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Sucedio en la historia OVNI : 1608, LOS OVNIS YA NOS VISITABAN
Enviado por adolfo gandin ocampo el 22/6/2011 10:27:53 (1547 Lecturas)

Contrariamente a la creencia popular, el fenómeno OVNI o UFO (para los anglosajones) no es una exclusividad del siglo XX. Pese a que la palabra "platillo" y la expresión "platillos volantes" se deben al piloto estadounidense Kenneth Arnold, testigo de un avistamiento de 9 objetos volantes no identificados en junio de 1947, al Sureste de la ciudad de Seattle (Costa del Pacífico Norte, EE.UU.), la Historia está plagada de esos acontecimientos extraños desde los tiempos antiguos. Alejandro Magno o Alejandro III de Macedonia, debió una de sus conquistas en Oriente Medio gracias a la providencial intervención de varios "escudos llameantes" que dispararon un rayo de luz contra las murallas de la ciudad de Tiro (Líbano), abriendo en ellas tal boquete que sus tropas pudieron penetrar fácilmente en ella y tomarla. Plinio el Viejo, Séneca, Cicerone, Tito Livio o Julius Obsequens dejaron narrados extraordinarios fenómenos y prodigios en los cielos romanos. Los textos 'Vedas', los más antiguos de la India, o el Ramayana del siglo III A.C. hablan de objetos volantes conducidos por 'hombres' y armas terribles capaces de reducir a ceniza ciudades enteras a imagen y semejanza de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. Las crónicas del Nihongi, en Japón, remontan hasta la noche de los tiempos para interrumpirse en el año 697 D.C., hablando del "antepasado celeste que descendió sobre la tierra un millón setecientos noventa y dos mil cuatrocientos setenta años atrás..." (1.792.470 años). El abad Grégoire de Tours, historiador del emperador Carlomagno, se refirió a un fenómeno que propició que el monarca sufriera graves heridas al caerse de su montura, tal fue el susto del animal ante la visión de aquel objeto volante que parecía brillar como un segundo sol, en el año 583. El primer emperador de Occidente legisló, de hecho, contra los pobladores del firmamento que abducían a ciertos súbditos del imperio -a los que llamaban "Sylphes" o Silfos- y ordenó darles caza... aunque fue en vano. Otro rey franco, Pepino I, también pretendió cazar a los "Silfos" sin éxito. Tutmosis III, el más grande de los faraones del antiguo Egipto, conocido como el Napoleón egipcio, fue testigo junto a sus escribas y séquito cortesano y militar de la evolución aérea de varios "círculos de fuego" que desprendían un "aliento" fétido. Y los avistamientos se multiplicaron en el cielo de Egipto, provocando lluvia de peces y aves muertas, sembrando el pánico entre los súbditos del faraón. Los relatos de la Grecia antigua sobre esos avistamientos son igualmente numerosos.

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Jeroglífico del osereidón del Templo de Abydos, Egipto, en el que se reconocen distintos artefactos voladores similares a un helicóptero, un platillo volante, un avión, etc.

Los escépticos afirman que los OVNIS son artefactos secretos o las consecuencias del desarrollo de la ciencia-ficción, e incluso una moda y una creencia de nuestra sociedad moderna. Sin embargo, los testimonios recogidos a través de los siglos y encontrados en todos los puntos geográficos más dispares de la Tierra desmienten tales afirmaciones: los fenómenos extraterrestres no son cosa de nuestra época sino, al parecer, parte de la larga Historia de la Humanidad

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LA BATALLA DE OVNIS SOBRE GÉNOVA

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En agosto de 1608, los habitantes del Sur de Francia y del Noroeste de Italia, desde Marsella hasta Génova, asisten a una auténtica oleada de ovnis (Objetos Voladores No Indentificados), debidamente contada en una crónica de la época titulada "Discursos de las terribles y espantosas señales aparecidas sobre el mar de Génova".
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He aqui uno de los más antiguos documentos descubierto hace poco (aunque no el único en su especie), fechado en 1608, y redactado por un tal Pierre Ménier, de profesión editor sito en la Puerta de Saint-Victor (París); aqui no se trata de "platillos volantes" dado que el término es del siglo XX. El documento se presenta bajo una forma de antiguo librillo que tanto pululaban durante el siglo XVII. El relato abarca siete páginas y está escrito en francés...

"Discurso de las terribles y espantosas señales aparecidas sobre el mar de Génova a principios del mes de agosto pasado, con los prodigios de la sangre caída del cielo en forma de lluvia del lado de Niza y en varios lugares de la Provenza, asi como la aparición de dos hombres en el aire los cuales se batieron repetidas veces, sobre la isla de Martigues que es una villa sobre el mar a cinco leguas de Marsella."

El tal Pierre Ménier habla de lluvia de sangre, fenómeno meteorológico de sobras conocido en nuestros días, y que debía ser sin duda una de esas lluvias venidas del Norte de Africa y enrojecidas por la presencia de microorganismos. El testigo y escritor interpretaba ese fenómeno como una expresión de la cólera de Dios.

"A principios del mes de agosto del año mil seiscientos ocho, sobre el mar de Génova se han visto las más horribles señales que de memoria de hombre se ha hablado jamás, ni escrito, unos teniendo forma humana con brazos que parecían estar cubiertos de escamas, y en cada una de sus manos llevaban dos horribles serpientes voladoras que se enroscaban alrededor de sus brazos surgiendo al parecer desde la altura de sus ombligos, volando muy arriba por encima del mar y profiriendo gritos horribles, cosa que era del todo espantoso y, a veces, se sumergían en las aguas para salir nuevamente a una distancia más lejana. Sus gritos eran tan espantosos que varias personas cayeron enfermas por el miedo sufrido. Se veían algunas figuras con forma de mujer. Otros tenían el cuerpo similar al cuerpo humano, todo recubierto de escamas pero con la cabeza en forma de dragón."

Tengamos en consideración que para esos acontecimientos tan extraordinarios, el autor los compara con elementos que le son familiares y propios de su época. Por ejemplo, la "cabeza en forma de dragón", ¿qué se supone que era un dragón para la gente de entonces? Sea como fuere, los Genoveses vieron formas metálicas surgir de las aguas del Mediterráneo, desplazándose bajo el mar y produciendo un ruido infernal. Puesto que esas "apariciones" o manifestaciones insólitas se reproducen sucesivamente en ese mes de agosto, las autoridades decidieron pasar al ataque.

"La señoría mandó disparar algunos cañones para procurar echarlos del lugar, y les fueron disparados unos ochocientos cañonazos, pero en vano, pues no parecieron extrañarse de ningún modo."

¡Nada menos que 800 cañonazos! Ochocientos disparos que no dieron resultado alguno y, el 15 de agosto día de la Asunción, las cosas se pusieron aún más serias para los Genoveses. Desde hacía dos semanas vivían en un permanente estado de angustia:
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"El décimo quinto día de agosto, aparecieron sobre el dicho mar del Puerto de Génova tres carrozas arrastradas cada una por seis figuras de fuego que parecían dragones. Y los mencionados carruajes marchaban en direcciones contrarias de unos y otros, y arrastrados por las figuras encendidas con sus serpientes, continuando con sus espantosos gritos y aproximándose de muy cerca a Génova, tanto que los espectadores, al menos la mayor parte, huyeron asustados temiendo los efectos de tales prodigios, pero cuando hicieron por tres veces el recorrido a lo largo del puerto después de proferir gritos tan potentes de ruido que hicieron temblar las montañas de los alrededores, se perdieron todos en el mar y, desde entonces, no se vio ni se tuvo noticia de ellos."

Y prosigue:

"Todo esto ha dado lugar a grandes perjuicios para muchos ciudadanos de Génova, unos habiendo muerto de miedo como el hijo del Signore Gasparino de Loro, así como el hermano del Signore Antonio Bagatelo; varias mujeres también perecieron de terror. Desde que cantamos el te deum, se han desvanecido."


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Autor Hilo