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Civilizaciones Antiguas : LA FORTALEZA DE KUÉLAP, HERENCIA DE LOS CHACHAPOYAS
Enviado por Rosa el 11/6/2010 22:10:00 (1638 Lecturas)

Autor: YURI LEVERATTO

Los Chachapoyas eran un pueblo del Perú que vivía en la cuenca del Río Marañón, en los actuales departamentos de Amazonas, Cajamarca, San Martín y en el occidente del departamento de Loreto. Su dominio se extendía de la selva baja en las orillas del Marañón, hasta montañas de 3500 metros de altura sobre el nivel del mar.

Se desconoce el nombre original con el cual los Chachapoyas se autodefinían, pero se piensa que los Incas los llamaban sacha puya, o bien, gente de las nubes, en quechua.

El primer escritor que dio noticias y descripciones del reino de los Chachapoyas fue Pedro Cieza de León, quien, en sus Crónicas del Perú (1553), escribió:

Los Chachapoyas son los más blancos y hermosos de todos los nativos que he visto en las Indias; sus mujeres son tan bellas que con frecuencia están reservadas a los príncipes de los Incas y son llevadas al templo del Sol… las mujeres y sus maridos se visten con ropas de lana y llevan un singular sombrero llamado llauto, que utilizan como símbolo para ser reconocidos en cualquier parte.

El escritor español agregó, refiriéndose a la grandeza del reino de los Chachapoyas:

Lo podemos fácilmente llamar reino porque tiene cincuenta leguas de largo por veinte leguas de ancho, excluyendo el territorio de Muyupampa, que tiene otras treinta leguas de extensión. (La legua castellana correspondía a aproximadamente 5 km).

A partir de los últimos estudios arqueológicos en los sitios de Kuélap y Gran Pajaten se llegó a la conclusión de que los Chachapoyas no provenían de la Amazonía, sino que, por el contrario, habían ido allí probablemente para expandir su dominio y poder ocupar otras tierras para destinar a la agricultura, con el fin de poder satisfacer las necesidades de una población en constante crecimiento.

Queda la duda de por qué Cieza de León describió a los Chachapoyas como los más blancos de todo el Perú. ¿Se refería solamente al hecho de que tenían la piel ligeramente más clara que los Incas o, por el contrario, quiso aludir también a otras características físicas como la forma del rostro, el color de los ojos y del cabello?
Al analizar varios sarcófagos antropomorfos encontrados en La Petaca, en Leymebamba, los cuales recuerdan a la cultura Wari, algunos investigadores propusieron que los Chachapoyas descendían de pueblos pertenecientes a la cultura Tiwanaku-Wari, que se desarrolló en las cercanías de la actual ciudad de Ayacucho alrededor del 800 d.C. Cuando la cultura Wari cesó repentinamente de existir entorno al año 1000 d.C., los descendientes de los Wari habrían abandonado la zona, para establecerse después en diferentes zonas del Perú.

El arqueólogo Federico Kauffman Doig, en cambio, sostuvo que el pueblo de los Chachapoyas era originario del curso medio del Marañón, donde se había establecido desde hacía muchos milenios.

Después de haber estudiado las pinturas rupestres en los sitios de Yamón, Chiñuña y El Palto, situados en el distrito de Yamón, en la provincia de Utcubamba, llegó a la conclusión de que dichas expresiones artísticas, de hasta seis milenios de antigüedad, eran propias de la proto-cultura Chachapoya. En efecto, en la zona de la fortaleza de Kuélap y en las cercanías de otros sitios arqueológicos como el Gran Pajaten, se encontraron algunas evidencias arqueológicas que pueden remontarse a las culturas Luya, Chillao, Paclla y Chilchos, que constituyen el substrato cultural sobre el cual se desarrolló luego la cultura Chachapoya propiamente dicha.

En cuanto a lo arquitectónico, los Chachapoyas eran muy avanzados. Los sitios arqueológicos más importantes son la fortaleza de Kuélap y las ciudadelas de Gran Pajaten, Gran Vilaya y Gran Saposoa. Las últimas tres fueron estudiadas y presentadas al mundo por el explorador estadounidense Gene Savoy (1927-2009).

La construcción monumental más imponente y característica de la cultura Chachapoya es, en todo caso, la fortaleza de Kuélap, que se erige a unos 3000 metros sobre el nivel del mar, en la ribera izquierda del Río Uctubamba, al suroeste del pueblo de Tingo, en el departamento de Chachapoyas. Una vez que se llega a Tingo, a aproximadamente 2000 metros de altura, se recorren 8 kilómetros por un sendero hasta llegar, después de unos 1000 metros de ascenso, a Kuélap, la ciudadela fortificada de los Chachapoyas, situada en un lugar frío y lluvioso.

Ningún arqueólogo se atreve a afirmar cuándo fue construida la fortaleza de Kuélap y ninguno sabe tampoco cuándo fue abandonada. Según algunos investigadores que sitúan la época clásica de la cultura Chachapoya alrededor del siglo VII d.C., la fortaleza pudo haber sido erigida hacia el siglo octavo d.C., pero es sólo una suposición.

Todo eso testifica que, una vez más, el tan reconocido método del carbono 14 no sirve cuando se trata de datar una construcción en piedra.

Si bien la fortaleza probablemente fue saqueada en los primeros años del siglo XIX y, de todos modos, era conocida por los campesinos de la zona, fue descrita por primera vez en 1843 por el juez Crisóstomo Nieto, quien, seguramente, se quedó atónito entrando en un lugar abandonado por el hombre varios siglos atrás.

Para Federico Kauffman Doig, la ciudadela, de aproximadamente 600 metros de longitud, 110 metros de anchura y con muros de hasta 19 metros de altura, era un centro habitado que servía como depósito y lugar de intercambio de productos agrícolas (maíz, quinua, quiwicha, mandioca, maca, etc.), además de ser un centro ceremonial donde probablemente se llevaban a cabo ritos propiciatorios de la fertilidad de la tierra.

Al interior de la fortaleza de Kuélap hay unas 420 construcciones, casi todas circulares (sólo 5 son rectangulares). La muralla fue construida utilizando miles de grandes piedras (algunas de 3 toneladas de peso). Dentro de ella se depositaron varios restos humanos y se piensa que se trataba de una segunda sepultura de los mismos. Estas ceremonias se efectuaban probablemente para rendir homenaje a guerreros muertos en batalla.

Los pueblos antiguos del Perú solían inhumar los despojos de sus progenitores muy cerca de las casas, justamente porque querían que el alma del difunto pudiera servir de centinela y protección contra los persistentes ataques externos.

Sólo a través de tres angostas entradas era posible acceder a la fortaleza: dos en la fachada oriental y una en el lado que da al occidente.

Son largos corredores de aproximadamente 60 metros que se van estrechando a medida que se llega a la ciudadela, permitiendo la entrada de solamente una persona a la vez, con el fin de poder repeler eventuales asedios de pueblos hostiles. Al interior de la fortaleza de distinguen dos zonas: pueblo bajo y pueblo alto, la segunda situada en un nivel superior respecto a la primera y rodeada a su vez por un muro de aproximadamente 10 metros de altura.

Una de las construcciones más atractivas del llamado pueblo bajo es el Tintero, estructura de forma cónica con un diámetro de 15 metros y una altura de 5,5 metros. Cerca del Tintero se hallaron restos de cenizas, maíz tostado, residuos de huesos de camélidos, roedores y corzos. Se puede pensar que servía para ceremonias o, tal vez, para sacrificios. Para algunos estudiosos, en cambio, podría ser una estructura apta para marcar el solsticio de verano, cumpliendo, por tanto, funciones astronómicas y relacionadas con la siembra.

Las otras construcciones importantes son la torre defensiva (llamada también Atalaya o centinela), situada al interior del área denominada pueblo alto, de aproximadamente 7 metros de altura, y el Castillo, de 27 metros de largo y 9 de ancho.

Esta última estructura era probablemente un edificio público o un centro ceremonial.

Se piensa que en la ciudadela vivía sólo la elite de los Chachapoyas, o bien, los gobernantes, chamanes o guerreros. La mayoría de la población vivía, en cambio, por fuera de la fortaleza en chozas de madera o barro seco que no resistieron el transcurso del tiempo.

Las estructuras residenciales al interior de la ciudadela eran circulares. Su diámetro, aún teniendo un promedio de 9 metros, podía alcanzar los 12. La altura media de las casas era de alrededor 4 metros.

En los muros de las casas se hallaron decoraciones que evocan los símbolos de la serpiente, del ave y del felino, y que recuerdan, por tanto, a Chavín de Huántar.

Las casas estaban desprovistas de ventanas, probablemente para combatir el frío, pero disponían de ingeniosos sistemas de drenaje y ventilación.

¿Cuál era el número total de los habitantes de Kuélap? Quizá 3000 personas, que al sumarse a las aproximadas 7000 que podían vivir fuera de las murallas, dan una población total de unos 10.000 individuos.

¿Qué lengua se hablaba en Kuélap? Si se admite la teoría del origen proto-Wari, se podría pensar que en Kuélap se hablaba un proto-aymara o proto-quechua. Si, por el contrario, se apoya la teoría de Federico Kauffman Doig sobre el origen de los Chachapoyas, basada en pueblos pre-existentes, se podría pensar que los antiguos habitantes de Kuélap hablaban lenguas amazónicas, pero por ahora no se puede deducir cuáles fueron. Si se pudieran analizar, con técnicas que aún no son universalmente conocidas, los restos de material orgánico hallado en los esqueletos descubiertos en Kuélap, se podría quizás intentar dar una explicación genética del origen de los Chachapoyas.

El reino de los Chachapoyas fue conquistado por el emperador de los Incas Tupac Inca Yupanqui en la segunda mitad del siglo XV.

Fuente: http://www.yurileveratto.com/
http://revistadigitalavalon.es/?p=1654

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