda, se trata de una huella del gigante Tabuariki, que era tan alto que podía coger cocos sin necesidad de estirarse. Este personaje tiene su lugar en la leyenda “Tebongi-ro” (la tiniebla negra), pues según ella era de la segunda remesa de celestiales que aterrizó primero en la isla de Baanaba. Y ¿cómo se explicaba lo de la palmera? Pues la hizo plantar, en los años cuarenta del siglo actual, un ministro de Dios que deseaba echar tierra, en todos los sentidos de la expresión, sobre las leyendas idólatras acerca de Tabuariki. Este método para salvar almas, que podríamos denominar botánico, es más suave que otros.

Según investigaciones recientes, las Kiribati están habitadas desde hace al menos tres mil años. Son muchos tres mil años sin documentación escrita. Los “dioses” obraron con acierto confiando sus huellas a la piedra, donde iban a ser imborrables y anunciarían su presencia a los hombres del más remoto futuro.


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“¿Volverán alguna vez los antiguos dioses?”

LA RESPUESTA DE UN ABORIGEN FUE ESTA:

“Sí, volverán. Estoy seguro de que sí.”

FUENTE: ERICH VON DANIKEN, VIAJE A KIRIBATI.

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