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OFFTOPIC : LA HOGUERA DE LAS VANIDADES.
Enviado por Rosa Santizo Pareja el 27/8/2010 11:00:00 (1171 Lecturas)

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Savonarola, religioso dominico confesor de Lorenzo de Médicis, recogió el deseo del pueblo de Florencia de elaborar una constitución siguiendo el formato de Venecia y creó el Gran Consejo, compuesto por ciudadanos mayores de 29 años cuyos padres, abuelos o tatarabuelos, o incluso ellos mismos, hubieran ejercido un cargo público. Se limitó el número a mil y se cambiaban cada seis meses. Para albergarlos a todos, hizo construir el gran salón del palacio de la Signoria.

Florencia entró en un periodo de puritanismo, y eran muchos los que se hacían monjes o sacerdotes por entonces. Incluso sus hombres más influyentes cayeron bajo el influjo de Savonarola. Hasta Botticelli y Pico della Mirandola se convirtieron en discípulos suyos, y en los últimos escritos de Miguel Ángel se encuentran recuerdos de la voz y los gestos de Savonarola.

La escena que mejor representa este insólito estado de ánimo colectivo fue tal vez el extraño carnaval de 1497, que culminó el martes 7 de febrero con la “hoguera de las vanidades”: se había alzado una pira frente al palacio de la Signoria, en cuya base debían arder toda clase de objetos considerados pecaminosos. Había pelucas, barbas falsas, disfraces de carnaval, cartas, dados, espejos, perfumes, instrumentos musicales, hermosos vestidos y abalorios de todas clases. Por encima se habían amontonado libros inmorales y dibujos, bustos y retratos de las más celebradas bellezas florentinas. El propio Botticelli aportó algunas de sus obras para que ardieran en la hoguera. La Signoria miraba desde los balcones y se pusieron guardias para que no hubiese robos en la pira. Cuando se alzaron las llamas, se cantó el tedéum entre clamor de trompetas y tañido de campanas.

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El salón del Cinquecento, realizado por orden de Savonarola en 1495 para las reuniones del Consejo de la República. La decoración fue hecha por Vasari con frescos de la historia de la ciudad

No fue el primero en hacer una hoguera de esa índole. En realidad el pionero fue San Bernardino de Siena, pero la de Savonarola obtuvo un éxito sin precedentes.

Como todos los iluminados, el dominico era un hombre sin noción de la medida. En un principio se limitaba a predicar contra cosas como el lujo y contra la sodomía, pero, animado por el éxito, su predicación empezó a ampliar su campo y a meterse por terrenos más pantanosos. Ya no hablaba sólo de lo que él consideraba los errores de Florencia, sino también de la depravación de los poderosos y de la propia Iglesia. Eso, naturalmente, era muy peligroso.

En ese momento era Papa Rodrigo Borgia, elegido 5 años antes con el nombre de Alejandro VI. Las acusaciones de Savonarola contra él eran justificadas, pero el Pontífice no estaba dispuesto a aguantarlo y utilizó toda su influencia para deshacerse de él. Para ello aprovechó un curioso incidente, consecuencia de un desafío entre franciscanos y dominicos. Los franciscanos retaron a Savonarola a que, si era cierto todo lo que decía y tan seguro estaba de ello, no le importaría pasar sobre un camino de brasas y a través de una hoguera. Savonarola aceptó el reto, y se preparó el anacrónico juicio de Dios en la plaza de la Signoria. Pero cuando llegó el día señalado se echó atrás y designó a un fraile para pasar la ordalía en su lugar. Los franciscanos se mantuvieron en sus trece. Finalmente llovió, con lo que la prueba quedó en agua de borrajas. Pero para Savonarola fue un duro golpe a su prestigio, y le restó muchos seguidores entre la plebe.

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Alejandro VI Borgia
A partir de ahí todo fue de mal en peor, y la Signoria, cuyos miembros ya debían de estar hartos de la prepotencia del difícil fraile, permitieron que, tras una excomunión que lo convertía en lego y lo dejaba en manos del brazo civil, Savonarola fuera conducido a Roma por los grandes mercaderes florentinos para ser juzgado de cualquier manera, torturado y por último colgado y quemado en la plaza de la Signoria, donde había organizado la hoguera de las vanidades.

Bibliografía:

Florencia de los Médicis – Luis Racionero

La Dame Masquée

Fuente:
http://themaskedlady.blogspot.com/

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