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Enigmas y Misterios : EL MISTERIO DE LOS FUEGOS DE LAROYA.
Enviado por Rosa Santizo Pareja el 22/3/2011 8:20:00 (2319 Lecturas)

Hablar de un hecho que es un misterio, no es hacer una afirmación, porque el misterio no es eso, sino más bien una preguntas o varias. El misterio no tiene respuestas, si la tendría, dejaría de ser un misterio. Y los hechos que se sucedieron en el pueblo de Laroya, Almería, España, es puro misterio. En el intento de dar una explicación a los fuegos de orígenes inexplicable, dieron lugar a más preguntas. Aquí va la historia…

En el verano de 1945, los habitantes de Laroya tuvieron que hacer frente a fuegos de origen inexplicable.

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Informaban los diarios andaluces de 1945: “En un mes se han producido trescientos incendios espontáneos en Laroya” “La lluvia de fuego tiene atemorizado al pueblo de Laroya”, “La lluvia de fuego continúa haciendo estragos”.

Laroya es un pueblecito almeriense de un centenar de habitantes ubicado en la Sierra de Filambres, a unos 800 metros por encima del nivel del mar. Su ubicación entre sierras le valió el nombre de Laroya, en árabe “hoya” o “cazuela”. Durante la época musulmana, Laroya fue una referencia nacional por sus canteras de mármol. En 1950, los Reyes Católicos la otorgaron el privilegio de ciudad y la anexionaron, junto con otras localidades limítrofes, al término municipal de Baza.

Durante el verano de 1945, Laroya saltó a los medios de comunicación por los incendios aparentemente inexplicables que aterrorizaron a sus pobladores. Primero ardieron algunas plantaciones, después los enseres de los campesinos, y por último, el fuego se cebó con las personas. En el pueblo se declararon de forma espontánea más de 300 incendios.

Todo empezó el 16 de junio de 1945. A las ocho de la tarde, varios montones de trigo comenzaron a arder de forma repentina y sin ningún motivo aparente en el caserío Franco. A la misma hora, en el cortijo Pitango las llamas envuelven el cuerpo de la pequeña María Martínez Martínez. La oportuna intervención de unos jornaleros logró salvar la vida de la niña. Pero el fuego no se da por satisfecho y a medianoche prende las sábanas del camastro donde intentaba descansar su víctima. Una vez más, la presencia de testigos la salvó de la muerte. Los asustados lugareños emprendieron una búsqueda infructuosa para desenmascarar al responsable de los incendios. Llegada la madrugada, denunciaron los hechos a la Guardia Civil. Varios agentes se desplazaron hasta los cortijos afectados, Pitango y Franco. Ante sus ojos, el fenómeno se repite.

La pequeña María Martínez Martínez que fue víctima del Fuego

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Los agentes de la Guardia Civil nada pueden hacer para frenar el macabro recorrido del caprichoso fuego. En los días siguientes, centenares de incendios se produjeron en todos los cortijos de la localidad. En cuestión de segundos, el fuego reduce a cenizas animales, ropajes y cultivos. La niña María Martínez fue bautizada la “niña de fuego” por que éste se cebó con ella hasta en tres ocasiones.

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Expertos llegados de todas partes de España invadieron el pequeño pueblo con el objetivo de desentrañar el misterio del fuego. Entre ellos destacaron José Rodríguez Navarro, del Instituto Sismológico de Almería, el doctor López Azcona y Llorente, del Centro Geofísico dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Román Samaniegos, reputado meteorólogo. Posteriormente, el Gobierno de España envió una comisión para estudiar el fenómeno e intentar apaciguar los ánimos de los asustados e indignados lugareños. Formaban parte de ella una veintena de miembros del Instituto Catastral y el Instituto Sismológico de Almería, capitaneados por José Cubillo Fluiters, jefe del Servicio de Magnetismo y Electricidad Terrestre del Instituto Geográfico y Catastral. Fluiters se desplazó a Laroya con un arsenal de instrumentos científicos, decidido a demostrar que los incendios se debían a causas estrictamente naturales. Laroya le recibió con un peculiar gesto de bienvenida: en uno de los cortijos del pueblo, el jefe de la comisión pudo observar con sus propios ojos cómo varios montones de trigo comenzaban a arder sin ninguna razón aparente. El experto aguantó pocos días en Laroya, ya que un episodio agotó su paciencia. Según cuentan los habitantes del pueblo, el científico intentaba realizar unas mediciones en otro de los cortijos de la localidad cuando sus instrumentos ardieron delante de sus narices. Cuando José Cubillo Fluiters y sus acompañantes abandonaron Laroya, sus habitantes se hallaban aún más indignados y asustados que cuando llegaron.

El informe oficial, fechado el 30 de junio de 1945, es contundente: “Los sucesos no han sido originados por actividad volcánica, ni por trastornos geológicos que hayan dado lugar a desprendimiento de materias en ignición no gases inflamables. El origen de los incendios no se halla en manifestaciones internas ni en la superficie del terreno. Tampoco cabe achacar la causa a fenómenos eléctricos ni a la ionización de la atmósfera, ni a efectos térmicos de radiaciones solares. En resumen, no hay una causa definida a la que pueda achacarse todos los sucesos ocurridos y debe desecharse, desde el primer momento, toda sospecha de que hayan sido provocados por la mano del hombre”.

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Aunque los fuegos de Laroya no mataron a ningún ser humano de forma directa, si que pudieron hacerlo de una forma indirecta. María Martínez, la “niña del fuego” no fue capaz de olvidar aquel fuego terrible que prendió en sus ropajes. El fuego quemó su inocencia, y María puso fin a su vida ingiriendo sosa cáustica. No fue ésa la única desgracia de la familia Martínez, guardeses del cortijo Pitango. La hermana mayor de María se arrojó por un acantilado y otro hermano se ahorcó dentro de la casona.

Puede que lo que sucedió en Laroya sea un caso del fenómeno conocido como combustión espontánea. Ésta afecta a objetos, animales o incluso personas sin que exista una fuente de ignición externa fácilmente identificable. La combustión es muy rápida y localizada, y puede reducir un cuerpo a cenizas en pocos minutos sin afectar a su entorno. En 1841, el diario londinense “British Medical Journal” informaba por primera vez de “extraños incendios internos” que afectaban a las personas. La extraña muerte de Cornelia Bandi, en abril de 1731, es uno de los primeros casos documentados de la denominada “Combustión Humana Espontánea” (CHE), aunque se cree que el primer caso en seres humanos data de 1673.

Existen oros ejemplos similares al de Laroya que se han producido en nuestro país. El caso más antiguo data de 1903, y afectó a un lugar muy concreto: una escuela del Argamasilla de Alba, en Ciudad Real (España). En 1976, dos aldeas gallegas, Nogallans y Outeiro, ubicadas en el concejo de Trazo, se enfrentaron al mismo enemigo. Los incendios atacaron los pastos durante una sola semana, y luego desaparecieron. Nunca se descubrió al culpable de los mismos. En 1996, le tocó el turno a la localidad coruñesa de Sillobre. El pánico de los vecinos llegó a ser tan grande que la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Galicia tuvo que intervenir. Una vez más, los expertos no encontraron ninguna evidencia que pudiese desentrañar el misterio. Más recientemente, en marzo de 2004, las alarmas saltaron en Canneto di Caronia, un pequeño pueblo costero de Italia. En una veintena de viviendas de la localidad ardieron sin explicación objetos de muy diversa índole. Aunque en un principio se creyó que los incendios se debían a una avería en el suministro eléctrico, su sustitución por un generador no resolvió el misterio. Según informa la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP), fue necesario declarar el estado de emergencia y evacuar a los habitantes del pueblo de forma temporal.

Lo que ocurrió en Laroya el verano de 1945 sigue siendo un misterio. En la actualidad, Laroya es un pueblo tranquilo, de bellos paisajes y verdes pastos. Un centenar de habitantes conviven en este pueblecito andaluz, cuya economía se basa en la agricultura y ganadería. Una iglesia de arte mudéjar del siglo XVII saluda al cielo y da fe de la importancia histórica de la villa. Una de las anécdotas que los habitantes de Laroya cuentan con mayor orgullo es una supuesta visita del célebre escritor Miguel de Cervantes, acaecida en 1594. Parece ser que el autor de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” visitó también las localidades de Macael, Fines y Somontín, hecho que no sería de extrañar ya que el escritor vivió largos períodos en Andalucía.

Las fiestas patronales de Laroya, en honor de San Ramón Nonato, se celebran el 31 de agosto. Eso sí, el fuego no desempeña ningún papel especial.

Fuente :: http://www.verdadoleyendas.es/el-misterio-de-los-fuegos-de-laroya/

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